Grandes desastres (6)

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La crisis europea del mal de la vaca loca

Elena Trapero Jiménez-Tajuelo

La Encefalopatía Bovina Espongiforme (EBE) es una enfermedad neurodegenerativa que se da en animales, especialmente en bovinos y humanos. El origen es una proteína infecciosa, denominada prion, al entrar en contacto con la proteína normal, se produce un cambio conformacional, convirtiéndose en un agente patológico. La incubación de la enfermedad es de 4 a 5 años.

Se transmitió debido a un tipo de harina de carnes y huesos de animales infectados, que se dio a consumir entre más animales y los hombres. También, por el consumo de algún fármaco de origen bovino (como hormonas de crecimiento) y de madres a hijos también se pudo traspasar. La enfermedad se acumula en el cráneo, incluyendo encéfalo y ojos, amígdalas, medula espinal, intestino desde el duodeno al recto y bazo.

Los científicos opinan que la enfermedad se originó por alimentación de animales de ganado con restos de otros animales contaminados que no se transmitía a humanos, denominada scrapie. Pero, una nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, provocó que se diagnosticaran 220 pacientes humanos hasta 2010, incluyendo casos terciarios por transfusiones de sangre.

Según las clasificaciones de enfermedades de animales de la Oficina Internacional de Epizootias, esta enfermedad pertenece al grupo B considerada social, económica y sanitariamente importante, teniendo graves repercusiones en el comercio de productos cárnicos ya que en Reino Unido se sacrificaron 2 millones de reses. El primer caso que se detectó en hombres fue en Reino Unido en 1986. Pero, también se do en: Alemania, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Italia, Liechtenstein, Luxemburgo, Austria, República Checa, Eslovenia, Finlandia, Grecia, Polonia, Islas Maldivas, Sultanato de Omán, Japón e Israel.

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