Violeta Gajans Muñoz
Cuando nos planteamos los problemas medioambientales que acucian a la humanidad, pocas veces nos viene a la mente la guerra como uno de ellos, cuando realmente lo es, ya que un conflicto armado:
Además, para la ejecución se sigue la máxima de que “el fin justifica los medios”, es decir, los procedimientos, la utilización de material y el desarrollo de los acontecimientos no están sometidos a ningún tipo de evaluación de impacto ambiental, auditoría económica o priorización del beneficio en la comunidad que habita un determinado escenario bélico, sino a criterios de los que dirigen el conflicto, sin que el ciudadano pueda hacer otra cosa que obedecer e intentar salvar el pellejo, ya que, si manifiesta su desacuerdo, puede ser acusado de traición y de enemigo de la causa del bando que las circunstancias historias le ha asignado como propio.
A título de ejemplos podemos citar:
(Estos datos han sido extraídos de “Sobre la ecología de conflictos armados” de Gary E. Machlis y Thor Hanson).
De entre la multitud de “residuos” que la guerra produce me gustaría llamar la atención sobre las minas antipersona y la razón es que, a mi entender, son especialmente crueles si es que la crueldad se puede medir con alguna escala.
Las minas antipersona fueron inicialmente diseñadas para evitar que los campos de minas antitanque o antivehículo pudieran ser limpiados; pero las minas no se conciben desde hace mucho tiempo con este cometido, sino con el fin de crear mutilados, que no muertos. La razón es que así se fuerza a desviar recursos para asistir a la víctima en tiempos de guerra, cuando ya de por si son escasos, cosa que no sucedería si el artefacto estuviera pensado para matar a la víctima; además, se persigue como segundo objetivo, lastrar de por vida a los individuos y durante mucho tiempo al desarrollo de las zonas de conflictos creando varias generaciones de ciudadanos con graves problemas físicos y psíquicos. Por ello las minas antipersonales se activan frente a presiones muy ligeras, como las que ejercen los niños, que son así víctimas de amputaciones en las extremidades inferiores (principalmente), en los genitales y ceguera; de hecho las minas matan y mutilan entre 8.000 y 10.000 niños al año (según cálculos de ONU, los cálculos son variables según organizaciones, países minados considerados y años evaluados); de hecho, las minas conocidas como “mariposa” se han diseñado, especialmente, para atraer la curiosidad infantil; además una vez herido, un niño requiere una serie de intervenciones quirúrgicas que son diferentes a las de los adultos ya que ellos están en etapa de crecimiento.
Los daños que puede causar una mina antipersonal no se restringen a las amputaciones; por ejemplo, en muchas de ellas está presente el fósforo blanco, que es un agente utilizado ampliamente en usos militares para crear incendios y nubes de humo blanco que tapan el movimiento de tropas y que también se utiliza en la industria de paz para producir ácido fosfórico para fertilizantes y otros productos de uso común. El fósforo blanco reacciona con el oxígeno del aire para dar óxido de fósforo (V), que a su vez, es capaz de hidratarse dando lugar a una mezcla de diferentes ácidos del fósforo. Usado en las minas antipersona puede producir quemaduras de segundo y tercer grado, es decir, en los casos peores puede llegar al hueso.
En las condiciones en las que se producen los conflictos armados, las posibilidades de infecciones se multiplican en las heridas abiertas y quemaduras provocadas por las minas.
Colocar una mina antipersonal puede tener un coste de unos 5 euros mientras que el desminado de la misma ronda los 750 euros (en este punto los números son variables según el organismo consultado o el tipo de mina considerado).
Algunas minas antipersonales forman parte de lo que se conoce como armas trampa, es decir, dispositivos a los que se les da una apariencia externa inocua: cazuela, radio, juguete,…; por ejemplo, la denominada PFM1 o “Butterfly” (Mariposa) está específicamente diseñada con este objetivo.
Además la producción de minas antipersona no requiere una tecnología especialmente sofisticada para su fabricación.
Existen diferentes tipos de minas antipersonales, unas actúan al ser presionadas produciendo quemaduras graves, otras estallan por fragmentación y pueden llegar a un alcance de 50 metros, otras están diseñadas de forma expresa para mutilar las piernas e incluso pueden llevar uranio empobrecido o dispersar agentes químicos al entorno. Además, pueden estar constituidas por los materiales más diversos desde metales a plásticos. Esta diversidad de materiales y compuestos dificulta su localización y desminado.
Los procedimientos para sembrar un campo de minas también son variados y van desde la utilización de personal y vehículos especializados, a sembrarlas con avioneta o helicóptero.
El proceso de desminado es difícil y complicado y se inicia por la localización de las mismas. Los principales factores a considerar son:
Algunos seres vivos son capaces de detectar ciertos compuestos químicos presentes en las minas (TNT o 2,4-DNT por ejemplo).
De entre ellos podemos destacar los perros que han sido adiestrados para detectar explosivos; los perros pueden oler el TNT aunque se trate de una sustancia poco volátil.
Los HeroRats son animales pertenecientes a la especie Crycetomyx gambianus, que son roedores de tamaño considerable naturales de África, donde tradicionalmente se tenían como mascotas por su carácter dócil y juguetón. Bart Weetjens pudo conocer a este mamífero en Mozambique y concibió un programa de adiestramiento para localizar minas antipersona. Este proyecto está desarrollado por APOPO, ONG con sede en Tanzania.
En el CSIC, un grupo dirigido por Víctor de Lorenzo trabaja sobre la posibilidad de modificar genéticamente bacterias Pseudomonas para que produzcan alguna reacción visible (fluorescencia) frente a los compuestos explosivos que con el tiempo acaban filtrándose al suelo (nitrotoluenos). Existen bacterias genéticamente modificadas que utilizan el TNT como fuente para sus procesos metabólicos.
En el mundo de los vegetales cabe destacar una modificación transgénica de Arabidopsis thaliana, planta que de forma natural cambia de color verde a rojo en condiciones extremas. Se quiere conseguir que la variedad transgénica realice el cambio en presencia del óxido nitroso que se filtra al suelo a partir de algunos explosivos presentes en las minas antipersona. Está en fase de investigación.
El problema es que los explosivos utilizados en las minas antipersona son diversos; por ejemplo el RDX (ciclotrimetilentrinitramina) es un explosivo plástico que no puede detectarse con estos métodos y requiere el uso de técnicas sofisticadas y caras como la Espectroscopia de Movilidad Iónica o métodos basados en Resonancia Cuadrupolar Nuclear (RCN).
Se ha desarrollado un método para detectar el nitrógeno de los compuestos químicos de las minas mediante análisis nuclear con neutrones térmicos que captan la radiación γ (gamma) del núcleo 15N.
También existen vehículos blindados (arados, excavadoras,…) diseñados para el desminado mecánico o tratamientos químicos que producen reacciones de combustión del TNT de tal manera que la mina arda pero no explote durante el proceso de desminado. Uno de ellos es el triaminodietilenglicol..
Los sistemas de detección nombrados hasta ahora (y algunos más) están sometidos a investigación y mejora continua.
Existen dos tipos de desminado: humanitario y militar. El primero lo llevan a cabo equipos militares especializados en explosivos y sometidos a los objetivos militares durante el conflicto. Son por ello rápidos y selectivos. Básicamente consiste en salvar un impedimento que separa a las tropas de un objetivo determinado.
El desminado humanitario se realiza según los Estándares Internacionales para la Acción contra Minas. Son procesos muy complejos que necesitan cartografía, señalización, documentación del proceso, educación de la población y remoción de las minas y municiones sin estallar; requieren por ello equipos interdisciplinares y procesos complejos. El desminado humanitario tiene como objetivo devolver a la comunidad los terrenos minados para su uso: tierras de cultivo, caminos de acceso a pozos de agua u otras fuentes de recursos. A diferencia del desminado militar que solo requiere abrir un “camino de paso” ante un obstáculo; el desminado humanitario requiere una limpieza absoluta de la zona, ya que, con el tiempo, cualquier punto del terreno acabará “pisado” por alguien.
El Tratado de Ottawa o Convención sobre la prohibición de minas antipersonales, es un tratado internacional que, entre otras cosas, prohíbe el empleo, almacenamiento y fabricación de minas antipersonales, y que obliga a los países firmantes a la destrucción de sus arsenales de minas antipersonales. Los principales productores de minas antipersonales no han firmado este tratado y España lo hizo el 3 de diciembre de 1997, ratificándolo el 19 de enero de 1999.
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