El estudio químico de la tinta de un papiro podría ayudar a determinar si Jesucristo estuvo casado

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Según se ha hecho público días pasados, Karen L. King, historiadora de la Escuela Teológica de Harvard, ha identificado una pieza de papiro muy pequeño, escrito en copto, que según ella es del siglo IV y contiene estas palabras escritas en tinta negra: “Jesús les dijo, mi esposa…” y, más abajo: “ella podrá ser mi discípula”. El papiro se encontraba en un lote adquirido por un coleccionista en Berlín en 1997.

Como era de esperar, la revelación ha suscitado un gran debate tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella. Quienes no creen en la posibilidad de que Cristo estuviera casado (¿con María Magdalena, tal vez?) alegan que el texto puede tener otros sentido u otra traducción, y en todo caso que el papiro podría no ser auténtico. Para saslir de dudas al respecto piden que al menos se realice un análisis químico de la tinta y del papiro y se comparen con materiales de este tipo que se ha probado que eran de aquella época.

Otra prueba podría ser la datación del papiro. Hay reticencias a hacerlo porque se piensa que se destruiría buena parte de él, ya que los análisis de radiocarbono clásicos necesitan una cantidad considerable de material y esta pieza es muy pequeña. Sin embargo, existe un método para datar manuscritos que no es destructivo. Lo desarrollaron en Texas Marvin Rowe y Karen Steelman (lo publicaron en su artículo “Non-destructive 14C Dating: Plasma-Chemistry and Supercritical Fluid Extraction,” ACS National Meeting, 2010).

No sería la primera vez que la química da información (¡o arroja más dudas!) sobre la autenticidad de un documento escrito. Un caso muy famoso es el del mapa de Vinlandia, que es un mapamundi supuestamente fechado en el siglo XV y supuestamente copiado de otro del siglo XIII, en el que además de Europa, Asia y África está dibujada una tierra que ocupa la posición actual del extremo norte del continente americano, etiquetada como Vinland y que, según se informa, fue visitada en el siglo XI. La deducción que se ha hecho es que exploradores vikingos llegaron al Nuevo Mundo mucho antes que Colón.

La duda surgió cuando analizaron la tinta (por espectroscopía Raman): contenía dióxido de titanio (anatasa). El problema es que, según se ha estudiado, este componente no se añadió a las tintas hasta 1923. Los defensores de la autenticidad del manuscrito alegan que el dióxido de titanio pudo heberse formado por alguna reacción química a partir de titanio contenido en la fórmula de “tintas férricas” empleada en Edad Media. De hecho, una datación por radiocarbono del pergamino determinó que era de aproximadamente 1430. Pero no se ha podido datar la tinta. La teoría de los detractores es que un falsificador (hay quien incluso da nombre: el jesuita y profesor de historia en Baviera Joseph Fischer) dibujó el mapa sobre un antiguo pergamino en blanco.

 

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