Los dos desaciertos de Werner Herzog

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Secuencia de uno de los trailers de la película La cueva de los sueños olvidados en la que se lee “32.000 años de creación”

El pasado mes de junio se estrenó en España la película de Werner Herzog La cueva de los sueños olvidados, un documental de 2010 que muestra las maravillas de arte prehistórico de la caverna de Chauvet (Francia). En el filme, el director alemán explica que las manifestaciones artísticas allí encontradas (en 1994) tienen una edad de 32.000 años y que son las más antiguas de su género. Ambas afirmaciones son desacertadas.

Primero, porque la muestra más antigua datada en Chauvet cuenta realmente con unos 37.000 años (35.000, según otros autores). La cifra de Herzog, más que errónea, es inadecuada, ya que se refiere a años de radiocarbono y no a años de calendario, que son los que usamos y entendemos. La edad radiológica coincidiría siempre con la cronológica si a lo largo de todas las épocas la concentración en la atmósfera de carbono-14 se hubiese mantenido constante e igual a la actual. Pero no es así.

El método de datación por radiocarbono se basa en que una de las formas en que se presenta en la naturaleza el elemento químico que llamamos carbono es radiactiva. La denominamos carbono-14 (14C), mientras que la forma normal, no radiactiva, la conocemos por 12C. Aquella se va desintegrando para transformarse en esta a una velocidad conocida (la mitad de una masa cualquiera de 14C tarda 5.730 años en convertirse en 12C).

Los organismos vivos contienen ambas formas de carbono en una proporción que se mantiene constante porque igualmente se mantiene constante en la atmósfera durante la vida del organismo, ya que, aunque el 14C va desapareciendo, es regenerado continuamente por los rayos cósmicos.

Pero cuando el espécimen muere deja de incorporar 14C, aumentando poco a poco en sus restos mortales la proporción de 12C. Conocido este hecho, dada una muestra arqueológica procedente de un animal o planta, basta medir cuánto 14C queda en ella y aplicar una sencilla fórmula matemática para conocer el tiempo que hace que el ser pasó a mejor vida.

Hasta aquí todo perfecto, si no fuera porque la intensidad de los rayos cósmicos fluctúa, lo que hace que la relación 14C/12C no sea la misma en todas las edades de la historia. Por eso hay que efectuar correcciones para transformar los años radiológicos en cronológicos.

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En España, Herzog lo hubiera tenido más fácil

El hecho de que las manifestaciones artísticas de Chauvet sean tan arcaicas y el hermetismo con que las autoridades francesas las han aureolado, permitiendo que solo muy pocos mortales hollen aquel templo cultural de la Humanidad, es lo que parece que despierta la mayor fascinación en el director de Aguirre, la cólera de Dios y lo que lo empuja a buscar allí los sueños más prístinos de nuestros antepasados. Pero en España lo hubiera tenido más fácil y con resultados igual de buenos o mejores.

Porque en nuestro país tenemos, por ejemplo, la cueva asturiana de Tito Bustillo, hasta ahora visitable (por un número restringido de personas cada día), a lo largo de cuyos 800 metros se encuentran numerosas pinturas y grabados de signos, animales (como el caballo cuya foto hemos puesto sobre estas líneas) y representaciones antropomorfas extraordinarias. Esta caverna guarda un gran paralelismo con la de Chauvet, ya que, tras quedar cegada su entrada principal durante miles de años a causa de un hundimiento, fue descubierta en 1968 por un grupo de espeleológos aficionados que penetró por una sima y se descolgó desde el techo, dándose de bruces con el insólito Camarín de las Vulvas. La cueva, situada al borde del mar, en la misma desembocadura del río Sella, se llama así en homenaje a uno de aquellos aventureros, que murió a los pocos días en accidente de montaña.

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Investigadores inspeccionan un motivo del Camarín de las Vulvas de Tito Bustillo para la toma de una micromuestra

 

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Muestra de ocre del interior de la cueva de Tito Bustillo con el que probablemente los artistas prehistóricos pintaron algunas figuras rojas de la cueva

Pues bien, un estudio publicado hace unos meses en la revista Science asegura que algunas pinturas de Tito Bustillo tienen aproximadamente la misma antigüedad que las de Chauvet, si no más. Los investigadores emplearon una técnica distinta a la del radiocarbono porque estudiaron motivos rojos. El rojo del arte prehistórico no es sangre, como muchos piensan, sino “ocre”, que es una mezcla de hematites u otros óxidos de hierro y arcillas. Es decir, no contiene carbono. (La paleta del artista prehistórico era escasamente cromática, estando formada en su mayor parte por diversos tonos de rojo y por negro; este último color lo conseguían con dióxido de manganeso o simplemente con carbón, y solo en este caso la pintura es fechable por el método del radiocarbono.)

Datación por uranio-torio

Pero existe otro método radiológico que permite estimar la edad de la calcita (carbonato cálcico) sobre la que se ha pintado o bien la que se encuentra por encima de la pintura: el del uranio-torio. Supongamos una estalactita. En cierto momento de la historia se pinta sobre ella, pero posteriormente la calcita forma nuevas acreciones sobre el pigmento. Datando muestras de calcita por detrás de este podemos dar, pues, una edad máxima para el motivo pictórico; y datando capas por delante podemos dar una edad mínima. En el mejor de los casos, si se puede extraer calcita bajo el pigmento y sobre él, será posible establecer una “horquilla” de fechas post quem y ante quem.

Pues bien, los científicos han comprobado por la técnica del uranio-torio que una figura situada en la llamada Galería de los Antropomorfos de Tito Bustillo tiene una edad máxima de unos 37.000 años, la misma que la de la pintura más antigua datada en Chauvet. Y anteriormente se habían fechado muestras de carbón vegetal del suelo que permiten estimar que el lugar fue ocupado hace entre 36.650 y 38.750 años.

El mismo equipo ha datado en Altamira un símbolo claviforme de hace al menos 35.600 años, y en la cueva de El Castillo (también cántabra) unas huellas negativas de manos que tienen una edad mínima de 37.300 años y un disco punteado que fue pintado hace al menos la friolera de 40.800 años.

Estas fechas son tan impresionantes que han sembrado una nueva inquietud en la comunidad científica: ¿podrían haber sido neandertales los que soñaron aquellos sueños olvidados y crearon estas obras de arte? Pero esa es otra historia…

JMG

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