Una pisicina en la que es muy difícil ahogarse

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La imagen que ven sobre estas líneas es la piscina de mercurio del Centro de Visitantes de la Mina de Almadén (Ciudad Real). Lo primero que se podría pensar cuando se ve la piscina es el peligro que podría entrañar, ya que no se observa ninguna protección. Sin embargo, no hay que preocuparse tanto: uno tiene que hacer mucha fuerza para conseguir hundirse en mercurio.

Lo probó el señor que ven a la derecha, Don Emilio Dorado López, trabajador en las minas de Almadén (Ciudad Real) durante más de 40 años. Ahí lo ven tan ricamente sentado sobre una balsa de mercurio sin hundirse. ¿Por qué? Por la elevadísima densidad de este líquido (13,53 g/cm3, lo que significa que una botella de un litro llena de este líquido pesa más de 13 kilos y medio).

Esta foto la publicó National Geographic en octubre de 1972. Nótese que el problema no es el del hundimiento, sino el de la estabilidad. Para no volcarse de lado, el señor se apoya a un travesaño del contenedor de mercurio.

¿Podría caminar también? Probablemente sí, aunque tendría muchas dificultades (salvo que tuviera la destreza de un equilibrista en la cuerda floja). Desde luego, los pies y parte de las piernas se le hundirían. ¿Cuánto? Lo suficiente para que se satisfaga el principio de Arquímedes. La persona, al hundirse en parte, desplazaría mercurio. El peso del mercurio desplazado sería igual al empuje que ejercería este fluido sobre el objeto flotante. Este empuje tendría que compensar el peso del objeto. Por tanto, la persona se hundirá tanto como sea necesario para desplazar el mercurio suficiente que genere el empuje adecuado. Desde luego, no sería mucho mercurio, dado su elevado peso específico.

Se ha estimado que del cinabrio de Almadén se ha extraído un tercio del mercurio de todo el mundo, desde hace 2000 años. Y aún queda, aunque condenado a quedarse donde está desde que Europa prohibió su comercialización y exportación dentro de la UE.

Esta es otro bonito ejemplo de uso del mercurio con fines artísticos: una fuente en el Museo Miró de Barcelona.

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