Feromonas (2): La química de la seducción

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Antonio Luis Rivera Berdiel >

Además de los insectos, las feromonas son emitidas por casi todas las clases de animales, en los mamíferos y concretamente en los humanos, también, aunque sus características y efectos no están bien descritos todavía y queda mucho que investigar.

Las relaciones humanas de pareja y sociales se rigen por un deseo de agradar, atraer, empatizar, … lo que se traduce en estabilidad emocional, felicidad, éxito profesional y muchas otros resultados que sería largo enumerar, pero todas en la misma línea. Se sospecha que las feromonas pueden estar implicadas en las reacciones positivas o negativas que las personas de nuestro entorno tienen con nosotros y viceversa.

Lo que conocemos hasta ahora es que efectivamente los humanos emitimos feromonas de diversa índole, produciendo reacciones involuntarias en otras personas. No obstante, el nivel de emisión es bajo y no se producen reacciones tan fuertes como sucede con los insectos. También hay quien afirma que el efecto de las feromonas humanas se enmascara por el baño, la ducha, los desodorantes, etc.

Las composiciones químicas son variadas y allí es donde quizá falta más por estudiar. Algunas empresas aseguran disponer ya de feromonas humanas sintéticas que incorporan a perfumes, pero no podemos concederles un crédito excesivo, como a toda la publicidad en general. Esto es lo que afirma una empresa que vende perfumes de feromonas en Internet: La ciencia y la experiencia demuestran que las feromonas pueden:

  • Crear más atracción y sensualidad
  • Darte el encanto de una persona segura
  • Proporcionarte más oportunidades y garantizarte el éxito

Otros denominan al efecto de las feromonas humanas como “factor X que hace que algunas personas sean más atractivos para determinados grupos de personas”.

Coloco otra cita muy ilustrativa que usa otra empresa para publicitar su producto:

Durante todo este tiempo se pensaba que eran músculos esculpidos, sonrisas deslumbrantes y los coches rápidos que eran infalibles imanes, nena. Así que tenemos buenas noticias para ti. Lo que realmente impulsa a las mujeres salvajes son sustancias químicas naturales del cuerpo llamadas feromonas.

Un tal Dr Cutler, que se considera a si mismo descubridor de las feromonas en humanos, ha desarrollado un procedimiento para sintetizarlas artificialmente e incorporarlas a un perfume. Apoya su publicidad en que realizó un estudio durante 14 semanas con personas que usaron este perfume y otras que usaron uno igual con “placebo”, sin feromonas. El resultado obtenido es que el 73% de las personas que usaron las feromonas mantuvieron relaciones sexuales semanalmente y entre los que usaron el placebo solo el 11%.

Hay más aceptación en considerar que las feromonas emitidas por los humanos son inodoras, pero es el olfato quien las detecta, concretamente en el órgano vomeronasal y que puede tener cierta relación con el hipotálamo. Es un órgano quimiorreceptor común a mamíferos y reptiles.

La aromaterapia consigue efectos beneficiosos que mejoran el humor y el bienestar general, del mismo modo que olores desagradables generan rechazo hacia una persona, un objeto, un animal, un lugar, etc. Las feromonas pueden ser la causa de sensaciones positivas o negativas que nos producen otras personas, a veces incluso sin conocerlos apenas. Decimos con frecuencia: “entre nosotros hay mucha química” o “me da buenas vibraciones”. Estas y otras reacciones podrían tener explicación en las feromonas, aunque durante mucho tiempo se pensó que los humanos no emitíamos feromonas, pues sí es cierto que no afectan a nuestro comportamiento de forma tan directa como sucede con los insectos.

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El mejor perfume es el que huele a nosotros mismos

Sin embargo, una característica común a todas las feromonas es que debe producir una reacción involuntaria en el receptor. No parece probable que podamos aumentar nuestra capacidad natural de emisión de feromonas, pero a base de sustancias sintéticas ¿Podemos incentivar a nuestro favor las reacciones que producimos en otras personas? ¿Podemos mejorar nuestra vida sexual?¿Obtendremos más éxito personal y profesional?

Las respuestas no están disponibles todavía, pero leo un artículo relacionado con un estudio realizado en Alemania, cuya conclusión más significativa es que el mejor perfume es el que huele a nosotros mismos. Apoyan esta hipótesis en experimentos realizados con personas y distintos perfumes, incluso creando un perfume con olor a “humano”, que fue el más elegido por los participantes. Explican que se debe a la capacidad de los mamíferos de emitir un olor característico del individuo en función de los genes inmunológicos que tiene adquiridos, siendo preferido por su pareja cuanta mejor capacidad inmunológica posea, de modo que es una herramienta de mejora de la especie. Reconocen que en los humanos, esta capacidad es menor y además su olor corporal puede estar afectado por la dieta alimenticia, pero es un punto de partida para elaborar perfumes que proporcionen mejor aceptación de la persona que los use.

Realmente estamos en el camino de lograr una química de la seducción a base de perfumes, que incorporen feromonas u otros olores, para influir positivamente en las personas que nos rodean. Otra vía puede ser el estímulo de la producción de las feromonas adecuadas para obtener niveles más elevados. En cualquier caso, el primero en lograrlo encontraría un buen filón y la química tendría un protagonismo decisivo, una vez más, en los avances de la humanidad. Uso el condicional porque tengo bastantes dudas, me temo que en las relaciones humanas en general y las sexuales en particular, no sólo es cuestión de perfumes, química, etc, sino que cada uno tenemos que aportar bastante más de nuestra parte, somos humanos, no insectos, aunque un poco de ayuda nunca viene mal.

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Primera parte de este artículo: Feromonas (1): El lenguaje químico en los insectos

 

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