Un químico de cine

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Mercedes Iriarte Cela >

Una señal dice: Se encuentra en Bedford Falls.
Voz de Gower: Todo se lo debo a George Bailey… Ayúdale, Señor.
Voz de Martin: Jesús, José y María, ayudad a mi amigo George Bailey.
Voz de su madre: Ayuda esta noche a mi hijo George.
Voz de Bert: Dios mío, jamás ha pensado en sí mismo; por eso ahora atraviesa esta situación.
Voz de Ernie: George es muy bueno, sácale de esta, Señor…
Voz de Mary: Le quiero, Dios, le quiero, no le abandones…
Voz de Zuzu: Virgencita, qué le pasa a Papá…
Voz de Janie: Jesusito, tráeme a Papá.

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En el Cielo
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Franklin: Hola, José, ¿preocupado?
José: Parece que tendremos que enviar a alguien abajo. Mucha gente está pidiendo por él, un hombre llamado George Bailey.
Franklin: George Bailey, sí. Esta es su noche crucial, tienes razón. Tendremos que enviar a alguien inmediatamente. (…)

Este diálogo de inicio corresponde a una de las películas más renombradas, tiernas y conocidas del personaje que vamos a presentar. Un hombre cuyo amor por la Ciencia y, en concreto la Química, se vio solo igualado por el amor al celuloide. Quizás ya sepan de quién hablamos… o quizás tengan que descubrirlo al final del artículo.

El 18 de mayo de 1897 nació, en la aldea siciliana de Bisaquino, Francesco Rosario. Hijo de una humilde familia campesina, vivió en su tierra natal hasta los 6 años, momento en el que, tras una penosa travesía en la bodega de tercera clase del Germania, llegaba a Estados Unidos. De ahí en ferrocarril hasta Los Ángeles.

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El mayor reto de la familia era conseguir dinero y para eso sus hermanos y sus padres se pusieron a trabajar mientras que él se empeñó en sacarse los estudios de primaria. En el tiempo que tenía fuera de la escuela vendía periódicos por las mañanas, por las tardes y los domingos con la intención de no ser gravoso a sus padres. Objeto de burla de toda su familia, que veía en el muchacho a un holgazán que prefería estudiar a trabajar, se mantuvo firme en su decisión y con el apoyo de su padre inició los estudios de secundaria. Pero no dejaría de trabajar repartiendo periódicos y sumaría a esa tarea un trabajo como conserje en la escuela primaria a primera hora de la mañana, tocar la guitarra los domingos por las noches en un pequeño bar y todos los sábados por la noche empaquetar periódicos en el sótano de Los Angeles Times.

clip_image004Aún con toda esta actividad frenética consiguió acabar la escuela secundaria en tres años y medio; de esta forma consiguió seis meses extra para poder trabajar a escondidas de su familia con el fin de ahorrar para ir a la universidad. Y así estuvo todo ese tiempo estampando remaches calientes en la Western Pipe Steel. Gracias al dinero que ganó con ese angustioso trabajo ingresó en el Instituto Tecnológico de California, el prestigioso Caltech. Siempre estuvo entre los tres primeros de la clase.

Ni un minuto perdido

Su afición a los libros no tenía medida y, aunque leía de todo, era especialmente sobresaliente en todo lo concerniente a las ciencias. No dejó de trabajar nunca mientras estudiaba, aunque durante el primer año no pudo permitirse alquilar una habitación en el Instituto o sus inmediaciones, así que tenía que ir a dormir a casa, un pequeño rancho que era la ilusión de su padre. Así describe él mismo en sus memorias aquel año:

Así transcurrían las veinticuatro horas de mi jornada: me levantaba a las tres de la madrugada en la casa del rancho, encendía un pequeño fuego debajo del cárter de la moto para calentar el aceite. Encendía el faro de acetileno (casi tanta luz como una linterna moderna), luego empujaba la Flanders camino de tierra abajo hasta que el único cilindro se ponía en marcha: saltaba al sillín y recorría ruidosamente los veintinueve kilómetros en la oscuridad hasta la planta de la Pasadena Light. En las noches lluviosas, el camino era una auténtica prueba de resbalones, patinazos y salpicaduras de barro.
De las 3.30 a las 7:30 de la mañana: comprobar los fuegos de las calderas, los pulidos kilómetros de metal, en la planta de la Light. Luego recorrer cinco kilómetros a la universidad para ayudar a los otros cuatro camareros a lavar los platos del desayuno de los sesenta y cinco estudiantes del dormitorio. Desayunar mientras se trabaja.
A las 8:00 de la mañana: correr a mi primera clase. A las 11:55: correr con los otros cuatro camareros a servir el almuerzo en el dormitorio; lavar los platos, almorzar mientras se trabaja. A la 1:00 de la tarde: correr de vuelta a clase.
De las 5:00 a las 6:00 de la tarde: grupo coral o fútbol. Luego poner las mesas, servir la cena, lavar los platos, cenar.
A las 7:00 de la tarde: saltar a la moto, correr veinticuatro kilómetros hasta Sierra Madre. Eclip_image006l último medio kilómetro de camino de tierra era tan empinado que tenía que saltar de Flanders y empujarla. En las noches lluviosas era una lucha constante con el manillar.
A las 7:30 de la tarde: guardar la moto en el cobertizo, poner papel y ramitas debajo del cárter para el fuego de la madrugada.
De las 7:30 a las 10:00 de la noche: estudio y trabajos en casa. A las 10:00 de la noche: a la cama. A las 3:00 de la madrugada: arriba y encender el fuego debajo del cárter de la moto.
¿Qué problemas planteó este apretado horario a mis estudios? Ninguno. Gané el Premio al Aprovechamiento para Estudiantes de Primer año: 250 dólares y un viaje por todo el país, y la sincera felicitación de mis orgullosos profesores: el Dr. Bates (química), el Dr. Van Buskirk (matemáticas), el Dr Beckman (alemán), el Profesor Sorenson (ingeniería eléctrica), el profesor Clapp (geología), y el más orgulloso de todos, el Profesor Judy (inglés).

En el mes de junio de 1918 se graduó en Ingeniería Química gracias al préstamo de los responsables del Caltech para sus tres últimos años de carrera. La muerte de su padre de forma accidental les había dejado en una situación muy precaria. Acabados sus estudios decidió alistarse en el ejército esperando ir a luchar en el frente francés en la guerra que se estaba desarrollando en Europa, pero le enviaron a enseñar matemáticas de balística en Fort Mason, San Francisco. Ya firmado el armisticio, una epidemia de gripe invadió la base y los muertos por el virus aumentaban día a día. Frank se contagió también y tuvo que volver a su casa donde su madre lo acogió con cariño hasta que poco a poco y muchos meses más tarde fue recuperando la salud.

Y finalmente se topó con el cine

A partir de ahí trabajó como tutor de apoyo para el hijo de un matrimonio de ricos hacendados durante un año y rechazó trabajar para la mafia italiana en el único trabajo que le ofrecían como ingeniero químico: destilando alcohol clandestino. Un día, yendo en tranvía a final de destino, al parque, llegó hasta donde se encontraban unos estudios cinematográficos. Sin trabajo, hambriento y con la agudeza de un tipo inteligente decidió hacerse pasar por un empleado de Hollywood. De esta forma consiguió un trabajo como asesor de escena en una serie de representaciones.

Nunca había visto a un actor, o un escenario o una cámara, pero allí estaba Frank, dando órdenes y consiguiendo éxito de público y de crítica en un film de un solo rollo titulado Ballad of Fultah Fisher’s Boarding House. Se estrenó el 2 de abril de 1922 en el Strand Theater de Broadway. Un ingeniero químico convertido en cineasta de la noche a la mañana. Frank, sorprendido por el éxito inesperado de su primer pinito cinematográfico y siendo como era un hombre honrado, decidió confesar el engaño a su mentor, el Sr. Montague:

Señor Montague, le mentí. No sé nada sobre cine. Yo nunca…
–Lo sé. Nunca ha vivido en Hollywood. Fue echado del hotel Eddy. Durmió en garajes y trabajó para una firma que vendía equipo minero sin ningún valor. Uno de mis patrocinadores, un abogado prudente, hizo comprobarlo todo. Interesante, le dije, pero carente de importancia. El arte nace en el seno materno: con sus propias verdades. Yo creí en su iniciativa, en su entusiasmo, en la audacia de sus ideas creativas, y no en el dossier de sus desventuras. Usted demostró que tenía razón.

Desde ese momento hizo de guionista, trabajó revelando y montando películas en el laboratorio cinematográfico de Walter Ball, hizo gags para el cine mudo, inició sus primeros pasos en la comedia y poco a poco se fue haciendo un hueco en la industria del cine; dirigió reportajes y… películas.

Los Premios de la Academia (Óscar) a mejor director y mejor película vinieron con It Happened One Night (Sucedió una noche) en 1934, film que también ganó los galardones para el mejor actor y actriz (Clark Gable y Claudette Colbert) y mejor guión adaptado. En 1936 gana su segundo Óscar a la mejor dirección por Mr. Deeds Goes to Town (El secreto de vivir) y en 1938 gana el tercero por You Can’t Take It with You clip_image007(Vive como quieras), con el que ganó también el Óscar a la mejor película. La cantidad de películas que hizo es muy prolija, convirtiéndose en uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos.

El 3 de septiembre de 1991 Frank Capra, ingeniero químico y director de cine, moría de un ataque al corazón mientras dormía en su casa de La Quinta, en California, cuando contaba con 94 años de edad. Hacía ya tiempo que se había convertido en un químico de cine.

Nota: Por si todavía no lo habían reconocido, el diálogo del principio del artículo corresponde al film Qué bello es vivir (1946).

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Bibliografía:

Frank Capra: El nombre delante del título. Autobiografía (1971). T & B Editores, 1999.

Fotos: Han sido extraídas de internet y solo tienen relación directa con Frank Capra las dos últimas, foto de él mismo y de un fotograma de “Qué bello es vivir”.

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