Carbono eres y en diamante te convertirás

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Adrián Oto Pérez >

El diamante es una de las gemas más valoradas debido, más que a sus excepcionales propiedades (como son la dureza o la conductividad térmica), a su belleza. Esta reside en su perfectamente ordenada estructura interna.

Se trata de una variedad alotrópica del carbono que se forma a altas temperaturas y elevadas presiones, condiciones existentes a una profundidad de entre 140 y 190 km en el manto terrestre. El crecimiento de esta gema tiene lugar en periodos de entre 1 y 3,3 mil millones de años.

Debido a la gran demanda de diamantes, y unida a su notable dificultad para obtenerlos, desde finales del siglo XIX se soñaba con la creación de diamantes artificiales, lográndose alrededor de 1953. Existen varios procesos de sintetización, aunque los dos principales son: el método de HPHT (siglas inglesas de Alta Presión Alta Temperatura), en el que se simulan las condiciones geológicas presentes en la creación de diamantes naturales (50-60 kbar y 1300-1600 ºC), y la deposición química de vapor, método por el cual el diamante se crea a partir de una mezcla de hidrocarburos.

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Diamantes humanos

Pero, ¿por qué no ir un paso más lejos? ¿Por qué no obtener diamantes a partir de cenizas humanas? A priori, esto puede parecer impensable. No obstante, desde 2004 es un hecho, siendo una empresa suiza, Algordanza, la que lo ha conseguido. El proceso consta de varias etapas, en las que se tratan una cantidad aproximada de 500 g de cenizas de forma individual y aislada, consiguiendo así mantener la “esencia” del difunto en cuestión en su totalidad.

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En primer lugar, se lleva a cabo el análisis químico de las cenizas, con el fin de averiguar la concentración de los diferentes elementos químicos. A continuación, mediante la utilización de ácidos y disolventes, se obtiene el carbono existente en los elementos de las cenizas (por ejemplo en forma de CaCO3), que suponen aproximadamente el 15% del peso total. A través de la repetición de estos procesos físicos y químicos, se consigue un 96% de carbono, que pasa por una fase de grafitización para cambiar su estructura molecular por la del grafito.

Después de una serie de etapas de filtrado y purificación, y tras realizarles una compresión, se convierten en un 99’99% de átomos de carbono. Por último, se somete el grafito obtenido a una técnica que emplea el método HPHT, en el que se imitan las condiciones idóneas para el crecimiento del diamante. Así, en cuestión de semanas, obtenemos una gema que tardaría milenios en formarse de manera natural.

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Una característica de estos diamantes sintéticos de cenizas es su tono azulado, influido por la cantidad de boro (B) presente en la propia persona. A mayor cantidad, más oscuro resultará este tono. Además, como ocurre con el resto de diamantes, estos también pueden cortarse y tallarse..

Cabe destacar que el precio es mucho más razonable de lo que podría presuponerse. Según el quilataje (y si se talla o no), oscila entre 4000 y 28000 euros, encareciéndose el precio en el caso de querer realizar un grabado u obtener un certificado gemológico. Pero, ¿es un precio elevado si tenemos en cuenta el gran valor sentimental?

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