Cómo los pimientos picantes y la yerbabuena engañan al cerebro haciéndole creer que sentimos calor o frío

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La American Chemical Society ha publicado un vídeo (ver más abajo) en el que se explica la bioquímica de los alimentos picantes y por qué nos gusta tanto este tipo de alimentos. La razón es que al producir en la lengua la sensación de que nos estamos quemando, el cerebro reacciona liberando endorfinas para mitigar el dolor, dándonos una sensación de alivio y bienestar.

Por ejemplo, la capsaicina (o su derivado la dihidrocapsaicina), contenida abundantemente en los pimientos picantes, se une a un receptor de situado en la superficie de los nervios que se denomina TRPV1 ejerciendo sobre él el mismo efecto que el que ejercen las altas temperaturas, de modo que el efecto de la capsaicina es el mismo que cuando nos estamos quemando realmente: que el cerebro reaccione paliándonos el dolor. Recibir esa recompensa es lo que hace que nos gusten los alimentos picantes.

Es decir, aunque la ingesta de un pimiento picante tiene en principio consecuencias ligeramente dolorosas, a continuación se produce un efecto analgésico. Desde hace tiempo la Humanidad ha conocido este efecto y ha utilizado la capsaicina en ciertas cremas y parches para paliar el dolor.

Pero pasa algo similar con otras sustancias que producen la sensación contraria: de frío. Así, el mentol de la menta y la yerbabuena tienen el mismo efecto que los receptores del frío, especialmente el TRPM8, estrechamente relacionado con el TRPV1. Es decir, el mentol activa este receptor y hace creer al cerebro que estamos comiendo algo muy frío, por lo que reacciona evitando la sensación negativa y nos hace sentir bien.

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