John Shirley-Quirk: un barítono en el laboratorio de química

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No es que haya, en principio, mucha relación entre la química y la música. Pero, claro, la ley de los grandes números determina que de vez en cuando surja un buen químico que también es un buen músico. Un caso excepcional, del que hemos hablado en esta revista, es el de Emil Votoček. Otro es el de John Shirley-Quirk (1931-2014).

Shirley-Quirk, efectivamente, había estudiado física y química en la Universidad de Liverpool y acabó enseñando esta disciplina en el Acton Technical College entre 1950 y 1957. También intervino en la fundación de la Universidad de Brunel. Pero al mismo tiempo que hacía sus experimentos en el laboratorio ensayaba sus estudios de canto, ejerciendo esta afición hasta que, casi por accidente, acabó convirtiéndose en su única profesión.

Acaba de morir, pero no sin llevarse a donde sea la gloria de haberse convertido en un barítono de renombre mundial especialista en la obra de Benjamin Britten, aunque también de Handel, Delius ,Vaughan Williams, Elgar, Tippett y Bach. Hizo más de 100 grabaciones, siendo las más aclamadas el Réquiem de Guerra de Britten, dirigida por Richard Hickox, y la Octava Sinfonía de Mahler bajo la dirección de Georg Solti.

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