Guía básica para ser feliz

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Fig 1.1. Ser humano feliz.

Donatien M. Djardiè >

¿Qué es la felicidad? Aunque nos importa más tenerla que entenderla, todos la hemos experimentado alguna vez a lo largo de nuestra vida y sabemos perfectamente lo bien que nos hace sentir. Resulta tan embriagadora que en cuanto empezamos a sentirla abandonamos inmediatamente nuestra curiosidad y nuestra objetividad y por eso, llegar a un consenso acerca de su verdadera naturaleza resulta extraordinariamente complicado. Dependiendo de a quién le preguntemos, las respuestas serán muy variadas: algunos nos dirían que es el amor, otros que es el dinero, otros que es leer un buen libro o ver una buena película… hay incluso quienes afirmarían sin pestañear que no es otra cosa que trabajar duro.

Pero las opiniones subjetivas e individuales acerca de qué es ser feliz —aunque nos sirven para tener una perspectiva más completa de cómo llegan a serlo los seres humanos— , siguen siendo sólo la parte más superficial de la cuestión que nos ocupa y no son capaces de responder a nuestra pregunta por sí mismas. Para comprender qué es la felicidad, necesitamos ahondar en la raíz misma de la filogenia del ser humano en busca de un mecanismo de nuestra estructura cerebral que sea capaz de explicar empíricamente la totalidad de situaciones en que las personas somos felices. Dicho de otra forma: necesitamos saber qué es lo que se repite dentro de nosotros (más allá de valoraciones personales) en todas y cada una de las circunstancias en que las personas experimentamos felicidad.

Gracias a subdisciplinas de la neurociencia como la neuropsicología, la bioquímica, la neuroanatomía y la farmacología, hoy sabemos cuál la infraestructura anatómica de nuestros sentimientos y, dado que podemos determinar con bastante exactitud cuál es el funcionamiento de las diferentes áreas cerebrales que condicionan nuestro comportamiento, nuestras capacidades cognitivas y nuestras emociones, estamos en disposición de darle una respuesta satisfactoria a nuestra pregunta.

El Núcleo Accumbens, la amígdala, la dopamina y el GABA

Fig. 1.2. Localización del Núcleo  Accumbens (en rojo) y del área tegmental ventral (en azul).
Fig. 1.2. Localización del Núcleo Accumbens (en rojo) y del área tegmental ventral (en azul).

Todo lo que sabemos, todo lo que sentimos, todo lo que recordamos y todo lo que deseamos es posible como consecuencia de la conducción de impulsos nerviosos entre los miles de millones de neuronas que, dispuestas en grandes tractos a lo largo de nuestro sistema nervioso central, sirven de sustrato para todas nuestras experiencias, sensaciones y conocimientos.

La neurotransmisión que tiene lugar entre esas estructuras es una operación fundamentalmente química, pero lógicamente, no todas las neuronas transmiten la misma información, ni todas las estructuras de nuestro cerebro desempeñan las mismas funciones. Dentro de ese entramado de aferencias y eferencias nerviosas, uno de los mayores responsables de las sensaciones más elementales y básicas de la felicidad es el Núcleo Accumbens (fig. 1.2), cuya mejor aliada es la dopamina.

Fig. 1.3. Estructura de la dopamina.
Fig. 1.3. Estructura de la dopamina.

En concreto, el proceso tiene lugar como resultado de los potenciales de acción generados a lo largo de la vía dopaminérgica mesolímbica (proyectada desde los cuerpos celulares localizados en el área tegmental ventral del tronco del encéfalo) sobre los terminales axonales de dicho núcleo, donde la catecolamina dopamina (C6H3(OH)2-CH2-CH2-NH2),”4-(2-aminoetil)benceno-1,2-diol” (Fig. 1.3) ejerce una acción excitadora (a través de la despolarización de canales de cationes monoiónicos como los de sodio y potasio) sobre los receptores dopaminérgicos D1 allí ubicados, desencadenando la liberación del neurotransmisor GABA (principal neurotransmisor del Núcleo Accumbens) rumbo a la amígdala (sustrato fundamental del procesamiento de las emociones) y promoviendo en última instancia las reacciones más superficiales y visibles de satisfacción, placer y tranquilidad tan características de todas las personas felices.

Generalmente, este proceso tiene lugar de forma endógena como respuesta ancestral de nuestro organismo a la consumación de nuestras necesidades biológicas como especie. Pero la cascada de acontecimientos no tiene por qué seguir necesariamente ese orden. Existe la posibilidad de recibir nuestra dosis de felicidad sin tener que pasar por el largo y tortuoso camino (la mayoría de las veces infructuoso) que supone encajar con lo que la naturaleza espera de nosotros. Esto es: tenemos la opción de desencadenar el proceso artificialmente, de manera exógena, a través de sustancias químicas como lo son los psicofármacos y las drogas recreativas.

Ser feliz es fácil. Tan sólo hay que tocar los “cables” adecuados y voilà: el más desdichado de los seres humanos puede ser tan feliz como el final de un cuento de hadas. La cuestión, supongo, es: ¿nos basta con ser felices?

Referencias

  1. Stephen M. Stahl (2008) Stahl’s essential psychofarmacology: neuroscientific basis and practical applications. 3th ed. Cambridge University.

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