El origen de los nombres de los elementos químicos

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Marcos Díaz Gay >

Todos nos hemos preguntado alguna vez por qué los elementos tienen los nombres que tienen. Sobre todo en nuestros inicios en el apasionante mundo de la química, que es cuando nuestra curiosidad está en su punto álgido y todavía no hemos empezado a creer y memorizar sin cuestionar, múltiples principios y leyes fundamentales.

A medida que avanzamos en la tabla periódica pasamos de nombres muy conocidos y que no llegamos a cuestionarnos porque digamos que son así porque así han sido siempre (hidrógeno, carbono, oxígeno, plata, oro, etc.) hasta otros que indudablemente nos resultan familiares, por referirse a países o personalidades históricas relacionadas con la química, u otros en los que una simple lectura nos hace sacar una sonrisa por su inusual sonoridad, véase por ejemplo el que pone fin al séptimo período, el “ununoctio” (aunque una segunda lectura más seria nos puede hacer ver que parece tener una cierta relación con el número 118).

Pero independientemente de si nos son más o menos conocidos, los nombres de estos elementos tienen un origen, y conocerlo puede hacer que la ardua tarea de memorizarlos pase a ser un ejercicio de historia, mitología, geografía, comprensión de sus propiedades, etc.

Espero que con estas líneas la primera labor de un futuro químico, aprender la tabla periódica, requiera un menor esfuerzo, o que al menos, sea más gratificante.

Nombres prequímicos

En esta descripción de algunos de los distintos nombres de los elementos del sistema periódico vamos a comenzar con los prequímicos. Estos son aquellos propios de elementos conocidos desde la antigüedad. Muchos de ellos podrían caer dentro de ese grupo que antes denominábamos como el de los elementos que se llaman así “porque sí”, porque así han sido siempre. Y es que entre ellos tenemos a los 7 metales clásicos: el oro y la plata (conocidos desde hace más de 6.000 años), el cobre, el hierro, el plomo, el estaño y el mercurio (que ya hace más de 3.000 años era usado por alquimistas indios en la preparación de elixires que se creaban buscando alcanzar el secreto de la inmortalidad).

Como es evidente en este último caso, las clasificaciones que serán usadas en este artículo se entremezclan, pues aunque el mercurio forme parte de estos 7 metales clásicos también sabemos que su nombre deriva de la mitología, en particular del dios romano Mercurio, que será una de los grupos de nombres que se presentarán a continuación. Por otro lado, este elemento también comparte nombre con el primero de los planetas de nuestro sistema solar, por lo que también podrá ser incluido dentro de otra categoría relacionada con los cuerpos celestes.

Es importante tener esto en cuenta, pues hay casos en que no está completamente claro el origen del término que nombra al elemento ni su clasificación dentro de los distintos grupos, y existen discrepancias al respecto. En este texto, se tratará de incluir el nombre del elemento en todas las posibles clasificaciones que sean oportunas en cada caso.

Como curiosidad, de nuevo en el caso del mercurio, se produce un hecho sorprendente, pues su nombre no se corresponde en absoluto con su símbolo (que es lo que sucede en la mayoría de casos, usándose las iniciales siempre que es posible mientras no existan coincidencias entre elementos), que es Hg. El origen de este último lo encontramos en el nombre que le daba Dioscórides: plata acuática (en griego hydrárgyros: hydra = agua, gyros = plata).

El origen de los nombres prequímicos es incierto, aunque se supone que derivan de términos procedentes de lenguas antiguas como el griego, el latín, el sánscrito o el indoeuropeo. Además de los nombrados 7 metales clásicos también forman parte de este grupo el carbono [cuyo origen se supone griego carbonis o latino carbon] o el azufre [sánscrito sulveri o latín sulphur].

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Nombres derivados de cuerpos celestes

Esta categoría, que aparentemente podría parecer una de las más conocidas por todos y que necesita poca explicación, tiene sorprendentes componentes, pues no sólo la forman los clásicos elementos con nombre de planeta sino que también se derivan nombres de asteroides, del sol o de la luna.

Comenzando con los planetas, todos podemos reconocer con facilidad la referencia al descubrimiento de Urano en el elemento uranio (que fue descubierto sólo 8 años después de que lo fuese el planeta) o la correlación de los dos elementos siguientes denominados neptunio y plutonio, en referencia a la sucesión de, en su momento, los tres últimos planetas en el sistema solar (actualmente Plutón no es considerado planeta sino planeta enano desde 2006 según la Unión Astronómica Internacional). Pero ya no es tan evidente la relación del telurio con el nombre de la Tierra en latín o del fósforo con el apelativo de Venus también en latín.

Derivado de la luna está el selenio, mientras que del sol el helio, ambos nombres procedentes del nombre de estos astros en griego.

Pero lo más desconocido seguramente sea el nombre de dos elementos derivados de los dos primeros asteroides descubiertos: Ceres y Palas. Estos dan lugar al cerio y al paladio, hallados respectivamente sólo dos y un año después de que lo fuesen sus correspondientes asteroides.

Nombres derivados de la mitología

En este grupo es evidente que también van a poder ser encuadrados muchos del anterior, pues también existe una gran relación entre el mundo de la mitología y la nomenclatura de los cuerpos celestes, tanto de planetas como también de asteroides, como los presentados anteriormente Ceres y Palas (que proceden de las diosas Ceres y Palas Atenea, de la agricultura en la mitología romana y de la sabiduría en la mitología griega respectivamente).

castigo de tántalo triplenlace.comCastigo de Tántalo

Además también tenemos en esta categoría elementos como el tántalo [procede de Tántalo, hijo de Zeus; se explica el nombre dado al elemento porque en la mitología este personaje sufre un castigo mítico por entregarle la bebida de los dioses a los humanos, siendo condenado con el hambre y la sed eternas, lo que se relaciona con la capacidad de este metal de no ser atacado por los ácidos], el niobio [Níobe, hija de Tántalo; el niobio fue descubierto en el mineral tantalita, que contenía tantalio, por lo que se le puso el nombre de la hija del personaje que daba nombre al elemento ya conocido], el prometio [en honor a Prometeo, el personaje mitológico que robó el fuego a los dioses para la humanidad], el titanio [procedente de los Titanes, hijos de Urano], el iridio [diosa griega Iris], el torio [en referencia a Thor, dios de la guerra nórdico] o el vanadio [deriva de la diosa de la belleza en la mitología nórdica].

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Nombres derivados de sus minerales o compuestos derivados

Otros muchos elementos como por ejemplo el aluminio, el bario, el samario, el silicio o el gadolinio toman su nombre de los minerales o compuestos de los que forman parte, en este caso del alumbre, la baritina, la samarskita, el sílex y la gadolinita respectivamente.

Nombres derivados de colores de los elementos o de sus compuestos

En esta categoría, junto con la que se presentará a continuación, se sitúan los elementos cuyas propiedades son las que han generado su nomenclatura. Se les ha bautizado a partir de las palabras en diferentes idiomas (aunque predominantemente en griego o latín) referidas a sus propiedades más importantes.

En este primer caso la propiedad a destacar es el color, bien sea del elemento propiamente o de alguno de sus compuestos más importantes.

Separándolos por los idiomas de los que proceden los términos tenemos los siguientes elementos dentro de este grupo:

  • Del griego proceden los nombres del cloro [khloros: amarillo verdoso], el cromo [khroma: color; debido a los distintos colores que presentan sus compuestos], el yodo [ioeides: violeta], el praseodimio [prasios: verde y didymos: gemelo], el rodio [rhodom: rosado] y el talio [thallos: retoño verde o rama, por el brillo de color verde en las líneas de su espectro de emisión, como podemos ver en la imagen de la derecha].
  • Del latín tenemos el cesio [caesius: azul celeste], el indio [indium: índigo, añil] y el rubidio [rubidius: rojo muy intenso, por las dos rayas rojas características de su espectro de emisión].
  • Del alemán deriva el nombre del bismuto [weiße Masse: masa blanca].

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Nombres derivados de propiedades diferentes al color

Dentro de las otras propiedades que caracterizan la nomenclatura de parte de los elementos de la tabla periódica, destaca la de formador de un cierto tipo de compuestos.

De ahí parten los nombres de muchos de esos elementos que nos suenan también muy familiares, pero que de esta forma podremos conocer un poco mejor. Hidrógeno deriva de los términos griegos hydro y gen: generador de agua, oxígeno por su parte significa generador de ácidos, mientras que nitrógeno, generador de nitratos.

Otras propiedades cuya importancia ha hecho que pasen a la historia dando nombre a los elementos que las poseen son por ejemplo el olor, en el osmio [del griego osme: olor, debido al fuerte olor del OsO4] y en el bromo [del griego bromos: hedor, peste], la “portación de luz” en el fósforo [del griego phos: luz y phero: portador], la baja calidad respecto a la plata (según opinión de sus descubridores claro) en el platino [que procede de la palabra castellana platina], la dificultad de su obtención en el disprosio [del griego dysprositos: difícil de obtener], la inestabilidad, debido a la propensión a la desintegración radiactiva, en el ástato [del griego A-statos: inestable] o el hecho de ser producido de forma artificial en el tecnecio [del griego technetos: artificial], entre muchas otras.

Nombres derivados de países, ciudades, etc.

Este es uno de los grupos más numerosos y que permite reconocer fácilmente el origen del término que nombra al elemento (excepto en los casos en que no se usa el nombre actual del lugar sino el latino). Pero las razones por las que un elemento recibe el nombre de un determinado país o ciudad son diversas. Puede ser para destacar la nacionalidad del descubridor, el país donde fue descubierto o simplemente para honrar el trabajo realizado en un cierto lugar en lo referente a la investigación química (como es el caso de Berkeley, Darmstadt o Dubná, lugares donde se sitúan importantes laboratorios de investigaciones nucleares, responsables de la síntesis de los últimos elementos de la tabla periódica actual desde mediados del siglo pasado).

Según los países, ciudades, lugares, etc. a los que hacen referencia se presentan en la siguiente lista:

  • América: americio
  • Alemania: germanio y hassio (derivado de Hassias, nombre latino para Alemania)
  • Berkeley (California, EEUU),: berkelio
  • California (EEUU): californio
  • Copenhague: hafnio (nombre latino de la ciudad, Haffnia)
  • Darmstadt (Alemania): darmstadtio
  • Dubná (Rusia): dubnio
  • Escandinavia: escandio y tulio (derivado de Thule, nombre latino para Escandinavia)
  • Estocolmo: holmio (nombre latino de la ciudad Holmia)
  • Europa: europio
  • Francia: francio, galio
  • Isla de Chipre: cobre
  • Kadmeia (Grecia): cadmio
  • Magnesia (Thessaly, Grecia): magnesio y manganeso
  • París: lutecio (derivado del nombre de la ciudad en latín Lutecia)
  • Polonia: polonio (por el país de nacimiento de su codescubridora Marie Curie)
  • Rhin: renio (derivado de su forma en latín Rhenus)
  • Rusia: rutenio (derivado de su forma en latín Rutenia)
  • Strontian (Escocia, RU): estroncio
  • Ytterby (Suecia): erbio, iterbio, itrio y terbio (en la mina de este pueblo se descubrieron una gran cantidad de elementos, entre los que se encuentran estos cuatro que tomaron su nombre para la posteridad de diferentes formas)

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Nombres en honor a grandes personajes de la ciencia química

En los últimos años ha habido una gran sucesión de descubrimientos de nuevos elementos químicos que, como ya se ha comentado, han sido bautizados en ocasiones con nombres relacionados con los países o lugares donde se ha producido su síntesis.

Sin embargo esto sólo ha ocurrido en unos pocos casos. En la mayoría, el término por el que estos elementos pasarán a la historia está directamente relacionado con algo muy diferente. Su nombre se ha puesto en honor a grandes personajes de la historia de la química. Hombres y mujeres que han dedicado su vida al mundo de las ciencias químicas y que con su trabajo y esfuerzo han contribuido en gran medida, por ejemplo, a completar la tabla periódica hasta el punto en que la conocemos y estudiamos hoy en día.

También tenemos el caso particular del galio, que antes comentábamos que venía derivado de Francia, por su nombre en latín. Pero también aparece dentro de esta clasificación, pues su nombre responde a uno de esos juegos de palabras de los que tanto gustaban los científicos de finales del siglo XIX ya que la palabra latina gallus significa gallo, o lo que viene a ser lo mismo coq en francés, es decir, el nombre de su descubridor exceptuando el artículo previo: Lecoq. De esta forma tan ocurrente, el nombre del elemento hace honor tanto al país de origen como al nombre de su descubridor.

DIMendeleevCab.jpgSegún el personaje histórico al que hace honor el nombre, se presentan los restantes elementos clasificados dentro de este grupo ordenados por número atómico creciente:

  • Curio: Pierre y Marie Curie
  • Einstenio: Albert Einstein
  • Fermio: Enrico Fermi
  • Mendelevio: Dmitri Ivánovich Mendeléiev
  • Nobelio: Alfred Nobel
  • Lawrencio: E. O. Lawrence
  • Rutherfordio: Ernest Rutherford
  • Seaborgio: Glenn T. Seaborg
  • Bohrio: Niels Bohr
  • Meitnerio: Lise Meitner (matemática y física de origen austríaco y sueco)
  • Roentgenio: Wilhelm Conrad Roentgen (descubridor de los rayos X)
  • Copernicio: Nicolás Copérnico

Nombres sistemáticos y controversia en la nomenclatura de los nuevos elementos superpesados

Por último vamos a descubrir por fin el sentido de esas palabras raras que empiezan por u y que tantas sonrisas han sacado a los más jóvenes estudiantes de química mientras los más importantes científicos las veían como salvación, al menos temporal, a sus fuertes disputas.

En esta carrera que comentábamos anteriormente por el descubrimiento de nuevos elementos superpesados alrededor de los años 60 y 70, había surgido una gran controversia derivada del gran enfrentamiento reinante en la época: la guerra fría. Este conflicto entre americanos y rusos se transformó en el entorno químico en una guerra de nomenclaturas para los nuevos elementos entre ambas potencias. Grandes científicos de uno y otro bando merecían para cada una de las partes un reconocimiento. Ante ello la comunidad internacional, liderada por la IUPAC (International Union of Pure and Applied Chemistry), decidió en 1976 que a partir del elemento de número atómico 103, el laurencio (que cerraba la serie de los actínidos y que ya había sido objeto de polémica aunque finalmente fuese aceptado por los rusos), los nuevos elementos responderían a un nombre sistemático. Según las propias palabras de la organización “para evitar la confusión y para asegurar que todos los químicos hablen del mismo elemento”.

Este nombre sistemático se crearía a partir del número atómico de cada nuevo elemento, refiriéndose a los tres números de este con una serie de raíces, mezcla de griegas y latinas, para evitar ambigüedades. Mientras, el símbolo del elemento tendría también 3 letras para diferenciarlo completamente de cualquier elemento anterior existente en la tabla periódica. De ahí salieron nuestros queridos elementos que comienzan en u (lógico, pues todos los números atómicos mayores a 103 comienzan con un 1 al que hay que poner nombre), como por ejemplo el anteriormente conocido como unununio (número atómico 111, actualmente roentgenio) o el ununoctio (número atómico 118), que se indicaba al comienzo de este texto.

Todo esto facilitaba la vida a los científicos y evitaba múltiples disputas, generadas en su mayor parte, porque el criterio habitual de la IUPAC consistía en que el descubridor podía elegir el nombre del elemento. Esto no tendría mayor problema si no fuese porque en los últimos años, tanto rusos como americanos, además de franceses y alemanes, declaraban haber sido los descubridores de los mismos elementos en muchas ocasiones. Por supuesto, el personaje o lugar al que querían dejar para la posteridad, rara vez coincidía entre los distintos equipos de científicos.

Sin embargo, más tarde en 1995 la IUPAC volvía a cambiar de criterio, seguramente por presiones políticas ante la menor trascendencia de Rusia en el contexto internacional, y se volvía a aceptar la nomenclatura de los elementos a partir de personalidades históricas. La controversia volvía y de hecho continúa hasta nuestros días. Elementos como el meitnerio, el roentgenio, el livermorio o el todavía no oficial flerovio han sido objeto de nuevas polémicas que seguro se seguirán repitiendo en un futuro.

¡Con lo fácil y divertida que era la nomenclatura sistemática! Qué ganas de complicarse la vida y buscar enfrentamientos.

Para finalizar, cabe destacar que todavía se mantiene la nomenclatura sistemática para los nuevos elementos descubiertos temporalmente, hasta que le sea asignado un nombre definitivo por la IUPAC. El origen de estos últimos seguramente podremos en un futuro encuadrarlo en las categorías que han sido explicadas con anterioridad aunque, como ya sabemos, el descubridor decide.


Bibliografía

2 Respuestas a "El origen de los nombres de los elementos químicos"

  1. Lise Meitner, matemática y física de origen austríaco y sueco   21 - octubre - 2015 at 0:08

    Hola.
    He visto que has cogido material “prestado” de otros blogs para crear este post.

    Te agradecería que citaras a las personas que han trabajado para crear contenido en la red meses antes que tú, porque las similitudes son asombrosas.

    Un saludo.

    Responder
  2. Triplenlace   21 - octubre - 2015 at 10:00

    Estimada señora (supongo):

    Publicamos este artículo en su día porque no encontramos indicios de que nuestro colaborador hubiera incurrido en plagio (“copiar obras ajenas”, según la RAE). Por supuesto, se habrá basado en informaciones de otras fuentes (puede ver que aporta referencias bibliográficas), pero basarse en otras fuentes no creemos que pueda ser considerado plagio salvo que se demuestre.

    Es normal que este texto se parezca al que hayan escrito otras personas porque la información que se da es de conocimiento general. Todo el mundo dirá algo parecido sobre el origen de los elementos. No conocemos ninguna web que afirme, por ejemplo, que el nombre del darmstadtio procede de la ciudad de Munich en vez de la de Darmstadt. Y dudamos mucho de que alguna web pueda atribuirse haber hecho ese “hallazgo” ya que no hay tal. El nombre es ese desde que lo aceptó la IUPAC, y todo el mundo tiene derecho a decirlo.

    No obstante, si usted tiene la amabilidad de indicarnos qué fuentes, aparte de las convenientemente citadas por el autor al final de su artículo, han sido ignoradas, las agregaremos. Y si nos señala algún párrafo que haya sido copiado literalmente sin entrecomillar o citar directamente su fuente, borraremos el artículo.

    Por lo demás, quizá usted no esté en el derecho de usar el nombre de la difunta Lise Meitner para firmar su comentario, y sin embargo lo ha hecho. ¿Ha pedido permiso a los herederos de esta “matemática y física de origen austríaco y sueco”?

    Cordiales saludos y muchas gracias por su colaboración.

    Responder

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