¿Qué hay en un cigarrillo? Historia y química del tabaco

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Ernesto Prudencio Díaz >

Cada segundo, millones de cigarros se encienden en todo el mundo, transmitiendo al organismo de los fumadores y al ambiente un sinfín de sustancias cuyo efecto sobre la salud de las personas está ampliamente demostrado: cáncer de pulmón, enfisema, enfermedad pulmonar obstructiva, otros tipos de cánceres tales como de cavidad bucal, esófago o vejiga…

El principal ingrediente de esta droga y el único que contuvo durante siglos es la hoja de la planta Nicotiana tabacum, pero con la construcción de un sector industrial de los más importantes que existen y con el desarrollo de la química se empezaron a incorporar aditivos que perfeccionaran el producto. La industria defiende que los aditivos mejoran la calidad e incluso que en muchos casos protegen la salud de los fumadores, sin embargo numerosos estudios denuncian que los aditivos aumentan la adictividad que produce el tabaco.

Nicotiana tabacum es una planta herbácea de la familia de las solanáceas. Los indicios señalan que es nativa de los Andes, pero no se ha encontrado en estado silvestre, por lo que se puede deducir que se lleva cultivando desde tiempos inmemoriales. Esculturas datadas en el 1000 a.C. muestran a sacerdotes mayas fumando tabaco en pipa. Es posible que en estos tiempos remotos se consumiera de diversas maneras: inhalando el humo, aspirada por la nariz, masticada, comida, bebida, en ungüentos, etc, asociada habitualmente a la celebración de rituales religiosos. Cuando los europeos llegaron, el consumo de tabaco era común en toda América.

A la hora de analizar su evolución, lo primero que hay que reseñar es que fumar tabaco puro, sin aditivos, es un hábito que provoca una fuerte adicción y graves enfermedades. Una vez se ha dejado esto claro vamos a proporcionar información sobre algunas sustancias presentes en la planta y el humo del tabaco:

  • Nicotina: Este alcaloide es el principio activo más importante y el causante de la fuerte dependencia física y psicológica que produce. A medida que se aspira el humo, la nicotina se deposita en los pulmones y pasa a la sangre, llegando al cerebro en menos de diez segundos; allí los receptores producen dopamina, que es la sustancia que provoca que el fumador “se sienta bien”. El cerebro en seguida se acostumbra al suministro constante de nicotina, generándose el síndrome de abstinencia cuando no la recibe. Además de esto, la nicotina aumenta el ritmo cardíaco y la presión arterial, lo que lleva asociado un mayor consumo de oxígeno. Su contenido en la hojas suele ser del 1 al 2 %.
  • Otros componentes importantes son: diversos alcaloides, como nicotoína y pirrolidina; esencia de tabaco; resinas; glucósidos; ácidos orgánicos, como el cítrico o el málico.
  • Monóxido de carbono: Este gas es el mismo que expulsan muchos vehículos motorizados por el tubo de escape, y en el cuerpo humano reduce considerablemente el transporte de oxígeno a las células.
  • Gas cianhídrico: Es un gas que se produce al quemarse uno de los glucósidos. También reduce la capacidad de transporte de oxígeno.
  • Piridina: Es un compuesto de estructura similar a la del benceno que tiene un efecto depresor del sistema nervioso central.

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La transformación de las hojas de tabaco en cigarrillos modernos listos para fumar consta de varios pasos: añejado y cura, donde el tabaco se seca parcialmente; dos fermentaciones, durante las cuales se reduce la proporción de nicotina contenida; y entre las dos, una selección de las partes más provechosas. A lo largo del proceso se añaden hasta sesenta sustancias que representan un 10% en peso de un cigarrillo. Sus principales funciones son: conservante, para evitar el deterioro; humectante, aromatizante y saborizante, volviendo el humo más fresco, más dulce y menos irritante para la garganta. Parece ser que ningún aditivo es adictivo de por sí, pero, a pesar de que la industria lo niega, es posible que aumenten la adicción que causa la nicotina de diversas maneras: favoreciendo una mayor absorción de nicotina, lo que se consigue por ejemplo facilitando la inhalación de humo o reduciendo el tamaño de las partículas presentes en el humo; aumentando el contenido en nicotina o su biodisponibilidad; generando sustancias que aumentan la adictividad de la nicotina. Llegados a este punto vamos a repasar algunos aditivos y los posibles efectos que se ha denunciado que podrían tener:

  • Alquitrán: Es el término que designa distintas sustancias que actúan como vehículo que lleva los componentes del tabaco a la sangre. Se le sitúa como el principal responsable de los daños pulmonares.
  • Azúcares: Pueden constituir el 3% del peso de un cigarrillo, siendo el aditivo que se encuentra en más cantidad. Al quemarse, los azúcares producen formaldehido. Estudios de laboratorio con animales han concluido que al mezclarse este compuesto con la nicotina aumenta el potencial adictivo de ésta; no obstante, la industria y la evaluación sobre riesgos sanitarios de la Comisión Europea lo niegan.
  • Cacao: Abre las vías respiratorias por la acción de una sustancia llamada teobromina. Este efecto provoca una inhalación más profunda y, por ende, con más cantidad de humo y nicotina.
  • Amonio: Se utiliza para cristalizar la nicotina. Aumenta su pH y con ello se absorbe más deprisa.
  • Aromatizantes y saborizantes como chocolate, miel o regaliz; este último además abre las vías respiratorias.
  • Mentol: Reduce la fuerte y natural irritación que el humo produce sobre la garganta. Sin él, el acto de fumar sería mucho más desagradable

Otro aspecto importante del fenómeno del tabaquismo es el de los conocidos como “fumadores pasivos”. Al encenderse un cigarro, la combustión desprende unos 4000 componentes químicos, de los que al menos 40 son cancerígenos. Esta mezcla tóxica tiene efectos negativos sobre la salud de todo el que la respire, de ahí la frase: “Fumar perjudica gravemente su salud y la de los que le rodean”. El Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo estima que 3000 muertes al año en España tienen relación con la exposición ambiental al humo del tabaco. A los niños es especialmente importante protegerles del humo ya que puede inducir patologías como el asma y las infecciones respiratorias. El humo que se desprende entre calada y calada es más nocivo que el que se produce justo mientras el fumador está inhalando porque la combustión es menos completa y la proporción de partículas dañinas es mayor.

A la luz de todos estos datos, son comprensibles las campañas de los gobiernos contra el tabaquismo, emprendidas principalmente a partir de los años 90, cuando los resultados de los estudios realizados durante la mayor parte del siglo comenzaron a difundirse ampliamente. Informar a la población de los efectos del tabaco o proteger a los no fumadores y a los niños mediante la prohibición de fumar en espacios públicos, son medidas que están provocando un descenso del índice de fumadores y un ambiente más limpio, lo que se traduce en aumento del bienestar de los ciudadanos y, a nivel económico, ahorro del gasto sanitario.

Bibliografía

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