Sobredosis de hierro

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Lucía Tocino Benítez »

¿Quién no ha oído hablar del ferrum, mejor conocido como hierro? Sabemos de multitud de materiales formados por dicho elemento y sus aleaciones.

Pero, ¿qué más sabemos sobre este elemento? Es el cuarto más abundante en la corteza terrestre; lo contiene en grandes proporciones el núcleo de nuestro planeta, forma parte de numerosos minerales… En cuanto a nosotros, los humanos, sabemos que es necesario para la oxigenación celular y otras funciones. Alguna personas padecen anemias ferropénicas, es decir, déficit de la cantidad necesaria de hierro en nuestro organismo.

Tanto los déficits como los excesos son malos. Aquí vamos a tratar lo que nos supone una sobredosis de este metal, denominada en medicina hemocromatosis.

Un ser humano, en general, necesita unos 10 mg de Fe, aunque a lo largo de nuestras vidas necesitamos cantidades diferentes de este metal, sobre todo las mujeres en épocas de embarazo y lactancia, que pueden ver triplicadas sus necesidades. La mayor parte de este hierro se denomina funcional, ya que va destinado a los eritrocitos (hemoblogina), mioglobina y enzimas, es decir, a procesos fisiológicos básicos. El resto es de depósito y se encuentra en la ferritina y la hemosiderina, que constituyen las reservas corporales de hierro.

Pero ¿por qué podemos sufrir sobredosis de hierro? En gran parte por la ingesta, ya sea en nuestra dieta o en suplementos. Las principales fuentes de hierro son:

  • Legumbres
  • Frutas deshidratadas
  • Huevos
  • Cereales
  • Carne roja
  • Mariscos

 

Cabe señalar que el hierro obtenido de frutas y verduras es más difícil absorberlo.

Pero ¿puede llegar a ser tan grave este exceso? ¿Qué mal nos ocasionaría?

El hierro en exceso se comporta como un metal tóxico. Normalmente el problema no se da en adultos, sino en niños, por la ingesta de suplementos alimenticios con alto contenido en hierro.

Los síntomas que se pueden mostrar son:

  • Fatiga
  • Vértigo
  • Náuseas
  • Vómitos
  • Dolor de cabeza
  • Pérdida de peso
  • Dificultad respiratoria
  • Coloración grisácea de la piel

Fuentes

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