La enseñanza de la Química en España entre 1800 y 1936 / 1

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1. Necesidad de enseñar Química

The MummyDesde los albores de la civilización el ser humano ha reducido y aleado metales, ha extraído colorantes, ha convertido tierras y arenas en vidrio, ha destilado perfumes y ungüentos, ha elaborado cremas de maquillaje, drogas, blanqueantes para la ropa, conservantes para momificar, etc. Es decir, ha pergeñado miles de transformaciones sobre la materia, cometido que se considera el principal objeto de esa disciplina científica llamada Química.

Dicho objeto abarca un campo no sólo inmenso sino también muy complejo, y eso justifica que la Química sea necesariamente una ciencia más empírica que la Física y que su fundamentación teórica haya tardado tanto en fraguar. El hombre no ha dedicado a la elucidación de los conocimientos que hoy se adscriben a la Química ni más ni menos esfuerzos que los consagrados a la Física, pero en general los “fenómenos químicos” están sometidos a más variables que los “físicos”. ¿Cabe comparar, por ejemplo, la sencillez relativa de las leyes del movimiento parabólico de una bala de cañón, que permiten con un alto grado de certeza predecir dónde llegará esa bala, con la aparente aleatoriedad del producto que se puede obtener al mezclar tierras en busca de vidrios coloreados? ¿No les ha resultado más inmediato a los científicos obtener las leyes matemáticas que explican los distintos tipos de movimiento que dar justificación teórica a fenómenos que obedecen en la mayoría de los casos a causas ultramicroscópicas, como son las reacciones químicas[1]?

Quizá estas razones expliquen por qué la Química ha sido reconocida tan tardíamente como disciplina en los currículos educativos. No hace mucho era imposible tratar de enseñar a los escolares con un mínimo de sistema lo que no era sino un conjunto de procedimientos refractarios a todo encuadre teórico de los que se ocupaban más bien los artesanos y que se transmitían mayormente por vía oral. Sólo cuando ciertos conocimientos químicos demostraron su coherencia lógica pudieron ser integrados dentro de cuerpos ya consolidados como la Farmacia, la Medicina o la Física.

La Química logró su emancipación de estas otras ciencias en el siglo XIX. Es en ese momento cuando se reparó en que la ejecución de determinadas operaciones químicas de producción generaban considerables beneficios económicos. Ello suscitó la necesidad de formar académicamente a investigadores que exploraran nuevos métodos de síntesis y a operarios que llevaran a cabo de la forma más eficiente posible su producción industrial. Poco a poco la figura profesional del químico fue siendo socialmente reconocida[2].

imageEn España se empezó a enseñar Química “oficialmente” bastante más tarde que en otras naciones (retraso que también sufrieron otras ciencias; el químico Ángel Vian Ortuño lo atribuye a que los gobiernos mantenían que “la transmisión de la cultura [era] una forma de la beneficencia social que correspondía ejercer a las instituciones eclesiásticas” (Vian: 432, 433)). Es cierto que a lo largo del siglo XIX el Estado promulgó planes de estudio como los de Gil de Zárate (1834), Pidal (1845) y Moyano (1857) con el objetivo de modernizar la enseñanza de las ciencias, pero al menos la de la Química no experimentó ningún avance significativo probablemente porque no existió la necesaria continuidad en este empeño.

En ocasiones se proyectaron excelentes planes educativos que no llegaban a ver la luz legislativa. Otras veces lo que unos gobiernos hacían otros lo deshacían. Por ejemplo, a finales del siglo XVIII los Borbones habían propiciado un considerable desarrollo de la ciencia española que se vio arruinado durante el reinado de Fernando VII. Por ello, cabe afirmar que no fue el Estado sino ciertas instituciones privadas (como la Sociedad Vascongada de Amigos del País) las que pusieron los cimientos de la enseñanza de la química en España, e incluso las que contribuyeron decisivamente a su desarrollo (por ejemplo, la Institución Libre de Enseñanza).

Es en el ecuador del siglo XIX cuando se empieza a notar en España una atención oficial específica hacia la Química. Hasta ese momento la disciplina se había considerado propedéutica de los estudios de Farmacia y Medicina. Andando el siglo la Química fue incrementando su participación en el currículo de estas carreras, pero, al tiempo, se fue independizando paulatinamente, aunque haciéndolo al principio siempre de la mano de la Física.

Es a partir de la creación de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales cuando “la Física y Química se empiezan a enseñar con modernidad e independencia, por profesores muy motivados, en general” (Vian: 434). A pesar de ello, “igual que en las etapas anteriores, la contribución creadora española en Física y Química sigue siendo insignificante si se compara con lo logrado, entre tanto, en Europa y Norteamérica por tantos hombres de genio” (Vian: 434). En el primer tercio del siglo XX la Química española vivió unos momentos muy brillantes bajo el impulso de la Institución Libre de Enseñanza y otras entidades, pero las consecuencias de la guerra civil (sobre todo, la emigración de muchos científicos) fueron nefastas en este sentido.


[1] Salviati, el alter ego de Galileo, se muestra “sumido en angustias” cuando trata de explicar la causa de la ligazón de las partículas que forman el material de una cuerda, y sin embargo, razona brillantemente sobre los aspectos macroscópicos relacionados con la resistencia de esa cuerda (Galileo: 90).

[2] Antes del siglo XIX la profesión de químico no estaba reconocida; lo más parecido que había en el siglo XVIII a un químico actual era un farmacéutico –es significativa la palabra inglesa para farmacéutico: chemist–. Mason (p. 163) afirma que “hasta el siglo dieciocho, los oficios específicamente químicos principales eran los del boticario, que preparaba compuestos a pequeña escala para su uso en medicina, y el de los fabricantes de alumbre a escala comparativamente grande para el tratamiento y teñido de pieles, papel y tejidos. [Más tarde se] produjo un aumento tan considerable de bienes textiles que los problemas químicos de blanqueado y luego de teñido de los tejidos se hicieron considerables. Este problema tan simple disparó la espoleta de la industria química, y la necesidad de un producto químico llamaba a otro” (Mason, 164).

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JMG

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Una respuesta para "La enseñanza de la Química en España entre 1800 y 1936 / 1"

  1. Francisco Javier Zarzuela Martín   2 - septiembre - 2012 at 13:19

    A mi  sueño acuden todas la noches las voluptuosas formas que en un fugaz instante vi pasar por mis ojos no muy  atrás. Recuerdo el lugar y el camino. ¡Voy allí! y en espera corta acudiste. ¿Que hago? En tus ojos la respuesta comprendí. 
    Toqué con la mirada. Contenernos, prohibido ví. 

    Glosario:
    Para bibliografía: “voluptuosas formas”.
    Para tocar con la mirada: “… Desde los albores de la civilización el ser humano ha reducido y aleado metales, ha extraído colorantes, ha convertido tierras y arenas en vidrio, ha destilado perfumes…”

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