La ‘piedra filosofal’ que convierte las sustancias en oro sigue alimentando nuestros sueños

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En teoría, cualquier elemento químico podría ser convertido en oro mediante reacciones nucleares. (El problema sería que obtener oro por ese procedimiento sería cien o mil veces más caro que su precio de mercado.) Pero ni existe ni existirá una sustancia química que pueda realizar ese portento. No obstante, el ser humano sigue creyendo en el mito de la existencia de esa “piedra filosofal” de propiedades extraordinarias capaz de conseguir lo que el Rey Midas.

En estos días han corrido ríos de bits en Internet sobre la presunta novedad del descubrimiento de unas bacterias que pueden convertir “una sustancia química” en oro.

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¿Saben cuál es la milagrosa sustancia que se “convierte” en oro? Simplemente cloruro de oro. ¿Dónde está la alquimia? No existe ninguna transmutación. Las bacterias, simplemente, reducen el oro iónico a oro elemental, comportamiento que se ha observado en distintas especies bacterianas incluida la que ha sido objeto de esta noticia, la cupriavidus metallidurans (1).

Efectivamente, la bioacumulación de oro elemental por bacterias ha sido descrita en muchos sistemas naturales. Bischoff et al. ya daban detalles al respecto en 1992 y explicaban un ejemplo de bioacumulación de oro que habían investigado en Venezuela (2). Se han hecho estudios de bioacumulación a partir de diferentes compuestos de oro, incluido el cloruro en forma del complejo tetracloroaurato, AuCl4 (3). Entre otras sustancias de las que las bacterias extraen el oro está su tiosulfato, y se sabe bastante bien cómo lo hacen; las nanopartículas de oro elemental formado en el metabolismo de estos organismos acaban atravesando la membrana bacteriana y formando en el exterior redes de tamaño micrométrico de oro en hilos y octaédrico (4)

¿En qué estriba, pues, la supuesta novedad que en estos días ha copado las secciones sensacionalistas de la prensa del copia y pega? En que un científico y un artista han convertido en un espectáculo público la extraordinaria habilidad de la cupriavidus metallidurans de poder sobrevivir en un medio de altísima concentración de cloruro de oro (sal muy tóxica) y producir micropepitas de oro de 24 quilates como las que se observan en la imagen que encabeza este artículo.

"The Great Work of the Metal Lover" by Adam Brown on display at the Kresge Art Center on Tuesday July 24, 2012.

Los autores de la idea, Kazem Kashefi, profesor de microbiología y genética molecular de la Universidad de Michigan, y Adam Brown, profesor de Arte Electrónico han creado una “instalación artística” llamada “The Great Work of the Metal Lover” (la gran obra de la amante del metal) que, según ellos, combina la biotecnología, el arte y la alquimia. Consiste en un laboratorio portátil con piezas galvanizadas con oro de 24 quilates, un biorreactor de vidrio donde se encuentra la bacteria e imágenes tomadas con un microscopio electrónico de barrido de las nanopepitas, que a la semana alcanzan un tamaño respetable (microscópico, claro). Estos científicos-artistas montan un show en el que recurren a las antiguas técnicas de dorado de los manuscritos medievales para recoger en pan de oro el producido por las bacterias.

Kashefi se ha descolgado declarando esto:

Alquimia microbiana es lo que hemos hecho; transformar algo que no tenía valor en un metal sólido y precioso es importante.

Y se ha quedado tan contento.

Diremos que esa transformación de un compuesto de oro en oro, además de mediante bacterias, se lleva haciendo por electrolisis desde hace casi dos siglos. Y desde 1951 por el método de Turkevich, agregando citrato sódico. O por el método de Brust, o el de Perrault, o por sonolisis.

La idea de convertir un experimento científico en un espectáculo artístico demuestra que la química (la ciencia, en general) es puro arte. Y si el oro que producen las bacterias de estos profesores se reproduce también en sus bolsillos por “arte de maga alquímica”, enhorabuena. Pero lo que la prensa anuncia como un descubrimiento de estos profesores de Universidad no es tal; como mucho, y según ellos, la novedad ha sido comprobar que estas bacterias pueden vivir en concentraciones de cloruro de oro muy superiores a las comunicadas hasta ahora.

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Referencias

(1) Reith, Frank; Stephen L. Rogers, D. C. McPhail, and Daryl Webb (July 14, 2006). “Biomineralization of Gold: Biofilms on Bacterioform Gold”. Science 313 (5784): 233–236.doi:10.1126/science.1125878. PMID 16840703

(2) Bischoff, G.C.O., Coenraads, R.R., Lusk, J., 1992. Microbial accumulation of gold: an example from Venezuela. N. Jb. Geol. Palaont. Abh. 185, 131–159

(3) Southam, G., Beveridge, T.J., 1994. The in vitro formation of placer gold by bacteria. Geochim. Cosmochim. Acta 58, 4527–4530.

(4) Lengke, M.F., Southam, G., 2005. The effect of thiosulfate-oxidizing bacteria on the stability of the gold-thiosulfate complex. Geochim. Cosmochim. Acta 69, 3759–3772.

"The Great Work of the Metal Lover" by Adam Brown on display at the Kresge Art Center on Tuesday July 24, 2012.

Una respuesta para "La ‘piedra filosofal’ que convierte las sustancias en oro sigue alimentando nuestros sueños"

  1. Francisco Javier Zarzuela Martín   6 - Octubre - 2012 at 18:48

    Asimov, de nombre EL GRAN, contribuyó allá por los ’70 con un relato lleno de “lamentable incredulidad”. Su bibliotecario favorito a nada que insista pondrá en actual su intelecto de lo que al presenté parece ser novedoso. Daré la pista: Alianza bolsillo, “Estoy en Puerto Marte sin Hilda. Pâté de Foie”
    Mi reloj de oro macizo, al igual que las espuelas de mi caballo árabe son del mismo metal precioso. La servidumbre de mi palacio lo atestigua.
    – ¿Dónde?
    – Por favor…

    Responder

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