Con este primitivo equipo de RMN Varian A60 Paul Lauterbur hizo las investigaciones que le valieron un Nobel

varian a60 chemheritage.org triplenlace.com

El equipo de Resonancia Magnética Nuclear que se ve sobre estas líneas trabajaba a solo 60 MHz –actualmente los hay de 900 MHz– y muy pocas funciones, pero fue suficiente para que el químico Paul Lauterbur hiciera con él las investigaciones sobre imagen por resonancia que le valieron el Premio Nobel de Medicina en 2003.

El aparato lo fabricó Varian en torno a 1961 y fue de los primeros de esta prestigiosa empresa norteamericana que fue absorbida en 1999 por Agilent Technologies.  Según Chemical Heritage, Varian entregó este equipo a la  Universidad de Stanford con la condición de que sus técnicos y empleados tuvieran derecho a usarlo para aprender.

En la consola habían pegado un papelito que decía:

Atención: esta máquina es susceptible de experimentar averías durante los periodos en que más se la necesita.

Y otro se daba esta recomendación para cuando la máquina se estropease:

Mantente sereno y dile cosas agradables a la máquina; ningún otro método parece funcionar.

La técnica de la resonancia magnética nuclear fue adaptada para su aplicación al estudio de sistemas químicos por Felix Bloch y Edward Purcell, que ganaron por ello el premio Nobel de Física de 1952.

Hoy día hay equipos de RMN tan grandes que e necesitan escalerillas para introducir la muestra:

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Los equipos que resonancia magnética nuclear que se emplean en los hospitales para obtener imágenes son muy distintos a los que se emplean en investigación química:

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Una respuesta para "Con este primitivo equipo de RMN Varian A60 Paul Lauterbur hizo las investigaciones que le valieron un Nobel"

  1. Francisco Javier Zarzuela Martín   6 - noviembre - 2012 at 19:18

    Agradable sensación en este articulo.
    ¡Spectronic 20 al poder!
    Don José María López Piñero, Apreciado amigo. Coincidíamos todos los domingos, en Liberia Soriano.
    El, previo unos buenos días, tomaba su periódico y un regalaba un agradable comentario; hablaba y yo oía .
    ¿Algo más José?
    Nó, gracias Javier.
    Adiós. Adiós.
    Su libro, “Abriendo Las Cajas Negras”, quedó pendiente de dedicatoria.
    Desde entonces me estoy portando bien… al cielo voy José. Con tu libro y mi pluma.

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