Premio a un juego de química que mezcla los reactivos mediante el mecanismo de una cajita de música

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Todos conocemos los clásicos juegos de química para niños y adolescentes: tubos de ensayos, un mechero de alcohol, gradillas… y algunos reactivos químicos. El grupo americano Science Play and Research Kit (SPARK) convocó un concurso para “reinventar” los juegos de química. Y la idea ganadora ha sido sumamente original.

Se basa en los mecanismos de las cajitas de música y en los primeros sistemas de programación de ordenadores con tarjetas perforadas. El sistema controla la liberación y bombeo de microgotas de fluidos de diferente composición química a través de los pequeños canales para hacerlos reaccionar.

En realidad los inventores (Manu Prakash y George Korir, de la Universidad de Stanford) han imitado los chips de microfluidos que cada vez se usan más en los laboratorios de investigación, pero en versión de juguete, lo que no significa que no sea operativa. Y muchísimo más barata, ya que hay poca o nula electrónica en juego: el dispositivo funciona con una manivela manual.

En este vídeo puede verse su funcionamiento:

El prototipo (hecho verdaderamente con la maquinaria de una cajita de música) está formado por una rueda y una cinta de papel con agujeros perforados por el usuario. Cuando un pasador del mecanismo de la rueda encuentra un agujero en la cinta, se voltea y activa una bomba que libera una pequeña gota de fluido en un canal diminuto. También se puede programar la apertura o cierre de válvulas que permita combinar productos o mantenerlos separados hasta el momento que se desee.

El dispositivo que ganó el concurso cuenta con 15 bombas independientes, con sus respectivas válvulas y goteadores, pero lógicamente se puede ampliar. Con este juguete tan simple se podría hacer un estudio bastante completo de la calidad de un agua. Bastaría ir añadiendo a la muestra distintos reactivos para detectar y microorganismos e incluso medir el pH. Incluso se puede emplear para realizar algunos diagnósticos médicos y, en general, para llevar a cabo reacciones químicas complejas en una escala muy pequeña. El mecanismo se puede lavar y usar de nuevo.

George Korir, uno de los inventores, ya tenía experiencia imaginando dispositivos de bajo coste para suplir lo que él nunca tuvo, ya que se crió en Kenia y allí no disponía de recursos para, por ejemplo, saber “qué había en el agua fangosa”, o “por qué el agua sabía diferente según su origen”. Por eso piensa que dispositivos baratos como estos permiten “democratizar la Química”.

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