La cobertura arbórea da más diversidad bacteriana a los cultivos de café

El estudio lo han hecho científicos del Colegio de Postgraduados y del Tecnológico de Monterrey (México)

Durante décadas, los cafetales han hecho frente a un dilema productivo: cultivar a pleno sol para maximizar el rendimiento a corto plazo, o mantenerse la sombra de otros árboles, una práctica tradicional que se conocía que era muy positiva, aunque la eficiencia fuese menor. Un nuevo estudio realizado en Veracruz, México, sugiere que esa segunda opción esconde un beneficio que estamos empezando a comprender: una comunidad de bacterias del suelo mucho más rica y diversa, capaz de fortalecer la resistencia de las plantaciones frente al cambio climático.

La investigación, publicada a finales de julio en la revista Antonie van Leeuwenhoek y llevado a cabo por científicos del Colegio de Postgraduados y del Tecnológico de Monterrey, comparó tres sistemas de cultivo: café a pleno sol, café bajo sombra de mango y café bajo sombra de banano. Para ello, el equipo analizó muestras de suelo y raíces, extrajo el ADN bacteriano presente y secuenció un fragmento del gen 16S rRNA, una herramienta que permite identificar con precisión los distintos géneros de microorganismos.

Los resultados fueron contundentes. En los cafetales asociados con mango se hallaron 614 géneros bacterianos, un 29 % más que en los sistemas sin sombra. En los asociados con banano, la cifra ascendió a 643 géneros, un 35 % más que en el monocultivo a pleno sol, donde solo se registraron 476. Entre las bacterias más abundantes destacan géneros como Bacillus, Sinorhizobium y Micromonospora, vinculados al reciclaje de nutrientes y a la promoción del crecimiento vegetal.

¿Por qué ocurre esto? Porque los árboles de sombra aportan materia orgánica y ayudan a estabilizar la temperatura y la humedad del suelo, generando condiciones más propicias para las bacterias implicadas en los ciclos del carbono y del nitrógeno, esenciales para la fertilidad del terreno.

Las implicaciones van más allá de la simple biodiversidad microbiana. Estos sistemas hacen a los cafetales más resistentes a las altas temperaturas, las sequías y las enfermedades asociadas al cambio climático, además de permitir diversificar la producción y generar nuevas fuentes de ingreso para los agricultores.

Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. En Brasil —el mayor productor mundial de café— esta estrategia de cultivo sigue siendo poco común, predominando los monocultivos a pleno sol, más dependientes de fertilizantes y fungicidas. Los propios autores reconocen que el cultivo bajo sombra exige una atención más compleja y una mayor inversión de tiempo, lo que puede desalentar a productores que valoran la simplicidad operativa de los monocultivos.

Aun así, el estudio aporta evidencia concreta de que reintroducir árboles de sombra no es solo una cuestión estética o tradicional: es una estrategia con respaldo microbiológico para construir una caficultura más sostenible, resiliente y menos dependiente de insumos químicos, justo cuando el sector enfrenta presiones cada vez mayores derivadas del calentamiento global.


Referencias