Testimonios de algunas ferias antiguas de Ubrique

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1922: «el sexo fuerte y el bello sexo»

En el Boletín – Órgano de las Sociedades Culturales de Ubrique y Prado del Rey (Cádiz) número 5 del año 1º (octubre de 1922), “uno del Centro Cultural” (así firmaba el sujeto) hacía una crónica de estilo empalagoso de la feria de Ubrique de ese año, no sin propinar una collejita a los políticos y los empresarios por su poca implicación en la organización.

La feria fue durante los días 14, 15 y 16 de septiembre. Leyendo entre líneas, quizá fue menos animada de lo que el cronista intenta transmitir, ya que tanto al principio como al final critica tanto al Ayuntamiento como a los comerciantes e industriales por no contribuir a la organización de la feria. Así, empieza haciendo lo que llama “un comentario justo aunque no grato”:

Tengan en cuenta las autoridades locales al par que los elemento comerciales e industriales que es preciso se preocupen más de darle [a la organización de la feria] la importancia debida, no abandonándola exclusivamente a iniciativas particulares sino que, por el contrario, trabajen con fe y entusiasmo por satisfacer los deseos de quienes, viniendo en gran número de campos y pueblos limítrofes, puedan tener buenos días de esparcimiento y recreo ya que dejan grandes utilidades a la población.

Y termina su artículo recalcando lo dicho:

No queremos terminar estas mal hilvanadas cuartillas sin volver a insistir, ya que no nos guían móviles mezquinos, que es de imprescindible necesidad preocuparse por el incremento de esta feria, que se trabaje por darle mayor impulso, ya que Ubrique, bonito por su situación topográfica, alegre por su suelo, sus calles limpias y sus blancas casas, con aguas abundantes y buenas, laborioso y culto, exige nos preocupemos en justicia de darle la importancia y vida que por sus muchos méritos tiene derecho a disfrutar.

Esta inacción de unas autoridades que “depositan” en la ciudadanía la responsabilidad y el trabajo de organización de una feria la he conocido yo en alguna que otra corporación del siglo XX.

A juicio del cronista ese año descollaron “las iniciativas particulares proporcionando distracciones”, y cita a “los empresarios del local de Cine subarrendado por la Biblioteca”, el circo y al empresario Humberto Janeiro, que organizó “fiestas taurinas”. Serían para los humanos que disfrutan con ellas, no para los toros. Más adelante comenta cómo fueron estas fiestas aunque dice que carece de “los conocimientos adecuados”. Dice que, en las corridas, “por todas partes abundaban las mujeres bonitas” y nombra a varias de buena posición:

Las salidas del público de estas fiestas, brillantísima, pudiendo citar de entre la concurrencia, en la imposibilidad de consignar todos los nombres tanto del bello sexo como del sexo fuerte, a Dª Antonia Peñalver de Bohórquez, Dª Francisca Pomar de Ayala y Dª Consuelo Reguera de Sánchez, que como casadas presidieron las corridas acompañándolas las Srtas. de Bohórquez Gómez, Bohórquez Peñalver, Bohórquez Vecina, Bohórquez Vegazo, Mena Villarejo, Srtas. de Lobatón, de Sánchez, de Reguera Marín, Reguera y Reguera, Reguera Pérez, Luque, Morato Carrión, Bohórquez, Romero y Romero, Rubiales y Sánchez Medina.

A continuación citaba a los representantes del «sexo fuerte» más destacados a su juicio, quienes tenían los mismos apellidos que las mujeres: Zarco Bohórquez, Reguera León, Reguera Marín, Romero Macías, Sánchez Martí, Bohórquez Gómez, Reguera y Reguera, Carrasco Bohórquez, Lama Sánchez, agregando a esta lista “y muchos otros”.

A juzgar por los apellidos, es de suponer que algunas de estas personas vendrían de Jerez, aunque también “concurrió en gran número personal de Arcos, Cádiz, Ronda, Grazalema, Villaluenga, Benaocaz, Prado del Rey y El Bosque”. Esos días se juntaron nada menos que “16 automóviles en los garajes de D. Bartolomé Bohórquez, Coveña Hnos. y Fábrica de corchos de Ferrer”.

Amazonas y jinetes

Como nota simpática mencionaremos la de las Srtas. Bohórquez Gómez y Bohórquez Peñalver [las muchachas de los toros] que, acompañadas por los hermanos de la primera y primos de la última, pasearon por el real de la Feria y calles de la población montando hermosos caballos, fijándose mucho el público así en la belleza y elegancia de estas Srtas. como también en su apostura y habilidad para guiar briosos corceles.

Se ve que al cronista lo embelesaban aquellas y otras mujeres, ya que sigue dedicándoles comentarios laudatorios:

Otra nota característica que consignamos con gusto es la afirmación que oímos a distinguidos forasteros de que había un lujo tan extraordinario en las mujeres que no se podían distinguir por esto las diversas clases sociales. La razón se explica fácilmente al tener en cuenta que las numerosas obreras, que pacientísimamente trabajan todo el año, invierten parte de su jornal en proporcionarse esos días trajes, calzados y demás prendas con que embellecer sus personas, que todo lo que llevan es bueno y que no les falte un detalle. No es extraño, pues, que por esto tanto la Plaza de Alfonso XIII como el paseo de la feria presentaran en todos los momentos soberbio golpe de vista, así por la inmensa multitud como por el número de bellezas que de continuo desfilaban por ambas partes.

Mercado

Las ferias de aquella época todavía tenían mercado, que era precisamente el elemento que dio origen a este tipo de convocatorias. El cronista decía que se había quedado pequeño y que había que dar “facilidades a los ganaderos que a él concurren”. Comenta que estuvo muy animado y que el ganado de cerda se vendió a hasta 22 y 23 pesetas y que no quedó vacuno.

Teatro, circo y bailes de sociedad

Hubo función de teatro, actuando “la gran compañía dramática dirigida por D. Miguel Gallardo, la que interpretó acertadamente las obras puestas en escena. La labor realizada gustó mucho al público, habiendo unos llenos enormes en los días 2º y 3º de feria”. Las representaciones tuvieran lugar “en el teatro de verano”, de lo que se deduce que habría al menos uno más.

También hubo circo, con mucha asistencia de público “algunas noches (…) no haciéndolo todas por lo desagradable que por el frío estuvieron algunas”. Quizá el septiembre de 1922 fue meteorológicamente desapacible.

Y no faltaron los bailes, aunque parece que un tanto selectos. Fueron en el casino y el Ayuntamiento:

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Sin incidentes

No faltaba en la crónica el consabido toque laudatorio sobre el buen comportamiento de la ciudadanía:

Bullicio, animación, alegría por todas partes, sin que a pesar del considerable número de personas la aglomeración del público diera lugar a incidentes desagradables en ningún momento, lo que constituye una fiel expresión de la cultura y sensatez de este pueblo.

Este tipo de cometarios trasluce inevitablemente que la ausencia de incidentes no es precisamente lo esperado en acontecimientos multitudinarios como este en los que mucha gente se entrega a los placeres de Baco. No hay que olvidar que en Ubrique, probablemente en una feria de principios del siglo XIX, se armó tal marimorena que se creó el modismo «acabó peor que la comedia de Ubrique«, e incluso en 1890 se compuso un sainete lírico titulado precisamente «La Comedia de Ubrique» que dio una versión de los hechos. En 1922 este viejo suceso quizá todavía era un poso en el fondo de la memoria histórica de los ubriqueños.


1932: el testimonio de Wilhelm Giese

La imagen sobre estas líneas es una reproducción que apareció en la prensa del cuadro Tarde de fiesta en Ubrique, pintado por Francisco Prieto en 1928 y que probablemente refleja un momento del ambiente de la feria en la plaza. A diferencia de nuestros días, en aquella época la feria se celebraba en torno a la plaza y en las calles aledañas, como lo acredita la imagen de un puesto de turrón en la calle San Sebastián que aparece en el libro de Wilhelm Giese Sierra y Campiña de Cádiz que escribió este hispanista y etnolingüista alemán en 1937 aunque se refiere a una visita que hizo a la zona en 1932.

Wilhelm Giese tuvo oportunidad de conocer la feria de Ubrique del del 14 al 17 de septiembre de 1932 porque visitó la localidad en esas fechas como parte de su trabajo de campo para el libro que pensaba escribir.

Copio a continuación dicha descripción (páginas 354-357). No tiene desperdicio y resulta sumamente entrañable para cualquier ubriqueño. Habla de los fuegos artificiales, de la caseta “El Jardín”, de una compañía de teatro que vino a representar una obra con mucho éxito, y de otras curiosidades. El texto lo acompaña de fotos que hizo él mismo.

CAPÍTULO 10. SOBRE CULTURA Y SABERES POPULARES
Fiestas populares
[…]

No tan animada [como la de Ronda], aunque mucho mas típica en configuración, es la feria de Ubrique, que describiré como modelo de ferias de pequeñas poblaciones. No me referiré a otros lugares, que, en lo que he podido observar tras visita (Benaocaz, Prado, Villamartín), estas no son características o no ofrecen peculiaridades especiales.

La vida de la feria comienza en la víspera /bíspera/ (48), cuando los feriantes llegan buscando alojamiento a la ciudad en autobús, a caballo o en mulo desde distintos lugares. Ante la fonda se apiñan los arrieros con sus mulas, una estampa atractiva que aviva aún más la España de los románticos. Los arrieros y campesinos se albergan en el espacioso establo de la fonda, en donde se tienden a descansar al lado de sus animales.

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Cuadro XV, 30.

Entretanto, encontramos a trabajadores que aún decoran la plaza para la fiesta. Las farolas se cubren con guirnaldas de hojas y papel, y unidas con maderas festonadas (nuevamente con guirnaldas) en tal forma que surge una especie de soportal (49). Los cristales de las farolas se pegan con papel aceitado, sobre el que se imprime el dibujo de colores. Se extienden cuerdas por encima de la plaza, sobre las que se cuelgan farolillos. También se decoran las placitas secundarias del lugar. Sobre el quiosco de la orquesta, en el centro de la plaza, toma posición una capillita para músicos, todos de uniforme (chaquetas azules y gorros blancos).

Lo que le llama la atención al extranjero, como sucede en otros lugares del sur de España, es que entre los músicos se encuentren jóvenes de aproximadamente 14 años. Los conciertos se ofrecen al mediodía, por la tarde y por la noche, existiendo grandes pausas entre cada pieza, las cuales las aprovechan los músicos para mezclarse entre el público y fumar cigarrillos. Solo por la noche se hace mas continuada la serie musical. Otra vez se escucha la canción de moda de la temporada (50), silbada por los jóvenes en las calles y reproducida en otros lugares a través de altavoces desde un tocadiscos.

Cuando atardece, la plaza empieza a llenarse cada vez de más gente. Por la noche, todas las sillas y mesas instaladas por los cafés se encuentran ya ocupadas. Las mujeres y jóvenes, con ropas modernas (51) y de colores claros, y los hombres, con su sombrero andaluz la mayoría y sin cuellos ni corbatas, se concentran cada vez en mayor número en la plaza, de manera que en algunas ocasiones ni siquiera se puede pasar entre la multitud. En ninguna parte, sin embargo, surgen aglomeraciones, ya que cada uno respeta, cortés y apaciblemente al que le rodea.

Tres agentes de protección rondan de un lado a otro fumando cigarrillos, aunque sin nada que hacer. De vez en cuando se ve al brioso Jefe de Policía, que, al contrario de los agentes civiles de protección, infunde un claro respeto. De tarde en tarde aparece también un guardiacivil con su uniforme de conocidos adornos.

ntre la multitud se mezclan comerciantes (52) marroquíes ataviados con ropas de Fez, que deambulan de feria poniendo a la venta corbatas y efectos decorativos (anillos, pendientes, pulseras). Algún que otro mutilado –en su mayoría mancos de la mano derecha– va de un lado a otro cubierto con una caja provista de mirilla con el objeto de conseguir una perra chica. El mendigar de forma directa es poco habitual. La limosna se agradece con un “dios le dé salud, que vale más que el dinero» (/Djoh le dé salúd ke bále más ke el dinero/). Toda clase de juegos de azar se hacen con cartas o tablillas de madera (entre ellos el cinco de oro).
Ya entrada la tarde, los 15 cafés del lugar, los pequeños bares y las tascas experimentan una agitada afluencia.

En las plazas vecinas a la principal, en las que se instalan desde la mañana mercadillos, comerciantes ambulantes ponen a la venta durante todo el día productos de alfarería. Por la noche, encontramos aquí a un hombre con una ruleta de la fortuna: el juego es claramente inofensivo, se apuesta una gorda y pueden ganarse caramelos.

En la calle principal hay muchos tenderetes con chucherías y jueguecitos (53). Allí donde esta cruza con la carretera, se montan tiendas con pasteles y vino; hay columpios y carruseles antediluvianos. No faltan las casetillas para disparar. La gran atracción para los fotógrafos de la calle es un lienzo desenrollado sobre la pared de una casa, que representa un maravilloso mar romántico, un paisaje ajardinado o una villa pomposa. Podemos encontrar también, a la venta, yugos (54).

Delante del pueblo se celebran mercados de ganado. En una superficie al aire libre, frente a la plaza de toros, se ha construido una carpa para vender vinos, una especie de restaurante de verano llamado Caseta «El Jardín». Allí, una banda de violines, flautas, dos guitarras y una batería toca a mediodía y por la tarde. Esta orquesta ofrece a los oídos variadas piezas musicales de Jazz y de corte popular, que predispone al baile. Se baila como se puede, y a la mejor pareja se le concede un premio. La participación en estos concursos es muy reducida. Aquel que tome algo de beber en la caseta obtiene una papeleta. El premio que se sorteó el 18 de septiembre a media noche consistía en «media caja de botellas de vino marca ‘Macharnudo’ y un selecto y agradable jamón serrano».

Avanzada la noche tienen lugar los fuegos artificiales. Una parte de los feriantes entran en las representaciones teatrales o de varieté. Una compañía de teatro de Madrid, que está de gira por la zona, representó comedias en una sala durante más de una noche. El espectáculo de varieté, frecuentado por mujeres, fue representado por una bailarina, una cantante y un cómico, y era de un alto nivel artístico. El personal femenino llevaba el traje popular andaluz, con la pomposidad que caracteriza a las folclóricas. Las bailaoras ofrecían sevillanas y malagueñas; la cantaora –una artista de procedencia marroquí–, cante flamenco (55), saetas y una canción árabe en esta lengua.

Notas:
(48) Castellano víspera < VESPER
(49) Cf. cuadro XV, p. 30
(50) En 1932 fue el Pasacalle de los nardos de la opereta Las Leandras (música de F. Alonso)
(51) Solo me ha sorprendido en la feria una chica con una bonita mantilla.
(52) Es muy raro encontrar en Ronda a una mujer marroquí con su traje típico; estas, pertenecientes a familias (emancipadas) del Marruecos español, vienen buscando tan solo el reposo durante la época más calurosa.
(53) Véase cuadro XII, 23.
(54) Ver ilustración 18a y a1.(55) Aunque SCHUCHARDT (ZRPh V, p. 263) niegue la conexión del cante flamenco con la música árabe, esta no se discute, en cambio, en las investigaciones sobre tonalidad, armonía y ritmo realizadas por TORNER en FCE II, pp. 12 y ss. Quiero, además, añadir que, de mis diferentes viajes por Andalucía (Granada, Sevilla y Jerez), he podido determinar, tanto en el cante flamenco como en las saetas el uso de cuartos de tono (esto es, semitonos impuros) algo que pude observar también en las funciones musicales de Tetuán y que debería ser investigado con más detalle (cf. mis referencias en Ethnologischen Anzeiger IV, 7). La cantante que actuó en Ubrique confirmó con su cante flamenco y su canción árabe la homogeneidad existente entre ambos. No es tampoco una coincidencia que una marroquí haya conseguido una fama extraordinaria como cantante de flamenco y que haya sido acogida con fuertes aplausos por un público muy entendido.


1958: las «airosas palmeras» del libro de feria

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Comentaré el contenido de uno de los libros de feria que se editaban en la localidad, concretamente el de 1958, que es el más antiguo que conozco.

Aquel librito era más modesto que los que se publicaron en los años 60 y 70. Era casi un folleto. Solo tenía 22 páginas, más la portada y la contraportada, que también se aprovechaban.

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Empieza con una dedicatoria a la “Alcaldesa Perpetua de Ubrique”, cuya imagen aparece con una especie de bastón de mando en la mano. Después el libro va presentando lo que en la época se consideraban maravillas o novedades del pueblo:

  • Los Callejones, paseo en el que en los días festivos “luce su garbo y belleza la mujer ubriqueña”.
  • La torre de San Antonio, reconociéndose que “no podía faltar su silueta en estas páginas”. 60 años más tarde no falta su silueta en nada que se publique de Ubrique.
  • El Convento, “en terrenos comprendidos entre el arroyo del Benalfí y el río Nacimiento”. 
  • El salto de la Mora, “en cuya meseta superior estuvo la Ocurris romana”. Se muestran también los cinco bloques de pisos construidos por el Monte de Piedad en la carretera Nueva.
  • El flamante campo de fútbol de San Sebastián, donde el día 14 de aquel año el Ubrique Industrial C. F. empezaba la liga de Regional, esperando “el aliento y la ayuda necesarios de los buenos aficionados para que los colores de esta Villa puedan alcanzar el lugar que merecen”.
  • La ermita y el jardín de Jesús, este último “arropado por el ramaje de árboles seculares y airosas palmeras” (hoy medio muertas). Allí “la chiquillería encuentra seguro y buen lugar para sus juegos y los mayores para el descanso del cuerpo y del espíritu”.
  • La barriada 18 de Julio, que había sido inaugurada el 15 de junio de ese mismo año por el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento provisto de las típicas gafitas negras que llevaban los miembros del régimen y rodeado de adláteres también con sus gafitas negras franquistas. ¡Políticos!
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Programa de festejos

Los festejos se iniciaron el día 14 con “tiros y cohetes”. Tras la diana (a cargo de la delegación comarcal del Frente de Juventudes) salieron los gigantes y cabezudos (eso, todos los días.) Después fue la misa del voto, ofrecida por el Ayuntamiento a su Alcaldesa Perpetua. A las 12 se inauguró la caseta; a las 5 se jugó ese partido del que hablábamos antes en el campo de San Sebastián, contra el Balón C. F. Y a las 7 sacaron en procesión a la patrona.

El día siguiente hubo una cucaña y otros concursos “con grandísimos premios”. Por la tarde, toros. El 16 se hicieron carreras de cintas en bicicletas, cucañas y otros juegos. A las 5, toros y espectáculo cómico musical en la plaza. Y el 17, más o menos lo mismo, pero rematando el día, a las 12, con fuegos artificiales.

Todas las jornadas hubo “lucidas actuaciones de coros y danzas a cargo de la Sección Femenina de Puerto de Santa María”. Además, por las mañanas se abría un mercado de ganados y se ofrecían otros espectáculos como circo y representaciones folklóricas. Por la noche, todo lo iluminaba un “alumbrado extraordinario”.

 Cine por partida cuádruple

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Ni que decir tiene, no faltaba el cine como una atracción más de feria. Entonces en Ubrique había nada menos que cuatro cines o “cinemas” estables (ninguno hoy): el pionero Cristina (Las noches de Cabiria), el Avenida (Saeta del ruiseñor, por “Joselito, el niño de la voz de oro”), el Capitol (La violetera, por Sara Montiel) y el Andalucía (Lo que cuesta vivir, de Sevilla e Isbert, y próximamente Toro bravo —¡ole!—)

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El libro de Feria y Fiestas de Ubrique de 1958 está cuajado de anuncios publicitarios (algunos muy pintorescos, como el de «La Chavola» (sic) de Cuéllar) gracias a los cuales se pudo editar esta publicación. La imprimió, por cierto, Gráficas Ubriqueñas y las fotos las hizo Gustavo.

Aquí les dejo el libro entero. Y como complemento, esta foto panorámica de Ángel Pablo de una caseta de la feria de Ubrique (aunque muy posterior: la de 2012):

Carpa feria Ubrique 2012

1974: los Juegos Florales de la Sierra

Hubo un tiempo en que la feria de Ubrique venía complementada por los llamados Juegos Florales, un acontecimiento cultural cuyo remoto origen son los certámenes literarios que se celebran para premiar obras de poesía y otras disciplinas artísticas en honor a la diosa Flora en la antigua Roma, y de ahí el nombre. El Ayuntamiento aprovechaba los Juegos para convocar al pueblo a autoridades políticas y gente de la cultura, lo que significaba una inteligente promoción de Ubrique. ¿Cómo no iba la prensa a cubrir la noticia si asistía al evento el mismísimo gobernador civil o se coronaba como reina de la fiesta a la hija del Ministro Secretario General del Movimiento?

La Hoja del Lunes del 16 de septiembre de 1974 daba estas informaciones sobre los VI Juegos Florales de la Sierra:

Hoy lunes, a las nueve y media de la noche, tendrá lugar en Ubrique la gala literaria de los VI Juegos Florales de la Sierra, organizados por la Comisión de Fiestas del Ayuntamiento.

Según nuestras informaciones, realizaron un viaje privado para asistir a esta gala el secretario general de la Organización Sindical, don Manuel Hernández Sánchez, y el gobernador civil —actualmente de vacaciones— don Antolín de Santiago y Juárez.

El secretario general aprovechará esta oportunidad para visitar la Casa Sindical de Ubrique y dialogar con dirigentes sindicales provinciales y comarcales.

El primer premio de poesía de estos VI Juegos, ha sido otorgado a don Jacobo Meléndez, de Córdoba, por su poema “Presencia y luz de Ubrique”. Y el de Prensa, a don Jerónimo Roldán, de Jerez de la Frontera, por su articulo “Ubrique, sorpresa de España”.

Son Reinas Mayor e Infantil Sonsoles Fernández Rodríguez y María de los Reyes Utrera Gómez, esta última hija del ministro Secretario General del Movimiento.

La anterior imagen (de la agencia EFE) acompañaba a la noticia, y al pie se leía:

Ubrique (Cádiz), 27/09/1974.- Sonsoles Hernández, hija del Secretario General de la Organización Sindical, coronada reina mayor de los VI Juegos Florales de la Sierra y María de los Reyes Utrera, hija del Ministro General del Movimiento, que fue coronada reina infantil. Ubrique es una de las más bellas localidades de la Sierra.

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