viernes, 30 enero 2026

La maestra María Muñoz, esposa del periodista y político Felipe Lamadrid, era ubriqueña

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Dice un adagio popular que detrás de un gran hombre siempre está una gran mujer (aunque el pícaro de Groucho Marx agregaba: “y detrás de ella está la esposa del hombre”). Pero, verdaderamente, la gran mujer y el gran hombre que realmente lo son viajan a la par. Fue el caso de María Muñoz, una maestra de Ubrique que compartió su profesión y su vida con el puertorrealeño Felipe Lamadrid Gutiérrez (1886-1958). Es la imagen de este la que ilustra este pequeño texto en vez de la de María Muñoz porque de ella no sabemos prácticamente nada, excepto lo que vamos a decir aquí.  De hecho, escribimos esto hoy, Día Internacional de la Mujer, con el ánimo de suscitar en lo/as historiadore/as el interés por esta maestra ubriqueña.

De Felipe Lamadrid si se sabe más. El profesor de la Universidad de Cádiz Santiago Moreno Tello ha escrito que, además de maestro nacional (ejerciendo en Trebujena, Sanlúcar, El Puerto, Algodonales, Écija, Puerto Real… ), Lamadrid fue periodista. Seguidor de Alejandro Lerroux, colaboró en El Radical Gaditano, semanario de las Juventudes del Partido Republicano Radical, y después (década de los 20) en El Obrero Portuense. En la Segunda República fue seguidor de Izquierda Republicana.

Él y María Muñoz se conocieron estudiando magisterio. Se hicieron novios y se casaron en Puerto Real. Ya maestros, en El Puerto de Santa María ella dio clases en el colegio del Hospitalito (entre las calles Ganado y Zarza) y él en uno que había en la plaza del Polvorista. Vivían en la calle Cielo. “Sus hijas todavía recuerdan los largos paseos que daban y como en las noches de verano se sentaban juntos a tomar helados”, nos cuenta Moreno Tello. El 18 de julio de 1936 los regulares prendieron a Lamadrid y se lo llevaron al penal. Su familia le llevaba alimentos. Un día, María preguntó al comandante de la plaza para preguntarle sobre la situación de su marido y recibió esta respuesta: “Señora, su marido es fusilable”.

Finalmente salió de la cárcel, pero fue “depurado”, separándosele del servicio y dándosele de baja en el escalafón. Así que al encontrarse sin empleo ni sueldo tuvo que trabajar en lo que iba encontrando: como salinero, en las obras del puerto, como representante de achicoria o dando clases particulares, hasta que le permitieron volver a su profesión. María murió en 1941, con 54 años (es decir, probablemente nació en 1886 o 1887). Habían tenido cinco hijos: Manuel, Milagros, María, Ana y Felipe.

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