viernes, 30 enero 2026

A Joaquín Coveñas le llegó como anillo al dedo una foto de otro Joaquín Coveñas perdida en el tiempo

Parte final del pregón de la Semana Santa de Ubrique de 2011 pronunciado por Joaquín Coveñas Peña

Lo más visto últimamente

El siguiente texto es la parte final del pregón de la Semana Santa de Ubrique de 2011 pronunciado por Joaquín Coveñas Peña, ex secretario del Ayuntamiento de Ubrique. El autor una curiosa y divertida anécdota que le sucedió cuando preparaba el pregón; la anécdota se refiere a su encuentro inopinado con una fotografía de un Cristo que hizo un antepasado suyo de su mismo nombre.


Joaquín Coveñas Peña »

Es de rigor y en este caso además de justicia agradecer al anfitrión la invitación cursada. Así lo hago aquí, públicamente, a la Hermandad del Nazareno. Pero también os confieso que desde un principio pensé en hacerlo con algo más que palabras, con un pequeño gesto, con un detalle que aunque desprovisto de relevante valor económico sí lo tuviera allí donde residen y duermen nuestras emociones y recuerdos. Lo hago así con esta fotografía que me ha acompañado desde el principio y cuya breve, pero para mí sorprendente historia, me permitiréis que os cuente. Aquella historia que os anuncié al principio.

Siempre me ha interesado la historia de nuestro pueblo y ávido leo cualquier escrito que nos hable de ella, busco cualquier foto que el tiempo volvió amarillenta, oigo las historias de nuestros mayores.

Hace algún tiempo, muchos meses antes de que la Hermandad se pusiera en contacto conmigo, un amigo al que me une nuestro común interés y curiosidad por esos temas, me advirtió de la existencia de una misteriosa fotografía del Nazareno de Ubrique, puesta a la venta en ese mundo intangible pero tan real al que llaman Internet. Era una foto, me dijo, de la imagen que fue destruida en 1936. Mi amigo estaba pensando adquirirla.

Rápidamente fui al ordenador, buceé por la página que me había dicho y sí, apareció.

Allí estaba esta fotografía bajo la leyenda de “curiosa foto del Nazareno de Ubrique”. Ante mí, en la fría pantalla se me mostraba una imagen algo lejana, que no permitía leer claramente las inscripciones que le acompañaban, como ahora a vosotros os cuesta leerlas, pero en la que sí se veía, como se ve, nítida, la figura de Nuestro Padre Jesús Nazareno acompañado por el cirineo. Detrás las columnas de ésta, su Iglesia del Jesús. No cabía duda. Era Él.

Y allí estuvo mucho tiempo más.

Periódicamente volvía a buscarla por las páginas de Internet y siempre aparecía, fiel a nuestra cita, una y otra vez, con su halo de misterio, con la intriga y el silencio de lo que ya desapareció. Nadie la compraba. Parecería que me estaba esperando.

Y así era.

Cuando me ofrecisteis ser pregonero, mi mente me llevó rápidamente y sin vosotros saberlo, de nuevo, a la misteriosa foto. Otra vez el Nazareno aparecía en mi vida, cuando menos lo esperaba. Y no lo pensé. Esta imagen debía volver a su casa.

¿Por qué me había elegido a mí la Hermandad?……. ¿Pero porque no a mí?……. Esa batalla, sin claro vencedor, continuaba en mi interior cuando definitivamente contacté por teléfono con quien en un par de días me prometía poner en mis manos la foto del Nazareno. Justo un día antes de aquel en que me comprometí a daros mi respuesta definitiva.

Sólo con tocar ligeramente el paquete en el que venía aquella foto, con la que por fin me iba a ver frente a frente, noté que algo no marchaba bien. El sonido inconfundible de los cristales rotos me hizo temer lo peor.

No podía ser cierto que después de tanto citarnos, no pudiera contemplar de cerca el rostro de vuestro Nazareno. Temiendo que los cristales le hubieran dañado, abrí con tanto cuidado como nerviosismo el paquete. Y ante mí apareció un cristal, efectivamente, hecho añicos. Tan resquebrajado que apenas podía imaginarse la foto que tras él se escondía.

Comencé con cautela a retirar cada uno de los trozos puntiagudos y afilados como navajas en los que se había convertido su protección. No quería que dañaran la foto. Y poco a poco, como no queriendo desvelarse súbitamente, fue apareciendo ante mí aquella imagen que antes se revelaba fría en el ordenador.

El semblante majestuoso del nazareno, las mismas potencias, túnica, corona y el mismo cordón que aún hoy podemos ver, las columnas de la ermita del Jesús, el cirineo en su ayuda.…

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga»

Alrededor de la foto, adornándola, una orla con bellos grabados en pan de oro, ángeles, cálices, la mitra papal, el báculo….. y por fin al pie de la misma una inscripción en esmerada caligrafía:

Nuestro Padre Jesús Nazareno. Ermita de San Sebastián en Ubrique”.

Allí estaba; todo perfecto ante mis ojos; sólo quedaba por revelarse el nombre de quien hace más de ciento treinta años, en 1879, estuvo aquí, entre estas paredes, como hoy lo estamos nosotros, ante el rostro del Nazareno para fotografiarlo.

Y ante mis asombrados ojos, acelerando por momentos mi pulso, como un hilo misterioso que une lo que ya fue con nuestro presente y que habrá de unirlo con quienes vengan tras nosotros apareció el nombre de su autor: “J. Coveñas”.

Sí, había sido un antepasado mío con mi mismo apellido e inicial quien me había preparado ese misterioso regalo que aún hoy al recordarlo me produce una innegable emoción.

Ya no me cabía duda. Vuestro Nazareno, nuestro Nazareno, me había andado buscando y había dejado para el final la sorpresa que me tenía reservada. No podía negarme ya a vuestra invitación.

Y aquí os dejo esta foto con la que un día, hace ya muchos años, alguien que me precedió quiso inmortalizar la imagen de aquel que dio la vida por nosotros y que quizás, dentro de muchos más, volverán a contemplar los ojos de aquellos que me sigan.

Y antes de que se inunde esta Iglesia con los tanguillos de Cádiz de la marcha Aniversario, mi deseo y esperanza.

Que Nuestro Señor Jesucristo, Nazareno, Cautivo y Rescatado; que su Madre, Auxilio de los cristianos, Remedios de nuestros males, Estrella y Dolorosa nos velen y nos guíen.

Y que un día, lejano, nos hagan gozar con la resurrección y nos rescaten de la soledad, la impotencia y la desesperación y nos transporten a un mundo de fortaleza, belleza y felicidad.

Que así sea.

Más

Dejar un comentario

Al azar

Descubre más desde TRIPLENLACE

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo