Debemos al arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa (Papeles de Historia 5 (2006) 34-58) el conocimiento de una carta que se conserva en el Archivo Municipal de Sevilla dirigida el 10 de noviembre de 1798 por «Juan Vizte. Vegazo Montes de Oca” a Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, tercer conde del Águila (AMS, sección XI, Papeles del Conde del Águila, t. 25, apéndice, doc. 34). Guerrero especula que este «Juan Vizte. Vegazo Montes de Oca» autor de la carta debía de ser un familiar (quizá sobrino) del Juan Vegazo que cita Fray Sebastián en su Historia de la Villa de Ubrique como descubridor de las ruinas del Santo de la Mora, y supone que habría muerto sin descendencia.
Lamentando discrepar, en otro lugar he aportado un argumento en favor de la tesis de que este “Juan Vizte” no es otro que el mismísimo descubridor del yacimiento, el cual en 1809 estaba vivo. Ambas hipótesis las baso en la forma con que el botánico Simón de Rojas Clemente Rubio se refiere en unos apuntes del diario de campo escritos en 1809 a “Juan Vicente Vegazo Montes de Oca”, forma que no es la habitual cuando se habla de un fallecido. Del texto de Clemente se desprende que la persona que plantó una viña e hizo excavaciones en el salto de la Mora se llamaba efectivamente Juan Vicente Vegazo Montes de Oca (igual que el firmante de la carta al conde del Águila). A esta persona se refiere Clemente, en su diario, en estos términos:
- Don Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, en Ubrique, hombre muy curioso…”
- “… uno [aljibe] que Don Juan ha puesto en uso…”
- “Don Juan ha colocado los pedestales y columnas en la viña…”
* * *
Transcribo a continuación la carta de Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, decubridor del yacimiento púnico-romano de Ocur, al conde del Águila. Mi versión coincide esencialmente con la publicada excepto en un punto. Hay un momento en que Vegazo señala que el corregidor de Ubrique tiene orden del Duque de Arcos de recoger los restos hallados. Pues bien, no dice “i yo lo permitiré” sino “si yo lo permitiere”, es decir, no muestra anuencia, sino, al contrario, reivindicación de un derecho.
Ubriqe, 10 de Nobe. de 1798.
Mui Señor Mío: ympuesto en la de Vmd, de fecha 27 del Mes anterior, Digo, qe. mi estimado difunto, fue el unico qe. contoda propiedad vio y poseyo las mas de las monedas, iscrisiones, y los dos bustos, de Ercules, y proserpina qe. vio en esta eredad, remitiendole las noticias qe. no havía uisto; asu muerte proqure recoxer las monedas y copias de las iscriciones, remitiendome estas y parte de las monedas; Esa señora podra franquearle las iscriciones en linpio ô algunas monedas, y quando no, Dn. Jph Paes, su querido amigo, conservara como aficionado el todo de este desqubrimiento; La aCademia de Madrid tiene todas estas noticias, y el Alar Masdeus, para ponerlas en la istoria; el Duqe. de Arcos, tiene este corexidor oden de recoxer estos preciosos (aunque imperfetos) bustos y demas lapidas; si yo lo permitiere; he gastado munchos pesos en su descubrimiento, y solo dose monedas conservo y lo demas por dificir de recoxer se quedan en los sitios; es quanto tengo qe. decirle este su seguro servidor = Q. S. M. B: Juan Vizte. Vegazo Montes de Oca.

Abajo se lee: “Resivida en 18 del mismo mes.”
La primera mitad de la carta es realmente confusa. No obstante, creo que se puede defender sin demasiadas dificultades que el firmante es ciertamente el descubridor del yacimiento. A él se ha dirigido el conde del Águila pidiéndole información sobre restos encontrados. Vegazo, el descubridor, le contesta. Creo que esta es la explicación del texto de la carta:
- Vegazo habla de “mi estimado difunto”. No creo que se refiera a un familiar, pues de serlo creo que habría empleado un adjetivo con más carga emocional, como “querido”. Más bien parece un amigo (“mi estimado amigo difunto”).
- Ese difunto poseyó monedas y vio las inscripciones y bustos en “esta heredad”, expresión que sugiere que el firmante es su titular. (Hay que recordar que una “heredad”, no es algo que se hereda –etimológicamente sí, claro–, sino el “terreno dedicado al cultivo que pertenece a una sola persona, familia o entidad”.)
- También se le remitieron al difunto noticias sobre lo que no había visto, lo que hace suponer que dicho finado no era de Ubrique.
- A la muerte del aludido, Vegazo trata de recuperar las copias de las inscripciones y las monedas que obraban en poder de aquel, parte de las cuales se le remiten a Vegazo, lo que hace pensar, de nuevo, que estos restos estaban fuera de Ubrique.
- La viuda se quedó con copias de las inscripciones pasadas a limpio y con el resto de las monedas. Vegazo sugiere al conde del Águila que se las pida a la señora.
- O que se las pida a José Páez, amigo del difunto, que “conservará el todo de este descubrimiento”.
- De todos modos, le dice que la Real Academia de la Historia, de Madrid, ya tiene noticias, y también Juan Francisco Masdeu. (Masdeu fue informado en noviembre de 1796 y la Academia en junio de 1797. Vegazo escribe aparentemente “Alar Masdeus”, o podría ser «Abar Masdeus»; entiendo que quiere decir Abad Masdeu).
- El duque de Arcos quiere los bustos, pero Vegazo decidirá si se los deja llevar o no. Esto confirma que el «difunto» al que alude Vegazo no poseyó los bustos, sino que los vio en la viña, donde seguían estando en 1798 (y permanecían allí en 1809). Lo que poseyó fue las monedas y las copias de las inscripciones.
- Vegazo se muestra atribulado por haber gastado “munchos pesos”. En unos papeles que escribió sobre su descubrimiento (probablemente en 1796) repite esta cantinela cinco veces:
- …hasta que, cansado de tanto gasto, lo dejé.”
- “Vuelvo a porfiar con nuevos gastos…”
- “…aunque quité mucha parte de ella, viendo tanto gasto…”
- “…todo este sitio era un escollo para los trabajadores y gasto para mí.”
- “…pero yo he hecho más gasto de lo que he podido…”
Si mi interpretación es correcta, el “difunto” no vivía en Ubrique, pero estuvo alguna vez y después “se le remitieron las noticias que no había visto” ¿Podría tratarse de José de Rojas al que menciona Fray Sebastián en su Historia de la Villa de Ubrique como sigue?:
Desde las excavaciones de 1794, en que se descubrieron, D. Juan Vegazo las copió [las inscripciones de dos lápidas], llevado de su afición, y las mandó a D. José de Rojas, Catedrático que fue de la Universidad de Sevilla. Este hizo observaciones muy juiciosas…
Efectivamente, el ubriqueño José de Rojas hizo observaciones que corrigieron errores de las primeras lecturas que se hicieron de las lápidas, como se puede ver aquí.
Los Vegazo, los Montes de Oca y los Vegazo Montes de Oca
Manuel Zaldívar ha estado rastreando en el Archivo Diocesano de Jerez y ha encontrado en el libro de índices a bastantes Vegazo ubriqueños del siglo XVIII, alguno de los cuales podría ser el “nuestro”:
| Nacmto. | Nombre de pila | Padres |
| 1727 | Juan Antonio | Pedro Vegazo Montes de Oca y María Gutiérrez |
| 1734 | Josefa Cayetana | Bartolomé Vegazo Montes de Oca |
| 1736 | Juan Félix José | Juan Vegazo Montes de Oca |
| 1739 | Juan Miguel Isidro | Juan Vegazo Montes de Oca y Mª Felisa Morales |
| 1740? | Juan Vicente de la Concepción | Juan Vegazo Montes de Oca y María Tizón |
| 1743 | Juan A. Vicente | Juan Vegazo e Isabel Romero |
| 1745 | Juan José Vicente | Juan Vegazo del Canto y María Morales |
| 1745 | Juan Vicente Marcelino | Alonso Vegazo y Catalina Varea |
| 1752 | Juan José Vicente | José Joaquín Vegazo y Mª Antonia de Soto |
| 1755 | José Vicente Antonio | José Joaquín Vegazo y Mª Antonia de Soto |
| 1762 | Juan Vicente Julián | Juan Jacinto Vegazo y María Corrales Pulido |
Estudiando la tabla encuentro algunos datos interesantes:
- Hay muchos Juan y muchos Vicente, pero solo tres Juan Vicente (destacados en color marrón).
- Esta familia tiene unas costumbres peculiares a la hora de poner nombres a sus hijos. Por ejemplo:
- José Joaquín Vegazo y Mª Antonia de Soto tienen dos hijos a los que llaman Juan José Vicente y José Vicente Antonio.
- Juan Vegazo Montes de Oca pone a tres hijos el mismo primer nombre inicial que, además, es el suyo: Juan Felix José, Juan Miguel Isidro y Juan Vicente de la Concepción.
Vemos a un Juan Vegazo Montes de Oca señalado en azul. Según se deduce de los años en que tuvo hijos, él debió de nacer como muy tarde en 1715 aproximadamente. Demasiado pronto para ser el que buscamos, que supuestamente estaba vivo en 1809. El nuestro tendría que estar en la siguiente generación, es decir, haber nacido en torno a 1740. Por ejemplo, podrían ser Juan Vicente de la Concepción o Juan Vicente Marcelino (e incluso Juan Vicente Julián, que ya parece de una generación posterior). Ahora bien, ¿no habrían perdido estos el “segundo apellido”. Montes de Oca?
Lo más probable es que no, por la sencilla razón de que en aquella época lo normal era tener un solo apellido, que solía ser el del padre. Los llamados Vegazo Montes de Oca en las primeras filas de la tabla constituyeron esa denominación a partir de dos apellidos probablemente a partir de dos porque había gente que gustaba hacerlo así. Pero es como si fuese uno solo (compuesto), y lo transmitirían a sus hijos como uno solo. Es decir, el mentado Juan Vicente de la Concepción, hijo de Juan Vegazo Montes de Oca, podía llamarse perfectamente Juan Vicente Vegazo Montes de Oca (el tercer nombre de pila, habitual en el bautismo, no solía usarse, y normalmente ni siquiera el segundo). Prueba de que el apellido que se transmitió en esta familia de Ubrique del siglo XVIII es el compuesto Vegazo Montes de Oca es que a primeros del siglo XIX lo tiene, además del descubridor de las ruinas de Ocur, un José Vegazo Montes de Oca. (Por otro lado, encuentro a una María Begazo Montes de Oca probablemente peruana cuyo padre se llamaba Benigno Begazo y su madre Julia Mendrano, de lo que deduzco que el apellido completo del padre era Begazo Montes de Oca, ya que, si no, el nombre de la mencionada sería María Begazo Mendrano.)
La historia del sistema de doble apellido en España la ha explicado muy bien Antonio Alfaro de Prado en la web genealogiahispana.com. Haré un extracto:
[…] los apellidos originalmente no venían impuestos sino que cada individuo tenía derecho a escogerlos, libertad que normalmente se ejercía dentro de las costumbres locales. Ahora bien, ¿existió la costumbre de adoptar expresamente el apellido paterno y materno en los siglos previos al mencionado XIX?
[…] el doble apellido surgió entre las clases altas castellanas y desde el norte de Castilla, especialmente los señoríos vascos, no se llegó a extender al resto de la población de España hasta el XVIII, aunque su plenitud como uso generalizado solo puede afirmarse que se alcanzó a partir de 1850 [… ] antes de 1800 la mayoría de las personas solo usaba un apellido, que era generalmente el paterno, si bien había excepciones en las que se optaba por el materno o, muy minoritariamente, por otro de la familia.
[…] hay un importante factor que distorsiona la percepción que tenemos sobre el uso de apellidos dobles; con frecuencia los genealogistas manejamos índices de fondos parroquiales o de otra naturaleza que han sido realizados en siglos posteriores a los documentos originales, por lo que se han elaborado con el moderno criterio del doble apellido, que en la mayoría de los casos, como hemos visto, no es acorde con la realidad de su época.
[…] bajo el criterio de que el doble apellido facilitaba la identificación de los individuos, durante todo el XIX se sucedieron normas dispersas por toda España que aconsejaban anotar los apellidos paterno y materno. […] Así llegamos hasta el Registro Civil de 1871, que ya se implantó para toda España y que, contrariamente a lo que habitualmente se piensa, no reguló nada sobre el doble apellido, aunque contribuyó a consolidarlo ya que fue el paso definitivo para que los apellidos traspasaran el ámbito personal hacia el público, al quedar anotados formalmente por el Estado. Y no será hasta el Código Civil de 1889 cuando se contemple el derecho al uso de apellido paterno y materno de los hijos legítimos y se detallen los procesos a seguir para los hijos naturales y los reconocimientos posteriores de paternidad.
Es decir, en el siglo XVIII se tenía a poner a los nacidos un solo apellido que era normalmente el del padre. No obstante, algunas familias, para demostrar el origen noble de ambas líneas, paterna y materna, dan a sus descendientes ambos apellidos que a efectos prácticos se puede convertir en un apellido compuesto, el “único” que se pone. Quizá esto pasó con los Vegazo Montes de Oca de Ubrique, pues ese apellido se mantiene así a lo largo de un siglo. Posteriormente, ya en el siglo XIX se vuelve a considerar formado por dos y el que e transmite es el primero.
Manuel Zaldívar encontró también a algunos Vegazo (a secas o con un segundo apellido distinto de Montes de Oca) en los padrones del Archivo Municipal de Ubrique de en torno a los años 1820, pero no aparece el que buscamos. ¿Habría fallecido por entonces? Hay que tener en cuenta que cuando Frasquita Larrea viene a Ubrique en 1824 sube al Salto de la Mora lo hace en compañía de la joven hija del propietario de la viña. Si la hija era joven, no podría serlo de Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, descubridor del yacimiento.











Fray Sebastián menciona a otros Vegazo de Ubrique de los siglos XIX y XX: el clérigo Domingo Vegazo (fray Tomás de Ubrique), Francisco, Rafaela, Rafael y José Vegazo Mancilla, Manuel Vegazo, Rafaela Bohórquez Vegazo o María Vegazo.
Respecto al apellido Montes de Oca, existe en Ubrique desde antaño. Hay una María Carrasco Montes de Oca nacida en el pueblo el 27 de diciembre de 1639 y fallecida el 22 de enero de 1718. En las Misceláneas de Rafael Aragón Macías encontramos al matrimonio formado por Antonio Álvarez de la Vega y Beatriz García Montes de Oca (1705). Sevilla es la provincia española con más Montes de Oca. Cerca de Ubrique, también los hay en Cortes, Algar, Alcalá de los Gazules, Bornos…

