Resumen
En la parte norte del casco urbano de Ubrique se eleva un cerro que el pueblo conoce como «El Benafí». Al pie de él surge un manantial llamado también Benafí. En este artículo exploro el origen etimológico de la palabra Benafí presentando documentos históricos en los que aparece esta forma o sus múltiples variantes. La conclusión principal es que procede de Benalfiz, palabra que antiguamente coexistiría con otra muy relacionada, Aznalfiz, según todos los indicios. Aunque no tengo formación para hacer una propuesta científicamente fundada sobre el significado de estos vocablos, someto a la consideración de los especialistas si Benalfiz podría querer decir ‘descendientes de(l) Hafiz’ y Aznalfiz ‘fortaleza de(l) Hafiz’. (Un hafiz –palabra castellana actual– es quien ha memorizado completamente el Corán o, por extensión, conoce de memoria leyes islámicas. De ahí vienen Hafiz y Hafiza, que son nombres de persona). Otra posibilidad sería que alfiz (también palabra actual) se refiriera a un conocido elemento arquitectónico de las puertas árabes.

Hay en Ubrique un colegio de educación infantil y primaria bautizado Benafelix o Benafélix, pues de ambas formas (con o sin tilde) aparece en los escritos y lo oigo pronunciado en Ubrique (/benafelí/, /benaféli/).
En el sitio del Ayuntamiento de Ubrique aparece sin tilde, lo que implica palabra aguda (acento prosódico en la última sílaba):

También aparece sin tilde en distintas sitios de la Junta de Andalucía:


Sin embargo, en una página del colegio la palabra aparece con tilde, lo que nos está indicando que el nombre deberíamos pronunciarlo dando el golpe de voz en la penúltima sílaba. En otros sitios de la Junta puede verse igualmente con tilde:

El origen del nombre del colegio
Por lo que me han contado, inicialmente este centro de enseñanza se llamó José Antonio Primo de Rivera. Pero, en una visita a Ubrique de quien era a la sazón delegado de Educación de la Junta de Andalucía, este fue muy explícito ante un grupo de padres: «mientras el colegio se llame así, los fondos para mejorarlo no van a llegar». Así que se decidió cambiarle el nombre.
Se decidió rebautizar el colegio con la denominación que la gente de Ubrique da a la zona en que se encuentra, que es Benafí o Benafín. Este nombre se ha aplicado históricamente tanto a la fuente que allí se halla (hoy más conocida como de los Nueve Caños) como al cerro peñascoso que se eleva desde dicha fuente, al norte del casco urbano de Ubrique, cerro que hoy día se conoce también popularmente como Salto de la Mora y que en documentos del siglo XVI en adelante aparece nombrado de muy variadas formas semejantes a Benafí, como Benafís, Benalfiz, Benalfí, Benalfís, Benafelí, Benafeliz, Vena-felix…).

Por razones que desconozco, el nombre que se propuso en una reunión del claustro y en una asamblea general del Colegio fue Benafelix. No sé si la propuesta oficial por escrito incluiría o no la tilde. El caso es durante el curso 1993-94 la dirección del Centro convocó a madres y padres a un referéndum del cual surgió el consentimiento de la mayoría (aunque sin unanimidad) para que el nuevo nombre del colegio fuese el mencionado.
Manuel Santander Díaz, inspector de educación, hoy jubilado, escribió en 2021 un artículo en La Voz de Cádiz sobre cambios de nombres de colegios gaditanos en los años de 1990 en el que mencionaba a este colegio ubriqueño, cuyo nuevo nombre, por cierto, escribía sin tilde:
(…) se ha procedido democráticamente a cambiar el nombre de numerosos centros escolares no universitarios en la provincia de Cádiz e incluso con anterioridad a la legislación sobre Memoria Histórica y Democrática. Colegios como “Benafelix” en Ubrique (…) son una muestra de las actuaciones eficaces que llevaron a sustituir los antiguos nombres de los colegios citados. “Benafelix” responde a una fuente en la localidad de Ubrique (…).
Parece que al principio a la gente le costaba acostumbrarse a un nombre tan exótico, y prueba de ello es que todavía en 2013 la AMPA del colegio usaba la forma Benafín, como puede comprobarse en esta captura de pantalla del blog que tenía la asociación:

Ignoro si la propuesta se basó en algún informe histórico-lingüístico del topónimo o fue la opinión expresada por alguna persona o grupo. Pero, como la cuestión suscita en mí curiosidad, he decidido hacer por mi cuenta un pequeño estudio sin más pretensión que proporcionar elementos de juicio para que quienes lo deseen puedan pronunciarse sobre la pertinencia del nombre Benafelix/Benafélix.
Empezaré exponiendo todas las formas del topónimo que he encontrado en documentos antiguos. Después analizaré algunos étimos que podrían estar relacionados con el topónimo, como azn, bena, vena, peña y félix o feliz, lo que me permitirá hacer una discusión sobre el asunto para finalmente exponer unas conclusiones a modo de resumen. A lo largo del texto, cuando me refiera personalmente al topónimo usaré la forma Benafí por ser la preferida por el habla viva de Ubrique.
1. Testimonios documentales
He encontrado el topónimo en algunos escritos de los siglos XVI, XVII y XVIII, pero aparece mucho más frecuentemente desde principios del siglo XIX debido al descubrimiento de las ruinas de la antigua ciudad de Ocur, situada en la parte superior del cerro de Benafí.
Dado que para entender la evolución de un topónimo es importante saber qué vocales son átonas y cuáles tónicas, debo advertir que todavía en el siglo XIX las reglas de acentuación no estaban bien establecidas ni difundidas y que, en todo caso, no se aplicaban sistemáticamente, y menos en los manuscritos. Trasladaré siempre esos topónimos antiguos tal como aparezcan escritos, si bien creo que es importante no perder de vista que las formas más usadas por el pueblo, Benafí y (en menos medida) Benafín, tienen prosodia aguda.
Siglos XVI, XVII y XVIII
La era moderna de Ubrique se inició en 1501 con la expulsión de los moriscos y la repoblación del lugar por cristianos organizada por la Duquesa de Arcos. Ese mismo año se abrieron los correspondientes libros de Repartimientos, y en ellos encontramos el topónimo Haznalfyz, que modernamente escribiríamos Aznalfiz. Sin embargo, a partir de 1571 el formante azn– de esa palabra, que significa fortaleza, se cambia por ben– (‘hijos de’ o ‘peña’), de manera que el nuevo topónimo pasaría a ser Benalfiz, aunque expresado mediante muy diversas variantes.
1501, libros de Repartimientos: Haznalfyz
En el Archivo Histórico de la Nobleza (OSUNA, C. 157, D. 21-48) se conserva un documento llamado Quatro villas. Vecindades. Repartimientos de haciendas a los pobladores, de 1501. Este documento lo transcribió íntegramente, con un trabajo ímprobo, Francisco Siles Guerrero en su tesis doctoral La Serranía de Villaluenga, Historia, poblamiento rural y frontera en el Occidente del Reino de Granada (siglos XII-XVI) (dirigida por Manuel García Fernández y Virgilio Martínez Enamorado, Universidad de Sevilla, 2022). En él aparece esta denominación unas siete veces, refiriéndose tanto a la huente (fuente), como a la vía, el guijo (pedregal) y el azebuchal de Haznalfyz. Siles identifica el topónimo con el de Benalfiz:
La fuente de Haznalfyz del Repartimiento corresponde a la actual de Benalfiz, donde se sitúa uno de los manantiales que constituyen el nacimiento del río de Ubrique, al oeste del arroyo seco, y mana agua proveniente del acuífero carbonático de Ubrique. […]
El autor propone la siguiente etimología para Haznalfyz:
El término Haznalfyz del Repartimiento es la transcripción al castellano de Ḥiṣn al-Fīz (حصن الفيز), que podemos traducir como ‘fortaleza del Azadón’, si aplicamos a al-Fīz (=al-Fās con la imela propia del dialecto andalusí) el significado que nos presenta el P. Alcalá y debe de hacer referencia a la existencia de alguna especie de lugar fortificado en esta zona.
1571 y 1672 (según copias del s. XIX): Benafil y Benafis
Las dos siguientes formas del topónimo más antiguas que conozco datan de 1571 («…en el sitio que dicen del Benafil«) y 1672 («en la rivera de Benafis«).

Ahora bien, los documentos originales se han perdido y solo disponemos de copias que plasmó Rafael de Aragón Macías en sus Misceláneas a la Villa de Ubrique, manuscritas en el siglo XIX. Por tanto, la duda razonable es si este recopilador trasladaría tales palabras tal como aparecían en los textos originales que consultó o las transformó por cualquier causa. (Por cierto, en las Misceláneas aparece una referencia de 1727 al Salto de la Mora, prueba de que también esta denominación es antigua).
~1755, Catastro de Ensenada (Eclesiástico): Benalfis
En el documento correspondiente al estado secular de Ubrique del Catastro de Ensenada no aparece el topónimo, pero sí en el del estado eclesiástico, que data de la década de 1750. Francisco Siles Guerrero escribe en su tesis:
En el Catastro de Ensenada aparece ya como Benalfis/Benalfiz: una de las huertas de árboles frutales citada en dicho catastro se riega con agua de Benalfis; también aparece el puente de Benalfis que se ubica en las proximidades de Arroyo Seco y el convento de capuchinos de Ubrique.
En otro lugar explica:
El curso de agua al que daba origen este manantial, que en el Repartimiento aparece como arroyo de la fuente de Haznalfyz, se denomina en el Catastro de Ensenada como río de Benalfis.
Pero en un tercer sitio de la tesis veo el topónimo terminado en z:
En el Catastro de Ensenada (…) huertas que se riegan con agua del río de Ubrique y otra que se riega con agua de Benalfiz.
No sé si se trata de un lapsus, pero en cualquier caso la cuestión no parece muy relevante, dada la vacilación habitual en toponimia (y también en antroponimia) entre /s/ y /z/ finales.
1759 (según copia del s. XX): Benafis

Fray Ambrosio de Valencina, en el tomo III de su Reseña histórica de la Provincia Capuchina de Andalucía (1907), utilizó como fuente de información para hablar del convento de Ubrique un manuscrito de Fray Nicolás de Córdoba de 1759 titulado Historia Instrumental de la fundación del Convento de Capuchinos de Ubrique. Ninguno de los dos frailes era de Ubrique. Si Valencina fue fiel, en el manuscrito de Córdoba aparecería la forma Benafis.
1795, Mapa de López (1795): Benalfis
La siguiente aparición del topónimo de la que tengo conocimiento es un mapa. Se trata del Atlas Geográfico de España de Tomás López Vargas Machuca, publicado en 1804, y concretamente en el mapa del Reino de Granada, que el geógrafo había compuesto en 1795. En él vemos la palabra Benalfis junto a un símbolo de «castillo», al norte de Ubrique.

Para producir sus mapas, López pidió información a corresponsales repartidos por toda España, habitualmente religiosos de los pueblos, colectivo en el que abundaban los aficionados a las antigüedades. La información sobre Ubrique, según consta en un reconocimiento, se la proporcionó el que era entonces el párroco, Francisco Antonio de Torres y Rus.

Divulgación del topónimo tras el descubrimiento de Ocur (s. XIX)
Probablemente, el topónimo que nos ocupa no habría salido nunca de Ubrique si no fuera porque en la parte superior del cerro de Benafí se descubrieron a finales del siglo XVIII las ruinas de la ciudad de Ocur. Las noticias del aquel extraordinario hallazgo se propagaron rápidamente. Vinieron a Ubrique muchos «anticuarios» interesados; se envió información a la Real Academia de la Historia, etc. Debido a estas circunstancias, el topónimo quedó inmortalizado, pero al mismo tiempo eso supuso una diversificación de su grafía.
1796, Cid y Santaella: Vena-felix
El 26 de noviembre de 1796, los eruditos sevillanos Joaquín Cid Carrascal (presbítero) y Antonio Santaella (médico) escribieron una carta al jesuita Juan Francisco Masdeu dándole cuenta de los hallazgos arqueológicos de Ubrique. Madeu informó de ellos en 1800 en el tomo XIX de la Historia Crítica de España indicando que se produjeron en “una sierra que conocieron los antiguos con el nombre de Vena-felix”.

~1796, Juan Vegazo (copiado por Juan Marín): Benafi
Juan Vegazo Montes de Oca buscó tesoros en el yacimiento de Ocur entre 1793 y 1795 y narró sus peripecias en una memoria que redactaría en algún momento entre 1796 y 1801. No está localizado el documento original (si es que sobrevive), pero sí una copia escrita el 17 de octubre de 1808 por alguien llamado Juan Marín Reina. Este también copió otros manuscritos relacionados con Ocur de otros autores.
La parte primera y principal del texto de Juan Marín la titula este así: “Copia del manuscrito que me ha facilitado, sobre las antigüedades del Benafi alto (…) el Sr. D. Juan Begaso”.

No obstante, dentro del texto aparece siempre (cuatro veces) la forma Benafis («– el alto», “eminencia del –”, «sierra del –” y “sierra del – alto”), que es la que se supone que empleó Vegazo.

En cuanto a las otras partes de la copia de Juan Marín, una de ellas narra la visita que hizo al yacimiento de Ocur el 8 de marzo de 1801 el académico de la Real de la Historia (RAH) Domingo Traggia a su paso por Ubrique al frente de una compañía de húsares. La narración contiene muchos detalles de primera mano, lo que revela que la escribiría originalmente alguien que lo acompañó en la visita. En el texto se encuentran las formas Benafelis y Benafis.

1804, Mateo Francisco de Rivas: Benafeliz
El jiennense Mateo Francisco de Rivas, individuo correspondiente de la RAH que residía en Arcos de la Frontera, envió a la institución una Descripción de varias Antigüedades halladas en el año pasado de 1798 en la villa de Ubrique que fue leída en una sesión de la RAH en 1804. Empieza así: “Al plantarse en su termino de viñas y frutales cierto pedaso de terreno en la Sierra de Benafeliz…”.

1805, Real Academia de la Historia: Benafí
La RAH tenía conocimientos del descubrimiento de Ocur desde el principio, como se desprende de la Noticia Histórica de la Academia desde el mes de Agosto de 1796 hasta el de Julio de 1802 publicada en 1805. En ella, la institución declara que supo de las ruinas por una carta enviada por el vecino de Córdoba Andrés de Palacios en septiembre de 1797 y que uno de los académicos, Domingo Traggia, corroboró la importancia de los restos hallados en la “sierra de Benafí”:

Nótese que en el texto de la RAH la palabra Benafí tiene acento en la i. La institución conocería la prosodia de la palabra porque Domingo Traggia estuvo presente en la sesión de la RAH en la que se trató el descubrimiento.
En otro lugar de esta Noticia Histórica se dice que el secretario de Antigüedades de la RAH, Diego Clemencín Viñas, se interesó mucho por los descubrimientos y quiso conocer más detalles sobre lo hallado en la “sierra llamada de Benafí” (de nuevo, con acento en la i).

En realidad, el informe que Diego Clemencín elevó a la RAH (el 16 de julio de 1802) empleaba dos formas para el topónimo: Benafi y Benafeliz.

Clemencín había recibido un plano trazado por el arquitecto ubriqueño Miguel de Olivares que iba acompañado de un texto explicativo en el que se lee «sierra de venafelíz, vulgo venafí«.

1805, Simón de Zamora: Benafelis, Benalfis y Benafi
El presbítero ubriqueño Simón de Zamora, muy aficionado a las antigüedades, envió en 1805 una carta a la RAH en la que, presentándose como párroco castrense de la villa, informaba de que el coronel Domingo Traggia había visitado el 8 de marzo de 1801 las ruinas romanas que “se sitúa en lo alto de la Sierra de Benafelis”.

En la misiva cita otras dos veces el topónimo: «…en la Sierra del Benafelis, vulgo, Benalfis…”.
En 1823 (con unos 80 años de edad), Zamora escribiría una escueta Descripción de la Villa de Ubrique que se conserva en el Archivo de Protocolos de Cádiz. Según la transcripción que hizo Luis Javier Guerrero Misa en el número 5 de la revista Papeles de Historia (2006), el presbítero usó las formas Benafelis y Benafi.
1809, Simón Clemente recogió múltiples grafías
En agosto de 1809 visitó Ubrique el erudito polifacético valenciano Simón de Rojas Clemente Rubio. Una de sus intenciones era conocer las ruinas romanas del Salto de la Mora. Todas sus observaciones las anotaba en un cuaderno de campo que fue transcrito por Antonio Gil Albarracín en 2002 (“’Historia Natural del reino de Granada’ (1804-1809″), ed. G. B. G.). La labor de Albarracín fue muy meritoria porque la letra de Clemente es difícil de leer. No obstante, hemos de suponer que aquel consiguió transcribir fielmente los topónimos que nos ocupan. Todas las grafías las escribiré sin tildes, pues es como supongo que lo haría Clemente originalmente.
En una parte del diario, el viajero habla de las “peñas de Benafis”, y en otra de «Benafeliz o (por síncopa) Benafiz, vulgo”. En un lugar se refiere a «la sierra Benafis el Alto; en otro a “Benafelis, vulgo Benafis”, y en otro a la «sierra del Benalfi…”. Todo esto, en cuanto al cerro. Al nacimiento homónimo lo llama Benafi y “Benalfi o Benafi o Benafeli, según los antiguos (Venafeliz)…”.
Clemente leyó con toda seguridad el manuscrito de Vegazo y además se entrevistaría con varias personas solventes de Ubrique (de hecho, cita expresamente al boticario, Bartolomé Calero). Eso explicaría que conociera tantas variantes del topónimo.
Otras referencias del siglo XIX
En el siglo XIX también fue usado el topónimo por razones no siempre o nada relacionadas con Ocur. Algunas apariciones son muy significativas porque revelan cómo pronunciaba el pueblo este nombre de lugar.
1803, Ayuntamiento de Ubrique: Benafis
Esperanza Cabello publicó en su blog el acta de una reunión celebrada por el Ayuntamiento de Ubrique en 1803 en la que se trataron diversos asuntos municipales. En ella figura una referencia a la «fuente de Benafis«.
1811, Serrano Valdenebro: Benafí
En 1811 vio la luz un Manifiesto de los servicios hechos a la patria por el gefe de esquadra Don José Serrano Valdenebro durante la guerra de Independencia en el que encontramos la narración de un hostigamiento a soldados franceses que se habían situado en el Benafí alto (escrito con tilde):

1812, Nicolás de la Cruz: Benafis

Nicolás de la Cruz y Bahamonde, consiliario de la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz, en su Viage de España, Francia e Italia publicado en Cádiz en 1812 menciona la Sierra de Benafis.
1822, El Censor: Benafí
En el número 102 (13 de julio de 1822) del Periódico político y literario El Censor, dentro de un artículo titulado Diálogo sobre la Escultura en la dominación de los romanos, uno de los dialogantes menciona «nombres antiguos y modernos de los pueblos y despoblados» en que se conservan restos escultóricos, y entre ellos cita el de Benafí, tilde incluida:

(con «id.» se refiere al Reino de Granada, al que entonces pertenecía Ubrique).
1824, Frasquita Larrea: «El pueblo lo llama Venafi«
La intelectual gaditana Frasquita Larrea pasó unas vacaciones en Ubrique en el verano de 1824 junto a dos de sus hijas. Dejó escrito un diario que transcribió Antonio Orozco Acuaviva en 1977 a partir de una copia a máquina, ya que el manuscrito está perdido. Es de suponer que Orozco fue fiel (posibles descuidos aparte) a la copia que consultó, pero dudo de que la tilde que lleva el topónimo en su versión la pusiera Larrea. El párrafo principal para nuestro interés es este:
Ayer tarde fuimos a la Vena-Feliz ó Venafí que es como la llama el pueblo, y por otro nombre el salto de la Mora. Es una peña altisima que esta a la entrada del pueblo. Llevamos dos borricos, pues nos dijeron que no podiamos hacer todo el camino a pie.
Se deduce que alguna persona culta le dijo a Frasquita que el nombre correcto del lugar era Vena-Feliz, pero ella quiere dejar constancia de que lo que oía a la gente era «Venafi«. Que escribiera la palabra con V no es significativo, ya que esta autora confundía habitualmente la V con la B y prueba de ello es que unas líneas más abajo, al referirse al vecino pueblo de Benaocaz, escribió Venaocaz.
En otro lugar del Diario usó la grafía Benafi para referirse al manantial, pero volvió a la forma con V en una tercera cita: “…al pie del Venafi, al lado de cuya fuente nos sentamos mirando correr el agua”.
1832, Cean Bermúdez: Benafí

Tildada sin la menor duda aparece la palabra Benafí que escribió Juan Agustín Ceán Bermudez en su Sumario de las antigüedades romanas que hay en España (1832)
1834, Minerva de la Juventud: Benafelis
En 1834, en el tomo IV de una obra titulada Minerva de la Juventud Española aparecen dos artículos sobre Ubrique. El primero de ellos se llama Descripción de las lápidas descubiertas en Benafelis alto en 1795. No está firmado y es una copia prácticamente literal del escrito que redactó Simón de Zamora en 1823 más arriba citado. El segundo se titula Descripción de la villa de Ubrique, lo firma “M. J. A. y P.” e igualmente toma fragmentos literales del documento de Zamora, como uno que empieza así:

En otro lugar del artículo se lee: «En el denominado manantial Benafelis, dá principio el rio que llaman de Ubrique…«.
1845, El Católico: Benafis
El diario madrileño El Católico informó en 1845 de la destrucción de la fuente que estaba al pie del Benafis por la caída de una roca. Es de suponer que la noticia la enviaría alguien de Ubrique (un corresponsal), como era habitual en la época.

1849, Madoz: Benalfis
Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Provincias de Ultramar (tomo XV), publicado en Madrid en 1849, en la entrada de Ubrique, usó la forma Benalfis (dos veces):

Pero en esta misma obra, en la voz Guadalete (tomo IX, 1847), Madoz recoge el topónimo de una forma claramente errónea: Benajil (igualmente escribe erróneamente Barria por Barrida, sin duda porque así se lo transmitirían, ya que en Ubrique se pronuncia /barría/).

1868, Mapa de la provincia de Cádiz: Benalfí
En el Atlas de España y sus posesiones de Ultramar · Cádiz, de Francisco Coello, datado en 1868, se lee Cllo de Benalfí (parece que la palabra no acaba en s, pero la limitada nitidez de la reproducción no permite asegurarlo). Esto quiere decir que, igual que López en 1795, este autor considera que en el Salto de la Mora había un castillo.

~1870, Nomenclátor de la Provincia de Cádiz: Benalfís
En un Nomenclátor de la Provincia de Cádiz publicado entre 1860 y 1877 (no consta la fecha) por la Sociedad Económica Gaditana de Amigos del País figuran los nombres de todas las entidades de población del término de Ubrique, y entre ellas Benalfís (con tilde):

Se describe como un caserío situado a 400 metros del Ayuntamiento donde existía un edificio habitado permanentemente, otro habitado temporalmente y dos deshabitados.
1872, El Averiguador: Benalfis
En noviembre de 1872 la revista El Averiguador publicó un artículo de una persona que informaba de un viaje que había hecho a Ubrique en 1853. En la descripción del pueblo usa la forma Benalfis:

1869, Hübner: Benafí
En 1869, el epigrafista alemán Emil Hübner publicó en el segundo volumen de su reputada obra Corpus inscriptionum Latinarum (entrada XXIX) una ficha sobre las ruinas romanas de Ubrique, que el autor dice que se hallan en la Sierra de Benafí, citando como fuente a su corresponsal Manuel Rodríguez de Berlanga.
1873: Instituto Geográfico Estadístico: Benalfis
La forma Benalfis que usó López Vargas Machuca en su mapa dieciochesco (probablemente informada por el cura ubriqueño Torres y Rus) fue adoptada en un bosquejo planimétrico del término municipal de Ubrique levantado en 1873 por topógrafos del Instituto Geográfico Estadístico. En el mapa está marcada la situación de unas «Casas-bodegas de Benalfis» a aproximadamente kilómetro y medio del lugar donde se encuentra la fuente alimentada por el nacimiento de Benafí.

Gaceta de Madrid (1880): Benafeliz

El 14 de agosto de 1880, La Gaceta de Madrid (precursora del Boletín Oficial del Estado) publicó una resolución del Consejo de Ministros sobre un pleito referido a una finca que era denominaba Mezquita Benafeliz, probablemente en alusión al edificio existente en el yacimiento de Ocur que antiguamente fue considerado una mezquita y hoy día se cree que ejercía las funciones de mausoleo. Esta finca probablemente se hallaría muy cerca del lugar conocido como venta de Santa Lucía:

Tofua (1892): Vena Feliz

En 1892, alguien que firmaba como Tofua (casi con toda seguridad anagrama de Fatou, por lo que quizá se tratara del maestro, pedagogo y escritor ubriqueño Francisco Fatou) publicaba un poema titulado A Ubrique en el que llamaba al manantial Vena Feliz, queriendo ponderar el gran caudal de la vena que lo alimenta (una de las acepciones de vena del Diccionario de la Real Academia Española es conducto natural por donde circula el agua en las entrañas de la tierra. (El poema completo se puede encontrar en el blog de Esperanza Cabello).
Finales del siglo XIX, Domingo Sánchez del Arco: Benalfí
En la tesis doctoral de Francisco Siles Guerrero citada más arriba también se menciona una aparición del topónimo en la obra del historiador gaditano Domingo Sánchez del Arco La provincia de Cádiz, que está publicada solo en parte:
(…) constituye la riqueza de Ubrique su río principalmente, el cual nace en el manantial del Benafí, y desde su comienzo mueve varios molinos harineros y artefactos, regando luego una amenísima y rica rivera de huertas.
Siglo XX
En el siglo XX la forma dominante en los textos fue Benalfí, debido probablemente a la autoridad de Fray Sebastián de Ubrique, que la usó sistemáticamente en su Historia de la Villa. Se encuentra también constancia documental de que parte del pueblo pronunciaba (y sigue haciéndolo) Benafín. A finales de la centuria surge una nueva propuesta a título individual: Benalfil.
Fray Sebastián: Benalfí
Fray Sebastián de Ubrique patrocinó en sus escritos la forma Benalfí, que fue aceptada por muchos autores. Es la que aparece actualmente en el mapa actual de Google, en el que se puede leer Cruz del Benalfí o Nacimiento de Benalfí.

Fray Sebastián mantiene esa grafía incluso cuando cita literalmente a otros autores. Por ejemplo, la frase del Diario de Frasquita Larrea:
Ayer tarde fuimos a la Vena-Feliz ó Venafí que es como la llama el pueblo, y por otro nombre el salto de la Mora.
la altera gratuitamente el historiador ubriqueño de este modo:
Ayer tarde fuimos a Vena Feliz o Benalfí, que es como lo llama el pueblo y por otro nombre el Salto de la Mora.

Fray Sebastián publicó su Historia de la Villa de Ubrique en 1944, pero es probable que tuviera decidida su preferencia desde mucho antes. En la Enciclopedia Universal Espasa-Calpe, obra que se fue publicando entre 1908 y 1930, existe una entrada Ubrique (en el tomo 65) que siempre se ha atribuido a Fray Sebastián, ya que su nombre aparece en los reconocimientos que hizo la editorial. En la entrada se mencionan el manantial del Benalfí y la sierra de Benalfí. Ahora bien, según me contó recientemente la historiadora de Ubrique Esperanza Cabello Izquierdo, no fue Fray Sebastián quien realmente redactó la entrada, sino su buen y fiel amigo el erudito ubriqueño Francisco García Parra (que también parece que escribió la dedicada al propio Fray Sebastián en el Espasa).

Quizá uno de ellos o ambos fueron informantes de los redactores de El Noticiero Gaditano que escribieron el 13 de septiembre de 1927 un extensísimo reportaje sobre Ubrique que incluía un largo texto sobre la religiosidad de sus habitantes. Pues bien, en el artículo aparece el topónimo una vez de la forma preferida por Fray Sebastián, Benalfí, y otra de la forma Benafiz.
Benafín
A pesar del afán de Fray Sebastián de normalizar a su criterio la grafía del topónimo, en una ocasión se refiere al «callejón del Benafincillo«, diminutivo de la forma Benafín, no de Benalfí.

A propósito, también he encontrado la forma Benaficillo (sin la n), empleada en 1937 por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (legajo 871, Sección 9.7: Agua y Alumbrado) en un plano de abastecimiento de aguas de Ubrique.


La palara Benafincillo (con la n) la he visto también en un croquis trazado por un particular a finales de la década de 1950. Aparece dos veces, marcando un punto en la orilla del río Ubrique a unos 100 metros al norte del puente de Los Callejones. Además, he sabido que Benafincillo era el nombre de una finca que allí había.
La forma Benafín la ha usado una parte de la población en la lengua hablada durante el siglo XX, y se sigue usando. Aparece en esta copla de columpio (una manifestación del folclore antiguo del pueblo) que recogió Miguel Ángel Peña Díaz en 2013 en Coplas de columpio de la tradición oral de Ubrique (Cádiz) (Universidad de Alcalá, Centro de Estudios Cervantinos y Universidad Nacional Autónoma de México):
Me mandaste a decir
que tu querer se fue a pique,
y yo te mando a decir
que el convento está en Ubrique
en frente del Benafín.
Por su parte, Leandro Cabello nos ha trasladado esta coplilla del Carnaval que podría datar de antes de la guerra civil:
A Ubrique vino un inglés
y dijo con voz ofendida
que la cruz del Benafín
estaba un poco torcida.
Aunque no soy persona de letras
y aunque mi lengua no rece,
y aunque me cueste el dinero
yo le pido a to'lo'santos
por Dios que me la enderecen.
En un artículo sobre Ubrique publicado en ABC por el ubriqueño Bartolomé Pérez Sánchez de Medina aparece otra versión, con la métrica ajustada y en la que Benafín ha sido sustituido por el, en aquella época, ortodoxo Benalfí:
A Ubrique vino un inglés
y dijo con calma ofendida
que la cruz del Benalfí
estaba un poco torcida.
–Aunque yo no soy devoto,
aunque mis labios no recen.
aunque me cueste el dinero,
quiero que me la enderecen.
En el mismo ABC, dos años antes (08-01-1971, edición de Madrid), el escritor José Luis Acquaroni, en un artículo sobre Ubrique mencionó la cruz del Benafín.
Existe un topónimo Benahafín en la provincia de Málaga (Virgilio Martínez Enamorado: «Las montañas de los beréberes · La cora de Takurunna«, en Andalusíes, Mudéjares y Cristianos al sur de Ronda (2003) 48-89) y un Benafim en Portugal. Maria Alice Fernandes dice esto sobre la etimología de este topónimo (traduzco del francés):
Benafìm, según David Lopes [reconocido especialista portugués en etimología árabe], [es] nombre de familia o de tribu (…). Machado [otro destacado filólogo portugués] cuestiona la posibilidad de su procedencia del antropónimo Aben-Afan o del ‘nasab’ ben Afin, este último del ar. uafi «completo, entero», uno de los epítetos de Dios (…). El topónimo Benafim está atestiguado en 1446 (…), pero hoy existen dos asentamientos con este nombre: Benafim Grande (…), Benafim Pequeño (…).
Maria Alice Fernandes: «Noms de personne et toponymie de l’Algarve», en Onomastik: Akten des 18. Internationalen Kongresses für Namenforschung , vol. 4, 1999 (Personennamen und Ortsnamen), págs. 236-268
Agregaré como curiosidad que hace algunos años le pregunté a un amigo de Ubrique octogenario cómo pronunciaban él y sus conocidos el topónimo cuando era pequeño. Me respondió:
A los escolares de la vecina escuela parroquial del Convento promovida por el párroco D. Rafael Jiménez Cárdenas y confiada al maestro D. Manuel Janeiro Carrasco, nos sonaba y pronunciamos Benafín. Mi tía abuela Remedios, siempre interesada en la buena información, también. Mi padre –asturiano– decía Benafeliz.
Manuel Cabello: Benalfil, «ciudad del elefante»
El maestro ubriqueño Manuel Cabello Janeiro, que podemos considerar que fue cronista de la villa, usó en sus libros, en general, la grafía preferida de Fray Sebastián, Benalfí. No obstante, en Ubrique, piel al descubierto, de 1992, propuso una forma nueva: Benalfil, argumentándola así: «Ben-Alfil, etimología árabe que significa ‘ciudad del elefante'». Efectivamente, el Diccionario de la RAE da esta etimología para alfil: «del árabe hispánico alfíl, este del árabe clásico fīl, y este del pelvi pīl ‘elefante'» (el idioma pelvi es el persa medio).
A Cabello le interesó mucho el origen etimológico de nuestro popular topónimo. En otro de sus libros, Ubrique, encrucijada histórica (para caminos juveniles) (1987), escribió esta supuesta elucubración que un escolar hacía sobre el asunto (el estudiante, por cierto, erraba al atribuir a Larrea y Hübner formas que estos no habían propuesto):

Siglo XXI
En el siglo XXI se aprecia una tendencia a la consolidación de la forma Benafeliz en el campo de la hidrología.

Así, en el libro del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) El agua subterránea en el Parque Natural Sierra de Grazalema (Cádiz y Málaga) (2010) se lee dos veces Benafeliz refiriéndose al nacimiento. En el documento «CA-2 Ubrique – Plan de conservación, recuperación y puesta en valor de manantiales y lugares de interés hidrogeológico de Andalucía» se menciona en bastantes ocasiones el nacimiento de Benafeliz, aclarándose en muchas de ellas que también se conoce como de los Nueve Caños y en una que también es llamado Benafí.
Como Benafelix (sin tilde) aparece en «Agua y Karst entre Ubrique y Villaluenga del Rosario«, de David Benítez Marchán et al. (Geolodía 14, 2014).
Incluso hay una vía escalonada a la orilla del río Arroyo Seco, donde el manantial de Benafí vierte sus aguas a este, que a juzgar por una entrada de la web Calles de Ubrique (vista el 15/3/25) se empieza a llamar Benafelix, aunque no sé si el nombre es oficial u oficioso ni si está extendido en el vecindario o lo usan pocas personas.

2016, Luis Iglesias: Benafil, Benaflí y Benaflix
De los autores que han tratado el tema recientemente quisiera destacar al arqueólogo Luis Iglesias García. En su tesis doctoral (El país de las Ṣujūr – Los rebordes occidentales de la depresión de Ronda · Siglos VIII-XVI, Universidad de Sevilla, 2016) encuentro varias menciones al topónimo y dos nuevas formas, Benaflí y Benaflix:
En Ubrique, además del topónimo vinculado a Ocur/Ocuri, una dehesa al este del yacimiento y una surgencia próxima al casco urbano –que recibe las denominaciones de Benafeliz, Benaflix o Benafil– aparece, una Fuente de Benalí, junto al Arroyo de los Cidrones, donde hemos localizado una alquería emiral.
[…]
(…) podemos plantear, de forma más argumentada, que aquí pudo estar ubicada la alquería de Benafi (también se conoce como Benaflí, Benafeliz el Alto y Benafelis), que da nombre a un nacimiento de aguas próximo al pueblo de Ubrique y a un valle y dehesa de Benafi, a los pies de Ocur/Ocuri…
Sobre estos nombres, Iglesias afirma que:
(…) el topónimo de la zona hace referencia a un segmento tribal (los “Benafil” o “Benafeliz”) instalado, muy probablemente, en una alquería que aprovechaba las ruinas de la antigua ciudad romana.
En otro lugar Iglesias menciona el «nacimiento del Benafelí / Benafeliz«.
Curiosamente, un plano reciente del proyecto de PGOU de Ubrique nombra al nacimiento Benafil, aunque supongo que por transposición involuntaria de la /l/ de Benalfí, ya que los redactores no son de Ubrique.

2. Étimos que podrían tener relación con Aznalfiz o Benalfiz
Para fundamentar las consideraciones que haré en el apartado Discusión, presentaré ahora algunos étimos que, en principio, podrían estar relacionados con el nombre Benafí. Son ḥiṣn, vena, peña, félix o feliz, y, por supuesto, los de origen árabe derivados de ibn, banū y análogos.
2.1. Ḥiṣn
En la página de toponimia Toponomasticon Hispaniæ, Robert Pocklington Freakley explica esto sobre el étimo ḥiṣn:
La voz árabe clásico y andalusi ḥiṣn significa ‘castillo’. La ḥ y la ṣ son ambas consonantes enfáticas y velarizantes, que tienden a abrir la pronunciación de la i hacia /e/ o incluso /a/. Así tenemos Aznalcázar (Sevilla) < andalusí Ḥiṣn al-Qáṣar ‘el castillo del palacio’, Iznalloz (Granada), s. XVI «Aznalloz, Haznalloz» < Ḥiṣn al-Lawz ‘el castillo de los almendros’ o Iznatoraf (Jaén) < ḥiṣn at-turáb (ác. ḥiṣn at-turāb) ‘el castillo de la arcilla o del mortero’.
El diminutivo andalusí era ḥuṣáyn, ḥuṣáyna o ḥuṣáyyan ‘castillejo’, dando topónimos como: Alocén (Guadalajara), Aljocén (Cádiz), Aljucén (Badajoz) y Alozaina (Málaga).
En su trabajo Toponimia y normalización en el dominio del español: sobre el proyecto PRONORMA (en El noms en la vida quotidiana: Actes del XXIV Congrès Internacional d’ICOS sobre ciènces onomàstiques, DOI: 10.2436/15.8040.01.251), María Dolores Gordón Peral observa que, «en general, el ḥiṣn árabe pasó a la toponimia hispanoárabe de dos formas: Azn– en Andalucía Occidental (Aznalcázar, Aznalfarache, Aznalcóllar, Aznate, Aznaitín), e Izn– en la Oriental (Iznatoraf, Iznalloz, Iznate, Iznadiel, etc.)».
El significado de Aznalcóllar (Sevilla) no está claro. Según la Wikipedia, procedería de Hisn-Al-Kollar ‘recinto amurallado’. Pero en la revista Rinconete del Centro Virtual Cervantes se lee esto sobre el nombre de Cuéllar (Segovia) que quizá podría ser aplicable a Aznalcóllar:
Hay quien lo ha explicado a partir de la palabra árabe culiy’at (‘cumbre’), si bien todo apunta a que esté relacionado con el lat. collis (‘colina’), palabra que ha subsistido en el port. colle y cat. coll, y en castellano en el derivado collado. La relación con topónimos similares, como Culla, Cúllar, Aznalcóllar, Arcicóllar –al menos, los dos últimos con -r final no etimológica– quizás nos dé mayores pistas. El Cuéllar segoviano, no obstante, aparece siempre con la -r final en la documentación medieval: Collar, Colar, Coilar, Coilare…

Un «izn» no mencionado hasta aquí es Iznájar (Córdoba), para el que se ha propuesto una procedencia de Ḥiṣn ʿAšar ‘castillo alegre’ (José María Calvo Baeza: Nombres de lugar españoles de origen árabe, Madrid, Darek-Nyumba, 1990). El Ayuntamiento de la localidad precisa que ashar podría significar ‘alegre’, pero también ‘pendenciero’, calificativo que parece más propio para un castillo. Sin embargo, un informe sobre el topónimo que redactó Miguel Villalba en 2009 contiene interpretaciones que parecen más verosímiles:
La palabra Iznájar procede de la unión de dos vocablos árabes: hisn y ashar. El hisn tenía en época árabe el significado de castillo en colina, construido normalmente en una elevación del terreno que dominaba todo su contorno. El segundo vocablo, ashar, se ha interpretado con distintos significados.
El profesor Asín Palacios en su obra “Contribución a la toponimia árabe de España” tradujo esta palabra por alegre.
El doctor Arjona Castro cree que la voz árabe ashar deriva de la raíz o verbo a. sh, r, que significa en castellano ser muy vivo, muy alegre, pero con una alegría petulante. Sin embargo, en su opinión, esta hipótesis tiene una grave objeción gramatical. Es corriente que en el árabe andalusí se pierda el artículo del nombre primero (…) pero nunca el del adjetivo calificativo que lo acompaña: Guadalquivir = al-wadi al-kabir. Solo en el caso de que estuviera acompañado de un sustantivo no árabe como Iznatoraf = hisn turaf o castillo de Toraf perdería el artículo. Por tanto Iznájar = hisn ashar se trata de un sustantivo; si fuese un adjetivo debería llamarse hisn al-ashar y entonces sí podría significar castillo alegre. Concluye que probablemente (…) Ashar sería el epónimo de la familia en cuyo fundus se erigió el castillo de Iznájar, quizás un antepasado de Fadl ben Salama.
[…] En opinión de Álvaro Galmés la etimología árabe de Iznájar es indiscutible y justifica esta aseveración cuando dice: “Ya hemos visto algunos topónimos de origen árabe cuyo primer elemento es el mismo (Iznatoraf, Iznalloz, etc.), y también hemos señalado que esa primera parte de la forma compuesta es un derivado de [hisn] “castillo”. El conjunto, M. Asín lo define como “el castillo alegre”. Dejando aparte la poco pertinente calificación del castillo, conocemos la forma completa, según la denominación árabe, de nuestro topónimo: [hisn āšar], en donde la raíz [āšara], en forma segunda (y no primera como suponía Asín), significa “dentar en forma de sierra”, y la forma nominal “que tiene dientes como una sierra”, lo que aplicado a un castillo vale tanto como “castillo almenado”, que es sin duda, el significado de Iznájar”.
Y, para terminar con los ejemplos de los azn–/izn–, necesariamente tenemos que hablar de nuestro Aznalmara, castillo en ruinas que se encuentra a menos de 10 km de Ubrique (y que, por cierto, tiene un gemelo homónimo en Antequera). Luis Iglesias García ha estudiado en profundidad este castillo en su trabajo Aznalmara (Benaocaz) · Revisión historiográfica y arqueológica de una fortaleza en la frontera con Granada (Revista atlántica-mediterránea de prehistoria y arqueología social, n.º 19 (2017) 131-150). Entre otros aspectos, trata las propuestas que se han hecho sobre el significado de la palabra, algunas poco plausibles. Una de las que más ha perdurado es «castillo de la mujer»; de hecho, en Ubrique he oído la expresión «castillo de Doña Mara» para referirse a él.
Según Iglesias, en la Nubdat al-‘aṣr de autor anónimo granadino se menciona un castillo de la Sierra de Cádiz llamado Ḥiṣn al-Mara que sin duda es el que nos ocupa. Explica: «Parece responder su significado a otro concepto más acorde con la función de estas fortificaciones: Marā’à o Marā significa ‘vista’, ‘mirada’, o ‘vigilancia’ (murāqiba), sentido este en concreto que le otorga [el historiador] Bustānī». En favor de esa hipótesis hay que recordar que desde el castillo de Aznalmara se domina un paso natural tan importante que los franceses en la Guerra de la Independencia se instalaron en las ruinas de la fortificación para controlarlo.

Conviene decir en este apartado que, del mismo modo que el Benafí ubriqueño tuvo antiguamente una forma basada en el étimo ḥiṣn, quizá le ocurriera lo mismo al pueblo vecino de Benaocaz (a 3,5 km de Ubrique por una antigua calzada que une a ambas localidades). Según Ana Labarta («Cartas árabes malagueñas», Anuario de estudios medievales, 19 (1989) 611-626), en una carta de los alcaides de Ronda y Setenil dirigida a Juan Ponce de León, conde Arcos, del año 1450, aquello se quejaban de que
nos fueron levadas contra de fasta ochenta vacas de la syerra de Villaluenga de Iznaocaz y eso mesmo treynta bueyes nos mataron un ome y los levaron a Açbara y las otras vacas a la vuestra villa de Arcos.
Este Iznaocaz podría tener con Benaocaz la misma relación que Aznalfiz con Benalfiz. Es decir, la primera palabra podría significar ‘fortalez de Ocaz’ y la segunda ‘hijos de Ocaz’, sin que se sepa a quién o qué se refiere la segunda parte de la palabra. Existe una Torre Alocaz cerca de Utrera que Stefan Ruhstaller, en su artículo Al-Aqwās – Alaquaz – Alocaz un topónimo sevillano (Al-qantara: Revista de estudios árabes, 11(1) (1990) 227-234) atribuyó a Aqwās, antropónimo que aparece en varios documentos árabes antiguos. Sin embargo, otros creen que el Ocaz de Alocaz proviene de la palabra Ugia, pues existe la ceca monetal Ugia relacionada con este lugar (la evolución, según la Wikipedia, sería ukya > al-uki-at > Al-ocu-az > Alocaz; el artículo al (el) se entiende que lo introdujeron los árabes).
Para más complicación en la interpretación del nombre de Benaocaz, este aparece como Benaoças en algunos documentos antiguos (María José Valverde: «La prematura conquista de la fortaleza de Jimena en 1431 y su vinculación al cabildo de Jérez«, Estudios de historia y de arqueología medievales, 11 (1996) 217-242). También existía una alquería del mismo nombre en la región levantina (José Vicente Gómez Bayarri: «Cartas pueblas valencianas concedidas a fueros aragoneses«, Aragón en la Edad Media, 20 (2008) 391-412).
2.2. Bena
Es bien conocido que existen muchos topónimos de localidades pobladas por musulmanes, especialmente en el sur y el levante español, que contienen el prefijo patronímoco ibn, ben o bin tradicionalmente vinculado a la cultura árabe tribal y que significa ‘hijo de’, ‘descendiente de’ (en plural es banū, benī o banī). En árabe medieval, ibn se pronunciaba también abén o abán.
Sobre abán abdice lo siguiente Robert Pocklington Freakley en el Toponomasticon Hispaniæ:
La voz abán —en árabe clásico ibn— significa ‘hijo o descendiente de’, y generalmente se encuentra seguida de un nombre propio, para formar un nombre de linaje. Por ejemplo abán ‘Īsà ‘el hijo o descendiente de ‘Īsà’. (…) Existen también linajes derivados de nombres de persona o apodos romances, heredados de los mozárabes. Por ejemplo, la Rambla de Benipila (Cartagena) se documenta en el siglo XIII como «Aben Apilla», forma que se remontaría al árabe andalusí abán apílya, del latín tardío apicula ‘abeja’. Por último, a veces hallamos un topónimo en lugar del nombre de linaje. Esto podría deberse a que los fundadores del lugar llevasen un topónimo como nombre de familia, como sucede con muchos de nuestros apellidos.
(…) En el árabe clásico, la voz ibn ‘hijo’ tiene dos pronunciaciones según vaya precedida de una vocal o de una consonante. Si le antecede una consonante, se pronuncia /ibn/, pero si le precede una vocal se reduce a /bn/. En este segundo caso la i inicial se enmudece y la vocal precedente entra en contacto directo con la b: ‘Īsà bnu Maryam ‘Jesús hijo de María’. En el árabe andalusí sucedía lo mismo pero la vocal inicial era a- (en lugar de i-), y se intercalaba una -a- epentética entre la b y la n. Así, el étimo IBN tenía dos variantes predominantes, ban y abán, pronunciadas /ben/ y /a’ben/ debido a la imela. También se registran otras variantes fonéticas, como /bin/, /a’bin/ y /abn/.
Como ejemplo, Pocklington cita Abenozas (localidad de Huesca), que califica de
topónimo de origen antroponímico arábigo formado por el elemento aben- (procedente de ibn- ‘hijo de’) y el patronímico Naṣr, correspondiente a un importante linaje andalusí. Esta formación explica las menciones Avinozar y Abenoçar o Abinozar que encontramos durante los siglos XI, XII y XIII.
Entre los topónimos derivados real o aparentemente de este étimo tenemos muchos que empiezan por bena-, y varios corresponden a poblaciones que no están lejos de Ubrique: Benaocaz, Benamahoma, Benalup, Benadalid, Benalauría, Benarrabá, Benaoján, Benajud (despoblado), Benalmádena…
Sobre la etimología de algunos de ellos parece no existir demasiada duda. Por ejemplo, según la Diputación de Málaga, Benarrabá «se deriva de los Banu Rabbah, los hijos descendientes de los Rabbah, tribu de los benimerines que poblaron el Valle del Genal en la época de los moriscos». También parece evidente Benamahoma. En una página de etimologías leo esta interesante información al respecto:
[Benamahoma] parece no ser un topónimo auténtico de la época andalusí, sino más moderno, de la conquista castellana de la zona en el sig lo XV. Generalmente en esta zona se vaciaban los pueblos conquistados, se repartían las casas y los predios entre los conquistadores y reunían a los conquistados en otro pueblo dependiente del primero, construido ex profeso, no muy lejos de él, para que viviesen los habitantes originarios y le trabajasen las que habían sido sus tierras a los nuevos dueños. A estos sometidos, cuando todavía no se les había prohibido su religión, se les llamaba mudéjares y cada pueblo de esas sierras después del repartimiento ten ía cerca su pueblo de mudéjares, generalmente con un nombre nuevo: Setenil tenía sus mudéjares en Alcalá del Valle, Zahara los tenía en Algodonales, pero las llamadas Cinco Villas (Ubrique, Grazalema, Benaocaz, Villaluenga y El Bosque) eran tan chicas entonces que pareció más oportuno meter a los mudéjares de todas ellas en un solo pueblo que llamaron Benamahoma porque era el pueblo de los ‘hijos (espirituales) de Mahoma’, por eso tiene la forma privativa del nombre del profeta en
castellano.
Otro nombre que parece árabe claramente es el de Benahud, despoblado entre Cortes y Ubrique, que en un mapa de apeo de 1729 aparece como Abenajud.

Benafelí (Castellón)
En busca de una interpretación para nuestro supuesto Benafeliz / Benafelis / Benafelix podemos buscar topónimos semejantes y ver qué han sugerido los especialistas para ellos. En ese sentido, el más parecido que encuentro es Benafelí, en Castellón. El gran etimólogo Joan Corominas propuso que procedía de Ben al-fallāḥīn ‘hijos de los campesinos’ (según Aitor Mahiques Bataller, en su Estudi de la distribució dels topònims amb l’element beni).
Uno que sonaría igual es Ben-Afelí, mencionado por J. Manuel Bernat Agustí, en La tertúlia del portal, 1991-1995, quatre anys de charrades (Publicaciones de la Universidad Jaume I, 1996). Ahora bien, este autor asegura que en realidad el nombre correcto es Benafalil. Traduzco del catalán:
No hay ninguna tradición digna de tener en cuenta, ni documentación sobre este punto, que autorice a creer que «Benafalil» (erróneamente transcrito «Ben-Afelí») fuera un caudillo o un reyezuelo local. (…) La expresión árabe originaria sería «lbn-al-Halid», formada en el entorno del adjetivo calificativo «Halid», traducible globalmente a nuestra lengua por «…de la familia del fornido / forzudo / grande / bien plantado…».
Un tercer topónimo que podría estar relacionado es Binifela (Mallorca), pero de este hablaré más adelante porque hay autores que lo consideran de origen romance a pesar de su apariencia arabe.
2.3. Vena
Nos interesa considerar también el étimo vena, ya que aparece en una de las supuestas formas antiguas de Benafí, concretamente la que Cid y Santaella transmitieron a Madeu en 1796 (Vena-felix), aunque no podemos saber si usaron la /v/ en vez de /b/ deliberadamente. (Casi un siglo más tarde, Tofua escribió Vena Feliz y en ese caso se refería claramente a la palabra vena).
Sobre este étimo, E. Nieto Ballester dice en Toponomasticon Hispanæ:
Palabra sin etimología ni paralelo claro en otras lenguas indoeuropeas. Su sentido es amplio, pues puede referirse a cualquier conducto por el que discurra algo, en particular agua u otro líquido, especialmente la sangre, pero también se emplea para una veta de un metal. De este significado ha pasado también a significar todo objeto que, por su forma, se parezca, siendo así su significado similar al de «hilera» (…). La palabra es panromance (…): port. veia, gall. vea, cast. cat. vena, fr. veine, rum. vina, etc. Los diccionarios al uso de castellano, catalán y gallego señalan la palabra como de uso actual, referida siempre, según parece, a conductos, cauces o depósitos de agua subterráneos, pero con algunas diferencias semánticas en general poco verosímiles: DCVB s.v. «Conducte subterrani on hi ha aigua», DRAE, «Conducto natural por donde circula el agua en las entrañas de la tierra», mientras que el DRAG señala para el gallego «Depósito subterráneo de auga».
Según Nieto Ballester, un topónimo derivado de este étimo podría ser Benahadux (Almería). Dice de él lo siguiente:
Se trata de un topónimo de considerable interés. En principio, a primera vista parece un topónimo árabe más de la amplia serie de los iniciados por Beni- Bena-, etc., del tipo (en la misma Almería), Benaguacil (Alcudia), Benómar (Alcolea), etc. Así lo señala ya el propio Miñano en 1849. Esta posibilidad parece ser apoyada por los testimonios árabes que citan el lugar a partir del siglo XII como Qaryat Banī ‘Abdūs o Munà ‘Abdūs. Se trataría, pues, del linaje árabe de los descendientes de ‘Abdūs. Se señala también en TopAlmería_2020, 392 que también podría ser binā, «casa» el primer elemento.
Sin embargo:
(…) es sabido que no son pocos los topónimos de esta apariencia que han sido interpretados por la población árabe llegada después de la invasión del siglo VIII y sucesivas por medio de esta lengua y adaptados a la amplia serie que se ha citado, pero que tienen origen preárabe o que, al menos, no contienen un elemento antroponímico entendible o presente en esta lengua (…). Así las cosas, y teniendo en cuenta la existencia de otros topónimos con los cuales puede ser comparado este topónimo almeriense en la misma zona y en una zona más amplia, cabe también una segunda posibilidad. Esta segunda posibilidad es un étimo totalmente latino VĒNA DŬLCE , «vena», «agua dulce». Ambos elementos son muy frecuentes y reflejan una imagen banal. Señalemos, por añadidura, el curso del Andarax en el municipio. La evolución fonética apenas existe, cosa que en el caso de la interpretación por el árabe no se da, pues no hallamos en el resultado castellano nunca el grupo consonántico [bd] que estaría en el antropónimo árabe. Las formas árabes citadas podrían ser, de esta manera, una reinterpretación por la lengua árabe del topónimo latino preexistente, algo que se da frecuentemente en la toponimia cuando una lengua se superpone a otra. La inexistencia en castellano de la variante con estas consonánticas podría indicar que en la pronunciación real local nunca hubo tal grupo, que sería solo una grafía etimologizante. La grafía con <H> entre dos <A> sería, como es la <X> final, puramente artificial, lo que ocurre en otros muchos casos.
Señalemos por último la existencia en la vecina provincia de Málaga de un caso de persistencia latina del mismo sustantivo VĒNA y un adjetivo, con reinterpretación después «a la árabe» (grafía <B>). Se trata del río Benamargosa y del municipio del mismo nombre. En el primer caso tenemos «agua dulce», en el segundo «agua amarga», como en tantos otros casos. Se trata ahora con seguridad de un hidrónimo con lo que la interpretación a partir del latín VĒNA en este caso parece segura.

2. 4. Pinna
Desde hace mucho tiempo los especialistas en etimología vienen comprobando que bastantes topónimos que empiezan por bena-, beni– y análogos no tienen origen árabe, sino latino, pues derivarían de pinna, peña. Explicaré esto más abajo, pero antes haré algunas consideraciones sobre la presencia de la palabra peña en la toponimia peninsular.
Peñas por todas partes
La gaditana Frasquita Larrea escribió en su Diario de 1823 refiriéndose al Benafí: «Es una peña altísima que está a la entrada del pueblo». Y Simón de Rojas Clemente anotó en su cuaderno de campo que había visto mucha cornicabra y lentiscos en las “peñas de Benafis”. Ambos describieron bien este accidente geográfico, pues la primera acepción que da para la voz peña el Diccionario de la RAE es «piedra grande sin labrar, según la produce la naturaleza», sinónimo de piedra y roca; pero la segunda es «monte o cerro peñascoso», sinónimo de peñón, risco, cerro o peñasco.
«Peña» era un término habitual en la toponimia antigua. Es lógico que fuera así, ya que los «montes o cerros peñascosos» eran lugares idóneos para refugiarse en caso de peligro o para construir edificaciones defensivas. Sin ir más lejos, en un mapa del siglo XVIII podemos encontrar en las proximidades de Ubrique el Peñón de Berrueco o la Peña del Sombrerero.

Hay muchos topónimos españoles que contienen la palabra peña, como Peñafiel (Valladolid), Peñarroya (Córdoba), Peñaranda (Burgos y Salamanca), Peñacerrada (Álava), Peñaflor (Sevilla), Peñaparda (Salamanca), Peñas de San Pedro (Albacete), Peñalba (Huesca y Ávila), Peñalver (Guadalajara), Penarrubia (Cantabria), Las Peñas de Riglos (Huesca), Fontecha de la Peña (Palencia), Peñahorada (Burgos), Peñacoba (Burgos), Peñalba de Duero (Valladolid) …
Casos menos evidentes pero también claros (según el Toponomasticon Hispaniæ) son Pinilla (Burgos, Soria, Valladolid, Madrid), Santalla de Pena (Orense), A Pena do Golpe (Lugo), Piña de Esgueva (Valladolid) o Puñuécar (Madrid). Y, según otros autores, también Penedés (Barcelona) o Penáguila (Alicante). Como se ve, en algunas ocasiones la geminada <nn> (palatal) pasó a la alveolar nasal <n>; Jesús Vázquez Obrador explica el proceso en su artículo Toponimia de Sobremonte (Huesca). IV: oronimia (Archivo de filología aragonesa, 48-49 (1992-1993), 173-206.

Pero a veces la toponimia engaña. Así, Peñíscola (Castellón) no deriva de peña. En realidad deriva de península, si bien la evolución de península a peñíscola se podría deber a un cruce con la palabra peña. En cambio, sí parecen estar vinculados a peña algunos topónimos que contienen la palabra pendón, que más o menos significaría peñón (G. J. Torres Quesada, J. A. López Cordero: Toponimia del término de Pegalajar a mediados del siglo XVIII, Sumuntán: anuario de estudios sobre Sierra Mágina, 34 (2016) 277-318).

Hay ciertas zona de España donde proliferan los topónimos de esta familia. Por ejemplo, Jesús J. M. García García encontró más de 350, entre actuales e históricos, en la comarca leonesa del Bierzo (León) (tesis doctoral, Universidad Complutense en 1983, publicada en 2015). Son ejemplos Peñalba de Santiago, Penalva, Penedelo, Peña Furada, La Peñota, Entrepeñas, La Penela… Hay algunos que están más cerca de la forma latina original, como Xano de Pennín, Pennede o Penna Otanera.
Peña y castillo
A veces se usó la palabra peña para indicar específicamente la que poseía un castillo en su cima o bien, por metonimia, para designar directamente al castillo. En su tesis sobre castillos de la Galicia Medieval, Carlos Lixó Gómez hace un cómputo de términos toponímicos de lugares que tenían castillo y encuentra que los más abundantes son castrum y castellum, pero el tercero es penna. Eso sí, el autor advierte de que «solo algunas de ellas hacen referencia a fortificaciones, mientras que otras muchas se refieren simplemente a una gran piedra natural» (O Xurdimento dos castelos na Galiza medieval, ss. VIII-XIII, Universidad de Santiago de Compostela, 2019).
Peña viene de pinna
En el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias (1611) se indicaba que la palabra peña procede del «nombre latín pinna, æ». Más tarde aceptó esta etimología el Diccionario de Autoridades (1726-1739) introduciendo una precisión geométrica: «Covarr. dice que se dixo del Latino Pinna, porque regularmente crece en forma pyramidal». Y el Diccionario actual confirma y completa la etimología: «Del lat. pinna ‘pluma’, ‘ala’, ‘almena'». (La grafía de nuestra letra ñ deriva del dígrafo ‹nn›; la virgulilla que lleva encima la ñ viene a representar la segunda n).
E. Nieto Ballester, en Toponomasticon Hispaniæ, hace un pormenorizado análisis de la voz pĭnna:
Es PĬNNA un término latino bien conocido, de historia especialmente compleja, particularmente en los romances hispánicos. El vocablo en latín designa, en principio, a la «pluma» con un significado, por tanto, parecido o igual al del sustantivo PLŬMA. De este significado de «pluma» se pasó después de forma natural al de «ala», sobre todo teniendo en cuenta que formalmente el vocablo es casi igual que el conocemos también para «ala», lat. PENNA, del cual, en última instancia, puede que sea variante local (lo que explicaría bien la geminada, pues parece que PENNA puede proceder de *pet-sn-a, siendo *pet– una raíz bien conocida con el significado de «volar»). A partir de este significado de «pluma» o «ala» su uso en lenguas técnicas especializadas ha permitido cambios semánticos grandes, para designar, en definitiva, todo objeto con una forma más o menos semejante a una pluma o a una ala, como una «aleta», un «ala de un timón» y también la almena de una muralla.
A partir de este significado de «almena de una muralla» es característico del conjunto de lenguas romances hispánicas la evolución común a «roquedo», «cerro», «peña» e incluso quizá «fortificación en alto». El que esté presente en igual medida, nos parece, en todos los romances hispánicos sin que se pueda afirmar que haya tenido lugar en uno extendiéndose a los demás, creemos que puede mostrar que el hecho es de «latín hispánico» (…). Como quiera que sea, con el significado de «·pluma» ha tenido amplia pervivencia en las lenguas romances, mientras que en las hispánicas el significado más usual ha sido el señalado de «peña», «roquedo», guardándose en gran medida PLŬMA y PENNA para el de «pluma», «ala»: port. gall. pena, cast. peña, arag. penna, cat. penya, it. penna, «pluma», log. pinna, «pluma», etc. (DicCat, s. v. penya, DCECH s. v. peña, etc). DELP s. v. pena señala tres voces, una primera con significado «pluma de ave», otra segunda con el significado «castigo, pesar» y una tercera con el significado de «rochedo». A ellas añade una cuarta forma penha que es, claramente, la voz castellana penetrada en este idioma, útil para evitar o aminorar la homonimia señalada.
Como no podía ser menos, hay discrepancias sobre el origen de la palabra peña, habiendo autores que consideran que es prerromano. En Toponimia y formas de relieve en el centro del valle del Ebro, de Salvador Mensua y María Jesús Ibáñez (Acta Geológica Hispánica 14 (1979) 576-579) se lee:
PENA. Variantes: peñaza, peñaltar, peñacaída, peñarredonda.
Etimología: varias opiniones. Para Frago (1976) procede de la raíz indoeuropea penna, que luego pasa a las lenguas célticas con el significado de piedra de gran tamaño. Para Corominas (1970) tiene su origen en el latín pinna que equivale a almena.
Significado: se aplica, en la mayoría de los casos, a los bordes de plataformas o márgenes escarpadas de glacis, donde afloran niveles litológicos resistentes que destacan sobre los taludes de rocas blandas. Se aplica también a colinas aisladas, incluso de yeso, pero con las características antes mencionadas. Es un buen indicativo de afloramientos rocosos.
Algunos «bena–» vienen de pinna
El filólogo paleohispanista José Antonio Correa Rodríguez, que fue catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla, aunque ahora ya está jubilado sigue interesado e investiga en uno de los campos de su especialidad, la etimología de topónimos. Me gusta consultarle porque siempre aprendo mucho de sus conocimientos. Hace algunos años le pregunté por la posible etimología de Benafí, y entre otras muchas consideraciones que me hizo, una fue absolutamente reveladora para mí:
tal vez el primer miembro de este topónimo (bena) no sea la castellanización del árabe banu sino la arabización del sustantivo latino pinna ‘almena’, del que procede el español peña y que, pienso, vendría muy bien para describir el lugar.
Posteriormente he leído bastante sobre este fenómeno etimológico, que es un hecho bien constatado. Creo que el primero que dio una prueba contundente fue Ramón Menéndez Pidal cuando notó que el topónimo Benicadell (una sierra entre Alicante y Valencia aparecía en el Poema del Cid como Peña Cadiella:
Sonando van sus nuevas, alent parte del mar andan;
alegre era el Çid e todas sus compañas,
que Dios le ayudara e fiziera esta arrancada.
Davan sus corredores e fazien las trasnochadas,
llegan a Gujera e llegan a Xátiva,
aun mas ayusso, a Denia la casa;
cabo del mar tierra de moros firme la quebranta.
Ganaron Peña Cadiella, las exidas e las entradas.
Quando el Çid Campeador ovo Peña Cadiella,
ma'les pesa en Xátiva e dentro en Gujera,
non es con recabdo el dolor de Valençia.
Según Frederic Jordà Crespo (Unes notes històriques sobre el Benicadell), en la Historia latina del Cid se lee Pennacatel, y en el Llibre dels fets (Crónica de Jaume I), Penacadell, también conocida como Penya Cadell. En el lugar había un castillo que reedificó el Cid. De acuerdo con Javier Terrado Pablo, esta denominación proviene de Pinna Catella, siendo catella un diminutivo de catena, es decir, cadena montañosa («Aportaciones del Onomasticon Cataloniae a la historia lingüística peninsular«, Alazet: revista de filología, n.º 8 (1996) 181-192). La fisonomía del pico de Benicadell no deja mucho lugar a dudas de que el topónimo corresponde a una peña, como se ve en la siguiente imagen:

Cuando los cristianos conquistaron el lugar que los musulmanes llevaban siglos llamando más o menos /benicadel/, reetimologizaron el topónimo pensando que el fragmento ben era el formante árabe que significa ‘descendientes de’.
El propio Javier Terrado da muchos casos similares de la regiones valenciana y balear:
La correspondencia PINNA = beni- está asegurada en otros topónimos bien estudiados por Corominas y Mascaró (…). En Menorca: Biniac, Biniarroca, Biniarroga, Biniparratx, Binisarraia. En Mallorca: Bini, Biniagolfa, Biniarroi, Binifarda, Benifela. En Ibiza: Beniformiga. En el continente: Benafigos, Benegall, Benacantil, Benadutx, Benavit, Benavites, Benasuai, Benibaire, Benicabra, Benitatxell, Benicapsell, Benicava, Benicavell, Benicuco, Beniéto, Benifurt, Benimantell, Benicambra, Benimaurell, Benipalla, Benitxarco.
Aitor Mahiques Bataller, en su Estudi de la distribució dels topònims amb l’element beni, que abarca topónimos de la región valenciana, explica así este fenómeno de evolución lingüística (traduzco del catalán):
Las palabras que incluían la forma pinna fueron deformadas después de la conquista musulmana, pues en lengua arábiga no existe el sonido de la oclusiva bilabial sorda y el sonido que más se le aproxima es el de la oclusiva bilabial sonora (p > b). Los conquistadores cristianos no repararon en este detalle y debieron de interpretar sistemáticamente a todos los benis como árabes.
No quiere decir que los árabes no supieran o pudieran pronunciar pinna. Pero como en su inventario fonético no existe el sonido /p/, los hablantes lo sustituían por /b/ y decían /binna/. Aún hoy día tienden a decir /Bakistán/ en vez de /Pakistán/. Es algo análogo a la tendencia de los hablantes de chino mandarín a sustituir el sonido /r/ vibrante del español (el de «perro» o «carro») por /l/.
Mahiques indica criterios para distinguir el beni árabe del beni que significa ‘peña’ (traduzco del catalán):
(…) por lo general no es complicado distinguir unos [beni] de otros porque aquellos de origen latino suelen dar nombres a montañas o a lugares elevados mientras que los árabes lo hacen para antiguos núcleos de población. Es decir, Benicadell o Benacantil hacen referencia a montañas mientras que Benialí o Benimuslem hacen referencia a poblaciones. Además, el segundo elemento del nombre también puede darnos una pista, ya que si hace referencia a una calidad del terreno o accidente geográfico nos encontraremos delante de un pinna, y si es un nombre propio, de un [nombre] árabe. Por ejemplo, en Benicull el elemento cull parece hacer referencia a collu o cuello, colina; y en Benicambra, cambra parece ser cámara o cavidad. (…).
Desgraciadamente esto no parece siempre tan claro y hay muchos nombres objeto de discusiones. Así, tenemos el caso de Benidorm, que podría significar bien Bani Durayhim (hijos de Durayhim) o Pinna Tormo (peña aislada), o el caso de Benicarló, que bien podría ser Bani Karlun (hijos de Karlun) o Pinna Castlo (peña del castillo).
Es más, debemos tener otro elemento en cuenta y es que no siempre el ibn/bani o el pinna han evolucionado en ben/beni. A veces la b se convirtió en v (Vinaroz, Vinalopó) y otras y por confusión, se le atribuyó otro origen (Vilafamés).
Este autor interpreta el posible significado de topónimos valencianos que podrían tener como base el latín pinna basándose en distintos autores. Así, Benavit < Pinna Vit, peña de la vid o de la parra; Benafigos < Pinna Ficus, peña de los higos o de la higuera; o Pinna Fictus, peña que hace de hito; Beniparrell < Pinna Parriella, peña de la parrita; Benifurt < Pinna Fortis, peña fuerte, en referencia a un castillo sobre la montaña; Benimaurell < Pinna Maurella, peña morena; Benimaura < Pinna Maura, peña morena; Benicolet < Pinna Collecti, peña donde se reunían las cosechas; Benacantil < Benna Laqanti, montaña de Alicante…
Un caso muy interesante de posible procedencia de pinna es el de Binifela (Mallorca). Santiago Pérez Orozco conjetura en su tesis doctoral (La Lengua de los baleáricos, UNED, 2015) que Binifela podría proceder del árabe banī Ḫillat, teniendo el segundo término el significado de amistad (sería un posible ejemplo de antropónimo abstracto), pero también admite la posibilidad de que provenga de penna fidele, es decir, ‘peñafiel’, como la Peñafiel de la provincia de Valladolid y tantos otros lugares de Península Ibérica que se llaman así.
En la Llista de topònims mallorquins precatalans de la Wikipedia se dice algo parecido (traduzco):
Binifela o ses Binifeles (Capdepera) podría estar relacionado con los continentales Penyafel (Penedès) y Peñafiel (Castilla), y entonces sería pĭnna fidēlis; o bien estar relacionado con el menorquín Binifaell, que proviene del árabe benī hajalī ‘hijos del adulador’.
Incluso el topónimo Benaocaz hay quien lo encuadra en la familia de los pinna. Por ejemplo, en Toponimia comparada, española e internacional, interpretable sobre raíces ibérica (2020), Gonzalo Mateo Sanz da este posible significado para el nombre de Benaocaz: «peñas de lo alto de la montaña (bena-oka-aiz)». Como se ve, sería un híbrido entre bena < pinna y supuestos formantes prerromanos, según la hipótesis de este autor.
Necesaria prudencia
Lo que tenemos que aprender de todo esto es que, aunque efectivamente gran cantidad de topónimos que empiezan por bena– son de origen genuinamente árabe, hay algunos que tienen explicación románica, sin que quepa ponerse ahora a desacreditar la etimología árabe de muchos de ellos. En este sentido, destacados filólogos arabistas como Álvaro Galmés de Fuentes («Sobre toponimia mozárabe balear«, Anaquel de Estudios Árabes, III (1992) 303-319) indican que es cierto que hay topónimos claramente descendientes de pinna, como Biniserralya (derivado de ‘serra’, ‘serralia’ o Binicalsitx (Menorca) (de pinna calcis ‘peña calcárea’), pero que esto no se puede tomar como norma general:
Otro caso de generalización abusiva es el de bini = peña. R. Menéndez Pidal, desde su primera edición del Poema del Cid, estableció una relación entre el topónimo actual de Benicadell y el Peña Cadiella del poema, puesto que su primer elemento, pronunciado como [benaJ por los árabes, era reinterpretado por los conquistadores como beni o bini, voz árabe que les era muy familiar y frecuente en la toponimia. Es algo parecido a lo que ocurre con el Benacantil, de Alicante, que corresponde a un tautológico Peñacantil originario. Ahora bien, los redactores de la obra que nos ocupa [se refiere a Corominas y Mascaró] dan, en el artículo de Benisarraia una lista de veinte nombres baleares y cuarenta y tres peninsulares, en los que suponen que su primer elemento, bini-, corresponde a latín pinna. Sin embargo, tratar de reducir a la fuerza tan gran número de topónimos con bini a peña lleva a establecer, a veces, complejas etimologías, que, en ocasiones, entrañan sorprendentes valores semánticos.
Especialmente interesante es topónimo Benafelí de Castellón (del que hablé más arriba) porque coincide con una de las variantes de nuestro Benafí. Pues bien, J. Bernat y F. Guardiola, en «Toponímia del reg d’Almassora al 1790» (Societat d’Onomàstica: butlletí interior, 108-109 (2008), 37-66) creen que es puramente árabe (traduzco):
Benafelí es otra huella arábiga en nuestro término. Ben ‘hijo’ y su plural beni ‘hijos’ ha bautizado a muchos pueblos de nuestra región, Benicàssim p. e. Sin embargo, a veces se trata de una raíz que hay que relacionar con el latín penna como en el caso de Benafigos. Sin embargo, nuestro topónimo [se refiera a Benafelí] sí se origina en el árabe y su significación solo encuentra dudas entre si se trata de Iben al Felah ‘el hijo del agricultor’ o si ha habido una contracción de Beni-al-Falahin ‘los hijos de los agricultores’, tal y como menciona el maestro Corominas.
2.5. Félix
La posibilidad de que Benafí provenga de una forma antigua que contuviera las palabras félix, feliz o similares no se puede dejar de tener en cuenta, ya que en 1796 los eruditos sevillanos Cid y Santaella dijeron a Masdeu que las ruinas romanas de Ubrique se encontraban en «una sierra que conocieron los antiguos con el nombre de Vena-felix”.
Desde luego, el nombre propio Félix aparece en la toponimia española. Sobre este étimo dice E. Nieto Ballester en Toponomasticon Hispaniæ:
El adjetivo latino FĒLĪX, gen. FĒLĪCĬS, que ya fue empleado como antropónimo en esta lengua, siguió siendo utilizado ampliamente en las lenguas romances en dicho uso. La documentación románica hispánica muestra innumerables casos del empleo de la forma del nominativo FĒLĪX (formas así con grafías muy distintas del tipo Felix, Feles, Fels en la zona catalana, Fiz en la zona gallego-portuguesa) y de la forma del acusativo FĒLĪCE (con pérdida de /m/ y grafias como Felice, Felize, Felizi, etc.), e incluso del genitivo FĒLĪCĬS, con formas del tipo Felicis, Felices, gall. Feces, etc.. Esta última forma debe de entender probablemente a partir de su uso como hagiónimo en expresiones como ec(c)lesia santi Felicis, «iglesia de San Félix». Hay otros ejemplos de genitivos como origen de antropónimos romances (para mayores detalles y un amplio número de ejemplos de este antropónimo y de sus derivados tales como FĒLĪCIA, FĒLĪCIĀNUS, FĒLĪCISSIMUS (…). En principio la vocal /i/ del sufijo es larga en todos los casos, pero la onomástica hispánica al menos muestra formas aparentemente procedentes de FĒLĬX, como cast. Élez.
Un ejemplo de esta etimología podría ser el de la localidad de Castelldefels. Según explica Mar Batlle Gutiérrez en Toponomasticon Hispaniæ (traduzco del catalán):
El nombre corresponde a la grafía aglutinada de castell de Fels. Es, pues, una forma compuesta de castell (del latín CASTĔLLU) y un segundo elemento que corresponde al nombre del propietario o señor del castillo, Félix, proveniente del genitivo latíno FĒLĪCĬS (‘de Félix’).
Sin embargo, en las distintas referencias documentales del topónimo, que son muchas, solo hay dos en la que aparezca literalmente la palabra Félix: «Kastrum Felix» (967) y «Castrum quod dicitur Felix» (987). Otras son: «Chastello de Fels» (1024), «Castro de Fels» (1254), «Castro Fidelium» (1254), «Castel de Felchs» (1316) y «Castell de Felchs» (1393).
La Wikipedia (15/3/2025) aventura:
Hacia finales del siglo IX, durante el gobierno de Wifredo el Velloso o quizás ya en el de su hijo el conde Wifredo II, uno de sus hombres o vicarios de la frontera, posiblemente un tal Félix, con el fin de consolidar el dominio efectivo del futuro Castelldefels, erigió el primitivo castillo, el castrum Felix (…). Posiblemente el nombre proviene del nombre de persona Félix, quien sería el primero que aprisionó y fortificó el lugar, bajo la autoridad del condado de Barcelona. El nombre de Félix, en la Edad Media, fue utilizado popularmente como Feles (Fels en Cataluña).
Pero también advierte:
Tenemos testimonios del nombre utilizado para denominar a Castelldefels durante la época medieval, pero los nombres que aparecen en los diferentes documentos experimentaban mucha variabilidad dado que se trata de topónimos de transmisión oral que el eclesiástico o notario de turno trataba de reflejar en latín. (…)
Esta última apreciación es muy importante, ya que efectivamente mucha etimología espuria puede proceder del prurito «cultista» de algunos amanuenses.
Otros elementos de esta familia son claramente hagiotopónimos, como los derivados de Feliu (del acusativo FĒLĪCE) Sant Feliu (de Llobregat, de Guíxols, de Pallerols, de Buixalleu, de Codines, Sasserra) o Sant Feliuet de Terrassola. Existe también una Torre del Feliu (Lérida). Otros derivan de Fèlix (del nominativo FĒLĪX), como cal Fèlix (en el Baix Pallars, en Soriguera, en Querol, en Argençola, etc.).
La abundancia de topónimos que llevan este nombre en el ámbito catalán quizá se pueda justificar porque exitió el santo Félix de Gerona (según la Wikipedia también Felio, Feliu o Felice, el Africano), un mártir que al parecer murió durante la última persecución de Diocleciano contra los cristianos, en el año 304. Otros santos antiguos del mismo nombre fueron los de Alcalá (ca. 830-853), mártir; Nola (siglo III); Como (siglo IV), obispo; Domnoc (f. 646), obispo; la Campania (f. 285), mártir; Milán (f. 303), mártir; Roma (siglos III y IV), mártir; Spoleto (f. 299), mártir; Tibiuca (f. 303), obispo y mártir; Toniza (siglo IV), mártir. Festividad: 6 de noviembre; San Félix de Valois (1127-1212), fundador; el obispo de Bolonia (f. 432) o los papas San Félix I (f. 274), III (f. 492) y IV (f. 530). Es decir, Félix han existido muchos para homenajearlos con el nombre de una localidad, aunque dentro de Cataluña el más probable que fuera elegido es el de Gerona.
Fuera de Cataluña, Toponomasticon Hispaniæ recoge los siguientes topónimos como posiblemente relacionados con el nombre Félix (santo o no): Vilafiz (Lugo), Feces de Abaixo (Orense), Sanfins de Ferreira (Portugal), Saelices el Chico (Salamanca), Aldealices (Soria), Tordueles (Burgos), Quintanaélez (Burgos), San Fiz do Seo (León), Saelices de la Sal (Guadalajara) o Blascoeles (Ávila).
Concretamente, el origen de Vilafiz como «compuesto de vila e fiz < FĒLĪCE, genitivo del nome de posesor de origen latino Felix, ‘vila de Fiz'» estaría probado por la existencia de las expresiones «Sanctam Mariam de Uilla Felici» (año 897 y 1078) y «uilla Purtimilios et uilla Plana, uilla Feliz, uilla Leocadi» (971).
Otro topónimo interesante es Llana de Peñafeliz (Burgos), que se menciona en un documento del siglo XIII (Eduardo Rojo Díez: Oña y el alfoz de Petralata en la Edad Media: Nuevas aportaciones. En Arqueologia medieval: la ciutat, 2014, 199-227).
3. Discusión
Como hemos visto en el apartado de testimonios, el topónimo Benafí de Ubrique presenta a lo largo de la historia multitud de variantes, pero se pueden agrupar en dos «estirpes», la de Aznalfiz, con un solo miembro conocido, y la muy prolífica de Benalfiz/Benalfís (Benafí, Benalfí, Benafelis…).
No se le puede dar la misma consideración a todas, ya que sus circunstancias son muy diversas. Algunas aparecen rara vez (Benafil, Vena-felix), otras son claramente preferidas por el habla viva (Benafí, Benafín), hay una que parece impostada, máxime cuando ni siquiera se tiene clara su prosodia (Benafelix/Benafélix), otra que se extinguió (Aznalfí). Una gozó de preeminencia simplemente porque la eligió un autor de fama (Benalfí), aparentemente a partir de otra que se repite en los escritos (Benalfís)… Trataré de discutirlas todas.
Aznalfiz y Benalfiz coexistirían en 1501
Me parece razonable suponer que, al llegar los colonos cristianos para repoblar Ubique en 1501, el topónimo coexistiera en las dos formas conocidas. Es claro que existía Aznalfiz (más precisamente Haznalfyz), pues aparece en los libros de Repartimientos. Pero al mismo tiempo debería estar en uso la forma Benalfiz/Benalfís (se pueden considerar equivalentes porque en la época era habitual la vacilación s/z, aunque podríamos quedarnos con Benalfiz por analogía con Aznalfiz).
Si pienso que ambas denominaciones coexistirían es porque me parece inverosímil que los cristianos decidieran sustituir la palabra andalusí Aznalfíz por un neologismo de indudable sabor árabe: Benalfiz. Puestos a producir una nueva palabra para designar el cerro al norte de Ubrique, lo lógico es que hubiera empleado la lengua castellana (de hecho, es probable que también crearan una denominación castellana en aquella época, pues el nombre Salto de la Mora es muy antiguo, ya que consta documentalmente al menos de principios del siglo XVIII).

El dúo Aznalfiz / Benalfiz se me antoja como una cabeza bifronte o como las dos caras de una moneda. Entiendo que los últimos mudéjares de la zona (cuyos nombres y apellidos se conocen) llamarían al lugar indistintamente Aznalfiz y Benalfiz antes de que llegaran los cristianos repobladores. Sería como si en aquella época la moneda estuviera girando en el aire. Pero poco después caería al suelo con la cara Aznalfiz hacia abajo. En cambio, la cara Benalfiz quedó expuesta, y por ello sometida a la intemperie del uso, lo que explica sus transformaciones.
(Algo parecido podríamos pensar de la posible pareja Iznaocaz / Benaocaz).
¿Qué significaría alfiz?
Ambas palabras, Aznalfiz y Benalfiz, se diferencian en el formante que actúa de prefijo (azn–, ben–) pero tienen en común en el que hace de sufijo: –alfiz.
Ya hemos visto que el étimo azn procede de la palabra árabe ḥiṣn, que significa castillo, fortaleza… Que en tiempos de los árabes el antiguo oppidum prerromano y romano de Ocur pudiera aprovecharse como fuerte no creo que sea dudable. Todavía actualmente vemos allí los restos de lo que fue un recinto amurallado que debió de ser útil a los habitantes del lugar durante miles de años.

En cuanto a ben, recordemos que puede significar tanto ‘los de’ como ‘peña’. Es decir, el topónimo podría significar, por ejemplo, «Fuerte de Alfiz», «Hijos de al-Fiz», «Peña del Alfiz»… Pero, ¿qué significaría alfiz?
Antes de considerarlo, quiero dejar claro que la intención principal de este artículo no es encontrar un significado a esa palabra, sino valorar para mi propia satisfacción intelectual y la de quien tenga interés en el asunto hasta qué punto la denominación que se le dio hace años al colegio próximo (Benafelix/Benafélix) podría ser plausible. Mis conocimientos de etimología son muy superficiales, los de árabe virtualmente nulos y los que adquirí antaño de latín yacen en un oscuro rincón de mi memoria.
Francisco Siles Guerrero propuso que alfiz podría proceder del árabe al-Fās mediante el fenómeno evolutivo conocido como imela, que consiste en la transformación de [ā] en [ē] o [ī]). Su significado sería «el azadón».
El Diccionario de la RAE define azadón como un «instrumento que se distingue de la azada en que la pala, cuadrangular, es algo curva y más larga que ancha, y que sirve para rozar y romper tierras duras, cortar raíces delgadas y otros usos análogos». (No traslado la definición de azada de la RAE porque es poco comprensible). Sin embargo, hay quien entiende otra cosa por azadón. Para el Museo Arqueológico de Alicante, es una «herramienta de doble cara con dos filos opuestos, uno vertical y otro horizontal. En su parte central presenta una perforación circular para insertar un mango de madera», según se lee en su página de Internet. Y a continuación dice algo que da respaldo a la traducción propuesta por Siles: la existencia de una herramienta de la agricultura tradicional valenciana llamado fes.

Ahora bien, quizá esta hipótesis del azadón en principio podría resultar atípica. Más arriba recogí distintas traducciones propuestas para otros topónimos de la serie azn/izn: el castillo del palacio (Aznalcázar), el castillo de los almendros (Iznalloz), el castillo del mortero (Iznatoraf), el castillo de la cumbre (Aznalcóllar), el castillo almenado (Iznájar) o el castillo de vigilancia (Aznalmara). Independientemente de que estos significados sean acertados, los veo verosímiles. Es decir, puedo concebir que un castillo fuera conocido por los habitantes de los contornos por poseer en su interior un palacio, por tener plantados dentro o cerca unos bonitos almendros, por estar constrido con mortero, por sus atractivas almenas, por estar situado en una cumbre bien visible o por tener una ubicación idónea para vigilar un paso. Pero creo que cuesta más entender que un instrumento de labranza tan humilde y común como un azadón sirva para diferenciar un castillo de otro. ¿No guardarían todos los castillos decenas de azadones para cultivar las tierras?
Que me parezca peculiar que un azadón pueda dar nombre a un castillo no significa ni mucho menos que me niegue a aceptarlo. Se me ocurren muchas raones por las que un azadón podría haberse convertido en elemento distintivo. Por ejemplo, que el castillo ostentase en su puerta un azadón de oro como símbolo de algo. O que se hubiese producido en él un homicidio célebre usándose como arma un azadón. O que vivieran en él campesinos, los cuales, por trabajar con azadones, fuesen llamados metonímicamente así (como se llamaba plumillas a los periodistas antiguos, pluma a un buena escritora, espada a un torero o corneta, tambor o batería a quienes tocan estos instrumentos).
También podría deberse a que el castillo o su recinto amurallado tuvieran forma de azadón. O que la peña sobre la que se asienta el castillo tenga esa forma… Cerca de Ubrique tenemos el ejemplo de la sierra de La Silla, que recibe ese nombre (entiendo) por su extraordinaria semejanza con una silla de montar, con sus dos borrenes y sus dos faldones. Quien haya subido al pico del Adrión (uno de los «borrenes») puede atestiguarlo. Ese nombre, por cierto, lo tiene esa sierra desde hace al menos 500 años, pues aparece en los libros de Repartimientos que Francisco Siles trasladó en su tesis.

La pareidolia, que es la tendencia del cerebro a buscar patrones familiares en nubes, montañas, manchas o incluso en la textura de una pared, tiene su importancia en toponimia. Por ejemplo, el cerro antequerano que desde al menos el siglo XVI se ha denominado peña de los Enamorados, de un tiempo a esta parte se está denominando el Indido de Antequera porque su perfil evoca el de la cabeza de un indio acostado.

A propósito de la influencia de la pareidolia en toponimia, la hipótesis de que el topónimo original pudo ser Benalfil, significando alfil ‘elefante’, podría consierarse si fuera posible la evolución alfil > alfiz, pero aún así se me antojan poco plausibles expresiones como ‘hijos del elefante’ (a menos que fuera un sobrenombre de alguien) o ‘castillo del elefante’.
Se ha sugerido en favor de esta etimología que la sierra de Benafí tiene la forma de un elefante vista desde Ubrique. Suponiendo que así fuera, ¿la gente de la Edad Media del sur de España conocería generalizadamente cómo es un elefante? Incluso si lo supieran unos pocos y crearan la denominación ‘sierra del elefante’, ¿iba a tener éxito este nombre en una población cuyos habitantes, en su gran mayoría, no habían visto nunca uno? Sería como si en la actualidad la gente de un lugar aceptara llamar a un cerro ‘sierra del Ornitorrinco’ porque alguien diga que su perfil se parece al de este animal, aunque nadie más lo conozca.
Como dije antes, no es mi intención proponer con rigor científico un significado del topónimo, ya que no tengo formación suficiente para ello. Ahora bien, sí que he buscado posibilidades por mero entretenimiento.
Aplicando el principio de parsimonia de Ockham, la más sencilla que se me ocurre es que Aznalfiz signifique precisamente eso, ‘castillo del alfiz’. Porque la palabra alfiz existe. Según el Diccionario de la RAE, un alfiz es el «recuadro del arco árabe, que envuelve las albanegas y arranca bien desde las impostas, bien desde el suelo». El siguiente dibujo, que tomo de la página Documentos mudéjares, ayuda a entender la definición:

El Diccionario sugiere su etimología: «Quizá del árabe hispánico *alḥíz, este de alḥáyyiz, y este del árabe clásico ḥayyiz«. El Diccionario histórico de la Lengua Española, 1960-1966 proponía otra: «Del árabe al-ifrīz ‘el ornamento arquitectónico'».
Sea como fuere, el alfiz se suele aprovechar para otorgar un atractivo especial e incluso diferenciador al edificio que cuenta con él. Un alfiz espectacular es este de la Mezquita de Córdoba:

Los alfices a veces se epigrafiaban con textos coránicos como «El poder es de Dios», «La gloria pertenece a Dios», «La eternidad pertenece a Dios» o «Alabado sea Dios único» (Basilio Pavón Maldonado: Tratado de arquitectura hispanomusulmana (tomo III) de CSIC, 1990).
¿No podría contar la fortificación ubriqueña o algún edificio dentro de ella con un alfiz que maravillara a cuantos lo vieran y de ahí surgiera el nombre Aznalfiz, ‘castillo del alfiz’?
Necesidad de compatibilidad azn–ben
Como tenemos la suerte de que el lugar del que estamos hablando tiene dos nombres, cualquier hipótesis que se formule para el significado de Aznalfiz debería ser compatible con el significado de Benalfiz, y viceversa.
Por ejemplo, si proponemos que Aznalfiz significara ‘castillo del azadón’, Benalfiz debería entenderse como ‘los descendientes del azadón’ o bien, más en general, ‘los del azadón’. También podría ser ‘peña de los azadones’. Existiría coherencia si azadón se refiriera metonímicamente a una persona (o a un colectivo, el de los labradores). Sería como si dijéramos ‘el castillo del corneta’ y los ‘descendientes del corneta’ (o la ‘peña del corneta’) Pero no habría coherencia si azadón se refiriera al instrumento de trabajo, ya que los objetos no tienen hijos. (Más aceptable sería ‘peña del azadón’).
Un reparo análogo se le podría hacer a la hipótesis de que el alfiz de Aznalfiz y Benalfiz se refiriera al elemento arquitectónico; tendría todo el sentido ‘castillo del alfiz’, pero ninguno ‘hijos del alfiz’. Sí tendría más lógica en el caso de que Benalfiz fuese un topónimo híbrido del latín pinna y el árabe alfiz, ya que, si el cerro tuviese en su cima un castillo cuya puerta (o alguna puerta interior) contara con un extraordinario alfiz, ese elemento arquitectónico tan atractivo sí que podría dar nombre al cerro. José Antonio Correa me dijo que él se inclina por esta posibilidad.
Al-Hafiz
Otra vía sería buscarle al segundo componente un nombre de persona o tribu en vez de relacionarlo con un objeto como un azadón o un alfiz arquitectónico.
Buscando en Internet apellido parecidos a la palabra alfiz encuentro que existen Al-Afiz y Al-Hafiz (en páginas españolas, a veces con tilde: Háfiz). Lo que no sé es si serían posibles estas evoluciones (escribo las palabras sin las posibles tildes):
Azn al-Afiz o Azn al-Hafiz > Aznalfiz
Ben al-Afiz o Ben al-Hafiz > Benalfiz
En cualquier caso, me gustaría detenerme un poco en la palabra hafiz porque no solo es importante en árabe, sino que hasta ha llegado al español actual. El Diccionario de la RAE dice:
hafiz: Guarda, veedor, conservador
Del árabe hispánico ḥáfiẓ, y este del árabe clásico ḥāfiẓ.
Nótese que, aunque en nuestra lengua actual hafiz es una palabra aguda, en árabe hispánico era llana. Además, la hache de ḥáfiẓ era fuertemente aspirada, rasgo que se ha perdido. Entiendo que ambos hechos habría que tenerlos muy en cuenta a la hora de dictaminar si puede haber sido posible una transformación del tipo Azn al-Hafiz > Aznalfiz.
La Wikipedia dice esto sobre la palabra:
Hafiz o Jafiz (del árabe حافظ ḥāfiẓ) es, en el islam, la persona que conoce de memoria el texto del Corán. (…) Las palabras hafiz y hafiza (con las variantes de pronunciación hafid, hafed, hafez, jafiz en castellano, etc.) se han convertido también en nombres propios de hombre y mujer, respectivamente, usados en todo el mundo islámico
Para más dificultad a la hora de estudiar su uso en toponimia, en realidad existen dos vocablos muy parecidos. Así lo explica Elías Terés Sádaba en «Antroponimia hispanoárabe. (Reflejada por las fuentes latino-romances)» (Anaquel de Estudios Árabes, 1, 129):

(Me parece que las posiciones de las palabras «participio» y «adjetivo» están invertidas; HG es el código de una referencia bibliográfica).
Si observamos la transformación que según el Diccionario de la RAE dio lugar a la palabra alfiz (el elemento de los arcos árabes): alfiz < *alḥíz, vemos que la hache aspirada (ḥ) se ha convertido en /f/. Me pregunto, entonces, si, siguiendo ese modelo, no podría ḥáfiẓ convertirse en fáfiẓ, de modo que Azn al-Ḥáfiẓ > Azn al-Fáfiẓ y de ahí Aznalfiz por síncopa. Si esta última transformación la impidiera la prosodia de ḥáfiẓ, podríamos considerar el mismo proceso con ḥafiẓ (el adjetivo, en el que la vocal tónica creo que es la i): Azn al-Ḥafiẓ > Azn al-Fafiẓ > Aznalfiz.
El cambio de prosodia creo que se ha dado en más de una ocasión. Por ejemplo, ahí tenemos la propia palabra andalusí ḥáfiẓ (llana), que en español de hoy pronunciamos /hafiz/ (aguda). Se me ocurre también almazara (llana), que en árabe clásico creo que es معصرة, pronunciado /másara/ (esdrújula). Modernamente hay casos de ambigüedad como bereber/beréber, cenit/cénit, olimpiada/olimpíada o Rumania/Rumanía.
Así que, si estas conjeturas son válidas, Aznalfiz podría significar ‘castillo del hafiz’ y Benalfiz ‘los hijos del hafiz’, pudiendo ser el hafiz una persona (un conocedor del Corán, un vigilante, un inspector…) o bien referirse a Alá, ya que este es uno de sus nombres o atributos (el guarda, el veedor, el conservador).
Los hafices eran muy respetados, pues poca gente era capaz de memorizar las 77 797 palabras del Corán. Francisco Franco Sánchez, en «Los mudéjares, según la riḥla de Aṣ-Ṣabbāḥ (m. después 895/1490)» (Sharq Al-Andalus: Estudios mudéjares y moriscos 12 (1995) 375-391) cuenta estos rasgos biográficos del hafiz Ibn Aṣ-Ṣabbāḥ:
Lo primero que sabemos de él es que había habitado en la ciudad de Almería, habiendo establecido allí su residencia hasta después de ser tomada por Fernando de Aragón en el año 895/1490. Sabemos también que fue un ḥāfiẓ, diciéndonos él mismo que memorizó el Alcorán durante una estancia en La Meca que duró un año completo; por ello, llegado el caso, emplea con profusión el Alcorán y los hadices en su obra.
Era fundamental la existencia de hafices en sociedades en las que no se tenía fácil disponibilidad de coranes escritos. El hafiz, aprendiendo el Corán de memoria, preservaba la palabra de Dios y la entregaba a las siguientes generaciones.

El historiador andalusí Ibrāhīm ibn Ṣāḥib al-Ṣalāt (1130–1198), en su libro Al-Mann biʾl-imāma menciona a gran número de hafices, muchos de los cuales al mismo tiempo eran jeques. El editor de la versión que he enlazado, Ambrosio Huici Miranda, explica en una nota al pie que en tiempo de los almohades (siglos XII y XIII) el hafiz tenía también la función de conservador de los preceptos islámicos:

Para que se entienda cómo era la figura de un hafiz almohade reproduzco este párrafo del Al-Mann biʾl-imāma dedicado a uno de ellos:

Como cité antes, Hafiz y Hafiza se han convertido en nombres de persona en todo el mundo árabe. Por ejemplo, según la Wikipedia, el nombre Abd al-Hafiz es muy común (traduzco del inglés):
‘Abd al-Ḥafīẓ (romanización ALA-LC del árabe: عبد الحفيظ) es un nombre masculino musulmán, y en el uso moderno, apellido. Se forma a partir de las palabras árabes ‘abd y al-Ḥafīẓ, uno de los nombres de Dios en el Corán, que dan origen a los nombres teofóricos musulmanes. Significa «siervo del Guardián» o «siervo del preservador».
El artículo de la Wikipedia lista a continuación un buen número de personajes con este apellido/nombre o derivados, en muchos casos transliterados al inglés sustituyendo la i por ee: Abdul Hafiz Mohamed Barakatullah, Abu Ahmad Abdul Hafiz, Abdul Hafeez, Osman Abdel Hafeez, Abdul Hafeez Kardar, Abdelhafid Boussouf, Yasser Abdel Hafez, Abd-al-Hafid Mahmud al-Zulaytini…


El decimoprimer califa fatimí se llamaba Al-Háfiz (1130-1149). Otro personaje histórico es Abd al-Hafid de Marruecos, miembro de la dinastía alauí, que fue el sultán del país vecino a principios del siglo pasado. Otro que tenía este apellido era el político y militar sirio Amin al-Hafiz. Existe también la variante Al-Hafis, como se puede comprobar en Internet.
Menos corriente que Al-Hafiz es Al-Afiz. Por ejemplo, lleva ese apellido Mohammad Al Afiz Yahya, político de Malasia.
Por otra parte, también se puede encontrar el nombre de persona Ben Hafiz. En el periódico estadounidense San Francisco Call del 25 de marzo de 1894 se publicó un artículo con el título «Ben Hafiz el muecín» (el muecín es el que convoca a la oración):


Existe también un libro llamado Las meditaciones de Ali Ben Háfiz, de Lee Roy J. Tappan (1902).
El enigmático «Félix» y el «feliz» improbable
Siempre me llamó la atención la afirmación que hicieron los eruditos sevillanos Cid y Santaella en 1796: «una sierra que conocieron los antiguos con el nombre de Vena-felix”. Fue la primera vez que apareció la palabra «felix» en esta historia etimológica. ¿De dónde la sacarían esos señores?
Poco más tarde (1805), el presbítero Simón de Zamora proponía una forma semejante, Benafelis. Mateo Francisco de Rivas escribió Benafeliz (1804), y también lo hizo así en 1809 Simón de Rojas Clamente: «Benafeliz o (por síncopa) Benafiz«. No puedo dejar de tener en cuenta que el padre, asturiano, de un amigo mío decía Benafeliz. ¿Por qué tendría esa «querencia», si el resto de la familia, ubriqueña, decía Benafín? Ya en nuestros días, Luis Iglesias mencionó en su tesis las nuevas variantes Benaflí y Benaflix, aunque no vi ninguna explicación sobre su procedencia.
Una manera de explicar la presencia del segmento feli en nuestro topónimo podría ser seguir el modelo de Corominas para el Benafelí castellonense, derivado, según él (y la hipótesis está bastante aceptada) de Ben al-fallāḥīn ‘hijos de los campesinos’. Ahora bien, hay que tener en cuenta que salvo contadísimas excepciones (Luis Iglesias en su tesis y Simón de Rojas Clemente), el topónimo de Ubrique no aparece como Benafeli/Benafelí, sino con una consonante añadida al final, que a veces es la s, otras la z y modernamente la x. No sé si de Ben al-fallāḥīn podrían derivar fácilmente Benafelis, Benafeliz o Benafelix.
Una posibilidad es que estas variantes que incluyen el segmento feli procedan del adjetivo latino fēlīx (de donde viene directamente el antropónimo Félix) o de su genitivo fēlīcĭs, como explica E. Nieto Ballester en Toponomasticon Hispaniæ. El autor comenta que en la zona galaico-portuguesa el étimo evolucionó a Fiz (como en Vilafiz). ¿Pudo haber sucedido lo mismo en nuestros lares? José Antonio Correa me dijo que no vale la pena intentar una explicación de felix > fiz; «no existe en el romance andalusí la pérdida de l intervocálica». Por eso opina que «esta variante del topónimo no deja de ser inventada, aunque haya tenido después un cierto éxito».

Supongamos que sí. En ese caso, una hipótesis plausible podría ser que antes de la llegada de los árabes existiera en la zona un señor feudal o un tenente suyo que poseyera el fuerte del cerro que hoy llamamos Benafí, antiguo oppidum prerromano y romano. Digamos que, por esa razón, al lugar se le llamaba Pinna Felicis (Peña de Félix) o similar. Si aceptamos un modelo de evolución como el gallego, quizá pudo convertirse en Pinnafiz o Pennafiz. Al llegar los árabes, como no pronunciaban la /p/, dirían /benafiz/.
La posibilidad de que bena signifique en este caso ‘hijos de’ parece extraña, ya que estaríamos ante una palabra de etimología híbrida: bena (árabe ) + Félix (romance). No obstante, no es imposible, pues existen topónimos híbridos árabe + romance.
Independientemente de eso, si de Benafiz pudo pasar a Ben al-Fiz, no lo sé. Pero si este paso evolutivo se dio, quizá los andalusíes crearon a partir de ahí un nuevo nombre, Aznalfiz, para referirse específicamente a la fortaleza, no a la peña y el manantial. Debo confesar que no estoy nada entusiasmado con la hipótesis, pero con mis escasos conocimientos etimológicos no se me ocurre otra manera de darle al supuesto señor Félix vela en este entierro.
En cuando a la afirmación de Tofua a finales del siglo XIX de que «gente morisca» denominó al manantial Vena feliz por tener agua abundante y cristalina, me cuesta mucho creerlo. Primero, porque la afirmación es infundada; segundo, porque la denominación es romance, no árabe; y tercero, porque no creo que los antiguos tuvieran tiempo para dar nombres poéticos a los elementos del paisaje de los que dependía su vida. Puedo comprender que de una vena de agua dijeran que era dulce (como en Benahadux, según defienden algunos) o amarga (como en Benamargosa), porque esas propiedades eran fundamentales para establecerse cerca de ella o no. Pero no me parece verosímil que calificaran a una fuente de «feliz».
A pesar de eso, como dije más arriba, la forma Benafeliz tiene gran éxito en las publicaciones sobre hidrología. Creo que se debe al sometimiento al principio de autoridad o simplemente a la imitación sin criterio. Alguien escribiría Benafeliz para denominar al manantial y muchos de los que beben de esa fuente (nunca mejor dicho) usan la misma denominación. En realidad, es un proceder bastante disculpable para autores que no son de Ubrique porque es imposible comprobar todo lo que se escribe.

Por qué se impondría Benalfiz a Aznalfiz
La pérdida del topónimo Aznalfiz cuando los cristianos repobladores llegaron a Ubrique creo que no es difícil de explicar. En tiempos de los andalusíes la fortaleza sería fundamental para salvaguardar la vida. Por eso tenía un nombre específico. Pero cuando llegaron los cristianos, la fortificación allí existente dejaría de tener valor porque se vislumbraba un panorama sin guerras. Quizá prefirieron llamar a todo el conjunto (peña, fortaleza sobre ella, manantial al pie) Benalfiz porque sería una denominación más abarcadora (y más fácil de pronunciar, por cierto).
Cómo se pudo llegar de «Benalfiz» a «Benafí»
Como he dicho en varias ocasiones, la forma del topónimo empleada mayoritariamente por el habla viva de Ubrique es Benafí. Si en el año 1501 era Benalfiz o Benalfís, creo que no sería difícil entender la evolución.
Para empezar, como dije más arriba, que el topónimo termine en s o en z me parece irrelevante. La vacilación s/z es habitual en toponimia y también en antroponimia (en Ubrique tenemos dos apellidos que lo demuestran: Virués/Viruez y Vilches/Vílchez). Llamamos /puerto gali/ a un cruce de carreteras en el que hasta no hace mucho había dos carteles indicadores; en uno se leía Puerto de Galis y en el otro Puerto de Gáliz. Ahora se ha quedado en Gáliz, pero en un mapa de 1729 aparece como Galis.


La pérdida de la consonante final (s o z) en el habla no es nada sorprendente porque es lo habitual en andaluz.
Tampoco me parece imposible la pérdida de la /l/ (Benalfiz > Benafiz) porque he visto que ha sucedido en otros casos. Por ejemplo, me parece que la ele de al cayó en el paso Ben al-fallāḥīn > Benafelí. También creo apreciar que hay casos en que hay vacilación entre usar o no usar la ele. Así, existe el topónimo Benaguacil (Valencia) y el topónimo Benalguaciles (despoblado de Almería). Aitor Mahiques Bataller, en su estudio citado más arriba informa de la existencia en la región valenciana de un Benalguazir y de un Benaguasil que también aparece como Benalgazir, Benaguazir, Benaguaceir, Benaguatzir, proponiendo como posible origen Ibn al-Wazir.
Según la RAE, la palabra española actual alguacil deriva del árabe hispánico alwazír, y esta del árabe clásico wazīr. Quizá, entonces, las dos variantes de ese topónimo podrían explicarse por la posibilidad que tuvieron los hablantes de «escoger» entre una forma más culta y otra más vulgar.
Otro caso de vacilación con el uso de la /l/ traído por este autor podría ser el de Benafaig/Benalfaig, posiblemente derivado de Ben al-Hagg ‘hijos del peregrino’, según Cormminas).
¿No sería lo mejor quedarnos con «Benafí»?
Los seres humanos ponemos nombres a las cosas. Es una tarea sumamente práctica, imprescindible. A algunos también nos gusta averiguar los nombres que tenían las cosas antiguas, como las poblaciones o los lugares del paisaje. Para lograrlo, hay quienes proceden arduamente siguiendo métodos científicos. Y hay quienes prefieren quedarse con el primer nombre que opinan que es el correcto y llegar a creérselo.
El topónimo que he tratado es muy antiguo, de origen árabe casi seguro y tiene muchas variantes, lo que dificulta encontrar una forma que demos por suficientemente prístina. La forma Aznalfiz es bastante plausible, pero no es la que nos interesa aquí, sino la que dio lugar a «Benafí». No obstante, podríamos quedarnos con Benalfís o Benalfiz, siendo, a mi modo de ver, preferible la segunda simplemente porque existe el modelo Aznalfiz.
Ahora bien, una opción alternativa es quedarnos con el nombre popular. Ya lo decía Frasquita Larrea: «El pueblo lo llama Venafi«. Además, el militar Serrano Valdenebro, que vino a Ubrique a jugarse la vida y no a ocuparse en disquisiciones filológicas, escribió Benafí, y eso revela que así es como lo oiría a los guerrilleros de Ubrique. Un tercer testimonio fundamental lo dio la Real Academia de la Historia, que en el acta de una reunión en la que estaba presente un académico que había estado en Ubrique escribió Benafí.
Es cierto que durante el siglo XX mucha gente decía Benafín. A mi modo de ver, es como si se quisiera inconscientemente completar la palabra con alguna consonante que se cree que existía y se ha perdido. Como si una «memoria lingüística colectiva» estuviera haciendo una restitución etimológica sin saberlo. Por lo que he expuesto hasta aquí, es casi seguro que el topónimo no acabara en i en la época árabe, sino en una consonante (s, z…). Posiblemente el habla popular «sabe» que existía esa consonante y trata de restituirla. En el caso de Benafín lo hace agregando una /n/ a Benafí. Y me parece que se le podría aplicar algo análogo al Benafil que escribió Rafael de Aragón Macías en sus Misceláneas a la Villa de Ubrique.

Algo parecido creo que se podría decir de la /l/ interna de Benalfí, aunque en ese caso quien la restituyó fue más un individuo (Fray Sebastián) que un colectivo. Eso sí, no fue una innovación, ya que esa /l/ aparece en un mapa de 1795.
E incluso podría opinar lo mismo de las variantes del topónimo que acaban en –felis, –feliz o –felix. Es como si la memoria colectiva inconsciente «supiera» que Benafí necesita un «acabado».
Como decía, si optamos por que el acabado rinda la forma Benalfiz, creo que no se estaría faltando al rigor científico. Ahora bien, otra opción perfectamente válida sería estabilizar la forma escrita del topónimo tal como la viene pronunciando la mayoría de la gente de Ubrique al menos desde el siglo XIX: Benafí. No se nos deben caer los anillos por eso. Benafí me parece tan lícito como pueda serlo Cádiz en vez de Gadir, Gades o Qādis o Madrid en lugar de Matrice, Maŷriţ o Magerit. Bautizar al colegio Benafelix/Benafélix como Benafi habría sido una forma de respaldar y dignificar la voluntad tácita de la mayoría del pueblo. Dada la incertidumbre que existía en la búsqueda del nombre correcto, se podía haber cortado por lo sano y dar un marchamo de forma culta a la única que creo que lo merece: la que usaba la gente.
4. Conclusiones
- Aznalfiz y Benalfiz eran dos formas usadas a principios del siglo XVI para denominar lo mismo: un cerro que se eleva al norte del casco urbano de Ubrique y un manantial que surge al pie del cerro. Aznalfiz contiene la partícula azn, que significa fortificación, en referencia sin duda a la que existió desde la época prerromana en lo alto del cerro y de la que quedan vestigios (Ocur). En cuanto a Benalfiz, la partícula ben podría tener su significado habitual de ‘hijos de’ o bien ‘peña’, dependiendo que lo que signifique la segunda parte de la palabra.
- La parte final de ambos vocablos, alfiz, no se sabe con seguridad qué significa. Se ha propuesto ‘azadón’. Quizá procedería un estudio etimológico para valorar si tiene que ver con la palabra castellana actual hafiz (háfiz en árabe hispánico), que significa ‘guarda’, ‘conservador’ y que es uno de los nombres de Dios en el Corán. En ese caso, y si ciertas transformaciones etimológicas son posibles, Aznalfiz podría significar ‘castillo del hafiz’, y Benalfiz ‘hijos del hafiz’. Un hafiz es una persona que ha sido capaz de memorizar todo el Corán. Otra palabra actual que podría estar relacionada es alfiz, que es un elemento decorativo de las puertas árabes.
- La palabra Aznalfiz dejaron de usarla paulatinamente los colonos cristianos que repoblaron Ubrique a partir de 1501. Prefirieron la forma Benalfiz, que con el tiempo fue evolucionando, de manera que en los documentos históricos encontramos diversas variantes de ella.
- En los siglos XIX y XX, los ubriqueños pronunciaban el topónimo mayoritariamente como /benafí/. En cuanto a la escritura, la forma culta preferida durante décadas fue Benalfí por influencia del historiador Antonio Carrasco Cides (Fray Sebastián de Ubrique).
- En el siglo XXI se decidió bautizar un colegio de la zona con un nombre basado en el topónimo, escogiéndose Benafélix/Benafelix (la prosodia es vacilante). No existe como tal en documentos históricos, pero sí se encuentran formas parecidas como Vena-felix, Benafelis o Benafeliz e incluso la poética Vena feliz. De proceder de una persona llamada Félix que viviera en la época preárabe, bena podría venir de peña.
- Al tratarse de un colegio, se genera mucha documentación que contiene la palabra Benafelix/Benafelix, por lo que está desplazando a Benalfí en los escritos. Incluso hay una especie de calle que se llama o se quiere que se llame así.
- Un nombre culto adecuado que se podría adoptar es Benalfiz. Otra opción sería convertir en culta la forma popular Benafí, preferida por el habla viva del pueblo desde al menos el siglo XIX.

