viernes, 9 enero 2026

Gonzalo Pomar (1711-1795), un ubriqueño que dedicó toda su vida a crear retablos

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En otro lugar he tratado la vida y la obra del escultor ubriqueño José Fernández Guerrero, autor de piezas de orfebrería e imágenes religiosas. Ahora hablaré de otro ubriqueño que con toda probabilidad contribuyó a cristalizar la vocación de Fernández Guerrero y de quien incluso pudo este recibir su formación escultórica: su tío abuelo Gonzalo Fernández de Pomar, por nombre abreviado Gonzalo Pomar, un profesional versátil (ensamblador, entallador, arquitecto de retablos, alarife, maestro mayor carpintero, escultor…) que trabajó prácticamente hasta el día de su muerte dejando regada la ciudad de Cádiz de artísticos retablos y otras producciones salidas de su gubia y su cincel.

Este árbol genealógico permite entender la relación entre Gonzalo Pomar (arriba a la izquierda) y José Fernández Guerrero:

Árgol genealógico de los Fernández (izquierda) y de sus parientes los Olivares (derecha).

Entre tío abuelo y sobrino nieto debió de existir una excelente relación. El 7 de agosto de 1779 Gonzalo Pomar fue testigo de la boda de José con Lucía Cruzado Suárez, en Cádiz. Parece que se trataba de una familia bien avenida, que se ayudaba mutuamente, como puede deducirse de este fragmento del testamento otorgado por Pomar en 1794 que trasladó María Pemán en su artículo «El maestro gaditano, ensamblador y tallista Gonzalo Pomar«, Gades 3 (1979) 35-48):

cuanto he adquirido lo consumí y gasté todo, así en la continua enfermedad de mi segunda esposa (…) como en la educación de mis dos sobrinos, los cuales recogí a mi casa y compañía desde su tierna edad por haber quedado huérfanos.

(¿Se referiría a José Fernández Guerrero y un hermano suyo llamado Pedro que, según Adolfo de Castro, también ejerció el oficio de platero en Cádiz?).

El periodista Fernando Orgambides hizo una investigación titulada «Memoria en el tiempo de una familia gaditana de ida y vuelta (del escultor Fernández Guerrero al almirante Azarola Gresillón)» (Ateneo, 8 (2008) 165-181) en la sugería que Gonzalo Pomar se volcó con su sobrino nieto en todos los sentidos:

(…) me permite llegar al supuesto de que [el escultor y arquitecto Manuel] Tolsá y Fernández Guerrero (…) intercambiaron técnicas de estilo, aunque no sería extraño que hubiera una tercera persona en liza con influencias en ambos. Sería el viejo [Gonzalo] Fernández de Pomar, maestro en el arte religioso, en cuyo taller de carpintería artística se formó Fernández Guerrero y de quien se supone recibió –antes de su muerte en 1794 [sic]– bocetos y dibujos inéditos sobre este tipo de imaginería, barroca de origen pero que acoplarían ambos académicos a los cánones neoclásicos.

Debió de ser bastante conocido en su época en Cádiz. Al menos, así quizá lo consideró el historiador John L. Kessell cuando, en su trabajo de 1970 «The Making of a Martyr: The Young Francisco Garcés» (New Mexico Historical 45 (3)) lo incluyó como personaje imprescindible en el retablo de la vida del Cádiz de 1763 (traduzco del inglés):

En esta animada, ruidosa y desordenada «Puerta de las Indias» se realizaban suficientes negocios como para mantener a veintiocho notarios registrados y a su personal trabajando largas horas. Aquí, el obispo designado de Yucatán, dominico, juró que sus sirvientes eran cristianos bautizados; allí, Don Hugo O’Conor, más tarde Comandante Inspector de la frontera norte, firmó un poder notarial a favor del Coronel Domingo O’Reilly. Se sentaban en antesalas abarrotadas franciscanos de alto rango que regresaban a América tras el capítulo general de su Orden en Italia; capuchinos de barba larga que se dirigían a Nueva España para pedir limosna para sus misiones en el Tíbet; y el artesano Gonzalo Pomar, contratado para tallar un nuevo y enorme retablo para el convento donde el Padre Garcés y los demás esperaban para zarpar.

El ubriqueño trabajó como alarife y maestro mayor de carpintería de Cádiz desde antes de 1770 hasta el año de su muerte, a pesar de lo cual parece que no pudo ahorrar ni un real, según se desprende del testamento. María Pemán opina esto:

El viejo maestro, abrumado por las desgracias familiares y el peso de los años, llega al final de su vida sin bienes de fortuna. Si el aspecto de sus obras es rico y alegre, el maestro de Ubrique se despide de nosotros con un adiós lastimero. Desde entonces su nombre se hunde en el olvido, pero el tiempo que consume las vidas desvela sin embargo las obras y ha desvelado ahora las de este, si no excepcional artista, sí artesano excepcional. Ha llegado el momento de pararnos ante su obra, observarla detenidamente y valorarla.

Para contribuir a evitar que el nombre de Gonzalo Fernández de Pomar se hunda en el olvido (especialmente en Ubrique, donde nuestro paisano es completamente desconocido) voy a presentar sus obras conocidas. Así rendiré mi particular homenaje a este artífice, un trabajador incansable que murió con las botas puestas y quizá se llevara al otro mundo sus azuelas, formones, gubias, mazas, sierras, limas, escofinas, raspadores, compases, reglas, cepillos, brochas, pinceles, cinceles, punteros, gradinas y martillos para no estar ocioso.


Retablo mayor de la iglesia de San Francisco (Cádiz) / Fotografía Mas, Barcelona, 1926 (publicada con autorización del Arxiu Mas del Institut Amatller d’Art Hispànic).

Retablo mayor de la iglesia de San Francisco (Cádiz)

Portada de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.

La obra más conocida de Gonzalo Pomar es el retablo mayor de la iglesia conventual de San Francisco, en Cádiz, que muestro sobre estas líneas en una foto de 1926 perteneciente al Arxiu Mas del Institut Amatller d’Art Hispànic (al que agradezco la gentileza de dejarme reproducir esta imagen y las dos que siguen).

En la noche del 12 de mayo de 1931 este templo fue asaltado en el contexto de la ola de violencia anticlerical contra edificios e instituciones de la Iglesia católica que se desató en España con especial virulencia en Cádiz y su provincia. La siguiente foto muestra los estragos causados al retablo del Sagrario, aunque no sé si también resultó afectado el retablo mayor de Pomar:

Estado de la iglesia de San Francisco (Cádiz) tras ser asaltado el 12 de mayo de 1931. El retablo parece que no resultó muy afectado / Fotografía Mas, Barcelona, 1926 (publicada con autorización del Arxiu Mas del Institut Amatller d’Art Hispànic).

El caso es que en la siguiente foto, de 1960, se ve completa la estructura de este retablo que la Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (en adelante G-IAPH) describe así: «de planta ochavada, se compone de tres calles [divisiones verticales] formadas por columnas y dos cuerpos [divisiones horizontales o pisos] separados por cornisas en cuyo interior se ubican hornacinas. El conjunto remata en ático».

Retablo mayor de la iglesia de San Francisco (Cádiz) / Fotografía Mas, Barcelona, 1960 (publicada con autorización del Arxiu Mas del Institut Amatller d’Art Hispànic).

El espectacular retablo se ve así actualmente:

Retablo mayor de la iglesia de San Francisco en Cádiz, de Gonzalo Pomar / Waymark.

El color nos permite apreciar el pan de oro que reviste a todo el retablo. María Pemán dice a propósito:

Es frecuente que el dorado de estas vastas piezas de carpintería que son los retablos se hiciera con el rico metal procedente de América. Cuando nos preguntamos a dónde ha ido a parar nuestra riqueza imperial, he aquí el destino que se le dio muchas veces.

Detalle del Retablo Mayor de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar (1763) / Foto: cortesía de Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.

Las obras de este retablo fueron concertadas en 1763 (cuando Pomar tenía 52 años) como parte de una reforma de esta iglesia, aunque se acabó de dorar en 1771. Según María Pemán, el contrato establecía que el retablista tenía que terminarlo en 18 meses y que percibiría 60 000 reales en diversos plazos, una cantidad que parece considerable, pero hay que tener en cuenta que el retablo es enorme y que las maderas corrían a cargo del artífice. Este entregó un croquis y se comprometió a cumplió todas las cláusulas. Pemán expone varias razones por las que piensa que las imágenes de las hornacinas (excepto la de la Virgen de los Remedios, que es más antigua) podría haberlas tallado el propio Pomar.

Estas son vistas parciales del retablo que tomo del valiosísimo blog Hitos de Cádiz con el amable permiso de su autor, Manuel Holgado García:

Detalle del Retablo Mayor de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar (1763) / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.
Detalle del Retablo Mayor de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar (1763) / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.
Detalle del Retablo Mayor de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar (1763) / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.
Detalle del Retablo Mayor de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar (1763) / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.
Detalle del Retablo Mayor de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar (1763) / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.

La mencionada guía G-IAPH incluye en su catálogo bastantes fotos de detalles de este retablo. Por ejemplo esta. en la que se muestra al Espíritu Santo en forma de paloma con las alas desplegadas que corona la hornacina de la Virgen.

Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.

La guía explica: «Sobre un fondo de celaje aparece una de las representaciones del escudo de la orden franciscana: el abrazo místico de Cristo y San Francisco. El conjunto se decora en la parte superior con una moldura de rocalla», que es el ornamento en forma de agregados de rocas o piedras de superficie irregular típico del rococó, el estilo artístico que a Pomar le gustaba cultivar.

Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.

Este otro pormenor contiene a angelotes, dos de los cuales portan un escudo coronado y decorado con rocalla en cuyo interior dos cuarteles muestran los escudos de las órdenes franciscana y dominica.

Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.

Verdaderamente, el retablo está cuajado de niños, quizá representantes de aquellos que Pomar no llegó a tener (aunque el artífice sí sacó adelante a dos sobrinos huérfanos):

Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.

Algunos niños son atlantes, es decir, soportan a modo de fustes elementos que están sobre ellos.

Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.
Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.
Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.

Esta puerta del retablo presenta jambas formadas por pilastras y aparece coronada por un cornisón partido cuya clave está decorada floralmente. Los dos hojas contienen registros geométricos en cuyo interior también aparecen tallados elementos florales.

Detalle del retablo mayor de San Francisco, de Gonzalo Pomar (1763) / G-IAPH.

A propósito de puertas, María Pemán cree que González Pomar también construyó la portada lateral (llamada de San Antonio) de esta iglesia conventual de San Francisco, aunque Lorenzo Alonso de la Sierra Fernández, en su artículo «Novedades sobre la obra de Cayetano de Acosta en Cádiz» (Atrio 8/9 (1996) 133-138), la atribuye más bien al arquitecto de retablos y escultor portugués Cayetano de Acosta. No obstante, quizá no sea descartable que el ubriqueño colaborara con Acosta en dicha obra, pues es sabido que trabajaron juntos durante los años que el portugués, procedente de Sevilla, pasó en Cádiz.

Por ejemplo, existe un recibo de Pomar por el cobro de la ejecución de los marcos y vidrios de una urna, labor accesoria de unos trabajos mayores que la parroquia del Rosario de Cádiz encargó a Cayetano de Acosta en 1743 (estos incluían un retablo que fue desmontado en 1784 con motivo de obras de ampliación y reforma). De este hecho Alonso de la Sierra deduce

una posible relación laboral entre ambos artistas que apunta a un hipotético aprendizaje o, al menos, a una evidente colaboración de Pomar en el taller de Acosta. Se confirma así un influjo fácilmente perceptible en los trabajos posteriores del maestro gaditano, a la vez que se abre una importante vía para esclarecer la difusión de la estética rococó en el área gaditana, que tiene en Pomar a uno de sus más destacados representantes.

En cuanto al retablo de San Francisco, Lorenzo Alonso de la Sierra Fernández, en su artículo «El retablo rococó en Cádiz y su entorno · Evolución y creadores» (Archivo hispalense 81 (248) (1998) 95-110), dice:

Gonzalo Pomar es el más activo de los maestros que siguen esta corriente [de utilización de la rocalla implicando una renovación de las estructuras tradicionales]. En su labor nunca aparecerá el estípite [columna o pilastra troncopiramidal invertida característica del movimiento churrigueresco de la arquitectura barroca], reemplazado ahora por la columna clásica, generalmente corintia, cuyo fuste es invadido por rocallas y ángeles niños. Incluso volverá a utilizar el anticuado esquema reticular en su obra de mayor envergadura, el mayor de San Francisco, concertado en 1763. Este recurso podría interpretarse como un arcaísmo pero está condicionado por las dimensiones del presbiterio, estrecho y alto, al englobar en un espacio unificado la antigua disposición en dos niveles. Pomar salva la monotonía gracias a una movilidad en la altura de los soportes, a los que también hace girar sobre sus propias bases. La riqueza de planos se complementa con un suave efecto claroscurista derivado de la concentración de la talla, al estilo de los Churriguera, pero a base solo de rocallas.


Retablo de la Veracruz en la iglesia de San Francisco (Cádiz), de Gonzalo Pomar / G-IAPH.

Retablo de la Veracruz de la iglesia de San Francisco (Cádiz)

En la misma iglesia conventual de San Francisco hay otro retablo de Gonzalo Pomar. Según la G-IAPH se compone de «mesa de altar, hornacina central, flanqueada por columnios en cuyo interior se desarrolla un templete con la imagen del crucificado. Remata el conjunto un ático centrado por un relieve».

El blog de Manuel Holgado Hitos de Cádiz tiene buenas imágenes, como estas:

Retablo de la Veracruz de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.
Semiperfil del retablo de la Veracruz de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.
Retablo de la Veracruz de la iglesia conventual de San Francisco, Cádiz, de Gonzalo Pomar / Foto: Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.

Retablo del Nazareno, en el convento gaditano de Santa María, obra de Gonzalo Pomar / María Pemán: «El maestro gaditano, ensamblador y tallista Gonzalo Pomar«, Gades 3 (1979) 35-48.

Retablo del Nazareno del convento de Santa María (Cádiz)

Iglesia de Santa María / Cadiz.es

Otra obra en la que Gonzalo Pomar mostró su indudable maestría fue el retablo que existe en la capilla de la iglesia del monasterio o convento de Santa María, en Cádiz.

Según la G-IAPH, el concierto para la realización de esta obra fue firmado el 3 de abril de 1757, siendo entregada por Pomar el 18 de agosto de 1758. Cobró 24 000 reales. Doró la madera Jerónimo de Molina y también participó Julián Jiménez haciendo unas labores de talla en el frontal del altar y el manifestador (el expositor de la hostia consagrada).

Esta es una imagen actual que permite apreciar el rico dorado de esta imponente máquina lignaria:

Retablo del Nazareno en la iglesia del convento de Santa María, Cádiz / Delegación de Turismo, Ayuntamiento de Cádiz.

Así la describe la G-IAPH:

El retablo está articulado en tres calles, un cuerpo y ático. En la zona inferior presenta mesa de altar con frontal intercambiable y dos puertas, de doble hoja, laterales. El banco tiene un sagrario y sobre él se asienta el único cuerpo que queda articulado en los extremos por dos columnas decoradas con rocallas y angelotes. En el interior, tres calles formadas por dos hornacinas laterales y una central, entre columnas, sobre la que se ubica el manifestador. Una cornisa mixtilínea da paso al ático compuesto por un relieve central con el Descendimiento y dos hornacinas laterales. El conjunto remata en una figura de Dios Padre.

María Pemán dice esto sobre la decoración del retablo y la capilla en que se encuentra:

(…) tiene el tono típicamente gaditano de mediados del siglo XVIII. (…) La rocalla está en todo su furor; es «lo que se lleva» en esos momentos de gran vitalidad arquitectónica en Cádiz. Pomar acoge ya este elemento decorativo para decorar su retablo. (…) Los graciosos querubines, propios de nuestro artista, se reparten jugueteando por los dorados elementos del retablo dando ese tono alegre que respiran todas las obras de Pomar.

Carlos Maura Alarcón, en su artículo «Francisco López y Gonzalo Pomar en la capilla de la Archicofradía del Pilar de Cádiz» (Atrio. Revista de Historia del Arte, 24 (2018) 70-83), coincide con la última apreciación de Pemán:

[Pomar] muestra ya la utilización de un lenguaje muy característico, basado, a nivel arquitectónico, en la recuperación de la columna clásica de orden corintio, que en este retablo se ha colocado en los dos extremos, enmarcando el conjunto. No obstante, lo más característico de este artista es la abundancia de elementos decorativos, especialmente la rocalla y los angelotes, que pueblan todas las partes de esta gran máquina.

Efectivamente, el retablo contiene bastantes cabezas de angelotes y angelotes de cuerpo entero sentados en los salientes. Destaca también un interesante grupo escultórico que representa el Descendimiento de la Cruz.


Retablo de San José en la iglesia del Carmen de Cádiz, de Gonzalo Pomar / G-IAPH.

Retablo de San José en la iglesia del Carmen (Cádiz)

Iglesia del Carmen, IAPH.

Otra obra de Gonzalo Pomar es un retablo de la iglesia del Carmen de Cádiz en el que ocupa un lugar destacado un grupo escultórico de San José con el Niño del que José María Collantes González dice en su blog Arte en Cádiz que es de la escuela genovesa, atribuible al taller de Maragliano, y realizado en el primer tercio del siglo XVIII, calificándolo como una de las mejores esculturas genovesas del amplio repertorio gaditano.

Sobre el retablo en sí, la G-IAPH dice:

(…) posee unas proporciones muy verticales, conformándose por una mesa de altar, un banco, un cuerpo y un ático. En el centro se ubica la hornacina del titular [San José] flanqueada por columnas pareadas. Las columnas se decoran con estrías y adornos muy carnosos en sus extremos superior e inferior. Su capitel es compuesto y sobre él circula una cornisa de talla muy movida sobre la que se alza el ático. En el centro de este y también flanqueado por columnas de similares características, aunque de menores proporciones se encuentra un registro polilobulado en el que se localiza el relieve de la Anunciación. El remate del ático se conforma con una corona de talla muy fina.

La misma guía ofrece fotos de pormenores de este retablo de Gonzalo Pomar. Por ejemplo, la que muestro a continuación permite apreciar detalles ornamentales como rocallas, tornapuntas y decoración floral. Como particularidad aparece un escudo con letras en su interior que, según la G-IAPH, constituyen la segunda parte del nombre de la primitiva ermita sobre la que se edificó la iglesia.

Detalle del retablo de San José de la iglesia del Carmen en Cádiz, obra de Gonzalo Pomar / G-IAPH.

Este es un detalle de escudo coronado, con el anagrama de María en su interior. Rodeado de rocallas y tornapuntas, sirve de remate a la hornacina central:

Detalle del retablo de San José de la iglesia del Carmen en Cádiz, obra de Gonzalo Pomar / G-IAPH.

En la siguiente foto se ve el altorrelieve que constituye el remate del ático del retablo. En el centro se halla el anagrama de María sostenido por dos ramas cruzadas, y sobre él una corona de fina talla rematada en una cruz sobre la bola del mundo y circundada por rayos rectos dorados.

Detalle del retablo de San José de la iglesia del Carmen en Cádiz, obra de Gonzalo Pomar / G-IAPH.

La mesa del altar está policromada imitando jaspes y decorada con tres motivos en relieve blancos. En el central, varias letras superpuestas hacen alusión al nombre de la primitiva ermita sobre la que se edificó la iglesia. Los motivos laterales están formados de rocallas y acantos.

Detalle del retablo de San José de la iglesia del Carmen en Cádiz, obra de Gonzalo Pomar / G-IAPH.

Es destacable el tema de la Anunciación, con fondo pintado al óleo representando una estancia cuyo suelo de losas azules y blancas simula profundidad mediante las leyes de fuga de la perspectiva:

Detalle del retablo de San José de la iglesia del Carmen en Cádiz, obra de Gonzalo Pomar / G-IAPH.

Gonzalo de Pomar realizó la ornamentación de bóvedas y paramentos de la capilla del Hostipal de Mujeres / Hitos de Cádiz.

Ornamentación y retablos en el Hospital de Mujeres (Cádiz)

María Peman averiguó hace casi medio siglo que Gonzalo Pomar había trabajado en el Hospital de Mujeres de Cádiz, terminado en 1749, porque encontró en el libro de fábrica de la obra pagos continuados a nombre del artífice. Pemán quiso ver la mano de Pomar en la decoración escultórica de las pechinas de la cúpula de la escalera y por toda la fachada.

Hoy día se da por hecho que el ubriqueño trabajó en la compleja ornamentación de bóvedas y paramentos junto con el portugués Cayetano de Acosta, al que mencioné antes. Las bóvedas, de aristas y rebajadas, están cubiertas de yeserías con decoración de rocalla. Por otro lado, antes de existir el altar mayor actual, neoclásico, del siglo XIX, de orden jónico con frontón curvo, parece que existía uno primitivo que consistía en un templete de orden toscano y que podría haber sido obra de Gonzalo de Pomar.

Retablo de San Francisco de Asís, en el Hospital de Mujeres de Cádiz / Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.

La información anterior es de la Wikipedia, que también atribuye a Pomar los retablos de las capillas de San Cayetano y San Francisco de Asís, ambos con claros elementos de estilo rococó:

Se componen de mesa de altar de talón dorada con tarjetas también doradas sobre caja sepulcral pintada, imitando jaspe verde. Los retablos están insertos en sendos guardapolvos, disponen de un solo cuerpo para el cuadro flanqueado por dos columnas de orden corintio con tambor y resto del fuste liso, y sostienen un breve frontón partido con espirales. Unas molduras mixtilíneas con ménsulas y adornos rematan el conjunto. Las pinturas se asientan sobre predelas y repisas de estilo rococó en su fase más exuberante, muestra que se halla presente hasta en los fustes de las columnas. Al parecer se deben a Gonzalo de Pomar.

Retablo de San Cayetano, en el Hospital de Mujeres de Cádiz / Hitos de Cádiz.

Retablo de la Virgen de los Dolores en la igñesia de San Antonio de Cádiz / G-IAPH

Retablo de la Virgen de los Dolores de San Antonio (Cádiz)

La G-IAPH considera que el retablo de la Virgen de los Dolores que se halla en la iglesia gaditana de San Antonio es también de Gonzalo Pomar. Lo describe así:

(…) una hornacina con la imagen de San Juan Bautista escoltada por dos lienzos: la presentación del Niño Jesús en el templo, y la Visitación. Hornacina central con la imagen de la Virgen de los Dolores, escoltada por las hornacinas de Santa Juliana de Falconieri y San Felipe Benizio. A ambos lados del retablo, dos grandes columnas de orden compuesto decoradas con cartelas de tipo rocalla. A ambos lados de la hornacina central, dos ángeles atlantes sosteniendo dos capiteles. En el cuerpo superior aparece una hornacina con la imagen de San Pelequín, escoltada por dos pares de columnas de las mismas características de las anteriores.


Señor atado a la columna de la iglesia del Hospital de San Juan de Dios / Manuel Holgado García, Hitos de Cádiz.

Retablo en la iglesia de San Juan de Dios (Cádiz)

Se ha atribuido también a Gonzalo Pomar el retablo del Señor atado a la columna de la iglesia del Hospital de San Juan de Dios. A propósito, Ángel Mozo Polo dice en Cadiznet:

En la llamada Capilla de la ciudad [de la iglesia de San Juan de Dios], en el retablo central, se venera el Señor atado a la columna, obra del XVII original del imaginero castellano Francisco de Villegas (1585-1660 o 61) (…). La imagen del Señor está atada a una rica columna de plata de ley fechada en 1682. El hospital conserva en su interior la barroca capilla doméstica, un espacio dorado con hermoso retablo tal vez debido a Gonzalo Pomar (1711-1794) o por lo menos responde a la estética del maestro que tantas buenas muestras de su arte nos dejó.


Retablo principal de la capilla del Pilar, hecho por Francisco López (c. 1730) y probablemente reformado por Gonzalo Pomar (c. 1748) / Carlos Maura Alarcón.

Capilla de la iglesia del Pilar (Cádiz)


José María Collantes González
escribió en 2021 un libro titulado La Archicofradía del Pilar de Cádiz: historia y patrimonio (Ed. Archicofradía de Ntra. Sra. del Pilar de Zaragoza, Ntro. Padre Jesús de las Penas y María Stma. de la Caridad). El autor formó parte de una comisión que se propuso recuperar la memoria de la archicofradía del Pilar trabajando en la búsqueda de documentos de esta hermandad fundada en 1730: libros de actas, de cabildos, de cuentas y de hermanos, que se encontraban dispersos.

Carlos Maura Alarcón, especialista en la obra del sobrino nieto de Pomar (José Fernández Guerrero) ha investigado en los documentos recuperados, de los cuales deduce que la hermandad decidiría en torno a 1748 renovar su estética adaptándola al gusto imperante protagonizado por la rocalla, para lo que encargaría a su cofrade Pomar que actualizase el retablo principal y creara el resto de retablos y tallara la bóveda. Si así fue, esos trabajos serían uno de los primeros del repertorio del artista ubriqueño. Desde luego, este hizo labores para la archicofradía con seguridad porque los libros registran cobros, como uno en 1756 de 180 reales por el “costo y travajo de los dos golpes de talla que están por encima del arco de nuestra capilla”.

Maura le atribuye la hechura de los dos retablos laterales, el de la Epístola y el del Evangelio:

Retablo de la Epístola de la capilla del Pilar, atribuido a Gonzalo Pomar por Carlos Maura Alarcón, autor de la foto.
Retablo del Evangelio de la capilla del Pilar, atribuido a Gonzalo Pomar por Carlos Maura Alarcón, autor de la foto.

En la página El Pilar, José María Collantes dice:

En el año 1756, se anota en el libro de cuentas de la Archicofradía un gasto de 375 reales de vellón pagados a Gonzalo Pomar por renovar la imagen de la Virgen del Pilar. Este dato importantísimo nos revela la intervención del reconocido retablista ubriqueño en la talla de la Virgen. Pero, ¿qué quiere decir realmente la palabra que se utiliza –renovar– para describir su trabajo? ¿Es una tarea de restauración o remodelación, o se trata de una obra realizada enteramente por él? Es de sobra conocida la autoría de Gonzalo Pomar en la ejecución de varios retablos de Cádiz. Quizás los más relevantes sean el retablo mayor de la capilla del Nazareno en el convento de Santa María (1757) y el retablo mayor del convento de San Francisco (1763). Incluso también ha aparecido su nombre en la decoración de la capilla de la Archicofradía del Pilar (…).

Muy importante: Collantes está de acuerdo con lo que decía María Pemán sobre la perfecta posibilidad de que Pomar no solo se dedicara a la arquitectura de retablos, sino que también tuviera dotes escultóricas como los mejores, dando ejemplos de esculturas suyas (como las de San Pedro y la Verónica del retablo del Nazareno, ya citado, o el relieve de la Encarnación, del retablo de San José también mencionado) y presentando la hipótesis de que fuera el propio ubriqueño el que tallara la imagen de Nuestra Señora del Pilar de la archicofradía del mismo nombre, y no un autor genovés como se suele aceptar:

Su gran reconocimiento como ensamblador y tallista puede haber provocado que se haya discutido su trabajo como escultor, aunque sabemos que obras suyas son las imágenes de San Pedro y la Verónica que se encuentran en el citado retablo del Nazareno y probablemente el grupo del descendimiento que se sitúa en el ático y el Padre eterno que corona el retablo. Otro trabajo escultórico suyo es el relieve de la Encarnación, en el ático del retablo de San José de la iglesia del Carmen de Cádiz. Sus esculturas denotan una gran influencia de la escuela genovesa, lo que hace suponer un aprendizaje de la profesión con esos escultores. Por esta razón decíamos al comienzo que la atribución de la imagen de Nuestra Señora del Pilar a maestros genoveses no es opuesta a la documentación que aportamos sobre su realización por Gonzalo Pomar, ya que sus rasgos formales podían conducir en esa dirección.

Collantes continúa su argumentación dando importantes datos biográficos del artista ubriqueño:

Su participación en la imagen de la Virgen del Pilar sería un trabajo hasta ahora inédito realizado por Gonzalo Pomar, que también aparece como hermano de la Archicofradía, inscrito desde el 20 de abril de 1732. De hecho, en uno de sus testamentos pide ser enterrado –con el hábito de San Francisco que usan los religiosos capuchinos, a cuya Venerable Orden Tercera pertenece– en la parroquia de San Lorenzo y en la bóveda de la Archicofradía del Pilar. Sus deseos fueron cumplidos el veinticuatro de octubre de 1795, enterrándose por la tarde en la parroquia de San Lorenzo, de donde era feligrés, ya que vivía en la calle Sol, actual Armengual, justo al lado de la iglesia.

Nótese que Collantes dice que fue enterrado en 1795, a pesar de que muchas fuentes indican que murió en 1794 (por ejemplo, la Wikipedia, vista el 5-4-25). En el artículo de María Pemán, esta historiadora habla de un «Testamento de Gonzalo Pomar» otorgado en 1794. Me pregunto si algunos historiadores posteriores no habrán supuesto a partir de ese dato que murió ese año. Pero no tendría por qué, máxime cuando, según Collantes, hizo varios testamentos. María Pemán dijo: «Trabajó como alarife, maestro mayor de carpintería de la ciudad, desde antes de 1770 hasta 1795», dando como fuente: «Actas Capitulares de 1795 fol. 377. Archivo Municipal de Cádiz». Carlos Maura (en su artículo «Francisco López y Gonzalo Pomar…» citado antes) también afirma que murió en 1795. Por eso, en el título de este artículo y en el interior del mismo he puesto siempre como fecha de fallecimiento 1795.


Retablo de la Virgen de los Dolores de Las Cabezas / Informe del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Junta de Andalucía.

Retablo de la Virgen de los Dolores (Las Cabezas de San Juan)

Hasta aquí he presentado obras de Pomar hechas en Cádiz, la ciudad donde residía. Pero actualmente se considera que también hizo trabajos fuera. Así, en un informe realizado por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) sobre el estado del retablo de la Virgen de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Vera Cruz y Mª Santísima de los Dolores de Las Cabezas de San Juan, se considera que este es obra de Gonzalo Pomar (Diagnóstico y propuesta de intervención · Retablo de la Veracruz y retablo de la Virgen de los Dolores · Iglesia de San Juan Bautista · Las Cabezas de San Juan · Sevilla, IAPH, 2014).

En el documento se dice que el retablo de la Virgen de los Dolores que se halla en la nave del evangelio Iglesia de San Juan Bautista, de madera tallada, dorada y policromada (3,70 × 8 × 1,20 m), fue realizado para albergar a la imagen de dicha advocación de la hermandad de los Servitas y que tiene «posibles paralelos» con el retablo de la Virgen de los Dolores de la iglesia de San Antonio de Cádiz y el retablo mayor de la iglesia convento de san Francisco, de la misma ciudad, obras ambas de Pomar comentadas más arriba. Es una de las razones por las que el retablo cabeceño, que se data en ~1776, es atribuido al artífice ubriqueño. El IAPH lo describe:

Se compone de un solo cuerpo en el que se ubica la Virgen de los Dolores, imagen de candelero de la segunda mitad del siglo XVIII. En el ático aparece en una hornacina una imagen de santa Elena, también de la misma época. En el banco, situado en una urna de cristal, se encuentra (según calendario) un Nacimiento formado por figuras de pequeño tamaño de madera, estofadas y policromadas, de finales del XVII. El frontal es de planta ondulante y alzado abombado; a los lados de la vitrina aparecen dos pequeñas pinturas de san Rafael y san Gabriel.


Retablo mayor de la parroquia de Nuestra Señora de la O de Sanlúcar / Fernando López Vargas-Machuca.

Retablo mayor de la iglesia de la O (Sanlúcar de Barrameda)

Lorenzo Alonso de la Sierra, en su artículo «El retablo rococó…» ya citado, dice:

A su producción [la de Gonzalo Pomar] debe pertenecer el [retablo] mayor de la O en Sanlúcar de Barrameda, levantado en 1767, y condicionado igualmente por un alto presbiterio. En esta ocasión ha buscado un efecto más monumental al encuadrar todo el conjunto por medio de dos grandes soportes laterales, esquema que ya había ensayado en la capilla de Jesús Nazareno.

Frontal de altar del retablo mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la O de Sanlúcar de Barrameda / Foto: Carlos Maura Alarcón – Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.

Carlos Maura Alarcón dice sobre este retablo:

Una obra de reciente atribución, el retablo mayor de la iglesia de la O de Sanlúcar de Barrameda, de 1767, muestra una vuelta de tuerca más, y la decoración es prácticamente la protagonista del conjunto, que, arquitectónicamente, sigue mostrando el mismo lenguaje que en el resto de obras descritas. Solo al final de su trayectoria [la de Pomar], veremos una tímida inclusión de elementos clasicistas, como en el órgano de la iglesia de San Lorenzo [presentado a continuación], donde desaparece esta sobreabundancia de decoración en aras de favorecer la claridad de líneas.


Caja del órgano de la iglesia de San Lorenzo (Cádiz)

Gonzalo Pomar no solo levantó retablos o talló vírgenes, santos y angelotes. Ahora consideraremos dos obras muy diferentes.

La primera data de 1792 o 1793, es decir, dos o tres años antes de su fallecimiento (tendría entonces entre 80 y 82 años de edad). Se trata de la caja del órgano de la parroquia de San Lorenzo Mártir de Cádiz.

En el texto de la declaración de Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento a este templo se lee que «la caja es de madera y fue tallada por el ensamblador y tallista Gonzalo Pomar. Mide 3,70 m de fondo × 4,10 m de frente × 6 m de altura».

En el trabajo La música espirada: los órganos barrocos · Andalucía Barroca (Junta de Andalucía, 2009) sus autores, Andrés Cea Galán, Pedro M. Luengo Gutiérrez y Pedro J. Moreno de Soto, explican:

El órgano fue construido por el organero José García (hijo) en 1793. La maestría de su autor se refleja en la pericia de la realización, en la calidad de los materiales y en el equilibrio del conjunto. Es un bello ejemplar de la organería andaluza perteneciente al Barroco tardío (…).
El mueble del órgano fue construido en 1793 por el tallista de Ubrique afincado en Cádiz Gonzalo Pomar. Probablemente nos encontramos ante la última obra realizada por el maestro de Ubrique. El órgano está compuesto de dos estructuras diferenciadas, el instrumento en sí y un cancel que lo preserva en su parte anterior, que vendría a componer un espacio protegido para el órgano, el organista y los libros de partituras. El órgano presenta una fachada de animado perfil superior, rematado por figuras de niños con trompetas y un penacho con decoración vegetal, que se compone por cinco castillos, con decoración que simula cortinajes, resultado de la combinación de tres torreones de planta convexa y dos dobles de planta lineal. En su parte central, desde el pedalero hasta la primera línea de trompetería, se dispone la ventana del teclado, flanqueada por los registros. Circundando la ventana están situados varios tableros decorados con lazos vegetales, bajo los cuales unas puertas y paneles desmontables permiten el acceso a la maquinaria de registros, a la tabla de reducción y al secreto. Se encuentra policromado en blanco, con los perfiles dorados, y tableros simulando planchas de mármol veteado.

La G-IAPH explica que posee dos cuerpos. El inferior, cerrado por un cancel, contiene el teclado, y el superior se estructura en tres calles semicirculares en las que se ubican los tubos. La calle central queda rematada por una tarja en cuyo interior figura la parrilla de San Lorenzo. En una cornisa partida hay dos angelotes de cuerpo entero que portan instrumentos musicales.

Lorenzo Alonso de la Sierra (en «El retablo rococó…») ve esta obra como la única en que Pomar no se mantuvo fiel a su estilo habitual, manifestando un cierto clasicismo.

Por otra parte, puede que no sea este el único órgano en el que intervino Pomar. Leonor Victoria Moreno («Estudio del órgano y evolución a través de la historia», Tavira 2 (1985) 141-156) dice que

Gonzalo Pomar trabaja en la Iglesia [de San Francisco] en la construcción de retablos y otras piezas desde 1763 a 1771. Entre esos años debió construirse la caja Barroca del Órgano, y es muy probable que fuera este artista el autor de dicha caja o fachada; se aprecia en ella gran similitud de estilo con las obras conocidas de dicho autor.


Triunfo de la Virgen del Rosario / Ayuntamiento de Cádiz.

Triunfo de la Virgen del Rosario (Cádiz)

Gonzalo Pomar fue uno de los artistas que labró el llamado Triunfo de la Virgen del Rosario, un monumento de jaspe blanco que se erigió en Cádiz (y aún existe, en los jardines de Canalejas) para agradecer a la patrona su protección contra el maremoto de Lisboa. A propósito de esta obra, Hipólito Sancho de Sopranis, en su artículo «El maremoto de Cádiz de 1755» (Archivo Hispalense, n.º 74 , v. 23, 1955), decía esto del artífice ubriqueño:

Fue este Gonzalo de Pomar uno de los decoradores y aun arquitecto de retablos más utilizados en Cádiz en el segundo tercio del siglo XVIII, según se desprende de contratos y cuentas de obras. Aunque su especialidad era la talla en madera, militando en el bando de los seguidores de la rocalla francesa, no dejó de trabajar la piedra y el mármol –la escasez de artistas italianos, que hasta entonces habían tenido de hecho la exclusiva de este género de labores, obligaba a ello– y a él hay que atribuir el antiguo pedestal [del Triunfo de la Virgen del Rosario] con las armas de Cádiz –desaparecido al desmontar el monumento–, los adornos de la parte central de la columna y el capitel de la misma, cosas todas concluidas o muy cerca de estarlo al conseguirse la venida de Jácome Vaccaro a Cádiz.

María Pomar cuenta una pintoresca anécdoda sobre la construcción de este monumento:

En las Actas municipales de 1763 hay un documento bastante curioso donde se habla de las dificultades que se presentaron con motivo de la erección del «Triunfo» de la Virgen del Rosario, que se venía demorando desde 1755. Empezaron los problemas porque el escultor que lo labraba –que estaba en prisión y salía diariamente a trabajar vigilado por un centinela– se fugó de Cádiz «dejando sin artífice la obra por la escasez que hay de estos». Después de varios trámites «pareció [apareció] en este medio tiempo un escultor portugués que aunque no capaz de dar a la imagen los últimos lineamientos para su perfección lo era para desvastarla y con la asistencia frecuente del Maestro Gonzalo Pomar se adelantó ella y los ángeles hasta donde alcanzó la habilidad de su execución».

Es una prueba más de la efectividad profesional del artista ubriqueño.

La G-IAPH explica esto sobre el monumento:

Desplazado de su ubicación original en el Campo del Sur, el Triunfo del Rosario se localiza actualmente en el extremo norte de los jardines de Canalejas, próximo al edificio de la Diputación Provincial. Casi oculto por los árboles de la zona ajardinada, consta de un pedestal que inicialmente disponía de placas con escudos e inscripciones del que emerge una columna salomónica con capitel compuesto y cartela en el tercio inferior con rocalla y el anagrama de la Virgen. (…) Existía una placa con la inscripción (…). También tuvo, en el frontal, el escudo de Cádiz y al dorso, una inscripción latina que aún se conserva en el Museo Arqueológico gaditano. Inicialmente se previó ubicarla en el muelle, pero luego se cambió de parecer y el año 1761 se colocó en el Campo del Sur, frente al Hogar de la Milagrosa (Hospicio). En 1873 pasó al patio del Hospicio y de ahí, finalmente [a su ubicación actual].


Otras obras

Aparte de las obras de Pomar que son claramente suyas o atribuibles con alta probabilidad, el tiempo irá desvelando otras. Y también están las que hizo y desaparecieron para siempre. Algunas porque tenían carácter efímero por naturaleza, como un túmulo al gusto francés que se levantó en Cádiz en 1746 con ocasión de las exequias de Felipe V; otras porque resultaron destruidas, como un retablo que al parecer levantó en el que fuera convento de San Agustín, de Sevilla, arruinado por los franceses en la Guerra de la Independencia (Wikipedia). María Pomar creía que también trabajó en alguna obra en el convento de las Descalzas de la calle Montañés de Cádiz.

Lorenzo Alonso de la Sierra (en «El retablo rococó…») dice que mediada la centuria XVIII la comarca gaditana asistió a un incremento de la producción retablística que tuvo como mejores representantes en Gonzalo Pomar, Andrés Benítez y Gabriel de Arteaga. Comenta que Pomar hizo un intenso trabajo que tuvo continuidad en otros artífices como José Benítez Melón, que siguió su estilo, aunque sin tener completo éxito en «recrear los efectos dinámicos manejados con soltura por Pomar».


Un artista del retablo de la vida

María Pemán hacía esta valoración del artista ubriqueño en el artículo fundamental que le dedicó en 1979:

Si consideramos a Pomar como lo que ciertamente es, un sencillo artista, cuyo nombre ha quedado en el olvido por lo entonces común de su oficio, artesano seguidor de las corrientes de su época, nada innovador, que incluso arrastra el estilo hasta muy avanzado el siglo cuando ya empiezan a sentirse en Cádiz nuevos aires neoclásicos; cuando lo juzgamos así, digo, es cuando precisamente su figura se engrandece y el desconocido artista aparece ante nosotros con una competencia en su oficio nada vulgar, con una magnífica maestría como tallista, con un gran equilibrio en el diseño, con una excelente corrección en las proporciones y lo que es más, como un gracioso y hábil escultor. Por otra parte, ¿concebiríamos hoy día un artesano capaz de enfrentarse con una obra de semejante envergadura –alguna de más de quince metros de altura– que se atreviera con el diseño y la fábrica de tan enorme composición?

A mí Gonzalo Pomar se me antoja un artista del retablo de la vida.

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