He hablado en otro lugar extensamente del cura ubriqueño Juan María Coronil Gómez y de un asunto que la historia no ha aclarado. Siendo arcipreste en Carmona facilitó (¿regalándola, vendiéndola?) que la valiosa imagen de la Virgen de la Antigua, obra de Jerónimo Hernández, que se hallaba en dicha localidad sevillana, fuera trasladada a Ubrique, donde hoy se venera en la iglesia parroquial bajo la advocación de Nuestra Señora de la O. Hoy me quiero ocupar de otra historia de la que Juan María Coronil también fue protagonista. Y esta es mucho más humana, más ejemplar, más emotiva, más inspiradora: su relación con el político socialusta agnóstico Julián Besteiro durante el encarcelamiento de este en Carmona y la ayuda y amistad que brindó el sacerdote a la esposade Besteiro cuando este murió en la cárcel.

Terminada la Guerra Civil, a mediados de 1939, siendo el Padre Coronil párroco de la prioral de Santa María de Carmona, llegó a la localidad un personaje importante… en calidad de preso. Se trataba de Julián Besteiro, catedrático universitario de Lógica y destacado miembro del PSOE y la UGT desde 1912. Últimamente había formado parte del Consejo Nacional de Defensa, un órgano creado para negociar la rendición de la República. En julio de 1939 Besteiro ingresó en la improvisada cárcel en que había sido convertido un antiguo convento franciscano del siglo XIV [ver comentario de Rafa al final de esta entrada], de Carmona, para destinarlo a penal de curas antifranquistas. De él salió al año siguiente… muerto.
Besteiro había sido presidente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de la Unión General de Trabajadores (UGT) –él dirigía el sector moderado del socialismo español– y presidente asimismo de las Cortes consituyentes de la Segunda República.
Poco después del fallecimiento del líder socialista y sindical entró también en aquella prisión Régulo Martínez, sacerdote, quien mucho más tarde, a la muerte de Franco, escribió un libro titulado Republicanos de catacumbas (Ediciones 99, Madrid, 1977) en el que narra hechos muy interesantes de los últimos días de Besteiro que tienen que ver con nuestro cura Coronil.

Según cuenta Martínez, Julián Besteiro se pasaba las horas absorto en la lectura de la Biblia, “sentado en una hamaca bajo un hermoso níspero”. Sus compañeros reclusos (curas vascos en su mayoría) le preguntaban qué sentía leyendo aquel libro sagrado. Y aquel les respondía con gran serenidad:
Aparte de haber considerado desde muy joven la Biblia como una de las obras más importantes escritas en todos los tiempos, resulta que además hay libros de ella que aconsonantan perfectamente con el estado desilusionado de mi espíritu.
El socialista republicano glosaba los libros bíblicos “con tanto acierto y un talante tan agnóstico exento de cualquier dogmatismo” que los curas lo dejaban solo porque “abría brecha en nuestras convicciones”.
Cuando se puso en trance de muerte le preguntaron si quería que viniese un confesor de la parroquia próxima, pero Besteiro contestó con aplomo:
Ni niego ni afirmo la existencia de Dios, pero de existir, tengo la seguridad de que me entenderé con Él perfectamente, sin necesidad de intermediarios…
Parte de sus largas horas de ocio las dedicó a la traducción del Cristus unser bruder (Cristo, nuestro hermano) del teólogo Karl Adam, ignorando que ya estuviera traducida, según cuenta Ignacio Arenillas de Chaves, su defensor en el consejo de guerra sumarísimo al que fue sometido, en el libro El proceso de Besteiro (Biblioteca de la Revista de Occidente, 26, Sección Varia).

Besteiro murió en aquella cárcel el 27 de septiembre de 1940 en presencia de su mujer, una cuñada y un sobrino a los que dejaron entrar en las horas postreras del preso tras muchas súplicas. (Estuvo enterrado 20 años en el cementerio civil de Carmona, donde se prohibió el acceso a su tumba. Después fue trasladado a Madrid).
Régulo Martínez cuenta este hecho extraordinario sobre el entierro:
Con razón sobrada dijo el párroco de la iglesia de Santa María de Carmona, cuando volvió de acompañar el cadáver del señor Besteiro hasta el cementerio civil de allí:
–Caso único en la historia española el que un sacerdote católico presida un entierro civil; pero es que ese hombre tan valioso y tan ejemplar lo merecía, y de seguro ha sido acogido en su piadoso seno por el Señor.
Por supuesto, el presidente del entierro civil fue Juan María Coronil. Pero nos lo va a confirmar Matilde Donaire Pozo, del Ateneo de Sevilla, que, impresionada por esta historia, quiso averiguar el nombre de aquel “sacerdote católico en completa comunión canónica con la Iglesia” que se arriesgó a incurrir en la amonestación o castigo de la jerarquía católica presidiendo un entierro civil. Lo cuenta en su opúsculo Exilio: Reflexiones en torno a una exposición (Ateneo de Sevilla, 2003).
Un amigo sacerdote ha averiguado el nombre de este párroco, que no era un joven precisamente: Don Juan Coronil Gómez. ¡Cuántos sacerdotes valientes como éste hubieran hecho bien en aquellos días aciagos en los que los perseguidos se vieron tan desprotegidos –cuando no atacados– por los ministros de la Iglesia!

En honor a la verdad, y sin querer restar ni un ápice del mérito de Coronil, hay que decir que contaba con una baza: su amistad con su superior jerárquico: el Cardenal Segura, un personaje muy peculiar en la Iglesia de la época y amigo también de este tipo de desafíos a las normas. Arzobispo de Sevilla desde 1937, este prelado de origen humilde se hizo famoso por sus enfrentamientos con el régimen franquista. Por ejemplo, se negó a cumplir la orden de instalar lápidas en los muros de la catedral y parroquias de la diócesis con los nombres de los Caídos por Dios y por la Patria; dijo en un sermón que “caudillo” significaba antiguamente «jefe de una banda de forajidos» y «diablo»; se negó a ceder la presidencia a Carmen Polo en una inauguración y también se opuso a que Franco entrara bajo palio en las iglesias y catedrales de su jurisdicción con amenaza de excomunión a quien lo consintiera.
Volviendo al testimonio de Matilde Donaire, efectivamente, el cura ya no era joven. Porque Juan María Coronil Gómez había nacido en Ubrique el 5 de mayo de 1883, hijo de Antonio Coronil Tenorio y de Catalina Gómez García, “su ejercicio de campo”, según consta en la partida de bautismo. Sus abuelos paternos fueron Juan Coronil Cordón y María Tenorio Ortega, y los maternos Bartolomé Gómez Jaén y Juana García Clavijo.

Fray Sebastián de Ubrique cuenta de él que hizo sus estudios teológicos en el Seminario de Sevilla; que cantó misa allí; que recibió el doctorado en Teología, Filosofía y Derecho Canónico; que fue durante muchos años profesor del Seminario Pontificio de Sevilla; que era “poeta delicado y escritor” y que fue párroco de la prioral de Santa María de Carmona. Joaquín Hazañas y la Rúa, escritor sevillano que llegó a ser rector de la Universidad de Sevilla y que tenía alguna relación con Ubrique que desconozco (al menos en 1895) le costeó los estudios seminaristas, según Fray Sebastián. Coronil tenía entonces 12 años y es probable que descollara entre los escolares de Ubrique, lo que decidiría a Hazañas a becarlo.
Coronil no defraudó a su protector, y así, en 1915 lo encontramos en Sevilla pronunciando el discurso de apertura del curso académico 1915-16 de la Universidad Pontificia, alocución que tituló El nacimiento del Salvador como principio de la era cristiana y que fue publicado en la Imprenta y Librería de Sobrinos de Izquierdo, de la capital andaluza.



Protegió a «Curro Elías», ex alcalde de Carmona
No fue Julián Besteiro el único necesitado que recibió la simpatía y los favores de Juan María Coronil. Entre 1931 y 1936 fue alcalde republicano de Carmona Francisco Rodríguez Ojeda, masón, popularmente conocido como «Curro Elías». Este fue procesado y sometido a un consejo de guerra en el que tuvo muchas testificaciones en su contra, por lo que no se pudo librar de la cárcel, donde murió en 1945. Pues bien, entre las pocas personas que declararon a su favor estuvo Juan Coronil. En «Consejo de guerra 84/41 contra el alcalde de Carmona: Francisco Rodríguez Ojeda “Curro Elías” (1889-1945)«, de Francisco Eslava Rodríguez, se lee:
Avalan a Curro Elías en el sumario, con textos y firmas [dos vecinos de Carmona] y Juan María Coronil y Gómez, cura de Santa María, que de su puño y letra certifica el respeto de Curro Elías hacia la religión, hacia los sacerdotes, hacia los cultos en la prioral, a la novena de la Virgen de Gracia, a la enseñanza de la religión católica y su protección a las Hermanas de la Cruz, tanto –afirma Coronil– “como el mejor alcalde de la Monarquía”.
Probablemente Coronil cayó en el pecadillo de la mentira piadosa para salvar al alcalde carmonense… Este artículo del ABC del 18 de septiembre de 1937 puede aportar algún elemento de juicio adicional:

La amistad y el apoyo a Dolores Cebrián

La esposa de Besteiro, Dolores Cebrián Fernández de Villegas, quedó siempre agradecida a este sacerdote. Me lo ha contado Manuel Coronilla Jaén, hijo de una de las dos sobrinas de Juan Coronil que vivían con él en Carmona (concretamente de María de las Montañas; la otra se llamaba María Josefa; ambas eran ubriqueñas e hijas de un primo hermano de Coronil). Manuel me ha enviado un valiosísimo documento que lo demuestra: una carta de la viuda fechada el 29 de diciembre de 1946.

Pero —lo que son las casualidades o coincidencias de la vida— Juan Coronil no pudo leer esa misiva porque ¡murió precisamente el día en que Dolores Cebrián se la mandó (30 de diciembre de 1946)! (Llegó el 31, según se aprecia en el matasellos).

Reproduzco la carta a continuación. Como se puede leer, la viuda se queja de que a pesar de haber transcurrido varios años, alguna gente no respeta la tumba de su marido en Carmona. Y aprovecha para agradecer una vez más a Coronil y su familia la ayuda que siempre le dispensaron.

Madrid, 29-XII-1946
Sr. D. Juan Coronil
Muy Sr. mío y de todo mi respeto: tal vez sepa V. por Manuel Gómez que estuve en octubre en Carmona, para visitar la tumba de mi pobre marido. No hubiera pasado yo por allí sin saludarle con el respeto que me merece y el recuerdo que guardo de su bondad, si no hubiese temido perjudicarle con mi visita.
Por el episodio que Manuel me contó de él y de los pobres rosales que mandé poner y cuidar en la tumba de mi marido, juzgué del poco espíritu de comprensión y caridad cristiana que aún reina en nuestro desgraciado país. Por temor al ambiente, no pasé por su casa a saludarle.
Me fue tan impresionante que no quise estar un día más en Sevilla ni reclamar de algo que podría resultar en perjuicio de quien no tiene culpa ninguna. ¡Qué tristes ruindades! El recuerdo de una esposa, yo creí que siempre es cosa respetable. ¿A quién estorban aquellas flores? Ya que no le vi entonces y tardé a escribirle por haber estado enferma en noviembre lo hago ahora deseando que Dios le dé un feliz año 1947.
Le ruego que si no le molesta salude a sus amables sobrinas.
Queda de V. siempre affma. y agradecida S. S.
Dolores Cebrián
Vda. de Besteiro


Las sobrinas, como dije antes, eran María de las Montañas y María Josefa Jaén, y las tenía Juan Coronil acogidas en su casa.
Antes de esta carta, ya hacía años que Coronil y Cebrián mantenían correspondencia. Prueba de ello es una carta enviada por Juan Coronil como arcipreste de Carmona a Dolores Cebrián el 5 de noviembre de 1940, es decir, a las pocas semanas del fallecimiento de Besteiro (sucedido el 27 de septiembre). Me la facilitó la Fundación Largo Caballero de la Unión General de Trabajadores (UGT).


La carta revela que Juan Coronil y Julián Besteiro tuvieron relación en la cárcel (cosa imaginable, pues de lo contrario no se explicaría que el cura acudiera al entierro civil del político). Coronil envía a la esposa «la estampa que tuvo nuestro enfermo a la cabecera». Ese «nuestro» es revelador de que se forjó una amistad. (En el reverso de la estampa se lee: Imagen de la Dolorosa que se venera en la Parroquia de los Santos Juanes de Bilbao, Carmona, 27 – IX- 1940). Transcribo la misiva:

✝
El arcipreste de Carmona
5 de noviembre de 1940
Sra. Dª Dolores Cebrián
Muy respetable señora: Hechas algunas cositas de las que me encarga en su carta del 15 X voy a dar a V. noticia de mi gestión. Las hermanitas han recibido la cama, el colchón y una manta. Lo demás se ha extraviado entre la servidumbre. Recibí las 100 ptas. más lo que fueron dadas a los pobres. En nombre de los mismos las más rendidas gracias.
Con esta carta va la estampa que tuvo nuestro enfermo a la cabecera. D. Santos la cedió muy gustoso, poniendo la fecha.
La foto me la harán, según promesa, el próximo domingo. Al mandársela tendré nueva ocasión de comunicar con V.
Las niñas me dan para V. muy cariñosos recuerdos.
Deseo buenas noticias sobre sus asuntos particulares; santa resignación para soportar lo irreparable y mucho ánimo para hacer el bien que se pueda.
En servir a V. siempre tendré singular complacencia. Su affmo soy cap[ellán]
Juan M. Coronil

Por curiosidad, reproduzco el sello especial que figura junto al remite:

Dolores Cebrián Fernández de Villegas, como su marido, tuvo participación en el devenir de la Segunda República. Concretamente, fue miembro del Consejo de Instrucción Pública, por lo cual recibió en 1936 el Lazo de la Orden de la República.
Estudió Magisterio y enseñó Físicas en la escuelas normales de maestros de Salamanca, Toledo y Madrid. Llegó a ser catedrática de Ciencias Físicas y Naturales y directora de la Escuela Normal de Maestras. Completó su formación estudiando e investigando en Botánica en la Universidad de la Sorbona y en Fontainebleau. A su vuelta de Francia (1913) se casó con Besteiro. No tuvieron hijos.
Acabada la guerra civil, la viuda no solo fue expedientada y apartada del ejercicio de su profesión, sino que tuvo que hacer frente a la condena que le impuso a su marido el Tribunal de Responsabilidades Políticas, teniendo que pagar una sanción económica hasta su muerte en 1973. (A Besteiro le hicieron abonar hasta su comida en la cárcel).
Impresiones carmonenses de Dolores Cebrián

Dolores Cebrián viajó mucho a Carmona durante la estancia de su marido en la cárcel y también después de su muerte, para visitar su tumba y resolver asuntos administrativos en el Ayuntamiento (la imagen corresponde a dos billetes de tren a Carmona usados por ella y un familiar; los conserva el citado Archivo de la Fundación Largo Caballero, Fondo Julián Besteiro y Dolores Cebrián, signatura 2304-058, fecha 29 de septiembre de 1949)).
Existe un documento en el archivo FFLC-BC que recoge las primeras impresiones de Dolores Cebrián en Carmona. Es una carta (signatura 2303-055) enviada por ella a su familia el 15 de febrero de 1940. En la misiva se lee un párrafo que hace referencia a Juan Coronil y a sus sobrinas:
Cuando vengo echo una mano a su ropa [de Besteiro], me entero de lo que come, de lo que le puede hacer falta, le traigo unos cuantos mimos y cosas de comer y sobre todo le traigo el cariño y las palabras de todos los que le quieren, condensadas en mí. El ambiente de la gente es de respeto, incluso para mí. El párroco de Sta. María, en cuya parroquia está enclavada la casa de Bujan, me invitó una mañana a desayunar en su casa y en su cuarto, que daba a uno de esos huertecillos interiores llenos de naranjos y limoneros. Era todo ello para descrito por D. Juan Valera. Sus sobrinas son muy cariñosas conmigo. Son niñas de pueblo; pero tienen una especie de intuición poética que les hace apreciar nuestra situación. Otra de mis visitas son las Hermanitas de la Cruz, que les cuidan y planchan la ropa [a los presos]. La última vez que las vi, una de las hermanas tenía en brazos una pequeñita de las que tienen internas. Era una escena de canción de cuna.

Otros documentos para esta historia
La Fundación Largo Caballero (de la UGT) conserva muchos documentos del matrimonio en el Archivo de Julián Besteiro Fernández y Dolores Cebrián (1882-1975). En su catálogo aparecen interesantes documentos relacionados con la etapa carmonense de estos personajes históricos en los que probablemente se haga referencia al cura Juan Coronil. Por ejemplo, estos:
- Cartas dirigida por Dolores Cebrián desde Carmona a su familia el 19 febrero de 1940 donde cuenta sus impresiones sobre el pueblo y sus habitantes.
- Carta de Besteiro a su mujer 5 días antes de su muerte describiéndole las duras condiciones de su vida en el penal y su estado de salud. Posteriormente, Dolores Cebrián transcribió esta carta agregándole notas aclaratorias sobre las personas mencionadas.
- Cartas entre ambos esposos (ella residió en Córdoba mientras Besteiro estuvo encarcelado).
Otros documentos interesantes están relacionados con la amistad que hizo Besteiro con otro sacerdote, el presbítero Fermín Molpeceres, director de las Escuelas Salesianas de Carmona. Este hizo llegar al preso un libro de Hugo Wast (Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, político de derechas argentino, muy religioso y simpatizante del franquismo), una tarjeta, una imagen del “Divino Infante” y un almanaque editado por las escuelas, probablemente con motivo del inicio del año 1940.
En el Archivo Besteiro-Cebrián existen también los siguientes documentos y objetos relacionados con el asunto de este artículo:
- Carta del arcipreste de Carmona a Dolores Cebrián en la que le da cuenta del destino de algunos objetos personales de Besteiro. (Adjuntó una imagen de una Dolorosa que al parecer estuvo en la celda del condenado.)
- Resguardo del pago hecho por la esposa al Ayuntamiento de Carmona del nicho ocupado por su marido y la lápida.
- Carta del sobrino de Cebrián informándola del estado del nicho y de la renovación del mismo por 10 años (en 1950), con el resguardo de haberla pagado.
- Flores secas de la tumba, probablemente retiradas por Dolores Cebrián cuando los restos de Julián Besteiro fueron trasladados, a los 20 años de su muerte, al cementerio civil de Madrid.

