Antonio Carrasco Cides, más conocido como Fray Sebastián de Ubrique, traza en su Historia de la Villa una brevísima semblanza del cura local Francisco Guerrero Morales, personaje que da nombre a la calle Presbítero Francisco Guerrero. Empieza diciendo que:
Una vez cantado misa [en Ubrique], fue arcipreste de Gaucín. donde fundó una preceptoría y se hizo célebre por su virtud y su celo.
Una preceptoría era una especie de escuela particular. Muchos clérigos ejercieron de preceptores enseñando, sobre todo, gramática latina, a cambio de lo cual recibían un estipendio de cada alumno. Impartían enseñanza primaria e incluso media, a menudo para preparar para la carrera eclesiástica o la Universidad. La preceptoría del Padre Guerrero en Gaucín estaba considerada “colegio de segunda enseñanza”, según el Indicador General de Andalucía de 1868. Así que por aquellos años aquel esforzado ciudadano se empleaba tanto en hacer hombres de provecho a los críos de Gaucín como a pastorear de ellos y sus progenitores.
Según la Guía del viajero en Málaga, de Benito Vilá, publicada en 1861, Francisco Guerrero era entonces cura de primer ascenso en Algatocín bajo la dependencia del arcipreste de Gaucín. Un cura de primer ascenso tenía más categoría que uno de entrada y menos que el de segundo ascenso y el de término. En esa fecha tenía 30 años, según los datos biográficos que ha conseguido Manuel Zaldívar Romero y que figuran al final de este artículo.
El bonito pueblo de Gaucín (provincia de Málaga) está presidido por una instalación militar antigua impresionante y difícilmente expugnable: el castillo del Águila, en cuyo interior se halla la ermita del Santo Niño, patrón oficioso de los gaucineños católicos. Así que cada vez que el arcipreste levantaba los ojos al cielo para dirigir sus plegarias al Señor, su vista chocaría con la torre de la fortaleza y quizá, no hallando ninguna contradicción entre aspirar a conquistar un lugar en el Cielo y desear mientras tanto el disfrute de bienes raíces en la tierra, soñaría con poseerla alguna vez. La ocasión para ello se le presentó en 1869.
El Estado era por entonces el propietario del castillo, pero, al no considerarlo de interés estratégico, lo ofreció al mejor postor en pública subasta. Según un documento del Banco de España, la adjudicación se realizó el 26 de septiembre de 1869. ¿Y quién resultó el feliz rematante? Nuestro cura ubriqueño, que vio así bendecidas sus aspiraciones de hacerse con las dos fanegas de tierra de recinto amurallado y los inmuebles contenidos, todo ello por la módica cantidad de 350 pesetas de la época, monto que se comprometió a abonar en 20 años (hasta 1889) a razón de 17,50 pesetas por año. No obstante, solo llegó a satisfacer tres anualidades (52,50 pesetas), dejando a deber a la Hacienda estatal 297,50 pesetas que por lo visto nunca pagó, a pesar de lo cual pudo disfrutar del castillo hasta el final de su vida.
Todo esto lo cuenta muy bien en la web Gaucin.tv Teodoro de Molina, que ha tenido acceso a varios documentos relativos al caso.
Según esos papeles, Francisco Guerrero recibió en Algatocín, el 8 de septiembre de 1895, precisamente el día del Santo Niño, a dos miembros de la hermandad del mismo nombre que habían manifestado al cura su deseo de comprarle el castillo y ermita “para el común de los vecinos de la villa de Gaucín y público de otros puntos que también tengan que transitar por dicha fortaleza para ofrecer a la Santísima imagen del Niño Dios”.
El buen cura accede a la venta encantado porque obtiene:
- 269 pesetas “que recibo en este acto de los compradores en moneda de plata de buena ley”;
- “por los días de su vida, el usufructo de dicha fortaleza, y que a su fallecimiento no se apoderen de ella ni sus herederos, ni persona alguna”, excepto los compradores, claro;
- dar vivienda a un ermitaño o pobre de solemnidad;
- que los compradores le paguen la deuda de 297,50 pesetas que tenía contraída con el Estado por las 17 anualidades pendientes, exigencia que aquellos cumplieron el 3 de octubre de 1895 en la delegación malagueña del Banco de España. .
En resumen: se embolsaba 269 pesetas, se libraba de una deuda de 297,50 y se quedaba el castillo en usufructo hasta su muerte, cuidándoselo un ermitaño o pobre de solemnidad (perfectos candidatos a hacerlo gratis).
El único compromiso que él adquiere, que fue otorgar la correspondiente escritura pública ante notario, nunca lo cumplió. Probablemente este incumplimiento acabó acarreando problemas a los adquirentes, que aunque poseían un documento privado de compraventa (que se conserva) tuvieron que demostrar que ellos eran los legítimos propietarios ante el Obispo de Málaga en 1915, 16 años después de la muerte del usufructuario. Probablemente, el prelado, al no existir fe notarial del acuerdo, consideraba que era la Iglesia la heredera del castillo-ermita.
En la excelente investigación de Teodoro de Molina hay algo que no he entendido. Y es que la escritura de compraventa define el origen de la propiedad como “subasta pública celebrada en Málaga el 14 de abril de 1869 en la cantidad de 190 escudos”. 190 escudos eran 475 pesetas. Pero el documento de cancelación del pago de la deuda emitido por el Banco de España certifica que la subasta se remató el 26 de septiembre de 1869 en 350 pesetas. ¿…?
“Grande y heroica caridad”
Fray Sebastián de Ubrique termina así su escueta semblanza del presbítero Guerrero:
Retirado en su vejez a Ubrique. fue tan grande y heroica su caridad con los pobres, que llegó a tener fama de gran santidad, haciéndose lenguas de sus virtudes y de su amor a los pobres los que le conocieron. Llegó a decir que en su muerte habría señales en el cielo, y en efecto hubo una gran tormenta. En el pueblo bajo se hacen lenguas del P. Guerrero. Ubrique le ha dedicado una calle a su memoria.
“El día en que yo muera habrá señales en el cielo.” Solo tengo una palabra: ¡milaaaaaagro!
Discípulo o amigo de Aragón Macías
El presbítero Francisco Guerrero debió de ser amigo o discípulo del ilustre letrado Rafael Aragón Macías (1798-1867), cronista y poeta nacido en Arcos de la Frontera pero residente en Ubrique desde 1820. Lo prueban los poemas que el escritor dedicó al clérigo cuando este cantó su primera misa. Dada la diferencia de edad entre ambos (33 años) y el hecho de que Aragón Macias fuera un gran latinista, es probable que este hubiese sido preceptor de aquel, encargándose de prepararlo académicamente para la carrera eclesiástica.
Copio del citado libro de Fray Sebastián los poemas aludidos. Nótese que a la primera décima le falta un verso:
DÉCIMA
Ubrique ve con piedad
una función, no de toros,
sino de angélicos coros
adoran la Majestad.
Lejos la profanidad
a esta sagrada función
asista, cuando Guerrero
ofrece a Dios verdadero
por la primera ocasión
2ª.
¡Qué júbilo va a gozar
hoy D. Francisco Guerrero.
cuando inmolare al Cordero,
en las aras del altar!
Bien podemos esperar
de su caridad notoria
que en la misa haga memoria
y a Dios le pida y suplique
dé a los vecinos de Ubrique.
pan, paz y después la gloria.
SONETO
D. Francisco Guerrero hoy ofrece
por vez primera el santo Sacrificio:
le asiste de padrino un buen patricio,
que todas atenciones se merece.
Con repiques y fuegos se extremece [sic]
la plaza, y en la torre una divisa
convida al pueblo fiel a oír la misa:
este concurre. y el entusiasmo crece.
¡Qué majestad a la función confiere
con su presencia el venerable clero!
Pero ya se consagra; ya requiere
alto silencio el acto. Ubrique entero
se postra humilde ¿y de ello qué se infiere?
Que viene Dios real y verdadero.
Y la siguiente Oda, que Aragón Macías escribió en latín y en castellano. Ofrezco la versión castellana, lógicamente (aunque Fray Sebastián sentencia que el arcense “es mejor poeta latino que castellano. Sus versos castellanos son ramplones y vulgares. En cambio en latín versifica mejor y tiene más elegancia y sabor clásico, aunque siempre tiende al prosaísmo, defecto de la época”).
ODA
No cantes, musa mía, los amores
de la impúdica Venus Citerea,
ni de Marte los bélicos furores
del pabellón que ondea
allá en los campos de la infiel Crimea.
Deja, deja a la fama vocinglera
celebrar los estragos que suscita
del Mar Negro en la undísona ribera
la fiereza inaudita
del anglo, galo, turco y moscovita.
Y ven veloz a Ubrique, en que un Guerrero,
de paz ministro, ofrece el sacrificio
por vez primera a Dios, que en un madero
se efectuó propicio,
de la humana natura en beneficio.
De Jerez ves venir ya diligente
a D. Diego Carrasco, fiel padrino,
a D. José Guerrero y noble gente,
que en obsequio divino
no temen las molestias del camino,
Pues no crea el avaro que a esta sierra
se dirigen con anhelante prisa
a buscar minas que su seno encierra.
sino con fe sumisa
asistir a los misterios de una misa.
Pero ya la campana manifiesta
y los fuegos con hórrido estampido
los solemnes preludios de la fiesta.
Mas ¿quién será atrevido
a describirla, según es debido?
¿Quién podrá demostrarnos con esmero
del cántico armonioso la cadencia
y el respeto que inspira el grave clero?
¿Quién pintar la presencia
del orador sagrado y su elocuencia?
¿Quién? ¡Más alto! Detente, musa mía,
ese lauro no es tuyo: deja implique
las sienes de otro vate que este día
enaltezca y publique
las glorias que admirada goza Ubrique.
Manuel Zaldívar Romero ha estudiado los padrones de Ubrique desde el año 1823 (no existen de años anteriores) que se conservan en el Archivo Histórico Municipal de Ubrique y he obtenido datos interesantes sobre el presbítero Guerrero..
La familia Guerrero-Morales (ver nota al final) ya figura en el padrón de 1823, constando los siguientes miembros:
- Félix Guerrero [Salas], 47 años, hacendado
- Antonia Morales [Casillas], 33 años
- Hijos: José,11 años; María 6 años; Francisca, 4 años.
En el padrón de 1824 aparece un nuevo hermano, Antonio, de 1 año. En todos los padrones se lee que la familia vivía en la calle Rosario.
Nuestro personaje, Francisco, figura por primera vez en el de 1833 con la edad de un año. Esto significa que nacería en 1831 o 1832, dependiendo del mes de su nacimiento y del mes en que se realizó el censo. Pero en el de 1847 se dice que tenía 16 años, lo que supone que nació en 1830 o 1831. Reuniendo ambos datos, creo que es bastante probable que naciera en 1831. (En ese censo de 1847 aparece otro hermano, Diego, de 12 años).
Es interesante constatar que en el censo de 1850 ya no figura Francisco, ni en los de los siguientes años. Tendría por entonces 19 de edad, por lo que se puede conjeturar que estaría estudiando la carrera eclesiástica en algún Seminario. (Los segundos apellidos de sus padres aparecen en este censo de 1950, en el que también consta que el cabeza de familia era arriero y que la hermana María estaba casada y tenía dos hijos).
Pero es más: Francisco Morales Guerrero no vuelve a aparecer en ningún censo de Ubrique. Sabemos que se fue a ejercer su ministerio a Gaucín y Algatocín (como dije más arriba, hay un documento que atestigua que en 1861 estaba en aquella zona de la provincia de Málaga). En septiembre de 1895 firmó en Algatocín la venta del castillo de Gaucín. En ese momento le quedaban menos de 4 años de vida.
Porque falleció en Ubrique el 29 de mayo de 1899, con 68 años, de una “gastro-peritonitis”, según el acta correspondiente que se conserva en el Registro Civil de Ubrique. Vivía entonces en la calle de San Pedro (actualmente calle del Perdón), muy próxima a la calle que actualmente leva su nombre. Fue enterrado en el cementerio de San Sebastián, situado al lado de la ermita del Jardín, de modo que este sería uno de los últimos enterramientos en dicho camposanto, ya que al año siguiente entró en servicio el nuevo cementerio de San Bartolomé.
Según Fray Sebastián de Ubrique, pasó su vejez en su pueblo, lo que supone en realidad solo los últimos años si damos por hecho que en 1895 se encontraba aún entre Algatocín y Gaucín. La calle se la dedicaron un cuarto de siglo más tarde, exactamente en 1924, que es cuando aparece por primera vez en el censo esta vía.
Nota: Ambos apellidos de los Guerrero-Morales, corresponden a importantes familias ubriqueñas de los siglos XVII y XVIII, como se puede ver en el árbol genealógico del escultor ubriqueño José Fernández Guerrero y su primo Miguel de Olivares Guerrero y en el de Manuel de Padilla, hermanastro de José Fernández Guerrero que llegó a ser vicedirector del Real Colegio de Medicina y Cirugía e impulsor de la institución que hoy es la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz. Curiosamente, en el árbol de Padilla aparecen también los Salas, uno de cuyos miembros, el ubriqueño Juan de Salas, fue diputado en las Cortes de Cádiz.





