De la vida del erudito Francisco Javier Delgado Jurado, que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, se sabe poco. Era abogado de profesión, pero participó en política, llegando a ser alcalde constitucional de Sevilla en 1822. Precisamente por su implicación en el Trienio Liberal (1820-23) parece que fue “desterrado” a Trigueros (Huelva).
Sentía pasión por el estudio de las antigüedades, y más concretamente por las inscripciones epigráficas romanas. Durante el primer cuarto del siglo XIX (y quizá desde antes) se dedicó a coleccionar y catalogar todas cuantas iba conociendo personalmente o le iban enviando distintos personales que sabían de su afición. Pero no habrían resistido el poder destructor del tiempo si a la muerte del coleccionista, su hijo, el gran numismático Antonio Delgado Hernández, destacado anticuario de la Real Academia de la Historia, no las hubiese conservado celosamente. Ahora se pueden encontrar en dos legajos de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla titulados Epigrafía: copia de inscripciones antiguas de España, 1 y 2, pertenecientes a la Colección Antonio Delgado.
En esta obra he encontrado dos de las lecturas más antiguas manuscritas que nos han llegado de las dos inscripciones honoríficas que se encontraron en las ruinas romanas del Salto de la Mora, Ubrique, en 1794 (publicadas en imprenta por primera vez en 1800). Aparecen en el volumen 2 de la Epigrafía de Antonio Delgado, números de pliegos 204 a 210.
- Una de las transcripciones (en realidad dos, pues hay dos versiones de la misma) es la que transmitió a la posteridad el presbítero ubriqueño Simón de Zamora, y de hecho parece escrita de su puño y letra a juzgar por una somera inspección grafológica.
- La otra lectura, de autor desconocido, se parece a la que Juan Francisco Masdeu publicó en un libro en 1800 a partir de la que le enviaron sus corresponsales Cid y Santaella a finales de 1796. Yo diría que los autores fueron precisamente Cid y Santaella. Al final de esta segunda lectura, el legajo de Delgado contiene sendos breves informes sobre los errores plausibilidad de la lectura y sobre los anacronismos que contiene una de las lápidas (la de Cómodo). Estos informes fueron realizados por José de Rojas, «catedrático de Escritura de la Universidad de Sevilla».
De puño y letra de Simón de Zamora (se supone)
De las tres transcripciones de las lápidas ubriqueñas que llegaron a Francisco Javier Delgado y que guardó en su colección, las dos primeras son la misma. Es decir, fue copiada en dos ocasiones, pero con casi total seguridad lo hizo la misma mano, y esa mano parece la del presbítero ubriqueño Simón de Zamora. Apoya esta tesis la comparación de la caligrafía de estas copias con la de una carta que este Zamora envió a la Real Academia de la Historia para comunicarle precisamente esa misma lectura (que se debe, en realidad, al militar Domingo Traggia). Hay que precisar que la lectura de Zamora/Traggia no reproduce el texto que se ve en las lápidas tal como está, sino que completa las abreviaturas con palabras enteras. Por ejemplo, no transcribe el “IMP” con el que se inicia el texto de ambas lápidas, sino la palabra “Imperatori”.
Esta es una de las dos transcripciones enviadas a Francisco Javier Delgado casi sin duda por Zamora (folio 204 del legajo Epigrafía: copia de inscripciones antiguas de España, nº 2, de Antonio Delgado Hernández conservado en la Universidad de Sevilla).

Para apoyar la hipótesis de que ese texto lo escribió Simón de Zamora pongo seguidamente un fragmento de la carta que este envió a la RAH en 1805. Se comprobará que no solo el contenido de la lectura es prácticamente el mismo, sino que la letra se parece mucho:

El reverso del papel que contiene la primera lectura de Zamora contiene palabras cuyo sentido ignoro, pero apoyan la tesis de que perteneció a un cura porque se lee: “Naturalis. Concluyó el Padre Fr. Manl. de la Comcepción. Comunicación”.

Los dos siguientes folios (205 r.º y v.º y 206 r.º) contienen la segunda lectura de las inscripciones y de nuevo parece que salió de la mano de Simón Zamora a pesar de que en el anverso del segundo folio se lee claramente una firma: Pablo Hermosa. No creo que haya que considerar significativo ese dato porque la letra es diferente e incluso lo es el trazo de la pluma, y además hay palabras y frases de caligrafía parecida a la de la firma que parecen escritas sin ninguna intención especial, como por aburrimiento: “Sevill”, “aut dono dedit dedicavit”, “De amores me muero”, “M”.
Reproduzco seguidamente el anverso y el reverso del primer folio y el anverso del segundo, pues su reverso no contiene nada. Es interesante que en el reverso del primero otra mano ha escrito “debe estar así” y ha tratado de restituir el texto real de las lápidas a partir del de Zamora, ya que este, como he dicho, convirtió las abreviaturas en palabras completas; lo que intenta hacer el comentarista (¿F. J. Delgado?) es seguir el camino inverso: adivinar las abreviaturas a partir de las palabras enteras. Por ejemplo, en una lápida está escrito IMP CAESARI M·AVRELIO, Zamora lo transforma en Imperatori Caesari Marco Aurelio y el intérprete desconocido supone que “debe [de] estar así, IMP.CAES.M.AVRELIO”. Eso denota que no vio las lápidas ubriqueñas personalmente.



La otra lectura de las inscripciones que guardó Francisco Javier Delgado
Después de las dos lecturas de Zamora aparece otra lectura completamente distinta de las lápidas, mucho más cercana a la real. Es muy semejante a la que Masdeu ofreció en su libro publicado en 1800 comunicada por sus corresponsales Joaquín Cid Carrascal y Antonio Santaella en 1796. Quizá, de hecho, esta versión se deba precisamente a Cid y Santaaella. Que no sea idéntica a la de Masdeu no tiene por qué servir para descartar la hipótesis, ya que el propio Masdeu reparó en errores evidentes de las lecturas que le enviaron estos dos corresponsales y los hizo notar.

En el legajo de Epigrafía 2 de Antonio Delgado Hernández esta lectura ocupa los anversos de los folios 207 y 208. Además, en el reverso del primero figuran las palabras que no sé interpretar (ver la imagen).


Comentarios de José de Rojas
Los dos folios que siguen en el legajo de Delgado son muy interesantes. En los folios 209 (anverso y reverso) y 210 (anverso) un entendido que no firma escribe unas “Observaciones que se han de hacer en las dos inscripciones descubiertas junto a Ubrique”. Es con seguridad José de Rojas, «catedrático de Escritura de la Universidad de Sevilla», porque en 1808, una persona llamada Juan Marín Reyna, copió un manuscrito del descubridor de las ruinas de Ócur, Juan Vegazo, y al final de ese manuscrito (que encontró Esperanza Cabello Izquierdo, a quien le agredezco que me haya facilitado una copia de él) aparecen los mismos comentarios que en el legajo de Delgado, pero indicándose claramente su autor:

Los comentarios de Rojas que poseía Antonio Delgado son estos:



En el reverso del folio 210, José de Rojas demuestra sus conocimientos históricos porque explica e interpreta las incoherencias cronológicas contenidas en la lápida de Cómodo:

Comparando estas Observaciones con las del manuscrito de Marín Reyna se comprueba que son las mismas y que, por tanto, el autor de los folios de Delgado era José de Rojas.
Conclusión
En resumen, yo creo que al erudito Francisco Javier Delgado, que vivía en Sevilla y coleccionaba copias de inscripciones romanas, le enviaron dos lecturas de las lápidas:
- Una de un autor desconocido, no muy diferente a la que Cid y Santaella enviaron a Masdeu en 1796, por lo que perfectamente podría deberse a los propios Cid y Santaella. Está acompañada de correcciones hechas por José de Rojas (lo mismo vemos en el manuscrito de Marín Reyna: unas lecturas que casi con total seguridad son de Cid y Santaella corregidas por José de Rojas);
- Otra, por partida doble, debida a Simón de Zamora y basándose en Domingo Traggia (hecha originalmente en 1801).
Quisiera comentar aquí que a Francisco Javier Delgado le envió también alguien, probablemente desde Ubrique, la única lectura original (parece que en dos versiones) de otra inscripción romana que fue hallada en la localidad en 1824: la de Postumia Honorata. Esta lectura figura también en el volumen 2 de la Epigrafía: copia de inscripciones antiguas de España que legó a la posteridad, Antonio Delgado Hernández, hijo de Francisco Javier Delgado. Pero de la lápida de Postumia y sus lecturas hablo en otro artículo.

