En 1783, en plena España ilustrada, se emitió la “Acción nº 30347 del Banco de San Carlos a favor de la Intervención del Pósito de Ubrique, reino de Granada, de sus fondos sobrantes”, un documento que nos permite indagar en cómo funcionaba la banca incipiente en España y cómo se integraban las instituciones locales —como los pósitos— en ella. Los pósitos eran entidades municipales presentes en muchísimas villas de España desde la Edad Media cuya función principal era garantizar el abastecimiento de cereal en tiempos difíciles, actuando como graneros locales: almacenaban trigo y otros granos para préstamos a los agricultores, cobrando intereses moderados y recuperando el grano tras la cosecha.

Un banco moderno en tiempos de la Ilustración
El Banco Nacional de San Carlos fue fundado el 2 de junio de 1782 por Real Cédula de Carlos III, con un proyecto presentado por Francisco (François) Cabarrús al conde de Floridablanca, entonces primer ministro. Ese texto fundacional creó una institución financiera de carácter mixto —público y privado— para apoyar las finanzas de la Corona y el comercio, facilitando la conversión de vales reales (deuda pública) en efectivo y concediendo crédito a actividades productivas.
La Real Cédula de erección del Banco establecía que el capital estaría dividido en acciones de 2000 reales de vellón cada una, con un capital inicial de quince millones de pesos fuertes, y que podrían suscribirse libremente por particulares, dando preferencia a los naturales del Reino y sus dominios. Por tanto, desde sus orígenes, el Banco funcionó como una sociedad por acciones, muy semejante a las compañías de capital de la Europa del XVIII.

Es decir, la “acción de dos mil reales de vellón” a la que se refiere el documento era propiamente una acción financiera, una parte del capital social del Banco de San Carlos que se suscribía a cambio de un aporte de capital concreto. Era un título económico que confería derechos sobre los beneficios del Banco y que, como dice el propio documento, podía cederse y negociarse libremente, exactamente igual que las acciones de las sociedades mercantiles modernas. Un ejemplo famoso conservado en el Archivo Histórico del Banco de España es una acción a nombre del pintor Francisco de Goya fechada en 1784 que muestra cómo particulares de muy diversa condición podían ser también accionistas del Banco.
¿Por qué invertían los pósitos?
Con los años, muchos pósitos acumulaban fondos sobrantes, es decir, excedentes monetarios fruto de ingresos por ventas de grano, intereses o aportaciones municipales, fondos que no eran estrictamente necesarios para sus funciones de abastecimiento inmediato. A finales del siglo XVIII, bajo políticas centralizadoras e ilustradas, la Corona y sus administradores vieron en esos excedentes un recurso financiero potencial que podía integrarse en instituciones más amplias.
La Real Cédula fundacional del Banco estaba diseñada para atraer capital privado y público, y los pósitos, con sus excedentes, eran invitados a suscribir acciones. En aquella época muchos pósitos de toda España hicieron lo que el de Ubrique: transformar fondos sobrantes en participaciones en el capital del Banco. Por ejemplo, según Mª Teresa Tortella Casares (Indice de los primitivos accionistas del Banco Nacional de San Carlos, Banco de España. Archivo Histórico, 1986, sign. 113145) los pósitos de Grazalema y Benaocaz también suscribieron acciones del Banco de San Carlos.
En cuanto al de Ubrique adquirió las acciones de la 30 347 a la 30 366 y de la 73 649 a la 73 660, es decir, 32, lo que suponía 64 000 reales de vellón, que podrían equivaler a entre 150 000 y 200 000 euros actuales (aunque la equivalencia es difícil de hacer).

Aparte de esto, las villas de Ubrique, Grazalema y Benaocaz tenían suscritas conjuntamente en 1788 25 acciones (de la 17 031 a la 17 055), siendo su apoderado en la junta del Banco del 24 de febrero de ese año y en la de los días 29, 30 y 31 de marzo y 1 y 2 de abril de 1789 Francisco Bruno López.

y 27 de agosto de 1782. Madrid : Por Don Antonio de Sancha, 1784. Repositorio del Banco de España, sign. FEV-AV-M-04758.
Villaluenga del Rosario también tenía acciones, pero por su cuenta.
Ubrique y la economía de su tiempo
El Banco de San Carlos, desde su fundación, tuvo una vocación de institución financiera central, con relaciones estrechas con el Estado y con los agentes económicos del reino. No solo gestionaba deuda pública, sino que también facilitaba pagos al exterior, combatía la usura mediante crédito regulado y apoyaba el comercio y la industria. Al integrarse como accionista del Banco de San Carlos, el pósito de Ubrique dejaba de tener inmovilizados sus fondos sobrantes, que pasaban a formar parte de un proyecto financiero nacional, y adquiría derecho a participar en los beneficios del Banco (por más que alguna de sus iniciativas resultara catastrófica), así como la posibilidad de ceder o vender ese título en el mercado financiero del momento.

