Benafí, Benafín, Benalfí, Benalfil… y hasta la absurda Benafélix con la que un colegio de Ubrique decidió bautizarse contra todo rigor científico son diversos modos de escribir o pronunciar el nombre de un conocido lugar de Ubrique cuya forma más adecuada quizá sería Benalfiz o simplemente la popular Benafí. . Aquí pretendo contribuir a la búsqueda de la denominación más adecuada aportando dos modos que he encontrado en las Misceláneas correspondientes a la Villa de Ubrique del erudito Rafael de Aragón Macías. Se trata de las referencias más antiguas a este topónimo que conozco.
Hay que tener en cuenta que el texto de Aragón es de mediados del siglo XIX y que lo que él hizo fue transcribir documentos anteriores. Es decir, aunque me consta que este abogado ubriqueño era muy cuidadoso, siempre cabe la posibilidad de que copiara algo mal debido a que muchos textos antiguos no son precisamente portentos del arte de la caligrafía. Pero a falta de esos documentos originales, en principio tenemos que suponer que lo trasladado por Aragón es fiel.
Benafil (1571)
El documento más antiguo citado por Aragón en el que aparece el topónimo data nada menos que de 1571. La referencia está contenida dentro de una sección llamadas Memorias al Beneficio en la que el autor recopila una serie de disposiciones testamentarias según las cuales los clérigos del pueblo habían de decir misas «para siempre jamás» por el alma del testador, misas que se pagaban con las rentas de un patronato que este último constituía. Por ejemplo, de las rentas de alguna casa o tierra que el testador dejaba, el beneficiado podía cobrarse una remuneración por su «trabajo» de encomendar a Dios periódicamente el ánima del finado. Una de esas memorias es la de Hernán Gil Tenorio. De ella dice Aragón lo siguiente (adapto ligeramente el texto al lenguaje moderno):

Hernán Gil Tenorio otorgó testamente ante Melchor Ortiz, escribano de esta villa, a 9 de noviembre de 1571, en el cual dejó unas Memorias de Misas y señaló para su pago los réditos de un censo de 535 maravedíes por el capital de 20 ducados de principal sobre tenería y casas de Diego Alonso, curtidor, vecino de Grazalema. Nombró por patrón al reverendo bachiller Martín Tenorio de Peñalara, su hijo, beneficiado de esta villa. Además, consignó para dichas memorias una haza de tierras en el sitio que dicen del Benafil, linde con tierras de la Iglesia y tierras de Juan Sánchez Morales el Viejo y el baldío de esta villa.
(En aquella época se solía llamar baldío de la villa a terrenos de aprovechamientos comunales que administraba el concejo municipal).
Benafís (1672)
El otro documento transcrito por Aragón en el que aparece este topónimo tan incierto se refiere a una capellanía instituida por el matrimonio de Juan Díaz Infante y Jerónima Benítez en 1672. Una capellanía era una fundación cuya intención era parecida a la explicad anteriormente. La diferencia está en que la administraba un capellán elegido por los testadores, el cual incluso podía ser una persona que no era clérigo, pero al que se le ponía en bandeja la ocasión para ordenarse, ya que su sustento económico se le aseguraba gracias a los bienes de la fundación. La condición era que el capellán tenía que cumplir las obligaciones que dejaban establecidas los testadores, aunque se reducían a poca cosa: recordar en algunas misas a Dios que, si todavía no había admitido a las ánimas de los testadores a su presencia, tuviera a bien hacerlo, pues estaban a las puertas del Cielo esperando para entrar. Para que la súplica resultara más efectiva, los dineros de la fundación, dado que ya no le servían a sus difuntos propietarios, en el mejor de los casos también se debían aplicar a socorrer a semejantes vivos necesitados. Si el beneficiado de la capellanía era un pariente, se decía que eran de sangre. Según Aragón, la capellanía Díaz Infante – Benítez consistía en resumen en:

Capellanía de Juan Díaz Infante y Jerónima Benítez, su mujer, fundada en 1º de febrero de 1672 ante Pedro Armendáriz. Bienes: una huerta vega arbolada y solería en la ribera del Benafís, linde con la de Bartolomé Díaz, nuestro hermano y cuñado, y otras de Bartolomé de Morales y del licenciado Alonso Borrego Carvajal. Misas: 12. 4 [en el] día y octavario de la Candelaria, 4 en Todos los Santos y 4 en Navidad. Llamamientos: Diego de Vega Becerra, hijo de Diego de Vega Becerra y de Ana López Infante, su mujer; y en su defecto, Cristóbal de Melgar Nieto, hijo de Gaspar Cabezas Nieto y de Leonor Rodríguez Infante, su mujer; y a su falta, el nieto mayor de Cristóbal de Melgar Nieto y de Ana García; y por su falta, a nuestros sobrinos, hijos de Diego Hernández y de Elvira Gómez, su mujer; y de los demás hermanos nuestros, prefiriendo el mayor al menor, y un grado al más pronto para ordenarse; y a falta de parientes el clérigo más pobre al que le falte congrua.
Como se ve, proponían que un pariente suyo llamado Diego de Vega Becerra fuese el capellán de esta capellanía. Para ello, lógicamente, si no era sacerdote, tendría que ordenarse. Se ve que hay dos personas que se llaman igual, pero esto era habitual en la época, ya que el sistema de apellidos se parecía poco al que ahora tenemos y más bien consistía en que cada cual se pusiese los que le viniese en gana. La congrua era la renta del religioso. Hay que tener en cuenta que ningún aspirante a clérigo secular podía serlo sin poseer una renta mínima que asegurase su manutención.
Como se ve, se cita al licenciado Alonso Borrego Carvajal, fundador del convento de Capuchinos, y este dato es el que parece confirmar que el Benafís del que se habla es el arroyo que surgía del nacimiento del mismo nombre, donde hoy está la fuente de los Nueve Caños, situada a pocos metros de dicho convento. Sin embargo, el Benafil del texto de 1571 no es fácil de deducir si es el mismo que el de 1672, ya que hay que tener en cuenta que en algunos mapas del siglo XIX aparecen unas casas llamadas de Benalfís a 1,5 kilómetros de los Nueve Caños, en la zona del arroyo de los Cidrones y el callejón de las Mocitas.
Finalmente, y como curiosidad, Fray Sebastián de Ubrique recoge la lista de capellanías de Aragón Macías pero, como es habitual en este historiador, plagándolas de erratas. Así, de esta capellanía da mal el año (dice 1633) y el nombre de uno de los creadores (Juan de Dios en vez de Juan Díaz):

Además, como se ve, hace caso omiso a la forma escrita del topónimo que aparece en el documento de Rafael de Aragón (Benafís) y la convierte en Benalfí, que es la que usa sistemáticamente en su Historia de la Villa de Ubrique sin explicar por qué. Esta forma, precisamente, es la que han adoptado la gran mayoría de autores posteriores. Pero el colegio mencionado prefirió la palabra de diseño Benafélix. ¡Qué arte!


