jueves, 19 febrero 2026

Una antigua referencia a Iptuci: «grandiosas ruinas romanas junto a Ubrique»

La hizo el cura Juan María de Rivera en sus "Diálogos de memorias eruditas..." en 1766

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En septiembre de 1772, un inglés amante de los viajes, la historia y las “antigüedades” llamado Francis Carter hizo un viaje por la serranía de Ronda que años más tarde repitió. Estas excursiones despertaron su amor por Andalucía, donde residió durante 20 años cosechando un buen número de amigos eruditos y un auténtico tesoro de piezas arqueológicas. Algunas de sus experiencias las contó en el libro “Viaje de Gibraltar a Málaga”, destacando en él la faceta que más le interesaba: la búsqueda de restos de antiguas civilizaciones, especialmente la romana.

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 “Vista de Marbella”, grabado del libro de Francis Carter “Viaje de Gibraltar a Málaga”.

En este libro, publicado originalmente en inglés en 1777 y traducido al español en 1985, me ha llamado la atención el siguiente párrafo, del capítulo III del libro II:

En la Sierra de Villaluenga, cerca de Ubrique, pueden encontrarse unas grandiosas ruinas de una ciudad romana, aunque Don Juan María de Ribera, que las inspeccionó, no tuvo éxito en sus esfuerzos por descubrir alguna lápida o inscripción que permita averiguar su nombre.

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¿A qué ruinas romanas se refiere? Para saberlo, lo mejor es enterarse de quién era el tal Ribera y seguirle la pista. Juan María de Rivera Valenzuela Pizarro Eslava y Chavero –hoy su primer apellido se escribe con v– fue un presbítero rondeño (comisario del Santo Oficio de la Inquisición y fiscal general de la vicaría de Ronda, para más señas) cuya mayor afición eran las “antigüedades”, al punto de ser propietario de una de las mejores colecciones de restos históricos de la ciudad del Tajo y alrededores, sobre todo monedas y medallas romanas, especialmente de la Bética. Incluso se desplazó a otras poblaciones para buscar ejemplares con que aumentar su colección. Solo en Acinipo (Ronda la Vieja) había encontrado 40 monedas romanas y hasta doce cuños o matrices, puntas de saeta, sortijas de oro, talismanes, diaspros (jaspe) y camafeos de cornerina y otros tipos de ágata, según él mismo cuenta en su libro Diálogos de memorias eruditas para la historia de la nobilísima ciudad de Ronda, publicado en 1766 y reeditado por Marion Reder Gadow en facsímil (Málaga, Fundación Unicaja, 2002).

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En su viaje, Francis Carter recaló en Ronda, donde conoció la obra de Juan María de Rivera (y quizá también personalmente al autor), al que define como “un cura erudito”. De que efectivamente Rivera era un ilustrado dan fe sus afiliaciones a diversas academias, como la Real de Buenas Letras de Barcelona, la Real Sociedad de Baeza y la Real Academia de la Historia (desde julio de 1782). Probablemente ganó su puesto de académico correspondiente de esta última institución como premio al “corto obsequio” que en enero de ese mismo año hizo al Gabinete Numario de la Academia: un magnífico conjunto de monedas romanas de la «serie de municipios y colonias» junto con dos ejemplares (uno para el director y otro para la biblioteca) de sus Diálogos de memorias (Fátima Martín Escudero et al.: Archivo del Gabinete Numario. Catálogo e índices, Real Academia de la Historia, 2004).

Iptuci

En esta obra, concretamente en la Memoria IV del volumen I (página 101), encontramos un párrafo que resuelve la duda sobre las ruinas a las que se refería el inglés:

Junto á el convento de las Nieves nacen dos fuents juntas: dulce la una, y la otra salada: ésta forma las salinas muy copiosas de sal bermeja, de duplicada acrimonia para salar respective á la blanca, que se congela en Hortales, junto á Ubrique, donde hay drandiosas ruinas de población Romana, aunque no he podido hallar inscripción o lápida alguna para su conocimiento.

Evidentemente, está hablando de Iptuci, en la Cabeza de Hortales, frente a Prado del Rey. (Téngase en cuenta que las ruinas de Ocur, en el Salto de la Mora, junto a Ubrique, no fueron descubiertas oficialmente hasta la última década del siglo XVIII. Por otro lado, una lápida que contiene el nombre de Iptuci se descubrió en el siglo XIX).

En su libro, describiendo a Ronda y a los pueblos que la circundan, Rivera se refiere varias veces a Ubrique, y en una de ellas señala una curiosa supuesta particularidad de este pueblo: «En lo de Ubrique y las Nieves hay minas de plomo».

Finalmente, copio una frase del Diálogo de memorias que refleja muy bien la fiebre de búsqueda de ruinas y tesoros que se vivió en aquella época tras los descubrimientos de Herculano (1738) y Pompeya (1748), ciudades que contribuyó activamente a desenterrar el rey español Carlos III:

Supongo que es raro el año que á los tiempos de sementera, siega y escarda no se hallen mil cosas primorosas en términos tales, que ha habido quien piensa en arrendar dichas tierras solo con el fin de desenvolverlas, y creo que en esto se haria gran negocio.

Tres décadas más tarde, el ubriqueño Juan Vegazo escarbaba en el Salto de la Mora en busca de tesoros.

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