Bandoleros ficticios y reales en Ubrique en el siglo XIX

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En Andalucía, el fenómeno del bandolerismo se remonta a la antigüedad. La orografía de la región es propicia; las seculares desigualdades sociales en la región echan leña al fuego.
El problema comenzó a desaparecer a finales del siglo XIX, quizá con motivo de la entrada en acción del gobernador de Córdoba Julián Zugasti, que con medidas legales e ilegales acabó con un centenar de los bandidos más destacados (sus experiencias las plasmó en su famoso libro El bandolerismo: Estudio social y memorias históricas, 1876-1880). Eran tiempos en los que sucesos como el terrible secuestro del hacendado Juan Aurioles en Zahara tenían en vilo al gobierno.


En su número del 21 de octubre de 1928, la revista Blanco y Negro (páginas 29 y 30) publicaba un cuento del abogado, político, escritor y periodista malagueño Narciso Díaz de Escovar titulado El Rubio de Ubrique.

En esta (se supone) ficción, Matías, el Rubio de Ubrique, era un joven paisano que “por cuestión de mujeres, riñó con un convecino suyo, se arremetieron navaja en mano y su rival quedó muerto a consecuencia de una herida en el cuello”. Y por esa desgracia Matías se hubo de echar al monte. Desde entonces fue reputado de temible bandido, a pesar de lo cual en su corazón siempre anidó la caballerosidad… Si quiere saber más, aquí tienen el cuentecito, aquí está completo:

Quizá inspiró el cuento el hecho de que en aquella época merodeaban los bandoleros por los alrededores de Ubrique. A propósito, el 2 de octubre de 1850 aparecía en el el periódico La Gaceta esta curiosa noticia:

El Áncora (de Barcelona) del 26 de julio de 1850 lo contaba así:

Este Rosillo traía de cabeza a la por entonces recién fundada (1844) Guardia Civil. En 1846, el teniente Vidal Tejerina ya lo habían capturado en Jubrique y Sierra Bermeja. Se le acusaba de dos asesinatos y de ser “desertor del presidio de Málaga”, según he leído en una publicación de la Guardia Civil.

Asalto al farmacéutico de Ubrique Rafael Sánchez de Medina

Durante todo el siglo XIX la serranía estuvo bien revuelta, pero resultó especialmente convulsa la última década. Leo en El Imparcial del 22 de noviembre de 1892 la siguiente noticia, que se refiere al robo que sufrió el farmacéutico de Ubrique Rafael Sánchez de Medina:

Esta noticia la confirmaba tres días más tarde El Siglo Futuro:

En su edición del 24 de noviembre de 1892, el diario El País,  de Madrid (que nada tiene que ver con el periódico actual del mismo nombre), abundaba en los hechos con este reportaje:


Quizá la partida de la que se habla estaba formada por presos escapados de Utrera, según esta información de La Iberia del 1 de junio de 1892 (de la que se hace eco El País al día siguiente iniciando así su crónica: “Por lo que se ve, estamos en pleno reinado de Narizotas”).

Año y medio más tarde continuaban los problemas en la zona. El Siglo Futuro del 27 de enero de 1894 decía:

Y en el mismo periódico del 29 de enero de 1894 se leía:


El País del 30 de enero de 1894 también informaba sobre el asunto:


Asalto al coche / Francisco de Goya.

Bandidos malagueños en la Sierra de Ubrique en 1857

El periódico La Discusión del domingo 9 de de agosto de 1857 informaba de que una partida de bandoleros estaba haciendo su agosto por la Sierra de Cádiz en aquellas fechas.

La siguiente noticia que tomamos de un periódico de Cádiz confirma lo que decimos en otro lugar acerca de que el gobierno debe fijar toda su atención en lo que está sucediendo en Andalucía, donde los crímenes se aumentan prodigiosamente.

«Tenemos entendido que hace tres días se tuvo noticia en este gobierno de provincia de haberse introducido en el territorio de ella, por la parte inmediata á la de Málaga, una partida de doce ladrones á caballo, capitaneados por un tal Vargas.

Las noticias posteriores reducen á cuatro ó cinco el numero de los ladrones, ya porque las primeras fuesen inexactas, ó ya porque la partida se haya fraccionado en dos ó mas grupos, de los cuales no corista, sin embargo, que haya mas que uno en nuestra provincia.

Estos bandidos han cometido varios robos en despoblado, especialmente en los términos de VillaluengaBenaocaz Ubrique. No se sabe que sus depredaciones lleven ninguna tendencia política.

El señor gobernador de la provincia, tau pronto como tuvo conocimiento de estos hechos, adoptó las medidas convenientes para la persecución y esterminio de los ladrones, y probablemente habrán producido ya á esta fecha el resultado apetecido. Estas medidas se han hecho estensivas á los pueblos del Campo de Gibraltar, por sí aquellos criminales intentasen por allí su fuga,

La guardia civil está en activo movimiento en todo el territorio de la sierra, y el día primero de este mes, los cuatro guardias y un cabo de los puestos de Ubrique v AIgar tuvieron un encuentro con los malhechores, en número estos de cinco, á caballo, en el sitio nombrado Majadal de Ruiz, término de Arcos. Desgraciadamente resultó gravemente herido en esto encuentro el cabo, jefe de dicha fuerza, Ramón Blanco. Los ladrones sufrieron también la pérdida del que los capitaneaba, llamado José María Puche, el cual fué herido y quedó en poder de los guardias, con el caballo que montaba. Los demás huyeron y son perseguidos por todas partes.

La vecindad de la provincia de Málaga, en la que parece abundan los ladrones, es causa de que la nuestra tenga que sufrir las tropelías consiguientes á la aparición de esos bandidos, que no proceden ciertamente de la provincia de Cádiz.


Siete bandoleros amedrentaban a Ubrique en el invierno de 1892

Encuentro en el diario El País del 24 de noviembre de 1892 una crónica que da cuenta de las fechorías realizadas por una partida de bandoleros (siete, bien vestidos) que tenían amedrentada a la población de Ubrique en el invierno de ese año.

Escriben de Ubrique á El Guadalete de Jerez una interesante carta dándole cuenta de algunas de las fechorías realizadas por la partida de bandidos que recorre los pueblos de la Sierra, de la cual tomamos los más importantes párrafos.
«Todavía, dice, no estamos en el invierno, y ya se notan en esta región síntomas alarmantísimos de !a seguridad personal que disfrutaremos en el que se espera.
Después del robo hecho al farmacéutico don Rafael Sánchez de Medina, en la noche del 11, se han verificado los siguientes:
Aun clareaba el crepúsculo vespertino, cuando se presentaron siete hombres en la casa cortijo del «Retamoso», a tres kilómetros de esta localidad, donde se encontraba el dueño D. Pedro Jaén Rodríguez, con su familia y criados.
«¡Todo el mundo al suelo!» dijeron los bandidos, y le robaron 1..500 pesetas en diferentes monedas, más dos onzas de oro, tres escopetas, mantas y ropas de valor.
Se fueron tan tranquilos, dejándolos hasta sin pan.
Encontráronse en pleno día y frente á la venta de «Albuera» á un pobre arriero, y lo desbalijaron de 10 únicas pesetas que llevaba.
Del molino de las «Dos paradas» han desaparecido también [dos palabras ilegibles]; y en nuestra población el pánico es indescriptible, particularmente entre los que viven en el campo.
Los que sufren semejantes perjuicios niegan los hechos cuando las autoridades los llaman para declarar, ante el temor muy fundado de escapar peor si los bandoleros cumplen sus pronósticos de quemar y asesinar si algo dicen; y como fusilaron ha poco tiempo Lorda y los suyos varias vacas, propias de un pobre labriego de Villaluenga, que dio parte de que andaban por su terreno, de ahí el silencio que las víctimas se han impuesto.
Como por aquí no hay más que caminos de herradura y veredas para cabras, á las que forman marco sierras elevadísimas con crecida vegetación, cada altura es un observatorio para los malhechores, que ven sin ser vistos; y mientras distinguen los vistosos uniformes de la guardia civil, encargada de perseguirlos, se ríen á mandíbula batiente de sus infructuosas pesquisas.
Los bandidos
Según dicen, son siete; visten bien, llevan tercerolas y en sus bolsillos interiores pistolas y revólveres.
No les han visto caballos y se presentan como con1rabandistas, y otras veces fingiéndose empleados de la Tabacalera, divididos en dos grupos; pero luego se reúnen para dar un golpe como el del Retamoso, para el que necesitaban mas fuerza.
»Aquí no hay otro medio que organizar una columna de guardia civil numerosa, con paisanos prácticos también armados; batir todas estas sierras y tomar las salidas naturales del terreno por donde pudieran escapar.
»La que compone este puerto son un sargento y cinco guardias, que no puedan cumplir este servicio tan importante, aun cuando no les faltan ganas.
»Eu este sentido ha oficiado el alcalde de Ubrique al gobernador de Cádiz, pues si esto es ahora, cuando empiecen las lluvias y vengan las necesidades, que consigo trae la paralización de los trabajos agríenlas, el bandolerismo echará raíces en esta región, costando más trabajo hacerlo desaparecer.»
La batida
Según noticias posteriores, la fuerza de la guardia civil de la provincia de Cádiz ha sido aumentada con cien guardias.
También se dice que el jefe de la benemérita salió ayer de Cádiz al frente de fuerzas respetables y comenzó la distribución de éstas para dar una batida á los foragidos en sus guaridas de la sierra.
Reina en tolos aquellos pueblos verdadera ansiedad por conocer el primer encuentro de guardias y bandoleros.

¿Causas?

¿Y a qué se debía el bandolerismo en esa época? Un periodista de La Correspondencia de España escribía una crónica un año más tarde (26/1/1894) y lo atribuía a la “crisis de la clase jornalera” o a “complots y trabajos anarquistas”.

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