viernes, 30 enero 2026

Crónica del asesinato del alcalde ubriqueño Cristóbal Toro el 11 de marzo de 1871

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Manuel Zaldívar Romero y J. M. G. V. »

Queremos ofrecer algunos datos que hemos encontrado sobre el asesinato del que fue alcalde de Ubrique Cristóbal Toro, acontecido en la localidad el 11 de marzo de 1871.

1. El suceso

Su segundo apellido era Orellana. Lo dice claramente un documento que se guarda en el Registro Civil de Ubrique y que da fe de la muerte del alcalde, aunque sin indicar la causa.

En la villa de Ubrique, a la 1 de la tarde del día 12 de marzo de 1871, en virtud de oficio que en esta fecha ha pasado a este juzgado el Sor. D. Manuel Galluri, Juez de primera instancia de este partido, participando haber acordado en providencia de la misma fecha mandar dar sepultura al cadáver de D. Cristóbal Toro, alcalde de esta Villa; el Sor. Juez municipal, D. Miguel Tomás Bohórquez, por antemí el secretario Dn Alejo Bonachea, dispuso que se entendiese la presente acta de inscripción consignándose en ella y en virtud de las noticias que se han podido adquirir las circunstancias siguientes.

Que el referido finado estaba casado en el acto del fallecimiento con Dñ Josefa Romero, natural de esta Villa, partido judicial de Grazalema, provincia de Cádiz, mayor de edad, dedicada a las ocupaciones propias de su sexo y domiciliada en la casa de aquel; habiendo tenido de este matrimonio 5 hijos llamados Ana, José, Andrés, Mariana y Cristóbal, viviendo todos en compañía de su madre.

Que era hijo legítimo de D. José Toro y Dª Ana Orellana, que estuvieron domiciliados en esta Villa, hoy difuntos.

Que no otorgó testamento.

Y que a su cadáver se habrá de dar sepultura en el cementerio del Convento de esta población.

Fueron testigos presenciales Dn Manuel Parra, natural de esta Villa, mayor de edad, casado, barbero, domiciliado en la calle de Alcantarilla, y D. Eduardo Ayala, natural de la ciudad de Ronda, provincia de Málaga, mayor de edad, soltero, farmacéutico y domiciliado también en esta Villa y calle citada de Alcantarilla.

Leída íntegramente esta acta e invitadas las personas que deben suscribirla a que la leyeran por si mismas si así lo creían conveniente, se estampó en ella el sello del juzgado municipal y la firmaron el Sor. Juez y los testigos; y de todo ella como secretario certifico; así como de que el difunto era natural de esta Villa y estaba domiciliado en la plazuela de la Carnicería.

La plazuela de la Carnicería (a veces denominada calle de la Carnicería)  actualmente no figura en el nomenclátor de Ubrique, pero con casi toda seguridad era la que hoy se conoce como plaza de la Verdura o parte de ella. Está  conectada por un estrecho callejón (de Janeiro) con el inicio de la calle de la Botica, que en aquellos tiempos se llamaba de la Alcantarilla.  Por lo tanto, el alcalde y los testigos mencionados en el documento eran casi vecinos. Todos vivían, además, cerca del Ayuntamiento.

De los dos testigos presenciales (del asesinato, se entiende), uno, de profesión  farmacéutico, se llamaba Eduardo AyalaBaliente (sic) era su segundo apellido según el padrón de habitantes de 1870 (Archivo Histórico Municipal de Ubrique), documento en el que además de quedar asentado que era de Ronda, que estaba soltero y que tenía 27 años, se indica que la casa de la calle Alcantarilla en la que moraba tenía el número 15. Precisamente ese sigue siendo el número de la farmacia existente hoy día en esa calle. Así que evidentemente el señor Ayala Baliente era el boticario de aquel establecimiento.

El otro testigo era el barbero ubriqueño Manuel Parra Sevillano, de 28 años, casado, que residía en el número 21 de la misma calle, según dicho padrón.

(En el padrón de 1875-78 se lee que tenía 32 años y que era sangrador, que como se sabe era otra de las ocupaciones de los barberos de entonces, y algunos hasta hacían la funciones de dentista. En esas fechas el barbero Parra estaba casado con Ramona Canto y tenían tres hijos).

Calle Botica con la farmacia a la derecha. Al alcalde  Toro lo mataron probablemente en el arranque de la calle, que se ve al fondo.

Dónde y cómo

Si dos vecinos de la calle Botica fueron testigos del asesinato, es natural pensar que fue en aquella vía donde se produjeron los hechos. Pero es mas: tenemos un documento del que quizá podamos deducir en qué lugar exacto de la calle Botica fue muerto Cristóbal Toro Orellana. Se trata de una carta que escribió una vecina de Ubrique a su marido al día siguiente del crimen  (el año de la data es erróneo) en la que la remitente dice que al alcalde lo mataron “en la puerta de Don Fernando”, e incluso da la hora del atentado: las “8 y media de la noche”.

¿Y quién era este Don Fernando? Casi con toda seguridad se trataba de Fernando Suárez Otero, médico-cirujano del pueblo desde el 1 de enero de 1858, según datos del padrón de 1859 que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Ubrique. Era natural de San Fernando y tenía en la fecha del censo 29 años, por lo que debió de nacer en 1830. Estaba casado con Inés Peña Vargas, de 28 años, de Jerez. Vivían entonces en la calle Real, pero pronto se trasladaron a la cercana calle Alcantarilla (hoy Botica), concretamente al número 20, según figura en el padrón de 1861. (En la misma calle, en el número 17, residieron por poco tiempo un hermano suyo, Cayetano, su esposa y dos hijos. En cuanto al médico, en torno a 1865 era también juez municipal de Ubrique, según la Guía de Sevilla, su provincia de ese año. Y, como veremos, tenía muy buenas relaciones con el alcalde.)

En 1870 seguía habitando en la misma calle pero en el número 2, según el padrón municipal. Su casa era, pues, la primera de la actual calle Botica, en la acera de la derecha según se llega a ella desde la plaza del Ayuntamiento. Esta vivienda está frente a la salida del callejón de Janeiro. Por lo tanto, estos datos parecen apuntar a que Cristóbal Toro fue asesinado en el punto donde confluyen el callejón de Janeiro y la calle Botica.

Probablemente el alcalde salió de su casa en la plaza de la Carnicería (hoy de la Verdura) y enfiló el callejón de Janeiro para dirigirse al Ayuntamiento, donde, por ser sábado, habría reunión municipal (en aquella época se celebraban ese día de la semana). Además, el pueblo (y toda España) estaba inmerso en el proceso electoral que se inició el miércoles anterior, 8 de marzo, y que se prolongó durante varios días posteriores en algunas localidades.

El punto donde el callejón de Janeiro desemboca en la calle Botica es ideal para sorprender a alguien. La siguiente foto lo demuestra.

En la imagen sobre estas líneas se ve, a la izquierda, de frente, el estrecho callejón de los Janeiro, con la plaza de la Carnicería al fondo. A la derecha arranca la calle Botica; la primera casa de la acera derecha era la del médico Fernando Suárez. El alcalde, que vivía en la plaza de la Carnicería, necesariamente tenía que pasar por el callejón para llegar al Ayuntamiento, que queda a 25 metros a la espalda del espectador.

Era de noche, pero en esta confluencia de calles habría alguna luz de petróleo. Suficiente como para que el farmacéutico y el barbero, que vivían en la calle Botica a poco más de 50 metros de este punto, pudieran ver algo. De hecho, en el acta del Registro Civil se les cita como testigos y, por otra parte, varias fuentes señalan el número de individuos que atacaron al alcalde. Por lo tanto, alguien tuvo que verlos.

¿Cómo y hacia dónde huirían los asesinos (si es que huyeron)? Para proponer alguna hipótesis habría que tener en cuenta que el cuartel de la Guardia Civil estaba en aquella época en la calle de los Morales, como se puede deducir de datos contenidos en los padrones de 1861, 1870 y 1873 (en el de este último año se menciona a 5 guardias habitantes del cuartel). (El cuartel estuvo también en la calle Carnicería, pero un poco más tarde; al menos, en 1880, según el padrón de ese año.) Es decir, la fuerza pública estaba al sur de la población, lo que hace dudar de que los asesinos huyeran por la calle de San Sebastián hacia la carretera de Cortes. Más bien irían calle Real arriba buscando la Calzada.

Cadáver del presidente del Consejo de Ministros y líder del Partido Liberal José Canalejas, asesinado el 12 de noviembre de 1912 mientras miraba el escaparate de una librería de la Puerta del Sol de Madrid.

Está a favor de nuestra hipótesis de que el alcalde de Toro murió al inicio de la calle Botica, por un lado, la mencionada carta que la mujer de Ubrique le dirige a su marido al día siguiente para contarle, asustada, los hechos:

(…) hanoche a la 8 1/2 de la noche mataron a Dn. Cristoba Toro el larcarde en la puerta de Dn. Fernando que yba para su casa entre dos o tres que se rodearon de el hoy lo an enterado si bieras que susto yebo todo el pueblo y en casa tambien lo yebamo, se oyo un tiro y de seguida seramos la puerta (…)

Y por otro, este suelto que apreció en El Progreso de Jerez el día 15:

Fray Sebastián, en su Historia de la Villa de Ubrique, dice esto:

(…) el 11 de enero (sic) de 1871 un grupo de republicanos asesinaba, al salir del cabildo, al dicho alcalde don Cristóbal Toro. Dos individuos lo sujetaron fuertemente, mientras otro le disparaba la pistola sobre el cráneo, quedando, según unos, muerto en el acto, y, según otra versión, quedando moribundo y expirando en su casa.

El historiador ubriqueño se basa en los Opúsculos de Francisco Mateos Gago:

El alcalde Toro fue asesinado al salir de las Casas Capitulares de la villa de Ubrique, en la oscuridad de la noche. Dos o tres hombres le sujetaron fuertemente, mientras otro le aplicó la boca de un revólver sobre el cráneo. Cayó muerto en el acto, dejando cinco hijos en la orfandad.

Dice que al alcalde lo mataron al salir de las Casas Capitulares. Podría ser. Pero nosotros, como ya hemos dicho, pensamos más bien que fue al dirigirse a ellas. Nos basamos en este texto redactado en el libro de Actas Capitulares (AHMU) esa misma noche por el secretario accidental del Ayuntamiento, Fernando Santillana:

En este día no ha podido celebrarse sesión ordinaria por no haberse reunido el ayuntamiento por consecuencia de las elecciones y haber sido asesinado el Sr Alcalde D Cristóbal Toro. Lo que hago constar por la presente que firmo y de que certifico.

Curiosamente, sobre esa tétrica anotación está la firma del alcalde al pie del acta anterior, fechada el sábado 4 de marzo. Puede que fuera la última firma que hizo en su vida.


3. El móvil

El médico Suárez, en cuya puerta murió el alcalde Toro, parece que tenía excelentes relaciones con este. En 1865 Toro era juez municipal. Ambos participaron en la operación emprendida por el gobierno para sofocar el levantamiento republicano-federal de septiembre-octubre de 1869 en la Sierra de Cádiz. La prensa republicana los señaló a los dos expresamente como colaboradores necesarios de la muerte en aquella operación cerca de Benaoján en octubre de 1869 de dos de los líderes de la rebelión: el diputado Rafael Guillén y el joven republicano ubriqueño Cristóbal Bohórquez, hijo de Pedro Bohórquez El Chico. Así, en el periódico La Esperanza del 4 de diciembre de 1869 se lee esto:

Aquel jefe, que era el coronel de carabineros de la comandancia de Cádiz, preguntó al alcalde de Ubrique, Cristóbal Toro, y al médico del mismo pueblo, Fernando Suárez, que iban incorporados a la columna militar, si conocían al prisionero; y dichos dos individuos le aseguraron que era D. Rafael Guillén, diputado a Cortes. Oído esto por el coronel, mandó a Guillén que le siguiese, y la columna tomó la dirección de Atajate, por el camino del Quejigal.

Y en La Ilustración Republicana Federal del 15 d octubre de 1871 esto otro:

De un artículo necrológico publicado en La Soberanía Nacional de Cádiz copiamos el siguiente notable párrafo: «¡Ah, jefe de carabineros (el célebre coronel Luque)! ¡Ah, alcalde de Ubrique, que hiciste de Judas! ¡Oh miserable médico! ¡Qué premio tan tremendo sacasteis por la muerte de un inocente! ¡Quisiera penetrar en los arcanos de vuestro corazón y estudiarlo!»

Por todo ello, es posible que uno de los móviles del asesinato fuese la venganza. Pero tuvo que haber más. La prensa atribuyó el crimen a “cuestiones electorales”. De hecho, el ministro de la GobernaciónPráxedes Mateo Sagasta (en la imagen), del Partido Constitucional, escisión del Progresista), llegó a asegurar en el Congreso de los Diputados que el alcalde había sido asesinado “por un grupo de republicanos” (La Discusión, 21-4-1871). Como se puede deducir de esta acusación, los progresistas/constitucionales no se llevaban muy bien con los republicanos en aquella ápoca.

Toro era miembro en Ubrique del Partido Progresista, de corte liberal. A finales de 1864, él y otros mostraban su adhesión al comité central de dicho partido (La Iberia, 19/1/1865). Meses más tarde Toro firmaba un documento junto a otros muchos progresistas de Ubrique para felicitar al general Espartero por haber salido ileso de un atentado (La Iberia, 21-3-65). (Casualmente, el manifiesto estaba firmado  el 11 de marzo de 1865, exactamente 6 años antes del atentado que costó la vida al alcalde.)

Su amigo Fernando Suárez Otero  pertenecía al Partido Democrático, el cual hacía buenas migas con el Progresista. En 1865 encontramos al  medico representando a los demócratas en la firma de un acuerdo con los progresistas de la Sierra de Cádiz para colaborar ambos partidos de cara a las elecciones (La Discusión. 24/10/1865). Por cierto, que en aquella reunión también estuvo por los demócratas Pedro Bohórquez El Chico, padre del que luego fue “mártir republicano” Cristóbal Bohórquez. Más tarde, cuando el Partido Democrático se convirtió en el Republicano FederalEl Chico dio el paso; Suárez probablemente no.

Cuando murió el republicano Rafael Guillén en el encuentro con la columna de ejército en la que iban Toro y Suárez, al quedar vacante el escaño de diputado nacional del difunto se convocaron elecciones parciales en el distrito en el primer trimestre de 1870 para proveerlo.  Al parecer, en Ubrique esas elecciones fueron un pucherazo escandaloso en perjuicio de los republicanos (en otro momento hablaremos de esto). Así que cuando en marzo siguiente se celebraron nuevas elecciones, es probable que se intentara un nuevo fraude y eso sacara de sus casillas a algún sector republicano local. No solo pasó en Ubrique. En Prado del Rey, por ejemplo, también se produjeron graves incidentes.

¿Pagaron los asesinos?

De eso no sabemos mucho por el momento. Fray Sebastián, en su Historia de la Villa de Ubrique, dice que “los desconocidos huyeron. y algunos de ellos no volvieron más”. Pero el aso es que al poco tiempo hubo detenciones. Reproducimos lo que decía El Progreso de Jerez del día 17 de marzo al respecto:

Doce días mas tarde el mismo periódico informaba escuetamente de esto:

Por el juzgado de Grazalema se reclama la busca y captura de Recaredo Fernández, Francisco Favero, Jacinto Rodríguez y Diego C. Romero, vecinos de Ubrique.

Suponemos que se les buscaba por su posible implicación en el asesinato. Estableceremos como hipótesis que “Diego C. Romero” es Diego Carrasco Romero, un tan joven como fervoroso republicano, diputado provincial, que al año siguiente, con solo 22 años, acaudilló el levantamiento cantonal en la Sierra de Cádiz secundando a Fermín Salvochea. Fracasada la intentona, ambos se exiliaron.

En Ubrique en esa época vivían dos personas con ese nombre, como lo acredita uno de los padrones municipales:

El cura grazalemeño Francisco Mateos-Gago, que fue catedrático de Teología en la Universidad de Sevilla y que estuvo en Cádiz en los tiempos del cantón, escribió lo siguiente en el tomo I de su Colección de Opúsculos (1869):

Cuando estuve en la Aduana, vi a un joven bullir tanto entrando y saliendo, que pregunté quien era, suponiéndolo hombre importante. Así era en efecto; y me dijeron se llamaba Carrasco, y que había estado preso poco tiempo ha, como complicado en el asesinato del alcalde Toro.

En una nota al pie se lee:

El alcalde Toro fue asesinado al salir de las casas capitulares de la villa de Ubrique en la oscuridad de la noche. Dos o tres hombres lo sujetaron fuertemente, mientras otro le aplicó la boca de un revólver sobre el cráneo. Cayó muerto en el acto, dejando cinco hijos en la orfandad.

(Mateos Gago menciona a Pedro Bohórquez El Chico y dice que también estuvo “complicado” en la causa).

Doce años más tarde encontramos una referencia a Diego Carrasco Romero en el diario La República (14/03/1884):

La Correspondencia de Cádiz revela el hecho de que hace catorce meses se halla en la cárcel de dicha ciudad Diego Carrasco Romero, natural de Ubrique, sin que se le haya tomado todavía declaración.
El citado individuo ha dirigido exposiciones á las autoridades y no ha podido conseguir hasta ahora que le tomen declaración para saber por qué está preso.

Suponemos que siempre estamos hablando del mismo hombre.

En cuanto a otro de los buscados, Francisco Favero, había una persona de 21 años de ese nombre y Rebolledo de  segundo apellido que vivía en la plaza de San Juan según el censo de 1871.

La edad de Toro cuando murió y la situación en que quedó su esposa

No está clara la edad de Cristóbal Toro cuando fue asesinado. Según el padrón de 1847, en ese momento tenía 20 años; el del año 50 dice que entonces tenía 22. El padrón de 1870 afirma que tenía 44. Y el de 1871, 42. Así que si para compensar errores hacemos la media, el alcalde podría haber nacido en torno a 1827 y fallecido a los 44 años aproximadamente.

Es de suponer que dejaba a su esposa (Josefa Romero Zarco) y cinco hijos (el último, Cristóbal, muy pequeño) en situación precaria. No obstante, también es preciso indicar que Cristóbal Toro quizá no murió en malas condiciones económicas. Porque el Ayuntamiento que gobernó dos años más tarde, durante la Primera República, auditó las cuentas de los mandatos de Toro (y otros alcaldes) y a resultas sancionó a su viuda. Algo detectarían…

En cualquier caso, parece ser que el gobierno ayudó a la viuda. Al menos es lo que deducimos del padrón de 1875-78 (AHMU), en el que en la casilla de la profesión de esta señora aparece “estanco”.

El hijo varón mayor, José, de 17 años, trabajaba en la fecha de dicho padrón como arriero.  Seguían viviendo en la casa familiar de la calle de la Carnicería 23.

En el padrón de 1908 aparece otro hijo del alcalde Toro: Andrés, del que se indica que nació en 1859 (tenía 48 años en la fecha del padrón) y era capellán castrense. También figuran sus hermanas, Mariana, nacida en 1867, y Ana (1844), de la que dice literalmente que era “imbécil”. (En el padrón de 1906 se indica de ella que estaba “impedida” y de su hermano que era cura en Tarifa).

Cristóbal Toro Orellana fue enterrado en el Convento, no sabemos si como homenaje a su autoridad o por derechos familiares. Fray Sebastián dice:

El ayuntamiento, reponiéndose. celebraba sesión y levanta acta, expresando su sentimiento y acordando costearle suntuosos funerales y que fuera enterrado en el convento de capuchinos.

Ignoramos cuándo pudo tomar el Ayuntamiento esa decisión porque el alcalde fue enterrado al día siguiente de su muerte, que fue domingo. Quizá en principio el acuerdo fue verbal y luego se formalizó…

De todos modos, mencionaremos que en el Convento, tras las obras de restauración, han desaparecido la mayoría de las lápidas, pero queda una en la que se lee que «aquí yacen los restos de Antonio Romero Zarco”. Este era un rico hacendado (tenía a su cargo y disposición cuatro sirvientes en su morada de la calle de la Alcantarilla 4) que era hermano de la esposa de Cristóbal Toro. El padre de ambos era José Romero Rubiales, domiciliado en la calle Carnicería, también hacendado.


El médico Suárez acabó marchándose (al parecer)

El médico Suárez protagonizó en Ubrique un escándalo el mismo año de la muerte del alcalde, no sabemos si antes o después. Nos basamos en Fray Sebastián:

En el mismo año de 1871 es atropellado el párroco. D. Antonio López González, por el juez suplente municipal Fernando Suarez Otero; es allanada su morada; secuestrado el archivo, substraídos los libros y llevados a Benaocaz. El ayuntamiento protesta ante el gobernador. ante el fiscal de Sevilla y ante el obispo de Málaga. en nombre de los sentimientos religiosos de la villa. (Act. Cap. al año 1871).

Este personaje seguía viviendo en la calle Alcantarilla 2 de Ubrique en 1873 según el padrón de ese año.

Por entonces ya llevaba 17 en la localidad y tenía 42 años cumplidos. Su esposa se llamaba Isabel Gómez Marín. Ella tenía 29 años y hacía 26 que vivía en Ubrique. Tenían dos hijos: Bartolomé, de 8 años, y Antonia, de 6.

En el padrón de 1875-78 ya no aparecen. Probablemente el médico cambió de aires.

…Y Bonachea

Para terminar, el nombre completo del secretario judicial que firmó el acta de defunción del alcalde era Alejo Bonachea Palmero. Este escribiente de profesión era natural de la localidad de Remedios, provincia de Las Villas, en Cuba, según el padrón de 1875-78. En tal documento se lee que tenía entonces 37 años y que estaba casado con la grazalemeña Dolores Romero Corona, de 24. Vivió en la calle del Perdón (padrón de 1873) y en la calle de la Alcantarilla número 17 (padrón de 1875-78).

Alejo Bonachea era masón y fundó en Ubrique en 1882 la Logia América, de la que fue Venerable Maestro.

Este hombre parece que acabó volviendo a Cuba, ya que en 1902 en la localidad de Remedios había un alcalde con el mismo nombre. Ya no sería español, sino cubano.

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