Un ubriqueño fue elegido en 1979 para ocupar un importante cargo en el Ministerio de Agricultura en Sevilla. Al recibir la felicitación de otro ubriqueño se lo agradeció mediante una carta que contiene estos emotivos recuerdos de Ubrique:
He aceptado el cargo porque supone el límite administrativo de no tenerme que ir a Madrid. Bien es cierto que voy casi todas las semanas, y algunas dos veces, pero a pesar de la incomodidad que ello supone, siempre tienes la seguridad de tener que salir de aquel maremágnum de hormigón y de coches. Más de una vez he añorado la paz de Los Callejones, pero de aquellos Callejones con los árboles sin los troncos cortados, el de las alcantarillas visitables donde fumamos nuestros primeros cigarros, el de todo acequias hortelanas y ninguna casa (solo la huerta del Cilindro y un solo chalet), el de las lechugas a perra chica y en el que a lo lejos se oía rebuznando el burro de la Justita. Pero eso se acabó. Hoy no sé si llegarían siquiera a valorarlo.

