Estampa, revista gráfica y literaria de la actualidad española y mundial, fue una publicación semanal española de carácter cultural. Junto a Crónica (1929-1938), Estampa fue modélica en su género y modernizó el periodismo gráfico del país. Además, destacó por su apoyo a la presencia de la mujer en la sociedad española. Nació el 3 de enero de 1928, en un momento de silencio informativo y censura previa como fue el de la Dictadura de Primo de Rivera. El 24 de julio de 1936, el personal de redacción, talleres y administración se incautó de la empresa y Estampa siguió la ideología del Frente Popular hasta su desaparición en agosto de 1938. Tras la contienda, los talleres iniciaron una nueva etapa con cabeceras como la revista Semana y el deportivo As.
En su número de la fecha fatídica del 18 de julio de 1936 publicó un reportaje titulado ¡Petróleo! referido al supuesto descubrimiento de crudo en la Sierra de Cádiz, asunto que traté extensamente en un artículo en 2012.
Pero dos meses y medio antes, el 2 de mayo de 1936, Estampa publicó un pequeño reportaje con fotos dedicado a la industria marroquinera de Ubrique en términos muy elogiosos. Era el reportaje principal de aquel número, pues ocupaba tres páginas, y dos de ellas las centrales de la revista. Lo reproduzco más abajo, con las fotografías. Pero antes quiero contar una anécdota.
Titular del reportaje sobre Ubrique en Caras y Caretas (24 / 10 / 36).
Como nos dio a conocer Esperanza Cabello en 2014, el periódico argentino Caras y Caretas · Semanario festivo, literario, artístico y de actualidades publicó el 24 de octubre de 1936 una versión adaptada pero literal en gran parte del reportaje sobre Ubrique de Estampa, aunque sin mencionar a su autor ni al fotógrafo (pudo haber incurrido en lo lo que en la jerga periodística se llama un fusilamiento). Para que lectores argentinos comprendieran mejor lo que se hacía en Ubrique, Caras y Caretas transformó en todo el artículo la palabra «petacas» por «cigarreras».
Para ilustrar el texto, Caras y Caretas , tomó una foto del reportaje original de Estampa, el retrato de una guapa costurera ubriqueña que, según averiguó Esperanza Cabello, era María Villalba Marín. En Estampa, la foto de la costurera aparecía montada sobre la imagen de una calle de Ubrique; en Caras y Caretas la foto fue tratada para hacer desaparecer ese elemento espurio. La reproducción, lógicamente, perdió calidad,
Foto de costurera ubriqueña en Estampa (Madrid), a la izquierda; y en Caras y Caretas (Buenos Aires).
Por otra parte, en aquella época la marroquinería de Ubrique debió de haber alcanzado buena reputación en Argentina. Prueba de ello son estos dos anuncios publicados precisamente por Caras y Caretas en 1908 y 1912:
Anuncio de pitilleras de Ubrique en Caras y Caretas, 12/9/1908, n.º 519
Anuncio de pitilleras de Ubrique en Caras y Caretas, 12/10/1912, n.º 732
El reportaje de «Estampa»
“Artículos para regalos», lee usted en cualquier escaparate céntrico de la ciudad. Y entra en el establecimiento. Un discreto dependiente o una vivaracha dependiente le atienden, llenos de amabilidad. “¿Qué desea el señor? ¿Artículos de piel?… Sí, sí; tenemos de todos los precios. Vea…”. Y le mostrarán petacas, pitilleras, bolsos, carteras, monederos… Trozos de piel de los animales más distintos del planeta, desde el camaleón al cocodrilo, de la serpiente al jabalí, han sido reunidos, a muchos millares de kilómetros de su lugar de procedencia, en el reducido espacio de una tienda elegante. Usted inquiere:
– ¿De dónde es esta pitillera? – De Ubrique –le contestarán. –¿Este bolso? –De Ubrique. –¿Y esta cartera? –De Ubrique.
Ubrique, semanas antes de la Guerra Civil (Estampa, 2 / 5 / 36).
Ubrique es un lejano pueblo de la provincia de Cádiz que abastece [a] España entera, y a parte de América, de petacas, carteras, bolsos y, en general, de toda clase de artículos de piel. Está situado en un estrecho valle de las estribaciones de la Sierra de Ronda, y la mayor parte de sus ocho mil habitantes viven consagrados al trabajo que ha hecho célebre al pueblo: la confección de petacas y carteras.
Exactamente, no se sabe cómo en este remoto lugar de Andalucía brotó la industria de la fabricación de artículos de piel. Parece que tuvo su origen a mediados del siglo pasado, fecha en la cual un vecino del pueblo monto una rudimentaria y modesta fábrica de petacas baratas. Después la industria se fue ampliando y comenzaron a instalarse nuevas fábricas, cada vez más perfeccionadas. Las petacas de Ubrique, las carteras de Ubrique, los bolsos de Ubrique conquistaron pronto el mercado español. Eran de la misma piel que los de otras ciudades competidoras, estaban fabrica dos siguiendo los mismos procedimientos, pero tenían un raro mérito: el cosido a mano, en el que las mujeres de Ubrique demostraron un a maravillosa habilidad. Hoy Ubrique ha acaparado no solo el mercado español, sino parte del extranjero; tiene treinta y tantas fábricas de artículos de piel, donde trabajan, entre hombres y mujeres, cerca de dos mil personas, y es un pueblo feliz, sin conflictos sociales, sin paro y sin hambre.
La piel con la cual se fabrican las petacas y las carteras que han dado fama a Ubrique no es de allí, naturalmente. La importan casi siempre de Valencia o de Barcelona, y procede de muy diversos lejanos países: de la India o del centro de África, del Brasil o de Groenlandia. Las pieles utilizadas con más frecuencia son las de becerro, cabra, cocodrilo, foca, nutria, jabalí, serpiente y camaleón.
Una vez en Ubrique, dentro de las fábricas, cada piel sigue un largo proceso hasta que queda a punto para ir a la sección de confecciones. Primero es abrillantada por medio de una máquina eléctrica; después, planchada y estirada; luego se le rebaja el grosor. Por último, pasa a la mesa de preparar, y de allí, convertida ya en varias petacas, carteras o monederos, sale a la calle y es repartida entre las distintas operarias que, dentro de sus casas, cosen para fábrica.
–Anualmente se calcula que saldrán de aquí –me dijo hace pocos días uno de los fabricantes más importantes de Ubrique– cien mil petacas y cincuenta mil carteras. Todo el mercado español es nuestro, y exportamos también a algunos países extranjeros, principalmente a América. –¿Trabajan las fábricas todo el año con igual intensidad? –Sí, sí; nunca se cierran. Hay alguna época del año en que se produce más. Suele ser en las vísperas de las Pascuas y de la festividad de San José.
* * *
Recorriendo las calles pintorescas de Ubrique, ustedes podrán ver, ante cada puerta, grupos de muchachas dedicadas a la costura a mano de petacas y carteras. Son las famosas operarias que han labrado el esplendor del industrioso pueblo. Con una paciencia extraordinaria y una habilidad que se van transmitiendo de generación en generación, cada obrera de Ubrique cose diariamente seis, ocho y hasta diez petacas o carteras.
–¿Qué jornal ganan ustedes? –le pregunté a una de ellas. –Trabajamos a destajo. Tres, cuatro, hasta cinco pesetas diarias.
FRANCISCO JÚCAR (Fotos Dubois)
Las fotos estaban explicadas con estos pies:
En las estribaciones de la sierra de Ronda, en un estrecho valle, se alzan las blancas casas de Ubrique. Una gran parte de sus habitantes viven consagrados al trabajo que lo ha hecho célebre: la confección de petacas y carteras, labor que empieza en la elección de patrón y acaba en el planchado de los bordes cosidos.
No solo es en las fábricas donde se realiza la confección. Muchas de las operaciones las efectúan las obreras en su domicilio.
El cosido a mano requiere una delicadeza especial por su igualdad extremada.
Al cabo de múltiples operaciones, la petaca, que era un trozo de piel sin brillo, queda lista y pulida para entregarla a la venta.
Antigua imagen de costureras de Ubrique trabajando en la calle, como era habitual (Callesdeubrique.blogspot.com).
Una peculiar descripción del trabajo de las costureras de Ubrique
Hablando de costureras, en el Boletín – Órgano de las Sociedades Culturales de Ubrique y prado del Rey” número 5, de octubre de 1922, en un artículo llamado “Crónica” alguien que firmaba “Licenciado H.” hablaba en general de Ubrique y entre otros asuntos describía el trabajo de las costureras ubriqueñas de esta forma tan curiosa:
(…) sus fábricas de curtidos pueden competir vendiendo sus productos con fabricaciones importantes y los productos de la fabricación de sus petacas, carteras y demás objetos de Ia piel se han extendido universalmente compitiendo con Ios de fabricación alemana, porque tienen un mérito que estos no han podido alcanzar, y es el cosido, obra de sus hijas que pacientemente ejecutan de modo tan perfecto que resiste la inteligencia a creer que con las manos pueda hacerse labor tan delicada y es verdaderamente digno de admiración verlas salir de sus modestas casas perfectamente arregladas en sus trajes y peinados dirigiéndose hacia el taller y en él, sentadas en sillas bajas con el pie izquierdo apoyado sobre un trozo de madera que Io eleva del suelo; la pierna izquierda flexionada sobre el muslo se coloca el tirapié, correa cerrada, que por uno de sus extremos entra en Ia punta del pie izquierdo y por el otro se apoya en el boje cuadrilátero de madera de forma rectangular apoyado por uno de sus lados mayores en la cara anterior del muslo izquierdo, el otro lado mayor del rectángulo recibe el tirapié y su intercepción con uno de los lados menores termina en forma de triángulo isóscele [sic] cuyo vértice o punta aloja las dos hojas de la petaca que han de unirse por el cosido; el otro lado menor del rectángulo se apoya en el hueco epigástrico o el estómago, de este modo colocadas con los músculos del tronco en tensión, la cabeza un poco flexionada sobre el pecho y la mirada dirigida hacia la petaca dan sus puntadas valiéndose para ello de cerdas de jabalí, hilo y de una lezna. A pesar del considerable número de puntadas que hay que dar en cada petaca, resultan pequeñísimas, equidistantes con tanta igualdad que con la vista no pueden diferenciarse unas de otras. El considerable esfuerzo que esto supone lo realizan con tal prontitud que hay jóvenes de estas que pueden coser hasta ocho y diez petacas de estas en la jornada de trabajo de ocho horas. Una vez terminada la petaca por la costurera pasa a manos del ahormador, que en moldes especiales y de formas diversas las pulimenta y adorna poniéndolas en condiciones de colocarle el grabado con el sello de la fábrica o el convenido por el dueño; después se envasan en cajas a propósito para ser destinadas a la venta.
El animal «ubrique»
Por otra parte, en otro número de Estampa encontramos un artículo sobre exageraciones o mentiras de cazadores en el que se incluye una referencia a la confusión que había en aquella época entre el nombre del pueblo de Ubrique con el de un supuesto animal exótico (unubrique). Había gente que al oír «piel de Ubrique» entendía «piel de ubrique», como «piel de vaca», «piel de serpiente» o «piel de cocodrilo». Reproduzco la parte final del artículo (Estampa, 22/10/1932):
[…] Todos estábamos ya hartos de sus mentiras [las de un cazador] y, sobre todo, de su petulancia. –Casi todos los atavíos que yo uso para montear –nos dijo una noche– son producto de mis cacerías. Estas botas que llevo puestas me las hicieron con la piel de un cocodrilo que maté en El Cairo; la bolsa para los cartuchos es de piel legítima de un elefante, al que tuve la suerte de pegarle un tiro en la cabeza, en Calcuta; la funda de mi rifle está también confeccionada con la piel de uno de los muchos antílopes que cacé el Canadá… Uno de los que le escuchaban, un señor ya de edad, montero muy antiguo y andaluz de pura cepa, sacó en ese momento una petaca y nos ofreció a todos cigarrillos. Era una petaca corriente, de piel de Ubrique, pero muy original, porque tenía incrustados en ella los hierros de casi todas las ganaderías de reses bravas. Se la devolví, elogiándosela, y entonces, en voz muy alta, para que le oyeran todos, dijo: –Sí; es bonita, y, además, tiene mucho mérito. ¡Me la hicieron con la piel de un ubrique que tuve la buena suerte de poder matar en Cádiz!