viernes, 30 enero 2026

A un ubriqueño lo castigó la Inquisición en vida y después de su muerte

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Marcos de Segura Castellano Casarrubio fue un ubriqueño que, tras morir en la cárcel, fue juzgado y condenado póstumamente por la Inquisición en 1680. Acusado de herejía (simplemente por negar la existencia del Purgatorio), su cuerpo fue exhumado y quemado en un auto de fe como escarmiento público. El acto fue una especie de regalo a los reyes de la época. Duró casi un día entero y es de suponer que asistió lo más granado de la corte madrileña.

El episodio hecho refleja la severidad y el rigor con el que la Inquisición actuaba, incluso contra los difuntos, para mantener el control ideológico y religioso. El caso de Marcos de Segura ilustra cómo la institución religiosa, que decía seguir las enseñanzas de Cristo, utilizaba el miedo y la represión para disuadir cualquier desviación de la ortodoxia católica, dejando una lamentable huella de intolerancia en la historia de España.

Se puede conocer toda la historia del ajusticiamiento de los restos de Marcos de Segura aquí:

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