domingo, 1 febrero 2026

Gerardo Diego, raterillo en Ubrique

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En los primeros días de mayo de 1959, Gerardo Diego asistió a unas fructíferas VI Jornadas Literarias que se organizaron en Cádiz. El poeta santanderino aprovechó para visitar algunos pueblos de la provincia acompañado de algunos colegas. También estuvo en Ubrique.

La favorable impresión que recibió de este pueblo la reflejó en una de las canciones de su libro El Jándalo (Sevilla y Cádiz), que escribió ese mismo año y por el que mereció el premio de poesía Ciudad de Sevilla de 1959. (El libro fue publicado en 1964 en la colección Palabra y Tiempo de la editorial Taurus).

El poema, que aparece dentro del apartado Cancionero Gaditano, es este:

UBRIQUE

Oyendo el agua del río
en Ubrique.

Oliendo la flor del huerto
en Ubrique.

Mirando la niña guapa
en Ubrique.

Sintiéndome raterillo
en Ubrique.

Bebiendo, oliendo, mirando,
acariciando, cosiendo
en Ubrique.

Parece que el nombre de Ubrique le resultó eufónico al poeta y que la estancia en el pueblo despertó todos sus sentidos. Según José Luis Mancilla, Gerardo Diego era muy amigo de Pedro de Matheu (pintor que pasó una larga temporada en Ubrique) hasta el punto de que este le ilustró a aquel un libro de poemas dedicado a Soria en 1948. Así pues, posiblemente Ubrique saldría en algunas de sus conversaciones.

Dedica también unas canciones a Arcos, El Gastor, Villaluenga y Setenil y una muy breve a «Ronda (con permiso de Málaga)».

Quince años más tarde explicó, sobre aquel viaje a Sevilla, Cádiz y su provincia:

Con estas nuevas impresiones se me ocurrieron varias canciones, algunas escritas o cantilleadas por mí durante el viaje o pocos días después; otras, algún tiempo más tarde, para completar con recuerdos siempre frescos las gratísimas vistas y sorpresas jornadilleras.

(se refiere a las mencionadas Jornadas Literarias gaditanas de 1959.)

Y agregaba:

En la mejor compañía imaginable de poetas, artistas, novelistas y periodistas recorrí no pocos pueblos, preciosísimos todos y muchos nuevos para mí: paisajes impresionantes de mar, valle y montaña.

(Gerardo Diego dedica también una canción del Cancionero Gaditano a los hermanos José y Jesús de las Cuevas y a los hermanos Murciano, todos ellos arcenses).

raterillo2

Años más tarde, Gerardo Diego leyó a Rafael Alberti su libro El Jándalo en la casa bonaerense del poeta gaditano, también perteneciente, como el santanderino, a la Generación del 27.

En Cantabria, un jándalo es la persona que ha emigrado a Andalucía (Jandalusía) y regresa a su tierra. (Una de las Escenas montañesas de José María de Pereda se titula El Jándalo). Gerardo Diego visitó Cádiz y Sevilla muchas veces. Estas ciudades ejercían una atracción sobre él, quizá la misma que habían sentido tantos antepasados suyos que se habían buscado la vida en estas tierras. Al principio de El Jándalo (libro que dedica a Joaquín Romero Murube y a José María Pemán), Gerardo Diego recoge esta frase de Fernando Villalón: “El mundo se divide en dos partes: Sevilla y Cádiz”.

Para saber más

José Carlos García Rodríguez: El Puerto en «El Jándalo» de Gerardo Diego, Hotel Monasterio San Miguel – Año XI – nº 14, enero de 2001. Fundación Gerardo Diego.


Otros «cantos» a Ubrique

Completaré esta entrada con otros «poemas» bastante más ramplones dedicados a Ubrique que aparecen en el libro Cantos populares españoles de Francisco Rodríguez Marín. Una de las letrillas, la número 7736, está en la sección Carcelarios:

Como el aguardiente claro
Que sale del alambique
Me voy yo purificando
En esta cárser de Ubrique.

En la sección Locales hay tres letrillas seguidas (7932, 3, 4):

Ubrique es er primer cielo,
Grazalema es el portal,
Biyaluenga el purgatorio,
Y el infierno Benaocaz.

No sé si me baya á Ubrique,
O me baya á Grazalema,
O más bien á Argodonales,
O á Sebiya, qu'es mi tierra.

Er que quisiere saber
De qué color es la pena,
Cargue una carga de bidrio;
Baya de Ubrique á Jimena.

En una nota, el autor aclara que esta copla «alude a las dificultades que ofrece el tránsito por las sierras». La dura jornada a Jimena ya la experimentó el viajero inglés Charles Rochfort-Scott en el primer tercio del siglo XIX.

Rodríguez Marín también recoge esta letrilla:

La despedía te echo,
La que Cristo echó en Ubrique;
Que no t’ ayegue’ á picá
Purgas, piojos ni chinches.

que es una parodia de esta copla de despedida:

La despedía te echo,
La que Cristo echó en la gloria;
Ar que borbiere á cantá
Que se le muera la nobia

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