La fama de Pedro Zaldívar
Mucha de la buena fama del guerrillero ubriqueño de la Guerra de la Independencia Pedro Zaldívar la debe a las escritoras Frasquita Larrea y su hija Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero) y al historiador fray Sebastián de Ubrique; mucha de la mala fama se la debe a sí mismo.
La gaditana Frasquita Larrea pasó unas semanas en Ubrique en el verano de 1824 y allí oyó hablar maravillas del guerrillero que plasmó así en su diario:
Ubrique padeció mucho en la guerra de la independencia y por consiguiente había de padecer mucho también en el sistema constitucional. El mismo sentimiento de religioso patriotismo que produjo en toda esta sierra prodigios de valor contra los que venían a destruir su antiguo culto y sus antiguas costumbres, debía precisamente armarla también contra las novedades liberales. Zaldívar, hijo de Ubrique, el héroe Zaldívar, que ya se había distinguido en toda la guerra pasada, cuyo valor, constancia y pericia he oído ponderar a los mismos franceses, ese valiente y generoso partidario, sin haber sido recompensado por sus continuos trabajos y servicios, abandonó su familia y sus cortos bienes para combatir otra vez por su Religión y por su Rey; y con un puñado de serranos supo aterrar a sus enemigos y conservar en estos pueblos aquel espíritu religioso y español que algún día había de volver a triunfar en esta tierra privilegiada. Bastantes lagrimas he derramado al oír las proezas de este hombre extraordinario, cuyos nobles sentimientos honrarían la cuna de un Príncipe. Un carácter inconmovible, una genialidad austera, unas costumbres graves, sobrias y religiosas, un total desprendimiento y una humanidad perfecta son los rasgos principales que han caracterizado a este héroe. He visto a su anciana madre y a sus hermanas que aun conservan la esperanza que sanó de las pérfidas heridas que solo a favor de la mas atroz traición pudieron darle en Porcuna [sic, por Porzuna (Ciudad Real)], y que está en países extranjeros. Lo fijo es que después de aquella negra y vil catástrofe estuvo en estos montes y dicen que pasó a Gibraltar…
Es conveniente que situemos en su contexto este párrafo, escrito el 20 de julio de 1824. Como se ve, Larrea expresa su esperanza de que Zaldívar aún esté vivo… Vana esperanza, porque había muerto el 5 de diciembre de 1822 (luego diré cómo). Y murió en la defensa de sus ideas, que eran las de la monarquía y la religión frente al liberalismo. Cuando Dª Frasquita escribe este texto, hacía casi un año que el Trienio Liberal contra el que Zadívar había combatido había fenecido (en la batalla del Trocadero, el 31 de agosto de 1823, a manos de los Cien Mil Hijos de San Luis). La gaditana, satisfecha por la victoria del absolutismo, siente que Zaldívar no esté con los triunfadores para celebrarla también.

Es probable que Frasquita Larrea nunca llegara a tener la certeza de que Zaldívar hubiera muerto. Ni su hija, Cecilia Böhl de Faber, que en su novela Lágrimas (publicada en 1850), todavía pone en boca de un personaje la incredulidad sobre la muerte del guerrillero:

Lo más curioso es que ese diálogo se supone que se produce en octubre de 1846 (pues así se llama precisamente el capítulo del que lo he extraído). ¿Cómo podían hablar aún desear la vuelta de Zaldívar 24 años después de haber muerto? Lo único que se me ocurre en que los elementos “conservadores” del país se acordaban de él ahora que empezaba otra de las juergas decimonónicas de las dos Españas: la Segunda Guerra Carlista, desencadenada a raíz del cabreo de los carlistas por no conseguir casar a Isabel II con el pretendiente al trono Carlos Luis de Borbón. (La reina acabó enlazándose el 10 de octubre de 1846 con su primo hermano Francisco de Asís de Borbón, de quien unos dicen que era homosexual y otros que tenía varias amantes e hijos ilegítimos).

Zaldívar, guerrillero por la Independencia
Desde los inicios de la resistencia contra los franceses en las sierras de Cádiz y Ronda, Pedro Zaldívar cobró protagonismo formando una partida de guerrilleros en El Palmetín, lugar que actualmente pertenece al término de San José del Valle y antes de Jerez. Se cuenta que era pastor en la Cartuja jerezana, oficio del que le vino el sobrenombre de El Cabrero. La imagen bajo estas líneas es un estadillo que redactó el jefe de partidas Andrés Ortiz de Zárate para saber con qué fuerza contaba en estos lugares; efectivamente se indica que Pedro Zaldívar comandaba a 40 hombres a caballo con base en El Palmetín.

El autor Díaz Torrejón pone fecha al comienzo de las actividades guerrilleras de Zaldívar en la zona al decir que este
se formó en el sitio de Palmetín, término de Jerez de la Frontera, en el mes de febrero de 1810 con el objeto de defender la justa causa y destronar a los enemigos que se oponían con doce paisanos de iguales sentimientos.
Según cuenta Jaime Aragón Gómez en su obra Chiclana de la Frontera bajo el reinado de José Napoleón I (1810-1812) (Fundación Vipren, 2007):
En el área de la prefectura jerezana el guerrillero más activo fue, sin duda, el gaditano Pedro Zaldívar, llamado también el “Cabrero”, que compuso la partida llamada del Palmetín, su lugar de origen por los alrededores de Ubrique. De procedencia humilde, pronto se mostró contrario al régimen josefino emprendiendo así su actividad insurgente que empezó con doce hombres pero alcanzando más de trescientos a los pocos meses. Se le conocen acciones con enfrentamiento a los franceses en El Puerto de Santa María, Grazalema, Medina, Sanlúcar, Marchena, Montellano, Ubrique, etc.
No obstante, la Wikipedia afirma que ya tenía experiencia guerrera contra los franceses por haber sido soldado raso en la batalla de Bailén.

Ciertas fuentes afirman que Zaldívar era jerezano. Incluso se editó el sello que se ve sobre estas líneas, en el que se lee «Pedro Zaldívar – El Cabrero – Jerez». Sin embargo, con toda seguridad es ubriqueño.
Su nombre completo era Pedro José Bernabé Zaldívar Rubiales, según el índice del libro de bautismos del archivo diocesano de Jerez. Allí, entre las entradas del año 1782 aparece la suya, indicándose que era hijo de Bartolomé y de Inés, información que concuerda con la de su partida de matrimonio, cuya copia, conseguida por mi amigo Manuel Zaldívar Romero (al igual que el dato del bautismo) dice así:

Además, aparte de los testimonios de Frasquita Larrea y su hija hay un indicio más de que era ubriqueño: Esperanza Cabello ha encontrado el nombre de Pedro Zaldívar en las Misceláneas a la Historia de Ubrique de Rafael Aragón Macías. Probablemente, este es un antepasado de nuestro personaje (es conocida la costumbre antigua de poner a los niños el nombre de un abuelo). Yo mismos he encontrado en las Misceláneas esta otra referencia a un «Pedro Zaldívar, escribano público» de 1692:

Eso sí, en Jerez tiene calle (Guerrillero Pedro Zaldívar). En Ubrique también, claro, pero se llama simplemente Zaldívar y es la mínima expresión de un calle: solo una vivienda da a ella.

Fray Sebastián de Ubrique, en su Historia de la Villa de Ubrique, afirma que “llegó a ser el héroe más destacado y popular de Ubrique”. Según este cronista, “sorprendió a un convoy de 16 [a]cémilas y lo llevó a Gibraltar. Los franceses pregonaron su cabeza, y él estaba oyendo el bando en la misma plaza de Jerez”. (En la Wikipedia se lee al respecto: “El 17 de diciembre de 1810 entró en Algeciras llevando 32 prisioneros y 13 acémilas. Se presentó en San Roque con 200 prisioneros franceses que había capturado en diferentes acciones”).
En la prensa de la época han quedado registros históricos de su actividad guerrillera. Por ejemplo, este parte enviado al general Ballesteros el 9 de diciembre de 1911 (recogido en la Gaceta del Gobierno de México del 9 de abril de 1812):

Se le reconoció el grado de alférez de caballería graduado. Según Aragón Gómez, terminada la contienda pasó al Regimiento de Húsares de Castilla con el grado de subteniente. (Acabó siendo nombrado coronel del ejército español a título póstumo, como se verá más adelante).
Pero después de acabar la Guerra de la Independencia Pedro Zaldívar Rubiales aún había de dar mucha guerra y mucho que hablar…
Zaldívar, guerrillero por el Rey

Mirando la historia con retrospectiva se entiende que lo que menos gustaba a Pedro Zaldívar de los franceses que invadieron España eran sus aires de impiedad y su espíritu democrático frente al tradicionalismo religioso y monárquico tan arraigado en la piel de toro. Así que para defender sus ideas El Cabrero se echó de nuevo al monte cuando se instauró en España lo que luego fue conocido como el Trienio Liberal, cuyo pistoletazo de salida lo dio el teniente coronel Rafael de Riego (a la derecha) en Las Cabezas de San Juan el 1 de enero de 1820.
Zaldívar, siguiendo el ejemplo del cura Merino y otros valedores de la Religión y el Rey, organizó en Jerez la llamada Partida de la Fe, que usó como primera base de operaciones el puerto de Las Palomas, según una crónica firmada en Sevilla el 15 de junio de 1821 aparecida en el periódico Miscelánea de comercio, política y literatura del 24 de ese mes:


En su libro Revolución liberal y neoabsolutismo en La Mancha (1820-1833): Manuel Adame, el Locho (Diputación Provincial de Ciudad Real, 1998) el historiador Juan Díaz-Pintado Pardilla ha hecho una extraordinaria investigación sobre este periodo dedicando un capítulo muy documentado a Pedro Zaldívar. En él se precisa que el guerrillero empezó a movilizarse a mediados de mayo de 1821 en Jerez, pasando enseguida a la Sierra. Pero no se quedaba quieto en ninguna parte. El 15 de junio lo estaba persiguiendo el 2º batallón del Regimiento de Infantería España, un escuadrón del Regimiento Farnesio y las milicias nacionales de caballería de Jerez, Chiclana y otros pueblos.
El Cabrero se fue haciendo cada vez más osado y a lo largo de 1821 hostigó a las tropas constitucionales en varios lugares de las provincias de Cádiz y Sevilla. En agosto lo hallamos moviéndose también por la de Córdoba, según publicaba el Nuevo Diario de Madrid el día 18 de ese mes:

De Córdoba pasó a La Mancha, presentándose en Puertollano a finales de septiembre de 1821. Se ocultaba en Sierra Morena y desde allí molestaba todo lo que podía al Ejército regular y a la Milicias Nacionales. Según Díaz-Pintado, a finales de noviembre liberó en Córdoba a once presos, aunque cuatro fueron detenidos y ejecutados.
En el año 1822 El Cabrero y su «gavilla» actuaban ya en toda Andalucía la Baja. Al parecer, en agosto Zaldívar fue nombrado comandante de partidas por la Regencia de Urgel (que era una especie de gobierno provisional absolutista). Durante ese mes y el de septiembre nuestro personaje era temido en numerosas poblaciones andaluzas. Jerez (que daba 1000 duros por su cabeza), Arcos, Paterna (de donde se llevó rehenes al alcalde y al secretario del ayuntamiento), Morón (donde se enfrentó a las tropas del Regimiento de Mallorca), Écija, Osuna, Estepa, El Arahal, Utrera… lo conocieron bien. El día 2 de septiembre atacó en una pedanía utrerana a un destacamento del Regimiento Farnesio, llevándose prisioneros a ocho soldados. La Gazeta de Madrid del 13 de septiembre lo contaba así:


El 3 de septiembre ya estaba de nuevo en Jerez, enfrentándose en aquella ocasión al Regimiento San Marcial; de resultas murió un teniente coronel y cuatro soldados. El 8 de septiembre volvía a los alrededores de Utrera, hasta donde lo persiguió el capitán de caballería Vicente Abad Moreno al frente de 70 soldados. Muy pronto ambos se iban a encontrar de nuevo, pero uno de ellos no lo iba a contar…
El 22 de septiembre El Cabrero y su facción tomaron La Carlota a placer, según se deduce de este parte de Bartolomé Gutiérrez Acuña, jefe político de Cádiz, publicado en El Universal del 4 de octubre:


Quiso darle caza de nuevo el mencionado Vicente Abad (este se había hecho famoso cuatro años antes por acabar con la cuadrilla de bandoleros conocida como los Niños de Écija). Pero el encuentro fue fatal para el comandante del Ejército regular, según informó el periódico El Universal del 4 de octubre de 1822:




La muerte de Vicente Abad fue muy sentida. El Nuevo Diario de Madrid del 17 de octubre de 1822 recogió estos versos en su honor:

Francisco Abad Moreno, hermano del fallecido, juró venganza y pidió al Gobierno autorización para perseguir a Zaldívar. Este otro Abad, apodado Chaleco, natural de Valdepeñas, había sido guerrillero durante la Guerra de la Independencia y durante el Trienio Liberal era brigadier del Ejército. (Incidentalmente, Fernando VII dio a este ex-guerrillero en 1827 el premio que acostumbraba dar a los que tanto habían luchado para reponerlo en su trono: ahorcarlo y cortarle la cabeza para escarmiento público).
Según ha investigado Díaz-Pintado, para castigar esta osada acción de Zaldívar salieron de Córdoba 75 soldados y tropas del Regimiento Santiago al mando del coronel Ordóñez. Se trabó combate y la partida absolutista tuvo grandes pérdidas, pero el jefe ubriqueño consiguió zafarse.

El 26 de septiembre El Cabrero hizo una incursión en la Sierra de Cádiz con su partida de 150 guerrilleros. En Olvera derrotó a su guarnición de milicianos, rompió la lápida de la Constitución, liberó a 7 presos y se llevó a 10 prisioneros y 5 caballos. El 11 de noviembre de 1822 consigue entrar en su pueblo natal, Ubrique, donde probablemente vio a su familia y amigos por última vez, ya que le quedaban 24 días de vida…

Manuel Zaldívar Romero, emparentado con el guerrillero, me facilitó una copia de un legajo del Archivo Histórico Municipal de Ubrique escrito cuatro días después de la visita de Zaldívar. La letra es mala y el documento está muy deteriorado, pero he podido colegir que la persona que lo escribió se había escandalizado de oír a algunos niños vitoreando a Zaldívar, lo que prueba la admiración que por él sentía un sector de la población:
Habiéndose notado que varios niños aunque de corta edad y poseídos de innocencia clamar a voces Viva Saldívar, muera la Constitución y otras expresiones de este jaez que tanto se oponen al sistema constitucional que felizmente rige, cuida- [?] padres y maestros de estorbarles a [?] de rigor se abstengan de [pro]rrumpir semejantes expresiones de [?] prohibición [?] a los padres y maestros de los tales niños [?] al referido atentado.
15 de noviembre de 1822.
Es posible que el objetivo de su visita a Ubrique y otros pueblos de la comarca de la Sierra de Cádiz fuera reclutar partidarios o conseguir dinero; da la impresión de que en aquellos momentos su facción atravesaba momentos difíciles, si hemos de dar credibilidad al siguiente parte del coronel comandantes de armas de Ronda (publicado por el Diario noticioso de la ciudad de Sevilla el 28 de noviembre de 1822):


El Universal del día 2 de diciembre traía noticias que indican que por aquellas fechas el Ejército pisaba continuamente los talones a Zaldívar y su partida:


Eran momentos en que a El Cabrero no le salía casi nada bien. Intentó entrar en Almendralejo (Badajoz) con casi 70 hombres pero los milicianos lo rechazaron. No solo el Ejército lo perseguía; lo que era aún peor es que dentro de sus filas al parecer empezaron a germinar proyectos de traición… Según informó El Universal del 2-12-1822, el 18 de noviembre, en un cortijo de Hornachuelos (Córdoba), El Cabrero mandó fusilar a su lugarteniente José Guerra y a tres de sus compañeros acusándolos de conspirar para asesinarlo y cobrar 30 000 reales que se ofrecían como recompensa:

Viéndose menguado de fuerzas, Zaldívar decidió pasar a La Mancha para unir su partida a la de Manuel Adame, El Locho…

El fin de Zaldívar
Viendo que le faltaban las fuerzas, El Cabrero pasó Sierra Morena con la intención de unirse a las gavillas manchegas de su correligionario Manuel Adame El Locho. Pero, según Díaz-Pintado, a primeros de diciembre el Ejército tomaba medidas para que no entrara en la provincia de Ciudad Real. En la madrugada del miércoles día 4 el capitán del Regimiento Almansa, Froilán Mojón, supo que Zaldívar se proponía cruzar el Guadiana por el camino de Porzuna y quiso buscar el enfrentamiento. Pidió refuerzos. Le enviaron al brigadier Chaleco (el hermano del comandante al que El Cabrero había matado poco más de dos meses antes) con 52 jinetes del Regimiento España. Según aseguró Mojón en el parte que envió al jefe político superior de la provincia de Ciudad Real (reproducido en El Espectador del 11-12-1822), sus fuerzas encontraron a las de Zaldívar en Porzuna (a unos 30 km de la capital de aquella provincia:
A corto rato de mi salida del Corral de Calatrava en busca de la facción del Locho tuve aviso de que el faccioso Zaldívar con unos cien caballos había llegado al castillo da Llerena. Cerciorado de esta verdad conocí desde luego que a pesar de lo muy fatigada que tenia la tropa y caballos y de mis cortas fuerzas, pues solo ascendían a 35 soldados y 19 nacionales, interesaba sobremanera perseguirlo y derrotarlo antes que se uniese con el mencionado Locho. Diez leguas marché en su alcance, pero como me llevaba tres horas de ventaja no me fue posible, de modo que cuando llegué a este punto donde estaba la facción ya era de noche pero traté de atacarlo. Bien conocía lo arriesgada que era la operación, tanto por mis pocas fuerzas cuanto por ser una noche muy oscura y no conocer e! terreno, más a pesar de todo conocí que el deseo de los soldados era igual al mío. Me resolví y lo verifiqué por dos entradas, encargando la una a los nacionales al mando de don Liborio Jerez y yo con mi tropa entré por la principal acompañándome don Tomás Cano y don Julián Romo.
Toda ponderación es corta para pintar el valor y patriotismo de todos los individuos de mi columna, así de Almansa como nacionales, pues en medio de sufrir un vivo fuego por las ventanas de las casas, solo se oían vivas a la constitución. El alférez don Félix Castro en medio de los mayores riesgos se condujo con la mayor bizarría, lo mismo el sargento don Manuel Aguirre, cabos y soldados de mi cuerpo; pero es de admirar lo mucho que trabajaron don Liborio Jerez, don Julián Romo, don Tomás Cano, don Agustín Burgos, Manuel Muñio, Joaquín Romero y los demás nacionales de Ciudad-Real, Almagro, Torralba, Carrión, Almodóvar y la Calzada, pues su valor nada me dejó que desear.
El resultado de esta jornada ha sido la completa dispersión de la facción en todas direcciones, y lo que es más que todo la muerte de Zaldívar con muchos de ellos acuchillados y malamente heridos, habiendo dejado más de 20 caballos, sin otros muchos que andan por las sierras como ya hemos encontrado, habiendo rescatado también los quintos que habían cogido, pudiendo asegurar a V. S. que si hubiera tenido más fuerzas no hubiera escapado ni uno.
Nuestra pérdida ha consistido en un soldado y un nacional heridos, un caballo muerto y el trompeta extraviado sin saber su paradero. Todos merecen la gratitud de la patria pero más particularmente el alférez Castro. Lo comunico a V. S. para su satisfacción y la de todos los amantes de la patria. Dios guarde a usted muchos años.
Porzuna, 5 de diciembre de 1822
Froilán Mojón

La historia terminó así (sigo ahora textualmente la narración de Díaz-Pintado):
A continuación los vencedores se dirigieron a Piedrabuena para comer algo y descansar. Chaleco llegó a Porzuna a medianoche después de haber recogido algunas caballerías que andaban sueltas. Por la mañana reconociendo el campo contaba los cadáveres. Entre ellos estaba el de Zaldívar al que quitó los papeles que tenía consigo y lo envió a Ciudad Real. Ese mismo día aprovechando que habían dado garrote a dos reos en la plaza de la Constitución, el jefe político disponía que el cuerpo del guerrillero muerto fuera expuesto en el mismo cadalso, para ejemplo de realistas que osaran imitar su conducta. Además de comunicarlo al secretario del Despacho de la Gobernación lo hacía a la mayoría de jefes políticos de las provincias andaluzas (Jaén, Córdoba, Sevilla, Málaga, Granada y Cádiz), que se habían librado de una pesadilla constante. Tomaba forma la idea de que primero los carabineros y después Zaldívar habían sido llamados desde La Mancha. Además Porzuna quedaba en entredicho.
El brigadier don Rafael Hore ordenó notificar su muerte a los ayuntamientos de Alcázar de San Juan, Villanueva de los Infantes y Valdepeñas. La noticia envalentonó en Villarrubia de los Ojos a más de un liberal. Antero Villegas repetía los conocidos tópicos y respiraba aliviado:
“No saven Ustedes lo picaro qe era Zaldivar no saven ustedes lo qe se ha quitado del medio, fue quando yo servia le conocia pero un picaro ladron”.
En Valdepeñas esa tarde se cantó un Te Deum en acción de gracias al “Dios de los ejércitos”, al que de 30 clérigos únicamente asistieron 5, y toda la noche hubo iluminación general.
El historiador ubriqueño Fray Sebastián dejó escrito de Zaldívar en su Historia que “Ubrique y toda Andalucía lo tuvieron por un héroe. Los hechos posteriores han venido a darle la razón”. Sobre su muerte opina:
No merecía ciertamente este desastrado fin el héroe de la Independencia y el esforzado caudillo realista, que durante largo tiempo se sostuvo contra los liberales. Porque no se contentaron con fusilarlo, sino que pretendieron deshonrarlo, como un bandido vulgar. No, Zaldívar no fue un bandido, sino un héroe. Su causa era noble y levantada; se batía por su religión y por su patria; y si la necesidad de sostener a su tropa le obligó a proveerse de víveres y municiones donde los encontrase, ello no obsta para que su ideal y sus procedimientos fueran vistos con simpatía y con entusiasmo por la España verdadera, que no se resignaba a estar vendida a la revolución.
También ensalzó la figura de El Cabrero Rafael Aragón Macías, redactor de las Misceláneas a la Historia de Ubrique, con estos versos:
Non passus autem tot fieri mala
Rerum Supremus Conditor omnium
Ad arma quare suscitavit
lmpavidos patriae fideles.
Zaldívar horum máximus extitit
Turmas quod ausus primus in hosticas
Ferrum libenter stringere, atque
Proelia fortis inire saevas.
El fin del trienio liberal
Dice Fray Sebastián que al desaparecer Zaldívar se hizo cargo de su partida su lugarteniente José Ruiz Vizcaíno, que también era ubriqueño. Mandando a “200 hombres de a caballo y considerables fuerzas de a pie”
entra triunfante en Ubrique y con órdenes superiores de deponer el ayuntamiento constitucionalista; se cantó un solemne Te Deum en acción de gracias; se quemaron en la plaza pública las actas capitulares de 1820 a 1823, y, nombrado nuevo ayuntamiento, siguió la partida a Ronda, la que cercaron y tomaron, uniéndose varias partidas, instaurando el régimen realista.

Un descendiente de El Vizcaíno me ha dicho que el guerrillero tuvo un hijo llamado José Ruiz Almendral que estudió veterinaria y trabajo hasta su fallecimiento en 1877 (a los 50 años) en Pinoso (Alicante).
La Historia Instrumental de la Fundación del Convento de Capuchinos de Ubrique narra así estos hechos:
A fines de junio del mencionado año [1823] entraron las partidas realistas en este pueblo, al mando de un vecino de él, llamado José Ruiz Vizcaíno; derribaron la lápida de la Constitución, reunió tropas de partidas realistas y se dirigió a las demás villas hermanas, y con las partidas que se levantaron a favor de la religión y del rey en las villas de Montejaque y Benaoján y con otras de serranos, entraron en Ronda a la fuerza, atacando por varios puntos más a los constitucionales, que tenían allí un regimiento de seiscientos hombres de infantería y parte de caballería. Este quitó los ayuntamientos, mediante órdenes que traía, y repuso los ayuntamiento realistas, y permaneció allí hasta que entró la división de tropas aliadas. que entonces se dirigió a Alhama y Granada, de orden del capitán general que la Regencia había nombrado.
La crónica del convento celebraba así la terminación del Trienio Liberal y ¡volver a poder cobrar los diezmos! (el diezmo era la partida impositiva más importante de que se nutrían culto y clero; fundamentalmente lo pagaban los labradores):
Después de más de tres años (1820 al 1823) en que hemos gemido bajo el pesado yugo del despotismo, cual ha sido el del gobierno constitucional; después que hemos sido presa de sectas homicidas, que nos han tenido cautivos, blasfemando con sus pestilentes bocas de los ministros del altar y usurpando los derechos del trono; que hemos pasado los años, meses y días más amargos y borrascosos, hechos el juguete de españoles espúreos [sic], impíos y desmoralizados; que hemos bebido mil hieles, amarguras y sobresaltos; que hemos sufrido la persecución más cruel, injusta y sostenida; después que en la amargura de nuestro corazón hemos visto ultrajada atrozmente la religión divina de Jesucristo (cuando se prometía en su Código defenderla) atropellados los santos cánones de la Iglesia, destrozada su disciplina, vilipendiados, ultrajados y perseguidos los obispos […] asomó la aurora del memorable día 1 de octubre, en que todas las cosas tomaron otro semblante. Todas las plazas que no se habían conquistado se entregan: huyen precipitados los corifeos de la irreligión; no saben donde ocultarse los impíos: se ven perseguidos los ateístas, materialistas, fracmasones, comuneros, carbonarios y demás sectarios de la impiedad; la Iglesia española recobra sus derechos; vuelven los obispos a sus sillas, los religiosos a sus conventos, los monacales a sus ministerios, los párrocos a sus parroquias, se mandan pagar los diezmos […] Demos gracias a Dios nuestro Señor incesantemente por tantos y tan repetidos beneficios como nos dispensa…
Coronel de Caballería a título póstumo
Una vez finiquitado el trienio liberal, Fernando VII volvió por sus fueros y quiso premiar a quienes lo habían servido bien. Una de sus órdenes, dada en 1825, fue nombrar coronel de Caballería a Pedro Zaldívar Rubiales a título póstumo. La prueba la encontró mi amigo Manuel Zaldívar Romero (emparentado con Pedro Zaldívar) en el Archivo General Militar de Segovia, sección 1ª, legajo 757:
En dicho documento se lee:
Don Fernando Séptimo por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Albarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra-firme del mar Océano: Archiduque de Austria; Duque de Borgoña, de Brabante y de Milán; Conde de Abspurg, Flandes, Tirol y Barcelona; Señor de Vizcaya y de Molina, etc.
Por cuanto teniendo en consideración los más distinguidos y notorios servicios del Teniente-Coronel vivo y efectivo de Caballería Don Pedro Zaldívar, ya difunto, Comandante que fue de las partidas Realistas de Andalucía, y a consecuencia de instancia de su viuda, Doña Ana María Rodríguez, he venido en declararle el grado de Coronel de Caballería al tiempo de su muerte, que por defender los derechos de mi Real Soberanía sufrió tan heroicamente el día cuatro de Diciembre de mil ochocientos veinte y dos.
Por tanto mando a los Capitanes Generales, Comandantes Generales, Gobernadores de las armas, y demás Cabos mayores y menores, Oficiales y Soldados de mis Ejércitos, que le consideren por tal Coronel graduado de Caballería, y guarden y hagan guardar las honras, gracias, preeminencias y exenciones que por razón de este grado tocan y deben ser guardadas a la expresada Doña Ana María Rodríguez, bien y cumplidamente que así es mi voluntad, y que el Intendente de la provincia o Ejército a quien corresponda dé la orden conveniente para que se tome razón y forme asiento de este grado en la Contaduría principal.
Dado en Aranjuez a veinte y dos de Abril de mil ochocientos veinte y cinco.
El documento no está firmado por el Rey, por lo que puede ser un borrador o una copia. No obstante, se deduce que tuvo validez porque en el mismo legajo aparece este añadido:
La resolución recayó en el expediente de pensión de su viuda
En la parte inferior escribieron una frase que resume la declaración real::



