sábado, 10 enero 2026

Un error cincelado en piedra: la fuente de la plaza la hizo Mancheño, no Barreño

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Fuente de la plaza del Ayuntamiento / Ángel Pablo

Todo/a ubriqueño/a habrá visto alguna vez la inscripción que figura en la parte media de la fuente de la Plaza del Ayuntamiento. Según la misma, la obra data de 1727, “siendo Corregidor el Sr. D. Fernando Márquez Barreño”, según se lee. Pues bien, hemos averiguado que tal Corregidor no se apellidaba Barreño, sino Mancheño.

Lo más probable es que la inscripción sea coetánea de la construcción de la fuente (a juzgar por la grafía y la ortografía), por lo que no pudo ser el lapicida que la labró originalmente quien cometiera un error tan garrafal. Ahora bien, el letrero está  grabado sobre arenisca, que es un material muy deleznable, como se sabe. El bajorrelieve de algunas letras se ha ido nivelando con el paso del tiempo, hasta el punto de que hoy no podríamos leer la inscripción completa fácilmente sin la ayuda de la pintura negra que se ha aplicado a los caracteres.

En 1903 se practicó una reparación de la fuente que debió de ser importante, a juzgar por el hecho de que de los trabajos se quiso dejar constancia mediante una nueva lápida, situada más arriba, en la que se lee: “Se restauró esta fuente en el año 1903”:

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Pues bien, es posible que en esa intervención se deslizara el gazapo, sin duda por estar las letras iniciales de la palabra “Mancheño” muy desdibujadas por la erosión. Se supone que se apreciaba claramente la terminación “EÑO” y quizá también la letra “A”, de donde se pudo inferir la palabra “BARREÑO”.

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El Corregidor Márquez Mancheño

Independientemente de todas estas suposiciones, existen evidencias documentales incuestionables. Fernando Márquez Mancheño fue Corregidor de las Villas, con sede principal en Ubrique, al menos entre agosto de 1725 y febrero de 1727. Probablemente ocupó el cargo hasta junio de 1728, fecha en que fue ascendido a Asistente (Corregidor) de Marchena, que entonces era la capital de los vastos señoríos andaluces del VII Duque de Arcos, Joaquín Ponce de León Láncaster y Cárdenas.

No creemos que el mandato en Ubrique de Márquez Mancheño se remonte a mucho antes de agosto de 1725 porque el Duque tenía la costumbre de cambiar el destino de sus corregidores cada 1 a 4 años, probablemente para evitar que largas estancias al frente de una villa acabaran corrompiéndolos.

En Marchena, Márquez fue recibido como Asistente por el Cabildo de aquella población el 27 de junio de 1728:

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Fragmento del Acta Capitular del Cabildo de Marchena del 27 de junio de 1728 (Archivo Municipal de Marchena)

Allí estuvo en el cargo hasta 1731, para volver más tarde en el periodo 1737-1741.

En cuanto a su paso por Ubrique, se conservan varios documentos que lo prueban. Existen al menos cinco cartas fechadas entre el 5 de agosto de 1725 y el 25 de febrero de 1727 enviadas desde Ubrique a Marchena y sus correspondientes copias o borradores de respuestas.

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En las misivas se tratan asuntos muy variados, como unas molestias causadas a la población de Ubrique por el tránsito de tropas, la dotación de casullas y otras piezas de culto para la nueva ermita de San Blas en Benaocaz, la contribución de soldados, paja y bagajes, un fraude a la hacienda ducal cometido por los notarios de Grazalema en el cobro del derecho de veintena y el trágico caso del escribano de Benaocaz Fernando de Cea, que mató accidentalmente a una niña de dos años y medio al disparar a un perro rabioso, hecho por el cual inicialmente fue encarcelado para al poco tiempo ser liberado por orden superior, al no apreciarse culpa debido a la ausencia de intencionalidad.

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Carta al Corregidor Márquez Mancheño desde Marchena:  “Por lo que mira a la causa fulminada al escribano de Benaocaz. Fernando de Cea, os tengo advertido que la casualidad del suceso no le constituye en delito; esto supuesto, os vuelvo a mandar le soltéis de prisión, de que daréis cuenta” 

Según el historiador Francisco Javier Gutiérrez Núñez, Fernando Márquez Mancheño probablemente era natural de Arcos (algo bastante plausible, dado su segundo apellido). De hecho, se sabe que en 1754 era vecino de esa villa, donde otorgó poder para testar en favor de su hijo el eclesiástico Joaquín Márquez Mancheño y Lanuza. Uno de sus antepasados, llamado también Fernando Márquez, fue alcalde del castillo de Cardela y fundó en Arcos la capilla de San Antonio en la iglesia de Santa María.

Márquez Mancheño tuvo que ser un hombre rico porque era poseedor de un vínculo fundado por un presbítero de Arcos. Tenía la preparación suficiente para desempeñar su cargo, ya que era abogado de los Reales Consejos. (El Duque de Arcos solía elegir para oficiales con responsabilidad de gobierno y justicia en los concejos de las villas de su Señorío a hombres formados en Leyes –bachilleres, licenciados o doctores–.)

Después de su primera etapa como Asistente de Marchena, en 1731 pasó a ser Corregidor de Mairena y Guadajoz (Sevilla), para volver a la Asistencia en la capital en 1737 hasta 1741, año en que fue sometido a un juicio de residencia por su sucesor, que seguía órdenes del VIII Duque de ArcosJoaquín Ponce de León Spínola. (Este procedimiento judicial era relativamente común y consistía en revisar las actuaciones del funcionario saliente y los eventuales cargos presentados contra él. Como se ve, en esa época estaban más adelantados que nosotros en ese aspecto.)

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 El Corregidor de Arcos y la Molinera (Guía de Cádiz)

Los Duques y sus corregidores

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El VII Duque de la Casa de Arcos lo fue entre 1693 y 1729. (Heredó el título de su padre, Manuel Ponce de León, VI Duque, que a su vez lo había recibido del V Duque, Rodrigo Ponce de León, de quien partió la idea de fundar un Convento de Capuchinos en Ubrique.) Joaquín Ponce de León Láncaster y Cárdenas no solo ostentaba los títulos de VII Duque de Arcos y Señor de las Villas de la Serranía de Villaluenga, sino, además, los de Señor de Marchena, de Rota, Chipiona e Isla de León; Conde de Bailén y de Casares; Marqués de Zahara; Duque de Aveiro, Torres Novas y Maqueda; Marqués de Elche; Señor de Montemayor el Viejo,   Paradas, Los Palacios, Mairena, Guadajoz, Pruna, Algámitas, Casares, Jubrique, Genalguacil, Taha de Marchena y Villagarcía. Como comprenderán, por Arcos paraba poco. Estuvo destinado algún tiempo en el ejército de Flandes, fue brevemente Virrey de Valencia y desde 1708 fue miembro del Consejo de Estado.

Al VII Duque lo sucedieron sus cuatro hijos, que fueron ocupando uno tras otro los órdenes del VIII al XI de este linaje nobiliario  (todos murieron sin descendencia, pasando la sucesión a otra línea de la familia).

En el Archivo Municipal de Marchena, el de los Duques de Osuna (Archivo Histórico Nacional, Sección Nobleza) el Histórico Provincial de Cádiz y otros existen muchos documentos sobre la historia de Ubrique bajo el Señorío de los Duques de Arcos entre los cuales podemos rastrear algunos nombres de corregidores de Joaquín Ponce de León y sus hijos. Los legajos también nos traen interesantes noticias sobre los hechos acaecidos en el Señorío. Por ejemplo, nos dicen que en 1709 el Cabildo de Ubrique aceptó un decreto del Duque que mandaba que los corregidores de las Cuatro Villas tuviesen que residir seis meses en Ubrique y otros seis en Grazalema.

Uno de los primeros corregidores de las Villas en la época del VII Duque fue Alonso de La Moneda, que fue recibido en Ubrique en la sesión del Cabildo del 5 de julio de 1695. Su hermano Juan Francisco había sido Asistente de Marchena entre 1692 y 1694 y al parecer en 1695 se hallaba en Ubrique, donde, sintiéndose gravemente enfermo, otorgó testamento ante el escribano Cristóbal de Aguilera el día 3 de septiembre de ese año.

Cuando Márquez Mancheño dejó Ubrique fue reemplazado por el Corregidor Nicolás Páez Chacón (salvo que entre junio de 1727 y 1729 ocupara el cargo otra persona; en cualquier caso, lo seguro es que Márquez lo era en 1727 y Páez en 1729). De este, también abogado de los Reales Consejos, sabemos que en 1736 se presentó en una notaría de El Puerto para acreditar la limpieza de sangre de su mujer, Jerónima León y Bernal, hija de Alonso de León y de Micaela Bernal y nieta de Juan Bernal, “todos cristianos viejos” que nunca habían “ejercido oficios viles ni mecánicos”. Al menos durante 1752 y 1753 era Corregidor de Paradas. Un hijo suyo fue el presbítero Mariano Joaquín Páez Chacón, también abogado de los Reales Consejos, además del Colegio de los de Sevilla y académico de la Real Sevillana de Buenas Letras, en la que ingresó en 1752.

Al morir el VII Duque en 1729 fue sucedido por su primogénito, Joaquín Ponce de León Spínola, que disfrutó el título hasta su muerte en 1743. Conocemos los nombres de dos corregidores de este VIII Duque en Ubrique: Cristóbal Ferrari de Páramo (hasta 1741) y Luis Laureano Sánchez Crespo (desde 1741). Este había sido Asistente de Marchena entre 1724 y 1728 –recibió 1000 reales de gratificación por su buena gestión– siendo sustituido allí precisamente por Fernando Márquez Mancheño, que venía de Ubrique). Crespo fue también Corregidor de Arcos (1729-37 y 1747-50).

El IX Duque ostentó el titulo durante solo un año (1743-44). En el tiempo del X (Francisco Ponce de León Spínola, 1744-63) volvió a ser Corregidor de Ubrique Cristóbal Ferrari de Páramo (probablemente hasta 1760, pues ese año fue sometido a un juicio de residencia tomado por Francisco de Priego, que se supone que fue su sustituto).

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Antonio Ponce de León Spínola, XI Duque de Arcos (entre 1763 y 1780), cuarto hijo del VII Duque,  Joaquín Ponce de León. Escultura de Robert Michel (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid).

La fuente de la Plaza

Volviendo a la fuente de la Plaza, las noticias sobre su origen se pueden rastrear en la Historia Instrumental del Convento de Capuchinos de Ubrique, que se empezó a escribir en 1759. En ella se lee (según Fray Sebastián):

“…muchos de los sujetos a quienes hemos examinado sobre este punto dicen que siempre han conocido venir el agua del Benalfí al convento, y que para pasar el arroyo había un canal de madera, puesta sobre los postes, siendo todo lo demás tajeas descubiertas, pues solo servía para el riego de la huerta y gasto de oficinas, hasta que, por los años [16]80 en adelante (…), vino el Hermano Fray Pedro de Teba a este convento e hizo la cañería que hoy [mediados del siglo XVIII] existe. Si fue gracia de la villa o de los Excmos. Sres. duques o del rey, se ignora. Solo consta estar el cabildo de dicha villa cierto de ser nuestra [de los Capuchinos] aquella cañería y agua, porque intentando dicho cabildo traer el agua de dicha fuente de Benalfí a una que hizo en la plaza, hizo súplica a Nuestro Muy Reverendo Padre Provincial permitiera que dicha agua viniese por la puente que llaman de Benalfí, y por esta cañería hasta aquel sitio, quedando con la obligación de componer dicha cañería hasta allí siempre que fuere menester sin perjuicio del convento. A esta propuesta, Nuestro Muy Reverendo Padre Provincial, en 20 de octubre de 1726, dio respuesta, condescendiendo con la proposición de dicha villa.

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Convento de Capuchinos, con su huerta, probablemente a mediados del siglo XX (imagen tomada de la Historia de la Villa de Ubrique, Sevilla 1944, de Fray Sebastián de Ubrique).

Fray Sebastián de Ubrique explica a continuación:

La cañería estaba formada por atanores que pasaban por encima del puente y vaciaban en la fuente de cuatro caños, frente a la puerta de la huerta del convento, labrada en su parte ornamental de arenisca roja con una pila de piedra caliza de una pieza. El agua seguía a una alberca que se labró para regar la huerta en su parte superior. Posteriormente el Ayuntamiento (…) solicitó del muy reverendo padre provincial utilizar la cañería del convento, conduciendo el agua por un sistema mixto de tajea y atanores a la plaza del pueblo, donde se fabricó una pila de cuatro caños, la obra de más utilidad que se ha hecho en Ubrique. Para salvar el desnivel del nacimiento, se fabricó el acueducto sobre el puente. Esta obra fue construida a partir de 1726.

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De acuerdo con Fray Sebastián, el Hermano Fray Pedro de Teba, al que la crónica del convento llama “eminentísimo ingeniero”, hizo otras obras hidráulicas en diversos lugares: surtió de aguas a Gibraltar cuando la plaza era aún española, trajo las aguas al convento de Capuchinos de Jerez desde un manantial de la Cartuja y dirigió en Málaga una traída desde el Retiro de Santo Tomás. Fray Pedro de Teba murió en 1701 en Ubrique a la edad de 75 años. (A la izquierda, el puente sobre el arroyo Seco construido por este eclesiástico, según Fray Sebastián.)

En resumen: la inscripción que tenemos sobre la fuente de la plaza es muy probable que en algún momento de la historia sufriera una especie de lapsus cálami. Suponemos que en la próxima restauración se subsanará la errata para dejar la lápida más o menos de esta guisa:

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(Agradezco a D. Ramón Ramos Alfonso, archivero-bibliotecario del Archivo Municipal de Marchena, su ayuda para redactar este artículo, al facilitarme las actas capitulares que contienen la recepción de Fernández Márquez Mancheño como Asistente de Marchena).


Bibliografía

  • Cinco cartas del Corregidor de Ubrique Fernando Márquez Mancheño y sus respuestas, entre 1725 y 1727; Acta Capitular del Cabildo de Marchena del 27 de junio de 1728 (Archivo Municipal de Marchena); Fray Sebastián de Ubrique: Historia de la Villa de Ubrique (1944).
  • Francisco Javier Gutiérrez Núñez: Marchena y el VII Duque de Arcos (1693-1729). Aspectos sobre el control del estado señorial. En «Los señoríos en la Andalucía Moderna. El Marquesado de los Vélez», coord. por Francisco Andújar Castillo, Julián Pablo Díaz López, 2007, ISBN 978-84-8108-410-8, págs. 769-793.
  • Andrés Nicás Moreno: Patrocinio de Biedma y el linaje de Lamoneda, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, ISSN 0561-3590, Nº. 170, 1998 págs. 527-556.

Las fotos de la fuente de Márquez Mancheño y la simulación de la corrección del apellido son de Ángel Pablo.

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