Hubo una época en la que en Ubrique se producían cada cierto tiempo manifestaciones antieclesiásticas de variada índole. De ellas se hacían eco, con gran regocijo, medios anticlericales como El Motín o Las Dominicales del Libre Pensamiento, pero a veces también los periódicos generalistas.

El suceso más destacado de este tipo fue la llegada en 1887 al semiabandonado Convento de Capuchinos –con las preceptivas bendiciones de la jerarquía católica– de unos falsos frailes benedictinos que se aprovecharon de la credulidad y la hospitalidad de la población durante muchos meses y vivieron a cuerpo de rey hasta que fueron desenmascarados. De ese episodio de la historia de Ubrique he hablado extensamente en otro lugar. Pero en este artículo quiero recopilar algunos episodios anticlericales más menudos que también divulgó la prensa. No seguiré ningún orden, ni siquiera cronológico.

Entierro civil de un masón (1911)
En 1922, en Ubrique El Motín gozaba de bastante aceptación. En su edición del 9 de diciembre de 1922, el semanario publicó una lista de suscriptores de un número extraordinario y en ella aparecen muchos ubriqueños junto a las cantidades que aportaron:


Aparte de estos también eran suscriptores de El Motín en aquella época Joaquín Piña, Francisco Ranero y Sixto Bohórquez Gómez. Este último fue hasta 1902 fue un masón de la logia América de Ubrique. En 1900 ya era fervoroso suscriptor de El Motín, como lo prueba el hecho de que envió una generosa contribución a uno de los proyectos organizados por Nakens y divulgados a través de su irreverente periódico. La donación la hizo en estos términos:


El Motín fue fundado por el periodista sevillano José Nakens Pérez con la intención de “combatir a los conservadores, defender la unidad del partido republicano y luchar contra el poder del clero”. El rotativo se vio envuelto en casi un centenar de procesos por delitos de imprenta, más de un director fue encarcelado (Nakens también), se le multó en infinidad de ocasiones y los obispos promulgaron casi 50 excomuniones contra sus redactores.
En Ubrique este periódico tuvo un corresponsal muy activo que igualmente se encargaba de distribuir el periódico, y, se supone, también otras dos publicaciones de Nakens tituladas Hojitas piadosas (esta fue muy popular, llegando a alcanzar una tirada de 100 000 ejemplares) y Granitos de oro. Un artículo del diario republicano La Lucha (que se publicaba en Béjar, Salamanca) del 15 de julio de 1910 explica con mucha ironía qué eran estas publicaciones asociadas a El Motín:




En la lista de suscriptores que reproduje más arriba aparecen dos mujeres. Una de ellas, Teresa Palma, era hija del también masón de la logia América Manuel Palma Fernández, cuyo entierro civil narró El Motín del 17 de agosto de 1911:



También figura en la lista José Esquivel, zapatero acomodado y primer alcalde republicano de Ubrique (desde 1931 a 1935). Esperanza Cabello y yo hemos hablado en otro lugar de él y de su hija, Isabel Esquivel (1913-99), maestra que dejó una huella indeleble en Mairena del Alcor, donde un colegio lleva su nombre.

Cuando el alcalde le dio de bastonazos al cura (1923)
Según publicó la prensa en febrero de 1923, el alcalde de Ubrique le pegó al cura con el bastón de mando tras una reunión en la que el representante de los asuntos mundanos de la población y el de los asuntos sacros protagonizaron un fuerte enfrentamiento verbal. La noticia la dio el diario La Voz, de Madrid, el 17 de febrero de 1923, en estos términos:
En Ubrique se reunió el Ayuntamiento con la Junta de repartimiento vecinal, en la que figura el párroco, D. Rafael Mateo Carrasco.
Este señor protestó casi elocuentemente contra la imposición de algunas cuotas que por su importancia resultan abusivas.
Le contestó el alcalde, replicó el párroco, y cuando los argumentos estaban empleados en su totalidad, se promovió un pequeño escándalo, porque ni alcalde ni párroco se daban por vencidos.
Al fin terminó la reunión en el mismo desacuerdo que había empezado.
Pero el alcalde de Ubrique no es hombre que se deje vencer fácilmente, y como al levantarse la sesión pensaba que pudiera haber duda acerca de quién había vencido en el torneo oratorio, y desde luego no podría admitir que fuese él el derrotado, una vez en la calle delegó toda la fuerza de su autoridad en su simbólica vara de mando –un aterrador garrote de nudos–, y la emprendió a golpes con el párroco. Fueron separados los contendientes, reconocieron todos que la argumentación del alcalde era más fuerte que la del párroco, y el presidente del Ayuntamiento marchó a su casa satisfecho.
Pero tras de las flores se esconden las espinas. El vecindario tuvo noticia de lo sucedido, y se amotinó para protestar contra su alcalde, quien vio con gran estupefacción que, a pesar de su victoria, el párroco era aplaudido y obedecido por la muchedumbre, a quien invitó a la calma, aconsejándole que confiara en la sanción de las autoridades superiores al alcalde de Ubrique. Que las hay.

La crónica la firmaba “Febus” desde Málaga. Febus era una agencia informativa que fundó el editor de prensa Nicolás María de Urgoiti para abastecer a sus periódicos El Sol y La Voz (y durante la guerra sirvió a la prensa de la zona republicana). Ambos funcionaban en tándem (modelo copiado de los americanos), saliendo El Sol por la mañana, con un estilo serio y doctrinal, y La Voz por la tarde, más ligero y popular.
La información aparecida sobre Ubrique la tarde del 17 de febrero en el vespertino interesó a su hermano matutino, que el 18 publicaba esto:

El 19 de febrero se hicieron eco tanto La Correspondencia de España como La Acción. Este último decía que el cura había dirigido un sermón al pueblo.


Por cierto, y aunque no tenga mucho que ver directamente, para ponernos en contexto veamos otras cosas que pasaron en Ubrique en 1923.
El Sol, 27/10/1923.
Además, Federico de la Calle Corrales era elegido diputado provincial por el distrito de Ubrique y las Galerías Bayón, de la calle Fuencarral de Madrid subastaban una cartera de Ubrique a 9 pesetas (La Acción (5/7/1923) y ocho petacas por 56 pesetas:

Un «curiana» que supuestamente vivía amancebado (1887)
En la década de los 80 del siglo XIX la “guerra” entre anticlericales y curas en Ubrique atravesaba un momento álgido, a juzgar por los sueltos que se leen en el El Motín. En estos tiempos en que se acababa de restaurar la ermita de San Antonio, «librepensadores» y beatos se lanzaban puyas desde distintos medios de comunicación.
El 20 de enero de 1887 El Motín atacaba así a un cura ubriqueño al que llamaba curiana (cucaracha), recurriendo incluso a la lengua caló (he traducido las palabras que sé):
A ver, curiana de Ubrique, si no aúllas tanto contra los libre-pensadores ni demás gentes que ven más allá de tus narizotas, ni tampoco pretendes embozadamente sombrar en tu baturro auditorio deseos de quemar la biblioteca anticlerical que tiene un vecino tuyo.
Dedícate á sacar á los tontos las motas [¿limosnas?] que puedas para llenar de manró [pan] y brinsa [carne] á los chorrés [hijos] de la gachí [mujer] gordinflona con quien vives, y déjate de historias.
Conque, sonsirré [silencio].

Supuesta orgía de cuatro presbíteros (1887)
El 8 de septiembre de ese mismo año este periódico irreverente se refería a la orgía que supuestamente habían organizado “cuatro presbíteros forasteros”.
Y aconteció que cuatro presbíteros forasteros de buen humor se dieron cita con varias beatas jóvenes y guapas, en una fábrica de hilados de Ubrique. ¡Pero vaya unos tejidos que hicieron!
Para abrir boca se empalmaron unas cuantas copas de manzanilla, y después armaron un baile de lo más jacarandoso que puede imaginarse.
Uno de los siervos de Jesucristo tiró el manteo y la teja á los pies de su compañera de baile, y con todo el entusiasmo de la manzanilla dijo: “Chiniya: pisa y pisotea aunque sea mi persona, porque te estoy queriendo hasta la médula de los huesos, y si te volvieras caña dulce, me estaba chupando hasta que te consumiera”.
Pues ábate luégo [sic] cuando una de las piadosas ninfas trincó la guitarra y tocó una habanera: aquello fué el acabóse.
Todos, cuál más, cuál menos, estaban más contentos que unas Pascuas. Uno de ellos dijo á su pareja no sé qué frases de tauromaquia y después… después… Vaya usted á saber lo que sucedería después, dado el calor de los ánimos.
Padres, maridos y novios, llorad las expansiones de los presbíteros, y que San Lucas y su cornúpeto os consuelen en vuestras aflicciones.

El caso de la difunta del brazo enhiesto (1887)
El 3 de noviembre 1887, El Motín publicó esta curiosa historia que supuestamente había ocurrido en Ubrique:
CASTIGO PROVIDENCIAL
Estadme atentos como presbíteros á bolsa ajena, y os contaré el ejemplar escarmiento que el Señor acaba de verificar en Ubrique.
Lástima es que tenga que atestiguar con muertos, porque se trata de un cadáver; pero no es cosa de que yo me meta á resucitarlo para dar en cara á los impíos que digan que todo ello es una filfa.
Había una individua católica, apostólica y romana, de indiscutibles condiciones para sobrina de cura, porque era de la misma piel del Diablo, é interesada á más no poder, tanto que pegó á su padre por cuestión de céntimos.
Murió, y aquí entra lo providencial del caso; habiéndola enterrado completamente, el brazo y mano con que había abofeteado al autor de sus días quedaron al descubierto, como haciendo un corte de mangas al capellán del cementerio.
Como los curianas lo averiguan todo, recibieron, no sé por qué conducto, la noticia de que aquella hija desnaturalizada era objeto de la ira celestial, y que, para que bajase el brazo, era preciso que el padre fuese á darle unos zurríos y pagase además veinticinco misas.
Cundió por la población la noticia, acudió el vecindario en masa al cementerio, y los padres de familia aprovecharon la ocasión para inculcar á sus hijos á bofetada limpia el amor que les deben profesar.
Como es de suponer, el padre de la sepultada acudió también; mas, no atreviéndose á maltratar el brazo muerto, se limitó á pagar las veinticinco misas, y ¡oh poder del metal acuñado! la muerta bajó el brazo.
Temed ¡oh cristianos! la justicia del Altísimo; sed dóciles y sumisos con vuestros padres naturales, y sobre todo con los Padres de almas; pues si así no lo hiciereis, tened entendido que, al morir, alguna parte de vuestro cuerpo quedará erguida para escarmiento de las gentes, hasta que un cura con sus oraciones, y previos algunos ochavos, vaya á hacerle recobrar la posición que corresponde á un miembro difunto que en algo se estime.

Mofas a un «parroquidermo» que escribía contra el corresponsal de El Motín (1889)
El 4 de julio de 1889, el periódico criticaba a un cura de Ubrique que se llamaba Rafael y que debía de estar muy gordo, ya que lo llamaba “parroquidermo”:
¡Anda, anda! No sabíamos lo que teníamos con Rafael, el parroquidermo de Ubrique: escritor y todo nos ha resultado. ¡Vaya con Rafaelillo! ¡Siempre dándonos sorpresas!
Y que el gachó es fecundo cuando se enreda á currelar [trabajar] de péñola [pluma de escribir]. Dos largas y mortales columnas de prosa cerrada y cerril ha publicado en un periodiquín ídem, que se suelta con intermitencias por estos valles de Madrid.
Lo secundario de su epístola es decir unas cuantas tonterías de EL MOTÍN y su dignísimo corresponsal en Ubrique; lo principal es darle un bombo de marca mayor á su obispo; algo así como una especie de memorial para ver si le mejora de fortuna.
En esto de pedir limosna hay varios sistemas: unos lo hacen tendiendo la mano al transeúnte; otros, como Gil Blas, á tiros; y otros poniendo en los cuernos de la luna á su prelado para ablandarle y ver si concede un curato de mayor cuantía.
El que quiere subir y no tiene alas se arrastra. Es la ley.

Más entierros civiles (1911 y 1912)
A principios del siglo XX, los ateos o agnósticos eran verdaderos “militantes”, a juzgar por esta noticia aparecida en el El Motín el 14 de septiembre de 1911:
Donde les duele
Los enterramientos civiles traen locos á los curas de Ubrique. Ven que se les va el momio que tienen con los católicos, y están que trinan.
Falleció un trabajador llamado Antonio Pavía dejando dispuesto que se le enterrara civilmente. Sus parientes dieron los pasos para cumplir su voluntad, y cuando estaba todo arreglado, los curas, ayudados por un traidor de la familia, armaron un lío, y doblaron las campanas por el difunto.
Acudieron al alcalde, que se cruzó de brazos; intervino la guardia civil, acudió más fuerza de Benaocaz, y, en suma, que el clero se salió con la suya.
Pero como la de Ubrique es gente templada, á los pocos días acudió en gran número á acompañar el cadáver de un niño que se enterró civilmente; habiéndose dado antes este caso.
Hubo en un mismo día cuatro entierros, todos civiles. ¡Calcúlese cómo estarían los desinteresados ministros del Señor! Empiezan á poner en juego todos sus recursos, á ofrecer, á amenazar, y, por fin, consiguen agenciarse dos cadáveres de dos infelices familias que no tenían qué comer.
¡Y qué importancia no le darían al triunfo, que hicieron que los cadáveres fueran conducidos por seminaristas al cementerio!
¡Por ahí!… ¡Por ahíl Ellos á difamarnos y nosotros á darles donde les duele: en el bolsillo.
El es el talón de Aquiles para la Iglesia. Pues ahí los golpes.
A propósito de entierros civiles en Ubrique, copio este comunicado que envió al periódico La Bandera federal en diciembre de 1912 (apareció en el número del día 12) alguien que se llamaba «F. Pérez» y que evidentemente sentía pocas inclinaciones católicas, aunque sí parece que cristianas. Como es natural, este tipo de declaraciones debería ser siempre contrastada con la versión de la otra parte. Pero desafortunadamente por ahora no la teneos, aunque nunca se sabe si alguna vez aparece algún papel que contenga la opinión del sacerdote que se menciona.
Anticlericalismo en acción
Celebración de actos civiles
El día 14 del pasado Noviembre tuvo lugar en la villa de Ubrique el entierro civil del anciano Juan Venegas Peña, de setenta y siete años de edad, resultando un cortejo numeroso, por las buenas dotes que en vida tuviera el honrado ciudadano.
Terminado este se realizó el del niño Rafael Guerrero, de siete años de edad, hijo del consecuente correligionario Manuel Guerrero. siendo ambos acompañados por la banda republicana. En este último, por motivo de haber entre los dos mencionados actos otro con la asistencia del clero, este demostró una vez más lo bien que representa al que por el mundo predicó humildad v mansedumbre.
Conducíamos el cadáver del niño antes mencionado al único cementerio que existe, y al llegar a la mitad de la carretera que a este conduce, ya de vuelta nos encontramos con la comitiva del celebrado canónicamente [se entiende que los que volvían eran los del entierro religioso].
Al confrontar el clero con el cadáver que no les daba para los garbanzos, cual el más despótico tirano, tuvieron la indigna y grosera desfachatez de no cambiar el cortés saludo que toda persona honrada está obligada a dar a cualquier cadáver a su paso, mientras que la comitiva que tras ellos marchara todos tuvieron el cumplimiento de saludar al cadáver como es de rigor entre ciudadanos honrados, pasando en su mayoría al acompañamiento, dando a entender que pertenecemos a un digno y culto pueblo, y no a las tribus del África…
… … … … … … … … … … … … … … …
El día 22 del mismo recibió sepultura igualmente el joven de esta Manuel Medinilla Jaén, de veintiséis años de edad, siendo muy concurrido dicho acto.
UNA INSCRIPCIÓN
El día 29 del mismo fue inscripto en el Registro civil del Juzgado municipal de esta villa un hijo del ciudadano Felipe Carrasco y Carrasco, poniéndosele el nombre del padre, siendo testigos Felipe Corrales Carrasco y el que suscribe.
Seguidamente nos trasladamos a casa de los padres, donde, con asistencia de la banda republicana, pasamos un pato en el mayor contento, reflejándose en todos los semblantes la satisfacción del deber cumplido, con el anhelo de acabar con el fanatismo clerical, causa de todas nuestras desdichas y baldón de la Humanidad-
A los tres días de efectuada la inscripción, presentose en casa de los padres el ama del cura Cobeñas, que en el número 146 de La Bandera Federal denunció mi distinguida amiga Candelaria Chacón, ofreciendo, quizás en nombre del mencionado curita, cuanto fuera preciso. y regalando unas medallitas, con la pretensión de echar el chapuzón al chico, ofreciendo que nadie se enteraría, llegando en sus pretensiones hasta el inicuo propósito de aconsejar a la madre el falseamiento de su deber sagrado, diciéndole: «Cuando tu marido se vaya al campo, yo me lo llevo y lo bautizamos, sin que nadie se entere».
Estos y solo estos son los procedimientos de la Iglesia. ¿Puede darse mayor traición? Estos y solo estos son, han sido y serán los medios empleados, ya por la ignorancia, ya por la promesa, ya por amenaza; los medios empleados por los que se han arrogado la representación del que solo predicó por el mundo humildad y mansedumbre.
P. PEREZ
Ubrique, Diciembre de 1912.
¿Y qué es lo que habría escrito la dicha Catalina Chacón sobre el cura Cobeñas (o Coveñas, que es como se escribe ahora este apellido en Ubrique) en el número 146 de La Bandera Federal? Esto:



La persona a la que se dirige la comunicante era el médico Hilario Palomero Fernández, el director del periódico, el cual escribió este comentario:

En el blog de Esperanza Cabello se puede ver una imagen del sacerdote Sebastián Coveñas.

El milagro del vino convertido en petróleo (1885)
El 15 de enero de 1885 El Motín contó a sus lectores el siguiente pintoresco suceso:
Como se ve, el periódico decía que esto había pasado en Alberique, pero el número del 8 de febrero corregía la localización, indicando mediante esta fe de erratas que en realidad fue en Ubrique:
¿Que ocurrió en Ubrique, y no en Alberique, lo que se relata en el Suplemento de 15 de Enero, plana tercera, columna segunda, línea ochenta y dos?
Pues con decir que resultó así por equivocación material, dada la semejanza del nombre, en paz. Léase Ubrique donde dice Alberique, y déjese lo demás como se encuentra.

El “Hermano Carmelo”, un supuesto ermitaño ubriqueño en Mérida (1896)
Según El Motín, un ubriqueño se habría hecho pasar por ermitaño en Mérida. Esta noticia apareció en la edición del 7 de marzo de 1896 y, como era habitual en este medio, terminaba con un comentario muy sarcástico:
En la ermita de Santa Eulalia de Mérida, distante tres leguas de Almonaster la Real, en terreno muy accidentado y sospechoso, se encuentra instalado Vicente Padilla Chacón, conocido por el nombre de Hermano Carmelo, natural de Ubrique (Cádiz). Le acompañan dos hermanos huérfanos y menores de edad, cuya naturaleza y antecedentes se desconocen.
La Guardia Civil sospecha que son ladrones ó tapadera de ladrones, a pesar de hallarse protegidos por las autoridades como tales ermitaños.
Y yo soy exactamente de la opinión de la Guardia Civil, por ser hoy el religioso el disfraz que suelen echarse encima los bribones rústicos y urbanos.

…Pero también muchos ubriqueños se llevaban bien con la Iglesia (1911)
De la lectura de los anteriores casos no hay que concluir que todo Ubrique fuera anticlerical. Más bien, el pueblo, en general, era devoto. Lo que ocurría era que los elementos anticlericales eran muy activos y militantes, y se hacían oír. Como prueba de que lo habitual era que reinara gran armonía entre las autoridades civiles y religiosas (y respeto y acatamiento de las primeras a las segundas), veamos un caso en el que el alcalde se puso de modo incondicional de parte del cura.
El suceso ocurrió en 1911 y creo que el alcalde de Ubrique era José Rubiales Zarco. El Motín del 27 de julio de 1911 dio esta versión:


No entiendo bien el significado del título. ¿Hace referencia a la furia del converso? ¿Era el alcalde un reciente convertido a las ideas del catolicismo?
Tampoco he podido averiguar quién era Ricardo Fernández Calafat, el director de la compañía de teatro que no pudo actuar en Ubrique, pero sí he encontrado que años más tarde (1922) fue detenido en Córdoba un tal Alejandro Fernández Calafat por “actos inmorales en la vía pública” y “blasfemo”.
En cuanto a la obra de teatro Las hormigas rojas, de Eugenio Montells Rizot, sí es relativamente conocida. Esta es la crítica en verso que hacía un tal Floridor sobre su puesta en escena en el teatro Martín, de Madrid, en 1902 (Madrid cómico, 18 de enero):

(Francisco Silvela, de ideas conservadoras, era presidente del Consejo de Ministros en aquel momento).
Según el periódico La ilustración artística del 21 de julio de 1902, este drama “alborotó” el teatro Martín.

Y El liberal: órgano democrático de la isla de Menorca del 22 de enero de 1902 explica por qué:


Se ve que el alcalde y el cura de Ubrique no estuvieron dispuestos a consentir que en el pueblo se tocara La Marsellesa o el Himno de Riego.






