Lorenzo de Sepúlveda fue un escritor que vio la primera luz aproximadamente en 1505 y murió en torno a 1580. Casi toda su vida la pasó en Sevilla. Llevado por su afición a divulgar la historia de su país, en 1551 escribió unos Romances nuevamente sacados de historias antiguas de la crónica de España, libro que alcanzó gran éxito.

Uno de los romances narra la supuesta hazaña de Fernán Arias de Saavedra, alcaide de Cañete la Real, que un día que se sentía especialmente osado decidió dirigirse hacia Ronda con sesenta y tantos caballeros con la aviesa intención de robarle todo el ganado posible a los pobres moros rondeños. Lo logró.
El alcaide de Ronda persiguió con gran cabreo e invocando a Alá a aquellos chorizos que dejaban a su ciudad condenada a la hambruna. A la altura de Setenil se unió a la persecución el alcaide de aquella fortaleza musulmana. Pero no sabían que los cristianos contaban con dos imbatibles cómplices: el señor Santiago y la mismísima Virgen María, gracias a los cuales el latrocinio se consumó. El suceso pudo ocurrir en 1408 y está narrado en la Crónica de Juan II.
Fernán Arias de Saavedra, apodado “El Bueno”, fue también Señor del Viso, ricohombre de Enrique III, Caballero de la Banda, Veinticuatro de Sevilla y alcaide de Utrera y del Castillo de Triana. En la guerra castellano–granadina, que se había reavivado en aquellos tiempos, tuvo muchas oportunidades de demostrar su talante belicoso.
Reproduzco esta joya de literatura renacentista empleando en lo posible la ortografía moderna para facilitar su lectura:

Por este buen rey Don Juan
que el Segundo se decía
Femandarias de Saavedra
a Cañete él la tenía.
Por señalarse por bueno
contra los moros partía;
de hombres armados lleva
veintinueve en compañía,
treinta y siete los jinetes,
osados a maravilla.
Corrido habían a Ronda,
treinta moros muerto habían.
Tomaron muchos ganados:
yeguas, vacas, les traían;
más de dos mil las ovejas
para Cañete volvían.
De Ronda salió el alcaide
con muy grande morería.
de a caballo son doscientos,
más de mil la peonía.
Siguen detrás de Saavedra
y tras su caballería
dos pendones desplegados
que de seda parecían.
De color bermejo el uno,
banda de oro lo ceñía;
el otro mostraba ser
muy blanco a maravilla.
De una parte tiene el sol,
de otra la luna tenía.
Tañendo van atambores,
añafiles con gran grita,
haciendo gran algazara,
muy grande es la vocería.

De Setenil el castillo
quince moros les salían.
Tómanles la delantera,
cerco a cristianos ponían.
Esfuérzalos el Saavedra,
a grandes voces decía:
“Esforzaos, caballeros,
cumplid aquí la hidalguía
que aunque los moros son muchos
mayor poder Dios tenía.
Pelead como valientes,
bien contado nos sería.
Ganaremos muy gran honra
en morir con valentía.
La vida presto se pasa,
la fama siempre vivía.
Pocos cristianos se han visto
vencer muy gran morería,
cuanto más que Dios querrá
los venzamos este día.
Y los que ende murieren
sus almas se salvarían.
Por eso, con buen esfuerzo,
haced lo que yo hacía.
Santiago va diciendo
Ayuda y Santa María”.
Todos juntos de tropel
recio en los moros herían.
Cuarenta habían derribado
en la primer remetida.

Del campo huyen los moros,
los cristianos los seguían.
En Setenil los metieron,
a ciento quitaron la vida.
Saavedra con los suyos
a Cañete se volvían
alegres y victoriosos,
ningún cristiano moría.
Vendieron la cabalgada,
parte de ella dado habían
a aquella Reina del Cielo
a quien tomaron por guía
y al apóstol Santiago,
a quien su favor pedían.

Acceso al castillo de Cañete / Wikipedia


Gracias por acercarnos la historia de nuestro pueblo. Jesús López (Setenil)