sábado, 10 enero 2026

El arte macabro del mexicano José Guadalupe Posada (1852-1913)

José Guadalupe Posada (1852–1913) es reconocido principalmente por sus calaveras, esqueletos vestidos que representan la vida cotidiana y que hoy simbolizan el Día de los Muertos y la identidad mexicana. Sin embargo, su obra no se limita a estas figuras. Con más de 20 000 grabados, Posada exploró diversos temas, desde la sátira política hasta desastres naturales, crímenes y sucesos sensacionalistas.

Uno de los aspectos más oscuros de su trabajo fue su interés por monstruos, demonios y nacimientos anómalos. Al igual que sus calaveras, estas imágenes combinaban morbidez con humor, oscilando entre lo grotesco y lo trágico. Un ejemplo es Una niña con dos caras, donde el artista enfatiza la expresión del personaje en lugar del morbo.

Sin embargo, algunas de sus ilustraciones eran más crudas, como un grabado de 1894 en el que se muestra a una mujer fallecida tras dar a luz a tres niños y cuatro “animales”. Este caso, presentado con detalles médicos y periodísticos, reflejaba la fascinación del público por lo extraño.

El interés por los nacimientos monstruosos no era nuevo. Desde el siglo XVIII, periódicos como la Gazeta de México publicaban informes sobre estos casos, inicialmente con un enfoque de curiosidad científica. Sin embargo, para finales del siglo XIX, la actitud se volvió más sensacionalista y basada en el horror, impulsada por la prensa popular. Dado que solo un 20 % de la población mexicana era alfabeta, las imágenes de Posada fueron clave para difundir estas historias.

No obstante, reducir su obra a un simple reflejo del gusto popular sería injusto. Su estilo influyó en grandes muralistas como Diego Rivera, Siqueiros y Orozco, y aunque no fue un revolucionario en el sentido estricto, su arte estaba profundamente conectado con el pueblo. Según el crítico Ilan Stavans, Posada nos transporta a un universo gótico y anárquico, lleno de calaveras, demonios, explosiones y deformidades, donde la muerte es el eje central, no como tragedia existencial, sino como un fenómeno social y universal.

Más que un simple ilustrador de lo macabro, Posada fue un narrador visual de su tiempo, un artista cuya obra sigue resonando en la identidad cultural de México.


Fuente: The Public Domain Review.

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