sábado, 31 enero 2026

Datos para la biografía del industrial marroquinero Emilio Santamaría Caballero

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El 10 septiembre 1969 el diario ABC de Sevilla publicaba un artículo titulado «un preclaro benefactor de Ubrique». El firmante, Un forastero, dedicaba palabras muy elogiosas para el industrial marroquinero Emilio Santamaría Caballero, que ejerció buena parte de su actividad profesional en Ubrique:

…hay uno [un respetable paisano] que, sin ser paisano, es decir, sin ser de Ubrique, su inteligencia, su vida y su hacienda la dejó para los de Ubrique […]. Tiempo ha vino a Ubrique, como tantos otros lo hiciéramos, un señor. Un señor en toda la extensión de la frase. Conoció lo rudimentario de la industria, y con sus medios y por su medio, la transformó.
Existe la que fuera su fábrica, que, aun habiendo cambiado de dueños, sigue llamándose, lo mismo que el único reloj de fachada y sirena de fábrica de Ubrique, de Santamaría.
(…) los que habitamos en Ubrique sabemos de su vida y de su obra, y agradecidos, como deben estar todos los demás, sacamos al aire y conocimiento de unos y otros la existencia de un preclaro benefactor. Indirectamente, sí. Pero de qué forma dejó sello y carácter de su labor, que la transformación de lo rudimentario, de origen arábigo, si se quiere, es hoy uno de los emporios de riqueza más grandes de Andalucía, desde el punto de vista de pueblo, gracias a él.
Don  Emilio Santamaría (más bonito no puede ser su nombre) dedicó, como me dicen y digo, el resto de su vida a y por Ubrique. Ubrique se ha expandido por el impulso de sus ideas y sus incansables viajes para traer la savia a la industria. Ideas y savia que, con el remozamiento de los demás, han hecho lo que hoy, a mitad de camino, Ubrique es.

Antigua sirena de la fábrica ABC de Emilio Santamaría que se halla en el despacho de la Alcaldía de Ubrique / Gentileza de Esperanza Cabello.

Cuatro años más tarde, también en ABC, el gran empresario ubriqueño José Pulido Soto, al contarle a un entrevistador la historia de la industria marroquinera ubriqueña, le explicaba que al principio en Ubrique se hacían precisos, petacas de las llamadas «primitivas» y, andando el tiempo, pureras, monederos y carteras hasta que

en el año 1930 llegó providencialmente a Ubrique un castellano llamado don Emilio Santamaría Caballero, dedicado al viaje. (…) aquel hombre tomó las riendas de una de las fábricas ya instaladas y comenzó a extender el mercado de la producción marroquinera con nuevos modelos y una gran gama de, incluso, estuchería y bolsos. Solo a él se debe la enorme expansión que desde entonces tomó nuestra industria, incluso exportando al extranjero.

Por su parte, José Conde Moncayo, en un artículo titulado Los pioneros, también en ABC (12/09/1972), hacía grandes elogios del empresario y reveleba algunas de sus buenas prácticas con los trabajadores:

Don Emilio Santamaría, como todo predestinado (él lo era para el artículo de piel) tropezó con el ambiente, porque mira que ponerse a pagar el diez por ciento del sueldo anual bruto a cada productor (no se llamaban así entonces) en concepto de regalo (hoy paga extra) en la Navidad de 1931. Y hacerlo por nobleza, por altas miras, sin ley que le obligara, por amor, como un testimonio más de afecto a Ubrique, por desinterés, y tal era que pensaba unificar a todas las incipientes (mal llamadas industrias) en una sola que se denominara “Ubrique”. No pretendía encumbrar su nombre, valido del desconocimiento de los demás; quería, y no pudo realizarlo, formar la primera fusión de empresas o la primera cooperativa, como se llaman hoy.

José Conde explicaba que

allá por los años veinte (…), en Ubrique no había personal facultado para llevar a cabo la innovación de lo rudimentario de la petaca, que era lo único que en Ubrique se sabía hacer (de ahí el apelativo de “Ubrique el de las petacas”) y [Emilio Santamaría] se vio en la necesidad de traer personal de fuera. Por su gestión llegaron a Ubrique tres señores, Mr. Cole, italiano; el señor Cabello, de Córdoba, y el señor [Pablo] Sanahuja, de Madrid. Traía el señor Cole, entre otras, la misión de modelar; el señor Cabello, la de repujado, y el señor Sanahuja la parte de marcos, etc., todos bajo la dirección del señor Santamaría, que dio el empuje, el real y verdadero empuje, la “puesta en marcha” a la innovación de la industria de Ubrique.
[…] Siendo mal intencionado, podría pensarse que se omite deliberadamente para que recaiga el mérito en ubriqueños o en los ya lejanos árabes que si bien ese es su origen (en cuanto al repujado), a Ubrique llegó por el cordobés señor Cabello, de la mano de don Emilio Santamaría. Don Emilio Santamaría, a quien, sin paliativos de ninguna clase, todo se lo debemos.

De estos pioneros decía el articulista:

Se entregaron de lleno y de plano por y para Ubrique. Trajeron la base y raíz de lo que Ubrique hoy es, y no debe continuar por más tiempo olvidado u omitido el paso de estos hombres por Ubrique, porque pueden juzgar para sus adentros los que hoy hacen algo por Ubrique (los pueblos siempre necesitan que se haga algo por ellos) si a la posteridad todo el desvelo y los sinsabores que producen las gestiones para la consecución de un bienestar o un medio, toda su entrega de hoy fuere lacrada con el sello del olvido… Cabe, una vez más, el aforismo de “suum cuique”.

Personalmente, siempre he tenido la impresión de que Emilio Santamaría Caballero era un ser humano fuera de lo común, tanto en su vida profesional como personal. No hay más que ver la casa-fábrica que se construyó satisfaciendo las necesidades estéticas que evidentemente tenía. Una casa provista de un jardín cuyas verjas quieren ser derribadas por casi todos o todos los ayuntamientos de Ubrique de los últimos 40 años. (En correspondencia, las concejalas y concejales también han prometido quitar las vallas de sus fincas de campo o las de sus familiares para que todo el pueblo de Ubrique pueda disfrutar de la naturaleza).

Un banco de la terraza de la casa de Emilio Santamaría en Ubrique / Foto: José Ramón Pizarro García, restaurador conservador de bienes culturales – Asociación Pisano).

En lo que sigue voy a contar lo que he podido averiguar de la vida de este hombre excepcional.


1892-1915

Según el padrón de habitantes de Ubrique de 1945, Emilio Santamaría había nacido en Cuenca el 20 de noviembre de 1892.

Extracto de la hoja de inscripción en el padrón de habitantes de Ubrique de 1945 de Emilio Santamaría Caballero. Figura «Callero» como segundo apellido, pero en la cabecera de la hoja está escrito correctamente / Archivo Histórico Municipal de Ubrique.

El agente censal anotó «Callero» como segundo apellido. Nada de extrañar. Hoy día, medio siglo más tarde de erigirse el monumento a este prócer de los artículos de piel, en el pedestal se sigue leyendo «SANTA MARÍA».

En la hoja de inscripción se hacía constar que Santamaría era industrial, que estaba ausente (en Barcelona) en el momento de la formalización de la ficha y que su estado civil era casado, si bien no figura el nombre de su esposa, lo que denota que en aquellos tiempos ella no residía en Ubrique (tampoco aparece, por cierto, en el padrón de 1940). Ni figuran hijos, ya fuera porque no los tenían o porque vivían en otro lugar con su madre. Él solo.

Pero al menos un hijo sí que habían tenido Emilio Santamaría y su mujer, Antonia Sierra Rustarazo. Una lápida del cementerio de Cuenca nos proporciona este y otros datos para indagar un poco en las historias de las familias de ambos.

Tumba de tres miembros de la familia Santamaría, en el cementerio de Cuenca / Geneant.org.

En la tumba reposan los restos de tres personas. De estas, la primera que murió era la madre de Emilio, Mercedes Caballero de Santamaría, que así figura su nombre en la lápida. Falleció el 16 de julio de 1903 con solo 35 años de edad; es decir, nacería en 1868 o 1867.

El segundo nombre que se lee en la sepultura es el de Esperanza Santamaría Caballero, desgraciadamente fallecida con solo 15 años (el 23 de mayo de 1915). En la lápida se lee que sus hermanos no la olvidaban, lo que quiere decir que Esperanza tuvo más de un hermano/a (uno de ellos, Emilio).


1917

Y más triste aún es el tercer fallecimiento, el niño Emilio Santamaría Sierra, casi con toda seguridad hijo de Emilio Santamaría y de Antonia Sierra Rustarazo. La fecha de la defunción fue el 1 de agosto de 1917; la de nacimiento no se ve completa: «2 abril 191…», pero casi se adivina que la última cifra es un 7. Además, no figura la edad en años del difunto, lo que apunta a que era un niño de meses (4 meses).

La madre del niño, Antonia Sierra Rustarazo, fue la mayor o la segunda de seis hermanos. Los otros se llamaban Tomás (Juan Tomás, en algunos documentos), Enriqueta, Julio Bautista, Pablo y María Victoria. El más conocido fue Tomás, diplomático y político que fue elegido diputado dos veces (1933 y 1936).

Los padres de Antonia Sierra (suegros de Emilio Santamaría) se llamaba Bautista Sierra Espejo y Victoria Rustarazo. Según deduzco de una información del sitio Cuenca en el Recuerdo, la familia era humilde, pero Tomás obtuvo una beca del Ayuntamiento de Cuenca para sus estudios de Bachiller (en el Instituto General y Técnico de Cuenca), que al parecer terminó en septiembre de 1907. Eso supone que pudo haber nacido en torno a 1892, como su cuñado Emilio. Después cursó estudios de Derecho en la Universidad Central de Madrid (hoy Complutense), estudios que según la citada web se pagó él mismo.

Una vista de la ciudad castellano-manchega de Cuenca / Google.

1919

Si el hijo de Emilio y Antonia fue enterrado en Cuenca en 1917, es de suponer que ese año el matrimonio estaría residiendo en esa ciudad. Él contaba entonces con 24 años. Pero dos años más tarde, a finales de 1919, al menos Emilio se hallaba en Madrid, donde era propietario de una fábrica de artículos de piel, como puede comprobarse en esta felicitación de año nuevo en la que anunciaba la próxima visita de sus viajantes a los clientes:

Anuncio de Emilio Santamaría en la prensa / El Fígaro (Madrid), 31 de diciembre de 1919.

1920

Dos días más tarde repetía la felicitación-anuncio:

Anuncio de Emilio Santamaría en La Tribuna del 2 de enero de 1920.

Según se lee, la fábrica estaba situada en la calle Silva, 19, en pleno centro de Madrid (es una bocacalle de la Gran Vía). Y el despacho, a 700 metros, 10 minutos andando, en Hernán Cortés, 6, cerca de la actual plaza de Chueca. En la imagen siguiente muestro en inmueble actual del número 6 de esa calle. Aunque un siglo más tarde tanto los edificios como la numeración de la calle pueden haber sufrido alteraciones, el aspecto vetusto y la estrechez de la vivienda puede invitarnos a fantasear son que es la misma en ella vivía el matrimonio Santamaría Sierra.

Inmueble del actual número 6 de la calle Hernán Cortés de Madrid / Google Maps.

Mientras tanto, Tomás, el hermano de Antonia, parece que estaba de cónsul en Argentina. Los otros dos hermanos varones, y quizá incluso sus padres, es posible que residieran por aquella época también en Madrid, ya que desde 1915 hasta 1920 existe documentación de ellos como alumnos del Instituto Cardenal Cisneros de la capital (conservada en el Archivo Histórico Nacional, AHN). De la documentación de Julio Bautista consta que era natural de Cuenca, que de 1916 databa un oficio de remisión de certificación académica, que estuvo matriculado en Madrid en el curso 1915-1916 y que en 1917 solicitó un traslado de matrícula. En cuanto a Pablo, también de Cuenca, se conserva un oficio de remisión de certificación académica con acordada (1918), documentación de los cursos académicos 1917-1918, 1918-1919 y 1919-1920 y solicitud de expedición del título de Bachiller con recibí (1920).

De Julio Bautista no he podido saber casi nada, excepto algo que diré más adelante. De Pablo, sí. Resultó un alumno aventajado, como Tomás. Parece que siendo muy joven estaba muy bien relacionado, pues, según publicó el diario El Sol el 26 de abril de 1923, el día anterior había asistido a una «fiesta del periodismo hispanoamericano» organizada por los colaboradores del diario bonaerense “La Nación”, entre los que él se encontraba, estando también presentes otros de la talla del conde de Romanones (ministro de Gracia y Justicia), Eduardo Schiafino (diplomático y pintor argentino), José Ortega y Gasset, Gabriel Miró, Luis Araquistáin y Julio Camba. En el acto se leyó una carta de Miguel de Unamuno, que no pudo concurrir.


1924

Estando en Madrid, Emilio Santamaría trabajaba con Ubrique. No sé desde cuándo lo hacía, pero en 1924, seguro. Lo demuestran unos anuncios aparecidos en el diario La Unión Ilustrada durante ese año (al menos los días 23 de marzo, 15 de junio y 16 de noviembre) en los que se publicitaba la marca Hispania de Juan Villalobos Luque y se declaraba que su «representante general» era Emilio Santamaría, en Hernán Cortés 6, Madrid.

Uno de los anuncios de Juan Villalobos Luque en La Unión Ilustrada (23/3/1924).

1925

El despacho de la calle Hernán Cortés era también el domicilio de Santamaría en 1925, según se deduce de esta información publicada en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI) del 16 de marzo de 1925:

Don Emilio Santamaría Caballero, residente en España, Hernán Cortes, 6, Madrid; patente de invención por «Mejoras en petacas». Presentada la solicitud en este Ministerio en 5 de diciembre de 1924. Concedida la patente en 2 de enero de 1925.


1926-1929

Sobre el momento en que se inició la relación con Ubrique de Emilio Santamaría se ha dicho de todo, pero sin aportar pruebas. En su libro Las petacas · Origen, origen, evolución y consecuencias (escrito en 1986, aunque no publicado), Robustiano del Canto Montero escribió:

al llegar a este pueblo Don Emilio Santamaría Caballero, aproximadamente en el 1916, como viajante que era de Juan Villalobos Luque (…)

En otro lugar de su trabajo, este historiador de Ubrique (por cuya figura siento gran afecto) incluye a Santamaría en un «árbol de antiguos fabricantes» y al lado de su nombre anota la fecha «1923».

En abril de 1995, en el periódico Ubrique Información, Robustiano decía:

cuando don Emilio Santamaría de joven llegó a Ubrique en 1912, siendo viajante de Lorenzo Chacón Viruez (…)

En la página del Proyecto Museo de la Piel encuentro un comentario sobre una petaca «de la fábrica de Juan Villalobos Luque y Emilio Santamaría, que data de aproximadamente 1911».

Por su lado, José Conde Moncayo, en el artículo de ABC que he citado más arriba, decía: «cuando allá por los años veinte don Emilio Santamaría construyó la fábrica…».

En 1911 Santamaría tendría 18 o 19 años, edad que parece muy temprana para tener una fábrica con un socio ubriqueño o estar trabajando como viajante, pero no debemos considerarlo imposible dado el empuje comercial que luego demostró nuestro personaje. En cuanto a la afirmación de que «construyó la fábrica» en los años veinte, creo que en todo caso empezara a construirla a finales de esa década.

Yo no puedo juzgar estas dataciones porque carezco de datos, pero sí puedo dar una fecha a partir de la cual es seguro que Santamaría se hallaba establecido en Ubrique, que es 1930, como comentaré luego. He encontrado también que a finales de 1929 pasó por Almería, donde sería conocido por la prensa local, ya que el diario El Mediterráneo del 4 noviembre 1929 publicó esta escueto suelto: «Ha marchado para Motril don Emilio Santamaria Caballero». Es de suponer que se encontraría ejerciendo funciones de viajante, pero ¿para quién? ¿Para su propia fábrica de la calle Silva de Madrid (si es que la seguía conservando) o para alguien de Ubrique?

Sus relaciones profesionales con Juan Villalobos Luque son indudables, no solo porque lo demuestran los anuncios publicados en la prensa de 1924, sino por la existencia de una preciosa colección de tarjetas postales (al menos 8) de la Fábrica de Artículos de Piel Hispania de Villalobos en las que, al pie (por lo menos en las 5 que conozco), se indica que el «agente exclusivo» de la marca era Emilio Santamaría. Esta es la postal número 7, titulada Escritorio, no fechada.

Postal de la fábrica Hispania, de Juan Villalobos Luque, sin fecha pero muy probablemente de la década de 1920, que conserva el archivo de la Diputación de Cádiz.

Me llama especialmente la atención el chiquillo pulcramente vestido y sentado ante la máquina de escribir, artilugio que en la época empezaba a ser imprescindible para establecer relaciones comerciales que pretendieran dar impresión de solvencia y seriedad. Imagino que una empresa que aspirara al éxito no podía dejar de contar con una.

Pero, al mismo tiempo, tampoco podría renunciar todavía al tradicional recado de escribir, que permitía dar a las relaciones comerciales un tono más personal y distinguido. Además, la pluma era imprescindible para asentar los haberes y saldos en los libros de contabilidad o para escribir otros documentos que se archivarían celosamente en los inmortales clasificadores A-Z que guardan las espaldas del joven caballero sentado en su mesa de trabajo. A su izquierda, por cierto, un mapa de España denota que la empresa tendría como objetivo convertir a todo el país en su mercado. Era importante saber dónde se localizaba cada pueblo y ciudad para organizar convenientemente las singladuras de los audaces viajantes, figura señera y capital del comercio marroquinero ubriqueño.

Ya puestos, y antes de seguir elucubrando sobre la fecha de llegada de Emilio Santamaría a Ubrique, presentaré las otra cuatro postales de la colección que conozco.

Sé de la existencia de la postal número 8 (Personal de la fábrica) porque la publicó Esperanza Cabello en su blog. En la tarjeta, a la izquierda, aparece el mismo señor del mostacho:

Estas son otras dos postales de la colección (tampoco fechadas), la 2. Máquina de rebaje (véase el joven chiquichanca de la izquierda, qué bien dispuesto) y la 4. Sección de costura:

Archivo de la Diputación de Cádiz
Archivo de la Diputación de Cádiz

La postal 3. Sección de preparado la publicó y comentó muy bien Esperanza Cabello, identificando incluso a su abuelo Leandro Izquierdo, que habría entrado a trabajar en la fábrica de Villalobos en 1921, con 12 años. Es esta:

Otra de las postales está reproducida en una plaza de Ubrique:

Continúo razonando sobre posibles fechas del inicio de la relación de Santamaría con Ubrique. En otra entrada del blog de Esperanza Cabello leo este comentario de una lectora: «La empresa fundada por Juan Villalobos Luque fue creada aproximadamente en 1890. Él falleció en 1925 con 38 años». Quizá haya algún error en alguna de las fechas, ya que no parecen cuadrar. Por otra parte, en el Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI) n.º 972 del 1 de marzo de 1927 se dice que Juan Villalobos Luque, residente en la calle Nueva, 36, solicitó registrar el siguiente logotipo de «una marca para distinguir artículos de piel en general y especialmente petacas. Clase 59» (solicitud que fue aceptada el 9 de mayo de 1928):

Boletín Oficial de la Propiedad Industrial (BOPI) 972, 1927).

Como se puede ver, el logotipo de Hispania es más estilizado que el que figura en la cabecera de las postales, lo que hace suponer que estas son anteriores a 1927.

En cualquier caso, Villalobos murió en esos tiempos, pues en el BOPI 1031 del 15 de agosto de 1929 aparece una solicitud de patente registrada por la Viuda de Juan Villalobos.

Dicho todo esto, lo que se puede garantizar es que en los años 20 del siglo pasado Emilio Santamaría era agente comercial de la firma Hispania, propiedad de Juan Villalobos Luque. Que Santamaría ejerciera esta actividad desde Madrid o desde Ubrique no se puede deducir de los datos de que dispongo y he presentado.


Calle del Perdón en el segundo lustro de la década de 1910 / PostalTrip, en Todocolección.

1930

Pero sí hay una prueba de que en 1930 Emilio Santamaría tenía residencia en Ubrique. Así se lee en la solicitud que hizo de registro de la marca «ABC» que aparece en el BOPI del 1 de octubre de 1930:

D. Emilio Santamaría Caballero, residente en Ubrique (Cádiz), Perdón, 25. Una marca para distinguir carteras de bolsillo, monederos de cuero, maletas de cuero y bolsos de mano de cuero. Sexto grupo, clase 59.

Logotipo de la marca ABC de Emilio Santamaría (BOPI, 1 de octubre de 1930). La imagen ha sido vectorizada por Juan Manuel Román García.
(BOPI, 1 de octubre de 1930)

Al mismo tiempo solicitó registrar un «rótulo» de la misma marca «para distinguir su establecimiento destinado a la venta y fabricación de artículos de piel, situado en Ubrique (Cádiz), calle del Perdón, núm. 25». Supongo que los puntos tras las letras los pondría la publicación, pues en todos los logotipos de la marca de Santamaría he visto escrito simplemente ABC, y también en la fachada de la casa y fábrica que construyó posteriormente en Los Callejones:

Azulejos de Triana de la casa de Emilio Santamaría en Los Callejones, Ubrique / Foto: José Ramón Pizarro García, restaurador conservador de bienes culturales – Asociación Pisano.

De ambos anuncios se deduce que tanto la residencia como el establecimiento de fabricación y venta lo tenía en la calle del Perdón, 25. En la web del Proyecto Museo de la Piel encuentro una coplilla carnavalesca de Isabel Arenas Rincón que confirma que allí tenía la fábrica:

Esta es la historia, señores,
de mi vieja patacabra,
que en lo de Santamaría,
en la calle del Perdón,
la femenina herramienta,
después de algún rifirrafe
y de muy mala manera
llegó hasta el piso de abajo
rodando las escaleras.

Ahora bien, no sé si su residencia en Ubrique era oficial en 1930, ya que no he encontrado su nombre en el padrón de 1930. No quiero decir que no esté; son miles de páginas manuscritas con tinta muy pálida y se me podría haber pasado.

Esta tarjeta comercial multilingüe, sin fecha, ya llevaba incorporado el logotipo de ABC (a la izquierda):

Con tipografía y estética de los años 30, el folleto anunciaba al mundo, en cinco idiomas, la “fabrique de marroquinerie fine” ABC, “fábrica de artículos de piel de lujo” especializada en carteras, monederos, pitilleras y petacas «cosidos a mano». Santamaría ofrecía por 10 dólares una “colección de muestras” de estos productos.

Sobre el logotipo, obsérvese que usó una Q grande, quizá para que evocara subliminalmente el nombre de Ubrique. Por otro lado, y como una prueba más de que este empresario cuidaba los detalles, se preocupó de tener una versión francesa de un logotipo que también tenía en castellano:

Uno de los logotipos de la empresa de Emilio Santamaría, vectorizado por Juan Manuel Román García.

1931

Santamaría siempre tuvo claro que para prosperar a lo grande en este negocio había que proyectarlo de Las Cumbres para afuera. En 1931 se lio la manta a la cabeza y participó en una feria comercial en Leipzig (Alemania).

Información Comercial Española, número 699, 1 de enero de 1932. «Lo dicho a propósito del anterior» es esto: «Obtuvo un excelente éxito de curiosidad. aunque por no haber autorizado la casa expositora el reparto de muestras no se pudieron concertar grandes operaciones».

1932

(BOPI 1099, 1932)

El 27 de abril de 1932 solicitó como residente en la calle del Perdón, 25, de Ubrique la inscripción en el Registro de la Propiedad Industrial de la marca RIS-RAS «para distinguir pitilleras de todas clases. Grupo 6.º. Clase 59».

Santamaría no descuidó la innovación industrial. Una prueba de ello es que registró un fleje o varilla en forma de U para pitilleras (la concesión fue el 2 de mayo de 1932, según el BOPI 1099):

(BOPI 1091, 1932)

1933

Al año siguiente solicitó la protección de «un modelo industrial para armadura de metal para el cierre de monederos, pitilleras, bolsos de señora y demás artículos de piel»:

(BOPI 1120, 1933)

Le fue concedida el 18 de septiembre de 1933 (BOPI 1132).

Ese mismo año hizo los trámites para ser incluido en el registro de exportadores del Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, según la Gaceta de Madrid del 11 de febrero.

Y dio un paso importante hacia la expansión al cambiar su sede a la nueva casa-fábrica que había estado construyendo a las afueras del pueblo, en lo que hoy es la avenida de Los Callejones (en el número 3 de entonces). En realidad, el edificio estaba terminado en 1931, según reza un azulejo de la fachada, pero inicialmente Santamaría alquiló la vivienda a una familia de Ubrique, según me costa.

La casa y fábrica de Emilio Santamaría en la Avenida de Solís Pascual según figuraba en la cabecera de una factura de la empresa fechada en 1947.

La vía donde estaba la casa-fábrica estaba había sido trazada siguiendo la dirección del haz de caminillos entre huertas que al menos desde principios del siglo XIX era llamado por la gente de Ubrique «los callejones» (como ahora), ya mencionados por la escritora gaditana Frasquita Larrea en 1824, aunque en la época de Santamaría parece ser que también se denominaba la Alameda, o al menos así figura en una postal de la época.

Alameda de Ubrique (Los Callejones) en torno a 1915, en una postal de Pons y Sala. Santamaría construyó su fábrica-residencia en la orilla izquierda / numisjoya en Todocolección.

Pero cuando el empresario se fue a vivir a su nueva casa, la calle se llamaba oficialmente Alejandro Lerroux, según consta en alguna de las fuentes que he consultado. Esta denominación se convirtió tres o cuatro años más tarde por el de Doctor Solís Pascual, claro ejemplo de que dar nombres de calles a gente con fuerte vinculación política entraña serios riesgos de marear el nomenclátor y, sobre todo, a los ciudadanos.

De la original decoración de la fachada y jardín de la casa de Santamaría con azulejos trianeros existe un completísimo estudio artístico hecho por José Ramón Pizarro García.

La casa y fábrica del empresario establecieron una alineación urbana que después siguieron los siguientes propietarios que edificaron en aquella vía, imitando también la pequeña terraza delante de las casas. Véase, por ejemplo, cómo era el cine Alcázar (que se encuentra unos metros más abajo, en la misma acera) en 1946:

Programa de proyecciones del cine Alcázar para el año 1946 / Todocolección.

En 1933 residían en Ubrique tanto Emilio como Antonia, su esposa, o al menos así consta en la solicitud de registro de una marca que llevaba el apellido de ella «para distinguir carteras de bolsillo, monederos de cuero, maletas de cuero, bolsos de mano y similares de cuero. Grupo 6,º, clase 68» y «para distinguir petacas y artículos de cuero para fumadores. Grupo 6.º, clase 69» (se les concedió el 7 de marzo de 1935 (BOPI 1169 y 1170)).

Solicitud de registro de la marca «Rustarazo» de artículos de piel (BOPI 1132, 1933).

Este hecho es muy significativo. Es un ejemplo más de que, en la epopeya marroquinera del pueblo de Ubrique, la mujer estuvo desde el principio codo con codo junto al hombre.

Hablando de Antonia Sierra, hay que decir que, en aquellos tiempos, al menos dos sus hermanos prosperaban.

A primeros de enero, Tomás Sierra Rustarazo, que venía desempeñando un cargo de secretario de primera clase en el Ministerio de Estado, fue ascendido a cónsul general con categoría de ministro plenipotenciario en Orán (Argelia). Ese mismo año fue elegido diputado a Cortes por Cuenca en las elecciones del 19 de noviembre (las primeras en las que pudieron votar las mujeres, por cierto). Durante la Dictadura de Primo de Rivera este abogado, diplomático y político había simpatizado con el reformismo, pero luego se hizo liberal-demócrata y finalmente abrazó el republicanismo liberal y anticlerical ingresando en el Partido Republicano Radical (PRR) de Alejandro Lerroux, quien ejerció la presidencia del Consejo de Ministros en tres ocasiones durante la Segunda República, entre 1933 y 1935, y además se encargó de la cartera de Guerra (1934) y Estado (1935). Tomás Sierra llegó a ocupar la Subsecretario de Industria y Comercio en uno de los gobiernos del PRR.

En cuanto a Pablo, otro de los hermanos de Antonia, había opositado el año anterior a la carrera diplomática.


1934

En 1934 Emilio Santamaría figuraba en una relación de exportadores que habían solicitado la renovación en el registro oficial (Gaceta de Madrid del 12 de agosto de 1934). Como domicilio figuraba «Extramuros», pues efectivamente su casa-fábrica estaba propiamente fuera del casco urbano.

Ese mismo año (o el anterior) tenía una tienda en la céntrica e importante calle Muntaner de Barcelona, lo que podemos saber porque el establecimiento sufrió un robo, según informó La Vanguardia el 3 de junio de 1934:

HALLAZGO DE GÉNEROS ROBADOS. La policía ha encontrado, en un solar junto a la calle de Aragón, esquina a la de Casanova, siete cajas, que fueron llevadas a la Comisaría General de Orden Público. Contenían las cajas infinidad de objetos de piel y aparatos de radio, perfumería y otros objetos, todo ello procedente de un robo. Se calcula el valor de lo recuperado en unas 50 000 pesetas. La mayoría de los objetos de piel, de gran lujo, encontrados, son propiedad de don Emilio Santamaría Caballero, a quien le fueron robados de su tienda de la calle de Muntaner, número 84, hace unos meses. Se ha sabido que momentos antes descargaron allí dichas cajas, en espesa de que llegara un camión que las tenía que cargar y llevarlas a una agencia, para enviarlas fuera de Barcelona.

Calle de Muntaner, Barcelona, en un plano del Ensanche de 1859 / El Ensanche de Cerdà.

1935

Las inversiones del empresario, lógicamente, requerirían financiación. En la Gaceta de Madrid número 17 de enero de 1935 aparece una nota de la Delegación del Gobierno en el Banco de Crédito Industrial en la que, de cara a posibles alegaciones, se hacía pública la petición de Emilio Santamaría Caballero, residente en Ubrique, de un préstamo de 200 000 pesetas acogiéndose al Real Decreto de 24 enero de 1926 sobre auxilio a industrias, en este caso para su fábrica de artículos de piel establecida en Ubrique.

Mientras tanto, sus cuñados continuaban sus carreras. Tomás fue designado para acudir como ministro plenipotenciario a la XIX Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra, prevista para junio, y Pablo era secretario comercial de la Embajada de España en Bruselas para las relaciones con Bélgica, Holanda y Luxemburgo.


1936

En 1936 se produjeron acontecimientos importantes para la familia Sierra Rustarazo. Tomás, ante el hundimiento del Partido Republicano Radical, dio un giro político y en febrero de 1936 se sumó a la lista de las derechas. Salió elegido diputado por segunda vez, pero ocupó su escaño en el Congreso por muy poco tiempo, pues el 1 de abril de ese año fueron anuladas las elecciones en Cuenca. Por cierto, en la sesión parlamentaria en la que se trató el tema, «los escaños, casi desiertos. Tampoco hay gran concurrencia en las tribunas. Nadie en el banco azul». Nada nuevo bajo el sol.

Tres meses más tarde, el 4 de julio, murió el padre de esta familia, Bautista Sierra Espejo. En la noticia que se dio del fallecimiento se decía que su hijo Tomás era «ex Diputado a Cortes, ex Subsecretario de Industria y Comercio y actual Cónsul de España en Orán».

El 7 de noviembre de 1936, el general golpista Gonzalo Queipo de Llano estuvo en Ubrique y, entre otras actividades, visitó «la fábrica A. B. C., propiedad de don Emilio Santamaría Caballero, presenciando los trabajos que ante él se realizaron por los operarios», según se lee en la Historia de la Villa de Ubique, de Fray Sebastián (el militar también había estado en el convento de los «reverendos padres capuchinos», dice el historiador).


Carta de Emilio Santamaría enviada a Roma (Italia) en 1938 / soni-torres en Todocolección.

1938

En el Boletín Oficial del Estado del 25/09/1938 Santamaría figuraba en la relación oficial de exportadores, autorizado en su caso para vender al extranjero artículos de piel. Y también estaba incluido en la de importadores, concretamente de «quincalla y latón niquelado con destino a la fabricación de petacas» (BOE 08/09/1938). Como se ve, no descuidaba ni un aspecto de su industria. Y todo esto en plena guerra civil.

Ese mismo año murió su cuñado Tomás. Así se lee en un documento de movimientos nobiliarios de 1938 escrito por el Conde de los Acevedos:

El 5-octubre-1938 falleció en San Sebastián don Tomás Sierra Rustarazo, Abogado, Ministro Plenipotenciario, ex Diputado a Cortes. Esposa, doña Felisa López de Santaolalla. Hijos, doña María Milagrosa, doña María Victoria y don Fernando. Madre, doña Victoria Rustarazo. Hermanos, doña Antonia, doña Enriqueta, don Julio, don Pablo y doña María Victoria. Padres políticos, don Ambrosio López y doña María de Santaolalla. Hermanos políticos, sobrinos, primos.

Como Antonia está citada la primera, deduzco que ella o el propio Tomás eran el primogénito.

Se deduce que Tomás se había decantado por la España de Franco, ya que San Sebastián estuvo en poder de las fuerzas rebeldes desde el 13 de septiembre de 1936.

Sin embargo, es posible que el otro hermano de Antonia, Julio Bautista, hubiese defendido al bando republicano, ya que en la página Buscar combatientes encuentro a una persona llamada Julio Sierra Rustarazo.


1939

Ya hemos visto que Emilio Santamaría utilizaba la publicidad, instrumento que juzgaría imprescindible para dar a conocer sus productos. Un ejemplo más es este anuncio que apareció en la revista Vértice:

Anuncio de la empresa ABC de Emilio Santamaría en la revista Vértice, órgano de la Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S, en su número 23, de junio de 1939.

1940

He encontrado el nombre de Emilio Santamaría en el padrón de Ubrique de 1940. De él se deduce que seguía viviendo solo (en la avenida de Solís Pascual, 4), a pesar de que consta que su estado civil es casado.

Extracto de la hoja de inscripción en el padrón de habitantes de Ubrique de 1940 de Emilio Santamaría Caballero / Archivo Histórico Municipal de Ubrique.

Se indicaba que era el cabeza de familia, que era industrial, que «el Ayuntamiento donde reside habitualmente» era Ubrique, que había nacido en Madrid (aunque parece que debajo del nombre de esta ciudad se había escrito otro) y que «el tiempo que lleva viviendo en el Ayuntamiento donde se inscribe» era de 30 años.

Si llevaba 30 años, eso significaría que habría llegado a Ubrique en 1909 o 1910, es decir, con 17 o 18 años. El dato me parece un disparate. Si lo sumamos a que se dice que era de Madrid, la conclusión que saco es que estaba ausente cuando llegó el agente censal, dando alguien presente en su domicilio los datos que se le ocurrieron. Quizá, como Santamaría viajaría a menudo a la capital, pensaron que era de allí. Un indicio es que la hoja de inscripción no está firmada por él:

Extracto de la hoja de inscripción en el padrón de habitantes de Ubrique de 1940 de Emilio Santamaría Caballero / Archivo Histórico Municipal de Ubrique.

1941

(BOPI 1311, 1941)

En 1941 Emilio Santamaria dio los pasos legales para estilizar la imagen de su marca ABC. Lo solicitó al Registro de la Propiedad Industrial como domiciliado en Ubrique, en la avenida Doctor Solís, 3, para «distinguir su establecimiento destinado a la venta y fabricación de artículos de piel, tales como carteras de bolsillo, monederos de cuero, maletas de cuero, bolsos de mano de cuero, petacas de cuero y análogos».

Pero también declaraba que la marca se usaría en dos sucursales, una en la calle Columela, 31, de Cádiz, y otra en Lugo, en la Plaza de España, 13 (BOPI 1311, 16 de noviembre de 1941). No se le concedió hasta el 8 de mayo de 1944 (BOPI 1372). Dos años y medio para registrar una marca. Así ayudaba la burocracia a los emprendedores y generadores de trabajo. Como dije antes, nada nuevo bajo el sol.

Según el Diario de Cádiz del 15 de marzo de 1941, el establecimiento de la calle Columela lo abrió con un socio llamado Fernando Portillo. Supongo que se trataba del profesor mercantil Fernando Portillo Ruiz, padre de Fernando Portillo Scharfhausen, que fue presidente de la Diputación provincial de Cádiz entre 1967 y 1969, presidente de la Caja de Ahorros de Cádiz entre los años 1975 y 1982 y diputado nacional por la Unión de Centro Democrático durante la Legislatura Constituyente de las Cortes, entre 1977 y 1979. Se ve que Santamaría tenía instinto y dotes para acercarse a gente importante.

El mismo año, Santamaría registraba la misma marca, aunque con el nombre más completo de «A B C.-Ubrique» (de nuevo, supongo que los puntos tras las letras los puso el redactor del BOPI) «para distinguir su establecimiento destinado a la venta y fabricación de artículos de piel (…) situado en Barcelona, Fernando, 3″ (BOPI 1313, 1941; concesión: 18 de mayo de 1944, BOPI 1373). Santamaría no buscaba cualquier lugar para sus tiendas. La céntrica calle Ferran conecta la plaza de Sant Jaume, donde está el palacio de la Generalitat, con La Rambla. El número 3 está en la esquina de Ferran con la Rambla. Está claro que Santamaría era un empresario que sabía que con racanerías en la búsqueda de sus locales no llegaría lejos.


Una carta comercial de la empresa de Emilio Santamaría a un cliente (el mensaje figura en el reverso) / filadelpozo en Todocolección.

1942

Este año solicitó el registró una «marca para distinguir sus artículos de piel de las clases 58 y 59, grupo 6.º». El logotipo era una reestilización, muy conseguida, del del año anterior. Fue autorizado el 9 de febrero de 1944 (BOPI 1368).

(BOPI 1318-1319, 1942)
(BOPI 1322-1323, 1942)

También en 1942 solicitó el registro de una marca para distinguir «petacas-máquinas para hacer cigarrillos». Le fue concedida el 28 de julio de 1943 (BOPI 1364-1365). No obstante, el asunto es un poco confuso, porque en el BOPI 1433 de 1946 aparece la petición «para distinguir una petaca-máquina para hacer cigarrillos» como denegada el 18 de noviembre de 1946. No sé si le pondrían reparos y, una vez subsanados, se la concedieron (era algo habitual en los registros de Propiedad Industrial).


1944

En 1944 solicitó inscribir el mismo logotipo de la marca Hispania que había registrado Juan Villalobos Luque en 1927:

(BOPI 1366, 1944)

Los registros caducaban al cabo de un determinado número de años si no se pagaba una tasa para mantenerlos. Como Villalobos había fallecido, Santamaría pudo registrar la marca a su nombre, ya fuera porque la encontró abandonada o porque se la compraría a la viuda. En cualquier caso, esto parece denotar que le tenía apego al emblema de la empresa con la que había empezado su relación seria con Ubrique.


1945

El día que el agente censal pasó por la casa de Santamaría para hacer el padrón de 1945, el empresario estaba ausente. El agente anotó que llevaba 20 años viviendo en Ubrique, es decir, desde 1925, año en que, como hemos visto, tenía residencia en Madrid. Puede que lo que se quisiera decir es que vino por primera vez a Ubrique en 1925. O, simplemente, al agente le darían en la casa un dato equivocado.


1946

En el BOPI 1424 se dice que el 21 de febrero de 1946 el empresario transfirió 6 marcas a «Emilio Santamaría y Compañía«, sociedad limitada domiciliada en Ubrique. Ese mismo año solicitó un nuevo logotipo en el que figuraban dos palabras, Ubrique y Santamaría, y el dibujo de una carabela (la Santa María, se entiende), un símbolo muy adecuado para reflejar las ambiciones comerciales del empresario y su vocación de conquistar mundos.

Logotipo registrado por Emilio Santamaría en 1946. Probablemente la peculiar forma de la Q no sea más que un defecto de imprenta / BOPI 1426, 1946)
Firma del gerente de «abc Sociedad Limitada» en una carta comercial de 1947.

Ese mismo año, el BOPI 1431 recoge la solicitud de dos modelos industriales propuestos por «A. B. C. Sociedad Limitada, domiciliada en Ubrique (Cadiz)», nombre que entiendo que se refiere a la empresa de Santamaría. Se trataba de incorporar un talco (lámina transparente usual en aquella época en que los plásticos no estaban tan extendidos como ahora) para crear un compartimento para carnets, tanto en billeteros (A), como en carteras (B):

(A) Billetero y (B) cartera que incorporaban un compartimento para carnets visibles a través de un talco / BOPI 1311, 1946.

1950

No sé si Emilio Santamaría seguiría teniendo su residencia oficial en Ubrique en 1950, pues no lo he encontrado en el padrón de habitantes de ese año, si bien se me puede hacer pasado, pues el padrón de cada año contiene más de mil imágenes microfilmadas que no son fáciles de leer. En noviembre se cumplirían 58 años de su nacimiento.


1952

Según me ha hecho saber Esperanza Cabello, Emilio Santamaría falleció en Barcelona el 18 de abril de 1952. Así se lee en esta esquela de una misa conmemorativa organizada por los industriales marroquineros de Ubrique en abril de 1953:

Cortesía de Esperanza Cabello.

El Ayuntamiento informó así del funeral:

Cortesía de Esperanza Cabello. La fecha la inscribió el erudito ubriqueño Francisco García Parra.

1961

Según Antonio Morales Benítez, en 1961 Antonio Benítez Vegazo compró «el local de ABC, antigua fábrica de Emilio Santamaría, para tener unas instalaciones más modernas».


1963

En 1963 y 1964 caducaron bastantes marcas suyas en el Registro de la Propiedad Industrial. Según el BOPI 1840 del 1 de diciembre de 1963, se dieron por caducadas las marcas 82259 y 82260 de «Emilio Santamaría»; en el BOPI 1841 del 16 del mismo mes se dice lo mismo de las 87276 y las 95896 y 95897. En el BOPI 1843 de 1964 aparecen como caducadas las marcas 128188 y 128189 de «Emilio Santamaría y Compañía Limitada»; en el BOPI 1845 (1964) la 148386 de «D. Emilio Santamaría» y en el BOPI 1847 (1964) las 189440 y 189441 del mismo.


1972

A los 20 años de la muerte de Santamaría, José Conde Moncayo publicó en ABC el homenaje citado más arriba, en el que decía:

Cuando (…) observo que el paso y labor de estos señores [Santamaría y sus solaboradores Cole, Cabello y Sanahuja] sigue en el “anonimato” sin que nada me ligue ni obligue, siento un infinito dolor, no por ellos , que al fin y al cabo, muertos como están, poco necesitan…


Monumento a Emilio Santamaría en Ubrique / Google Maps.

1979

En 1975 fue inaugurado un monumento a Emilio Santamaría Caballero en una glorieta a la entrada de Ubrique. Lo hizo en bronce el escultor portuense Francisco Javier Tejada Prieto en 1974. Según investigó Esperanza Cabello, la iniciativa de homenajear así a este empresario al que Ubrique le debe tanto partió de la Peña Cultural y Recreativa San Sebastián, de grato recuerdo, ya lamentablemente desaparecida. Los peñistas fueron haciendo aportaciones económicas hasta conseguir la cantidad que costó el busto de Santamaría.


ABC: el abecé de la piel

Lo que he expuesto es lo que ha podido saber de Emilio Santamaría a partir de fuentes documentales. Pero también quisiera opinar algo. Mi impresión es que, aunque el empresario llegó a empadronarse en Ubrique, pararía poco en el pueblo. Cuando se hicieron dos de los padrones quinquenales que he podido consultar estaba ausente. En otros, ni figura.

Su mujer viviría al principio en Ubrique, pero después parece que se marchó. No es de extrañar que mantuvieran su casa en Madrid, o una familiar en Cuenca, y que ella decidiera estar mejor en su tierra. Ni siquiiera la creación en 1933 de una marca con su apellido la retuvo.

Emilio estaría viajando continuamente, por lo que es probable que, después de todo, pudiera ver a su esposa más frecuentemente fuera de Ubrique que dentro. Santamaría tendría que visitar sus tiendas de Cádiz, Barcelona, Lugo… Y promocionar sus productos; las carteras no se venderían solas, y para ello, obviamente, tenían que salir de Ubrique.

Pero me da la impresión de que cuando viajaba dejaba en Ubrique una fábrica que funcionaba como un reloj, como el reloj que presidía la fachada de su casa-fábrica. Todo apunta a que se habría sabido rodear de los mejores trabajadores marroquineros del mundo y de no peores gestores.

Quizá alguna gente se pregunte qué significaría «ABC», dando por hecho que se trata de siglas. Robustiano del Canto Montero, en el trabajo que cité más arriba escribió:

Se cuenta que al llegar a este pueblo Don Emilio Santamaria Caballero (…) le impresionó mucho la Torre [del San Antonio]; cogió papel y lápiz e hizo un boceto ante la expectación de todos los transeúntes. En la fábrica que él representaba hace imprimir en los artículos el citado dibujo como símbolo de Ubrique, poniendo además dibujos de petacas, carteras y monederos a su alrededor. Era un hombre muy ingenioso y creó la marca A. B. C., que la sacó de las tres cualidades que para él tenia tal Monumento; A, Torre Acertada; B, Torre Bella o Bonita; C, Torre Contemplada por el visitante, es decir, el baluarte de su artesanía.

Nótese que Robustiano empezó el párrafo con «Se cuenta», por lo que algunas afirmaciones que hace en él deberíamos considerarlas «licencias histórico-literarias» que no deberíamos propagar porque Internet propicia su conversión en «verdades». Tampoco deberíamos perder las perspectivas. ¿Realmente podemos pensar que en uno de sus viajes a Ubrique, de vuelta de ver la torre Eiffel o la Sagrada Familia, Santamaría iba a quedarse pasmado ante la contemplación de la espadaña de la ermita de San Antonio y, pensando que era «acertada, bonita y contemplada», decidiera llamar ABC a una marca de petacas en su homenaje? ¿No habría sido mejor San Antonio?

Esto me recuerda que a Torcuato Luca de Tena le solían preguntar por qué llamó ABC al periódico que fundó. En realidad, ya lo había dicho implícitamente en la editorial inaugural, del 1 de enero de 1903:

Aspira modestamente a que la opinión le preste su concurso y a ser el abecé de lo que se considera que, mejorado y ampliado y perfeccionado por otros, puede constituir la prensa diaria del porvenir.

Más tarde, el fundador diría que ABC eran «tres letras que han de significar la fuerza del alfabeto entero».

Busto de Emilio Santamaría en Ubrique / Fragmento de una fotografía tomada por Manolo Cabello.

La palabra abecé significa, según el diccionario de la RAE, el «conjunto de rudimentos o principios de una disciplina o ciencia». Para mí, este es el sentido que le quiso dar Santamaría a su marca, aplicándolo a la industria de la piel. Querría crear el ABC de la marroquinería. E imagino que, como Luca de Tena, también desearía que lo que él creó fuera mejorado, ampliado y perfeccionado por otros para construir la industria marroquinera de Ubrique del porvenir.

Logotipo vectorizado por Juan M. Román

Emilio Santamaría y Ubrique constituyeron una pareja que confluyó como por magia; se atrayeron como imanes, para crear una fórmula de éxito única, para producir la flor y nata, el abecé, del artículo de piel. Fue una auténtica sinergia. Pienso que ni Santamaría pudo llegar a lo que llegó sin contar con el espíritu de la gente trabajadora de Ubrique –en Madrid u otros lugares no habría encontrado nunca la garra que necesitaba–, ni la industria de Ubrique habría alcanzado cimas tan altas sin Santamaría.


P. S. (26-8-25) Declaración de intenciones de Emilio Santamaría

Esperanza Cabello encontró una agenda publicitaria de la firma ABC de Emilio Santamaría de 1936. En ella figura una declaración de intenciones que acredita muy bien la inteligencia comercial y la cateogoría profesional de este industrial. Traslado la transcripción hecha por Esperanza:

QUIERO QUE MIS CLIENTES
obtengan el mayor provecho de la venta del artículo de marroquinería. Esto lo conseguirán:
DEDICÁNDOLE ESPECIAL ATENCIÓN
a este artículo, que, por ser de uso general, apreciado y preferido para regalos, es de venta segura y continua.
ATRAER LA ATENCIÓN DEL PÚBLICO
 en sus escaparates, mediante grandes y variables exhibiciones de modelos de mi creación (que siempre han sido los preferidos).
MARCAR LOS PRECIOS
de aquellos artículos expuestos que son más vistosos y económicos, intercalándolos con los de mayor precio, que dejará sin marcar.
NO EXHIBA NUNCA ARTÍCULOS MALOS
 o los que se ven en comercios de baratillo (que yo no fabrico) porque desmerecerían el valor de los buenos y el crédito de su establecimiento.
EXPONGA LOS ARTÍCULOS
en forma que el público se dé cuenta que usted le ofrece una gran variación de modelos y un surtido en calidad y colores de pieles. Nunca mezcle con el artículo de marroquinería otros artículos ajenos.
ES DE GRAN INTERÉS PARA USTED
basar sus compras sobre mi muestrario, que es siempre el más completo en modelos nuevos. No pierda su tiempo en consultar otros muestrarios, que le desorientarán porque no encontrará nada comparable con mis creaciones.
MARQUE LOS PRECIOS DE VENTA
en mis artículos basándose en la tabla de «CÁLCULOS HECHOS» que encontrará a continuación, para obtener buenos beneficios.
GRATUITAMENTE VD. PODRÁ OBTENER
sugestiones y orientaciones sobre nuevos modelos o ejecución de los que Vd. quisiera reproducidos, como sobre las maneras de hacer exposiciones atrayentes, en su establecimiento, dirigiéndose al
SERVICIO TÉCNICO-ARTÍSTICO, de mi delegación de Barcelona, calle Aribau, 96, – Teléfono 81755.

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1 COMENTARIO

  1. Bonito homenaje a Emilio Santamaría y a los petaqueros de Ubrique

    Después de describir, de ensalzar y de homenajear la figura de Emilio Santamaría concluyes con mucha elegancia elogiando también el empaque de los marroquineros ubriqueños…Para mí, es uno de los halagos, con fundamento, más bonitos que he leído o escuchado sobre los petaqueros ubriqueños, y por extensión, de Ubrique. Efectivamente, el ÉXITO es una propiedad emergente que surge de la colaboración sinérgica de las partes que participan en ese deseo o proceso de mejorar, ampliar y perfeccionar; y aquí Santamaría encontró el sitio, al igual que este sitio encontró un revulsivo y un referente para sus empresarios.

    Gracias.

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