En la revista Nature, la periodista científica Rachael Pells entrevista al químico Lluís Soler Turu, del Instituto de Técnicas Energéticas de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC). El motivo de interés, a juicio de la informadora, es que España está viviendo los efectos del cambio climático de forma dramática: olas de calor récord, incendios devastadores e inundaciones frecuentes. Ante esta realidad, el país se ha comprometido a acelerar la transición hacia energías limpias. Entre las soluciones más prometedoras destaca el hidrógeno verde, un combustible limpio que podría ser clave para reemplazar los combustibles fósiles.
Lluís Soler es subdirector del Centro Específico de Hidrógeno de la UPC y lidera uno de los proyectos más ambiciosos para impulsar esta tecnología. Él cree qué España tiene una oportunidad única para convertirse en un líder en hidrógeno verde.
El país cuenta con un enorme potencial en energía solar y eólica, dos fuentes imprescindibles para producir hidrógeno verde de forma sostenible. Consciente de esta ventaja, España se ha propuesto alcanzar una capacidad de producción de 4 gigavatios de hidrógeno verde para 2030, apoyándose en la creación de varios «valles de hidrógeno» que facilitarán su producción, almacenamiento y distribución.
«El cambio climático ya está aquí», advierte Soler. «La sequía histórica que sufrió Cataluña en 2023 es solo una muestra de lo que está por venir si no actuamos». Frente a esta urgencia, el hidrógeno verde emerge como una alternativa limpia y versátil: puede almacenarse fácilmente y utilizarse para generar electricidad, alimentar industrias o incluso calentar hogares.
Laboratorio vivo
Desde 2021, el laboratorio de la UPC funciona como un «laboratorio vivo», donde la investigación y las aplicaciones industriales van de la mano. Gracias a una microrred propia de 24 paneles solares y 6 electrolizadores, el equipo produce su propio hidrógeno verde, suficiente para cubrir las necesidades de experimentación y formación. Incluso cuentan con una cámara ambiental que simula temperaturas extremas, desde los -40 °C de un invierno finlandés hasta los 80 °C de un verano en el norte de África, para probar la resistencia de pilas de combustible destinadas a vehículos pesados.
Uno de sus proyectos estrella es la transformación del aeropuerto de Lleida-Alguaire, a unos 150 km de Barcelona, en un centro autosuficiente de producción de hidrógeno. Mediante casi 1800 paneles solares y un electrolizador de 100 kilovatios, se espera generar entre 5 y 6 toneladas de hidrógeno verde al año (suficiente para impulsar un coche hasta 600 000 km), con aplicaciones en el transporte local e incluso en el desarrollo de combustibles sostenibles para la aviación.
Hidrógeno gris
Sin embargo, no todo son buenas noticias. Actualmente, la industria utiliza principalmente hidrógeno gris, producido a partir de gas natural, un proceso que emite grandes cantidades de CO₂. La barrera principal para sustituirlo por hidrógeno verde es económica: mientras el hidrógeno gris cuesta aproximadamente un euro por kilogramo, el verde puede costar entre cinco y ocho euros. Esto se debe a que los electrolizadores actuales solo convierten alrededor del 70 % de la electricidad en hidrógeno utilizable, desperdiciando una parte importante de la energía.
«Hay un mercado inmenso para el hidrógeno», señala Soler. Se utiliza en la producción de fertilizantes, metanol, refinerías, hidrogenación de aceites y en la industria metalúrgica. Solo en estos sectores, el consumo alcanza los 100 millones de toneladas anuales de hidrógeno gris. Sustituirlo por hidrógeno verde supondría una reducción significativa de emisiones, pero para ello es necesario bajar los costes y mejorar la eficiencia de los procesos.
Mix tecnológico
Para Soler, el futuro energético será un mosaico de soluciones: «El hidrógeno no será la única respuesta. Tendremos un mix tecnológico, como hemos tenido gasolina y diésel conviviendo durante décadas». El hidrógeno será ideal para sectores como el transporte pesado y marítimo, donde las necesidades energéticas son altas y las soluciones actuales no son suficientes.
España tiene la oportunidad de liderar la revolución del hidrógeno verde, pero aún queda trabajo por delante. Mientras los científicos siguen mejorando la eficiencia y los gobiernos diseñan políticas de apoyo, el hidrógeno ya empieza a abrirse paso como un pilar clave de la transición energética que el planeta necesita.

