En los últimos años de la década de los 60 del siglo XIX España estaba atravesaba unos momentos muy críticos. En 1868 la revolución que se dio en llamar La Gloriosa destronó a Isabel II, iniciándose el periodo que después se llamó Sexenio Democrático. Al año siguiente las Cortes proclamaron la Constitución de 1869, que establecía como forma de gobierno la monarquía constitucional. Pero como no había rey se pusieron a buscarlo y lo encontraron en la persona del italiano Duque de Aosta, que –no del todo convencido– empezó a reinar con el nombre de Amadeo I el 2 de enero de 1871.

Para el 8 de marzo de ese año se convocaron unas elecciones que resultaron muy moviditas. Hubo atropellos, disturbios e incluso sangre. En Medina Sidonia, según informó a las Cortes el ministro de la Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta, un “grupo de republicanos arrebató la urna haciendo uso de las armas; fue repelido por la Guardia civil, carabineros y paisanos, resultando un carabinero y un guardia civil heridos”. En Prado del Rey fue “alterado el orden por los republicanos, resultando dos agentes municipales y dos republicanos muertos. No se sabe si hubo heridos, aun cuando parece probable”. Y en Ubrique el día 11 asesinaron al alcalde, Cristóbal Toro Orellana. Según el ministro, fue un grupo de republicanos; a los republicanos federales y a los carlistas achacaba Sagasta los desórdenes ocurridos en toda España:

El Imparcial del día 20 de marzo informaba al respecto:

Pues bien, les traigo un testimonio único del asesinato del alcalde Toro: una carta enviada por una mujer de Ubrique a su marido en la que le expresa de manera dramática su preocupación ante la situación que se estaba viviendo en el pueblo. Literalmente dice así:
Ubrique 12 de Marso 1872 [sic, por 1871]
Querido esposo anoche recibí la tuya y por eya beo que esta bueno hanoche a la 8 1/2 de la noche mataron a Dn. Cristoba Toro el larcarde en la puerta de Dn. Fernando que yba para su casa entre dos o tres que se rodearon de el hoy lo an enterado si bieras que susto yebo todo el pueblo y en casa tambien lo yebamo, se oyo un tiro y de seguida seramos la puerta lo que te encargo es que te bengas que yo estoy muy disgustada con que tu este fuera con las cosas como estan Memorias de mi mama y mucho beso de los niño y tu mande lo que quieras de tu esposa que te quiere y desea berle pronto
[El D. Fernando al que menciona era casi sin duda Fernando Suárez Otero, médico en Ubrique y correligionario político de Toro]. Curiosamente, la carta está fechada erróneamente: 1872. La señora adelantó un año el calendario.
Tampoco acierta con la fecha Fray Sebastián en la Historia de la Villa de Ubrique, que cuenta los hechos así:
En 1870 dimite el alcalde D. Cristóbal Toro y empieza la efervescencia republicana. Debió volver a la alcaldía y el 11 de enero de 1871 un grupo de republicanos asesinaba, al salir del cabildo, al dicho alcalde don Cristóbal Toro. Dos individuos lo sujetaron fuertemente, mientras otro le disparaba la pistola sobre el cráneo, quedando, según unos, muerto en el acto, y, según otra versión, quedando moribundo y expirando en su casa. Ubrique quedó dominado por el terror. Los desconocidos huyeron, y algunos de ellos no volvieron más. El ayuntamiento, reponiéndose, celebraba sesión y levanta acta, expresando su sentimiento y acordando costearle suntuosos funerales y que fuera enterrado en el convento de capuchinos.
El presbítero de Grazalema Francisco Mateos-Gago escribió en el tomo I de su Colección de Opúsculos (p. 239) lo siguiente:
El alcalde Toro fue asesinado al salir de las casas capitulares de la villa de Ubrique en la oscuridad de la noche. Dos o tres hombres lo sujetaron fuertemente, mientras otro le aplicó la boca de un revólver sobre el cráneo. Cayó muerto en el acto, dejando cinco hijos en la orfandad.
Mateos Gago señala a los posibles responsables:
Cuando estuve en la Aduana [en los tiempos del cantón de Cádiz] vi a un joven bullir tanto entrando y saliendo, que pregunté quién era, suponiéndole hombre importante. Así era en efecto, y me dijeron se llamaba Carrasco, y que había estado preso poco tiempo ha, como complicado en el asesinato del alcalde Toro. Otro de los individuos importantísimos de aquel Comité estaba sentado junto al telégrafo, con su gran barba y con todos los aires de un bajá de tres colas. ¿Quién es ese? pregunté. –Pedro Bohórquez, alias Pedro el Chico, vecino antes de Ubrique, complicado también en la dicha causa del alcalde Toro. y muy conocido en tiempos anteriores en toda la Serranía de Ronda como ahijado del Sr. Ríos Rosas y bastonero de elecciones de aquel hombre público.
Cristóbal Toro
Toro era miembro del Partido Progresista (de corte liberal):

Como tal fue uno de los firmantes de una carta al general Espartero en 1865 en la que un grupo de ubriqueños (en el que también figuraba el médico Fernando Suárez) se alegraba de que aquel hubiera salido ileso de un atentado.


Parece que Cristóbal Toro era hombre de los que defendían sus ideas con las armas si hacia falta, Según se desprende de esta noticia publicada en el diario La Esperanza el 4 de diciembre de 1869, se había incorporado a una columna militar para combatir el levantamiento republicano federal en la Sierra de Cádiz de octubre de ese año:


Pero diremos más de lo que dice ese periódico. Con los sublevados no solo iba el diputado Guillén, sino también el joven ubriqueño Cristóbal Bohórquez Gómez, hijo del mentado Pedro El Chico del que hablaba Mateos Gago. Cristóbal, de solo 19 años, también fue muerto aquel día. Ambos, padre e hijo, eran destacados republicanos de Ubrique (de ellos hablo extensamente aquí).




