Japón se convirtió días pasados en el quinto país en llegar a la Luna (tras Estados Unidos, la Unión Soviética, China e India) al conseguir que su módulo de aterrizaje inteligente SLIM alcanzara la superficie del satélite prácticamente donde se quería que lo hiciera. Pero el problema es que ha caído bocabajo.
Lo que diferenciaba a esta misión de otras anteriores es que en vez de apuntar a una zonas de aterrizaje de unos 10 kilómetros de anchura, el objetivo era de solo 100 metros. Conseguir precisión en el lugar de aterrizaje es importante para poder estudiar objetos concretos. En ese sentido, el experimento ha sido un éxito porque la nave aterrizó a unos 55 metros de su objetivo, situado entre dos cráteres cercanos al cráter Shioli, una región cubierta de roca volcánica.
No obstantes, el aterrizaje fue más duro de lo deseado porque uno de los motores principales perdió empuje a unos 50 metros sobre la superficie lunar. Además, el vehículo, que tiene forma de caja en la superficie, cayó al revés. Esto supone que los paneles solares de la nave terminaron orientados en la dirección equivocada y no pueden generar energía. Las autoridades dijeron que todavía hay esperanzas de que la sonda pueda recargarse cuando la Luna entre en su horario diurno.
El aterrizaje de SLIM lo grabaron las diminutas sondas robóticas LEV-1 y LEV-2, equipadas con cámaras. La primera, además, tiene una antena capaz de transmitir las imágenes a la Tierra. Las cámaras las ha desarrollado la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) junto con Sony, el fabricante de juguetes Tomy Co. y la Universidad de Doshisha. Las dos sondas autónomas encuadran y seleccionan imágenes de forma independiente y ambas utilizan la antena del LEV-1 para enviarlas a la Tierra. Capturaron y transmitieron 275 imágenes en breve tiempo.

