La NASA ha anunciado que una roca observada en Marte por el rover Perseverance contiene algunas de las señales más claras hasta ahora de que podría haber existido vida microbiana antigua en el planeta rojo. La roca muestra evidencia clara de agua, materia orgánica y reacciones químicas que podrían proporcionar una fuente de energía.
Pero aún quedan muchas incertidumbres que podrían no resolverse pronto, si es que alguna vez se resuelven. Existe una larga historia de rocas marcianas que han generado expectativas sobre la vida en Marte. Un ejemplo famoso es el meteorito Allan Hills 84001, descubierto en la Antártida. En 1996, un artículo en la revista Science sugirió que contenía nanofósiles de bacterias, lo que provocó una gran controversia y un discurso de felicitación del entonces presidente Bill Clinton. Sin embargo, la mayoría de los investigadores hoy en día creen que las características fosilizadas surgieron sin la presencia de vida. Descubrimientos similares han sido hechos por rovers anteriores, como Curiosity, que ha detectado diversos tipos de moléculas orgánicas en el cráter Gale.
A diferencia de Curiosity, Perseverance no tiene un laboratorio químico a bordo. Su misión es perforar rocas y colocarlas en cápsulas que eventualmente podrían ser devueltas a la Tierra para un estudio detallado, como parte de la misión Mars Sample Return, que ha sido largamente planeada pero ahora está estancada. Sin embargo, los instrumentos de Perseverance proporcionaron suficiente información para emocionarse con la roca Cheyava Falls que acaba de perforar, tomada de un sitio donde los investigadores creen que un río una vez fluyó hacia el cráter Jezero, depositando sedimentos y creando un delta ahora fosilizado.
La roca presenta vetas blancas de sulfato de calcio, minerales que precipitan del agua. Los escaneos también indican que la roca contiene compuestos orgánicos, que son esenciales para la vida pero también pueden formarse por procesos no biológicos. Quizás lo más intrigante fueron las «manchas de leopardo» en la roca, con material blanquecinos rodeado por material negro que parecen contener hierro y fosfato. En la Tierra, tales manchas pueden formarse cuando moléculas orgánicas reaccionan con hematites (óxido de hierro(III)) y estas reacciones pueden alimentar la vida microbiana.
Efectivamente, en ambientes acuosos las moléculas orgánicas pueden interactuar con minerales como la hematites porque aquellas se adsorben sobre la superficie del mineral y eso facilita que se produzcan reacciones químicas. La hematites, esta puede actuar como un agente oxidante que acepta electrones de las moléculas orgánicas. Hay que recordar que ciertas bacterias pueden oxidar moléculas orgánicas (donando electrones) y reducir el óxido de hierro (aceptando electrones). Este proceso les proporciona la energía necesaria para vivir y crecer, incluso en entornos donde la luz solar no está disponible.
En el contexto de Marte, la presencia de manchas que contienen hierro y fosfato rodeadas de material orgánico sugiere que hubo alguna forma de interacción entre estos compuestos. Si alguna vez hubo microorganismos en Marte, podrían haber utilizado la hematites y moléculas orgánicas presentes en las rocas para sus procesos metabólicos. Las manchas con hierro y fosfato en las rocas podrían ser evidencia de estas antiguas interacciones biológicas, sugiriendo que las condiciones podrían haber sido favorables para la vida microbiana.
Esta es solo una posible explicación, ya que la roca también contiene cristales de olivino, mineral formado en erupciones volcánicas que podrían indicar que la roca se creó a altas temperaturas intolerables para la vida.
Esta es la 22ª muestra de roca que Perseverance ha recolectado, y muchas de ellas son interesantes para los astrobiólogos. Algunos de los núcleos contienen lutitas o depósitos de carbonatos que en la Tierra podrían albergar vida microbiana.
Fuente: Science.

