sábado, 10 enero 2026

Febrero de 2025: mínimo histórico del hielo marino

Al azar

En febrero de 2025, la extensión global del hielo marino alcanzó un mínimo histórico, con un área combinada en el Ártico y la Antártida de solo 15.76 millones de kilómetros cuadrados. Este descenso sin precedentes refleja una tendencia preocupante en ambas regiones polares, con el Ártico experimentando un declive sostenido durante décadas y la Antártida entrando en una fase de reducción inesperada tras un período de relativa estabilidad.

La imagen captada por el satélite Centinel-3 del programa Copérnico de la Unión Europea el 15 de febrero de 2025 muestra el mar de Bering, ubicado frente a la costa de Alaska, EE. UU. En esta zona, se ha registrado una menor extensión de hielo marino en comparación con años anteriores, lo que evidencia el impacto continuo del cambio climático en los ecosistemas polares. La disminución del hielo marino en esta región no solo afecta la circulación oceánica y la temperatura del agua, sino que también tiene consecuencias significativas para la fauna local, que depende del hielo para su supervivencia.

El hielo marino desempeña un papel clave en la regulación del clima global. Su capacidad para reflejar la radiación solar ayuda a mantener las temperaturas frías en el planeta. Sin embargo, a medida que el hielo disminuye, se expone más agua oceánica oscura, que absorbe mayor cantidad de calor, acelerando el calentamiento global. Este fenómeno, conocido como retroalimentación del albedo, contribuye al deshielo acelerado y al aumento del nivel del mar, afectando regiones costeras en todo el mundo.

El derretimiento del hielo marino en el Ártico tiene implicaciones directas para la vida silvestre. Especies como el oso polar dependen de la plataforma de hielo para cazar focas, su principal fuente de alimento. A medida que la capa de hielo se reduce, los osos deben nadar mayores distancias en busca de alimento, lo que aumenta su riesgo de inanición. Asimismo, comunidades indígenas que han vivido en armonía con este ecosistema durante siglos enfrentan desafíos crecientes para mantener sus modos de vida tradicionales.

En la Antártida, el retroceso del hielo marino también altera los ecosistemas marinos. El krill antártico, una de las especies fundamentales en la cadena alimentaria del océano Austral, depende del hielo para completar su ciclo de vida. Su disminución podría afectar a depredadores como ballenas, focas y pingüinos, generando un efecto en cascada en la biodiversidad de la región.

Los científicos advierten que la tendencia de reducción del hielo marino continuará si no se toman medidas urgentes para mitigar el cambio climático. La reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la adopción de políticas de protección ambiental son esenciales para frenar esta crisis. Además, el monitoreo satelital, como el realizado por la misión Copérnico, proporciona datos clave para comprender la evolución del hielo marino y sus implicaciones a nivel global.

El récord de mínima extensión del hielo marino en febrero de 2025 es un recordatorio alarmante de la fragilidad de los ecosistemas polares y su estrecha conexión con el clima del planeta. La acción inmediata y coordinada a nivel internacional será crucial para proteger estas regiones esenciales y minimizar los impactos del cambio climático en todo el mundo.

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