sábado, 10 enero 2026

El nuevo observatorio de Cerro Pachón (Chile) transformará la astronomía

Su amplio y rápido sondeo descubrirá miles de millones de objetos dinámicos, a la vez que construirá un mapa profundo del universo

Al azar

En lo alto de Cerro Pachón, en el norte de Chile, una nueva ventana al universo está por abrirse por completo. El Observatorio Vera C. Rubin, equipado con una cámara de 3200 megapíxeles y un campo de visión sin precedentes, se prepara para cartografiar el cielo con una precisión, profundidad y rapidez jamás alcanzadas. Durante diez años, el Rubin tomará imágenes de todo el firmamento visible cada tres noches, produciendo una verdadera película cósmica del universo.

Esta «era de los sondeos» promete una revolución en múltiples ramas de la astrofísica. Por ejemplo, al capturar imágenes de galaxias enanas lejanas, el Rubin permitirá estudiar cómo evolucionan las galaxias desde sus etapas más primitivas. Estas galaxias pequeñas, que suelen escapar a los instrumentos actuales, podrían revelar cómo se forman las galaxias grandes como la Vía Láctea, a través de sucesivas fusiones. También podrían dar pistas sobre la frecuencia y consecuencias de esos encuentros, como la formación estelar y la interacción entre agujeros negros supermasivos.

10 millones de alertas por noche

El observatorio también será una herramienta sin igual para explorar el cielo transitorio. Cada noche, el Rubin generará cerca de 10 millones de alertas de eventos breves o cambiantes: supernovas, agujeros negros en erupción, asteroides cercanos o incluso cometas interestelares. Serán procesadas por «corredores de alertas», que son sistemas de inteligencia artificial que clasificarán los eventos y enviarán solicitudes de observación inmediata a telescopios robóticos repartidos por todo el planeta.

La clave del amplio campo de visión del observatorio Rubin reside en un espejo principal de 8,4 metros, en el que un espejo primario forma un anillo alrededor de un espejo terciario / Aliro Pizarro Díaz

Detectará kilonovas

Uno de los eventos más esperados es la detección de kilonovas, explosiones de estrellas de neutrones en colisión que producen elementos pesados como el oro. El Rubin podría incluso captarlas magnificadas por lentes gravitacionales, si ocurren tras galaxias o cúmulos masivos. Esta posibilidad permitiría observar detalles únicos del momento exacto de la explosión, una mina de oro literal y científica.

Buscará al Planeta 9

Más cerca de casa, el Rubin explorará nuestro Sistema Solar con un alcance sin precedentes. Se espera que descubra alrededor de 3,7 millones de asteroides del cinturón principal, 32 000 objetos más allá de Neptuno y 90 000 nuevos asteroides cercanos a la Tierra. También podría encontrar el escurridizo Planeta 9, cuya existencia ha sido sugerida por extrañas órbitas de cuerpos lejanos. Incluso podríamos detectar visitantes interestelares: objetos expulsados de otros sistemas planetarios que atraviesan el nuestro a gran velocidad.

Observación continua

En el plano técnico, Rubin está diseñado para observar de manera casi continua. Hará exposiciones de 30 segundos con solo cinco segundos de pausa entre ellas. Un sistema inteligente de programación, basado en inteligencia artificial, elegirá las zonas del cielo más convenientes según el clima, la turbulencia atmosférica o la fase de la Luna. Los datos fluirán por una red de fibra óptica desde la cima hasta el centro de datos en el SLAC National Accelerator Laboratory de Estados Unidos, en California, donde serán procesados y almacenados.

Foto: Amir H. Abolfath / NASA

El estorbo de los Starlink

Pero el futuro brillante de Rubin se enfrentará a un problema nuevo: los satélites de Internet en órbita baja, como los de Starlink y Amazon Kuiper. Con miles ya en operación y decenas de miles por venir, estos satélites reflejan la luz solar y dejan rayas en las imágenes de Rubin. A diferencia de telescopios con campo estrecho, Rubin no puede simplemente “mirar hacia otro lado”. Se estima que hasta el 10 % de sus imágenes contendrán estas marcas, lo que podría afectar especialmente a los estudios de energía oscura y materia oscura, que requieren medir con gran precisión las formas de millones de galaxias.

Aunque algunas empresas han colaborado para reducir el impacto —modificando superficies reflectantes y compartiendo trayectorias orbitales—, otros actores internacionales no ofrecen esa ayuda. Así, Rubin se encuentra en medio de un choque de tecnologías: la ciencia de frontera frente a la conectividad global.

Primera luz

En abril de 2025, el equipo celebró la primera luz del telescopio, un hito emotivo tras más de una década de trabajo. Aunque la imagen inicial tenía pequeños desajustes ópticos, pronto lograron una imagen perfecta, augurando el comienco de una nueva era en la que el Rubin no solo cartografiará el cielo, sino que transformará la forma en que lo exploramos. Y, con suerte, nos enseñará algo nuevo sobre nuestro lugar en el cosmos.

Science

La observación astronómica desde Cerro Pachón

Cerro Pachón ya alberga otros importantes observatorios astronómicos, y no es casualidad. Esta montaña del norte de Chile, ubicada en la región de Coquimbo, se ha consolidado como uno de los mejores sitios del mundo para la astronomía debido a sus condiciones naturales excepcionales.

Antes del nuevo Observatorio Vera C. Rubin, en Cerro Pachón ya se encontraban otros telescopios de gran relevancia:

  • Gemini South. Es uno de los dos telescopios del Observatorio Gemini (el otro está en Hawái). Tiene un espejo de 8,1 metros y es parte de una red internacional que permite observar el cielo completo desde ambos hemisferios. Gemini South se especializa en observaciones infrarrojas y ópticas de alta resolución.
  • SOAR (Southern Astrophysical Research Telescope). Con un espejo de 4,1 metros, es una colaboración entre instituciones de EE.UU., Brasil y Chile. Está diseñado para estudios detallados del cielo austral.

Cerro Pachón fue seleccionado como sitio astronómico por una combinación de factores que lo hacen casi ideal:

  • Cielos excepcionalmente claros. La zona tiene más de 300 noches despejadas al año, lo que permite una gran cantidad de observaciones sin interrupciones por nubes o mal tiempo.
  • Baja humedad. El aire seco y limpio del desierto de Atacama (del cual esta zona es parte) permite observaciones claras, especialmente en el infrarrojo, donde la humedad puede interferir.
  • Baja contaminación lumínica. Está alejado de centros urbanos importantes, lo que significa que el cielo nocturno está muy poco afectado por luz artificial.
  • Estabilidad atmosférica. La atmósfera sobre Cerro Pachón es muy estable, lo que se traduce en una menor distorsión de las imágenes astronómicas causada por turbulencias en el aire.
  • Altitud. A unos 2700 metros sobre el nivel del mar, el sitio está lo suficientemente alto como para evitar buena parte de la atmósfera inferior, pero sin los inconvenientes logísticos extremos de observatorios más altos como los del Llano de Chajnantor.

El ecosistema astronómico del norte chileno

Cerro Pachón no está aislado: forma parte del llamado corredor astronómico del norte de Chile, que incluye otros sitios de prestigio internacional, como:

  • Cerro Tololo (muy cercano a Pachón), donde está el telescopio Blanco de 4 metros.
  • Paranal, donde se encuentra el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral.
  • Llano de Chajnantor, hogar del radiotelescopio ALMA, a más de 5000 metros de altitud.

Gracias a esta concentración de infraestructura astronómica, Chile participa activamente en algunos de los proyectos científicos más ambiciosos del mundo, y se espera que en los próximos años también acoja el Extremely Large Telescope (ELT) del Observatorio Europeo Austral, que será el telescopio óptico más grande jamás construido.


Texto basado en un artículo original de Daniel Clery en Science.

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