viernes, 30 enero 2026

Cómo funcionan las asistencias gravitacionales para impulsar naves espaciales

Al azar

En alguna que otra película de ficción científica hemos visto que una nave espacial en apuros encuentra la salvación al acercarse a un planeta y usar su fuerza gravitatoria para impulsarse fuera del peligro. Aunque suene a recurso cinematográfico, este tipo de maniobra no es pura fantasía: se basa en una técnica real conocida como asistencia gravitatoria.

Esta estrategia es fundamental para la mayoría de las misiones interplanetarias, ya que permite que una nave gane (o pierda) velocidad sin consumir combustible adicional. El principio parece sencillo: una nave se acerca a un planeta, cuya gravedad curva su trayectoria. Pero lo interesante es que, si se hace correctamente, el planeta puede transferir parte de su energía orbital a la nave, aumentando su velocidad en relación con el Sol.

La clave está en entender que todo ocurre en un sistema en movimiento. Si una nave se aproxima a un planeta por detrás, en la misma dirección en que este orbita alrededor del Sol, la gravedad del planeta no solo la atrae: también le transfiere parte de su velocidad orbital. Es decir, la nave “roba” un poco de energía cinética al planeta. Esta ganancia neta en velocidad puede ser imprescindible para alcanzar planetas lejanos, como Júpiter o Saturno.

¿Y el planeta? Técnicamente, pierde un poco de velocidad… pero la diferencia es tan ínfima que resulta absolutamente imperceptible. Un planeta como Júpiter es billones de veces más masivo que cualquier nave. El impacto es comparable al de una bacteria chocando contra un ser humano: físicamente real, pero prácticamente indetectable.

Esta técnica no solo sirve para acelerar. También puede usarse para frenar. Lanzar una sonda hacia el Sol o los planetas interiores como Mercurio requiere contrarrestar la velocidad con que la Tierra orbita. Por eso, algunas misiones toman caminos más complejos: se acercan a Venus o la propia Tierra para frenar mediante asistencias gravitatorias. La misión BepiColombo, que llegará a Mercurio en 2026, realizó un total de nueve asistencias gravitatorias (incluyendo seis alrededor del propio Mercurio) para lograr su objetivo.

Este tipo de maniobra también es una solución al dilema del combustible. En el espacio, más velocidad requiere más combustible, pero el combustible pesa, y transportar más implica… quemar aún más. Es un círculo vicioso limitado por la llamada ecuación del cohete. Por eso, usar la gravedad como impulso gratuito es una forma inteligente de vencer las restricciones tecnológicas actuales.

Un ejemplo famoso es el de la sonda Cassini, lanzada hacia Saturno en 1997. Para llegar allí, primero pasó por Venus, la Tierra y Júpiter, utilizando cada uno como escalón para ganar velocidad sin gastar combustible adicional. Gracias a estas maniobras, la misión fue un éxito duradero.

En definitiva, las asistencias gravitatorias son un recordatorio fascinante de cómo los principios de la física pueden utilizarse con ingenio y precisión para alcanzar los confines del sistema solar. En un universo gobernado por la gravedad, saber usarla a nuestro favor es, sin duda, uno de los mayores triunfos de la ingeniería espacial.


Para saber más:

Un nuevo método para calcular asistencias gravitacionales.

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